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Bosque del Vivero Dunicola "Florentino Ameghino" Av Lorenzo Parodi s/n. Miramar.

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El Tiburón de Miramar. El único ataque registrado en Argentina. Según la prensa de la época.

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Por Mariano Magnussen Saffer. Boletín del Museo Municipal Punta Hermengo. Diciembre de 2006.

marianomagnussen@yahoo.com.ar

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El litoral marítimo bonaerense, en la actualidad viven unas treinta especies de tiburones, pero tal vez, una de ellas despierta la curiosidad y la alarmante fantasía sobre su presencia. El tiburón Blanco (Carcharodon carcharias) una especie de pez cartilaginoso de la familia Lamnidae, que se encuentra en las aguas cálidas y templadas de casi todos los océanos, aunque su presencia en las costas de Argentina, ha tenido largos debates. Pero popularmente, no podemos dejar de asociarlo con la famosa película “Tiburon” de 1975. La película está basada en la novela homónima (1974) del escritor estadounidense Peter Benchley, que se inspira vagamente en un suceso histórico, como fue la muerte de cuatro personas y la mutilación de otra, causadas durante la ola de ataques de un tiburón de Nueva Jersey de 1916. 

El Tiburón Blanco durante su ataque, abre sus mandibular a tal punto que la forma de la cabeza se deforma,  pues la mandíbula se proyecta, y se cierran luego con una fuerza 300 veces superior a la de una mandíbula humana. La longitud más frecuente entre los tiburones blancos adultos es de 4 a 5,5 metros (siendo los machos menores que las hembras), aunque se han citado casos de individuos excepcionales que superaban ampliamente esas medidas.

La mañana del 22 de Enero de 1954 se presentaba clara, con un cielo limpio y un sol que calentaba la arena desde las primeras horas. La playa se fue poblando poco a poco, los niños corrían por la orilla de la playa. Todo indicaba que seria un día normal.

Ángel Fulco, el bañista del Balneario Gallina, había llegado temprano. Al medio día el calor era insoportable. El viento había calmado y el mar parecía un lago de aguas quietas y azules.

A la una de la tarde, Fulco bajo la bandera celeste y izo la roja. La prohibición de entrar al agua seguiría hasta que los turistas volvieran del almuerzo. Instantes después el joven Alfredo Aubone pasó por su lado y le comento a Fulco: “Don Ángel voy a nadar un rato” Fulco se quedo tranquilo. Sabia que Alfredo era un gran nadador y lo conocía desde hacia muchos años.

Alfredo no iba solo, Guillermo y José Maria, sus dos amigos, iban a nadar con el. Fulco observo a los jóvenes metiéndose al agua. Realizo una observación general y se concentro en su almuerzo. Los jóvenes comenzaron a nadar, se sumergían y movían la arena del fondo, jugaban entre si y se divertían.

Pronto llegaron a unos 70 metros de la orilla y no había más de dos metros de profundidad. Alfredo, que era el mejor nadador de los tres, se relajo y comenzó a hacer la plancha, mientras que Guillermo y José Maria seguían nadando a su alrededor y manteniendo el flote.

Minutos después, Guillermo estaba frente a Alfredo. José Maria, algo fatigado decidió volver a la orilla. Guillermo lo vio primero. Señalo que era una sombra gris que avanzaba a gran velocidad casi sobre la superficie del agua, y de pronto su amigo Alfredo en menos de un segundo se sumergió abruptamente. El pánico fue tremendo. Guillermo conmocionado no podía mover las piernas, a duras penas comenzó a nadar hacia la costa.

Alfredo sintió el primer tirón en el hombro derecho, algo lo sumergió y lo llevaba hacia el fondo y lo golpeaba fuertemente sobre el piso de arena. Sintió una gran puntada y trago agua. No tenía aire y se ahogaba. De pronto la presión aflojo y pudo llegar a la superficie. Sus pulmones se llenaron de oxigeno e intento mover sus brazos para nadar y no pudo, estaban totalmente desgarrados, le faltaban grandes partes de carne y su sangre se ponía negra al mezclarse con el agua.

Ángel Fulco y Alfredo Aubone, años después del ataque. Nótese las importantes cicatrices en las piernas del joven. (Archivo de la Revista Gente y MPH).

Braceo con su brazo izquierdo hacia la orilla y pocos segundos después, la misma punta y la gran fuerza lo sumergí nuevamente de sus piernas. Sintió como los filosos dientes desgarraban su pierna izquierda, poco a poco. No vio, ni tampoco imagina que criatura estaba destrozando su cuerpo. Golpeo dos o tres veces mas sobre el fondo arenoso, y la criatura se adueño de su pierna.

Alfredo logra llegar otra vez a la superficie, rodeado de una gran mancha de sangre, y comienza a gritar “Socorro….por favor….Socorro”. Fulco escucho, corrió hacia la orilla y Guillermo gritaba “ Es un tiburón ….. se lo esta comiendo un tiburón”.

Fulco nada rápidamente hacia el joven, levanta la cabeza y observa a Alfredo sobre una gran mancha negra. Pensó que eran algas y que estaba enredado. Y de repente, otra vez un ataque, pero en la pierna derecha. Ahora Fulco claramente pudo ver que pasaba. Se dio cuenta que era un gran tiburón. Y otra vez, Alfredo se hunde rápidamente pero no golpea con el fondo. Instintivamente Alfredo quiso desprender su pierna de los dientes del tiburón, estaba desgarrada desde la rodilla hasta el talón, no soporto la presión del dolor y pego un gran grito que se escucho claramente desde la orilla.

Cuando Fulco logro llegar hasta a Alfredo, pensó que todo estaba perdido. Es un tiburón, grito Fulco. El tiburón paso nuevamente por al lado de las dos personas, pero no ataco. Paso dejando una estela en el agua hasta que desapareció. Fulco temía una envestida del animal desde abajo, dentro de su desesperación, tomo al joven Alfredo de su cintura, le coloco el salvavidas y de apoco ganaron la orilla.

Alguien había colocado una lona sobre la arena. Allí reposo Alfredo mientras sangraba gravemente. Su brazo literalmente colgaba de su cuerpo, y se podía observar los huesos de su pierna, prácticamente no tenia músculos.

Alguien había colocado una lona sobre la arena. Allí reposo Alfredo mientras sangraba gravemente. Su brazo literalmente colgaba de su cuerpo, y se podía observar los huesos de su pierna, prácticamente no tenia músculos. Lo trasladaron al hospital de Miramar, y el joven Alfredo Aubone de 18 años luchaba por su vida en el quirófano, las operaciones duraron muchas horas. Todos opinaban del ataque del tiburón, nunca había pasado en Argentina algo así.

La noticia apareció rápidamente en todos los medios de comunicación. Fue la primera plana de “Critica”, quien titulo “ EN BRAVA LUCHA CON UN TIBURON, UN JOVEN BAÑISTA ENFRENTO LA MUERTE”,  y el diario “La Razón” hizo eco de la noticia y publico al día siguiente” IMPRESIONANTE EPISODIO EN MIRAMAR: UN BAÑISTA FUE ACOMETIDO POR UN TIBURON”, y siguió en todos los medios de la época durante todo un mes, era la primera vez que sucedía un hecho de estas características.

Fulco declaro a los medios de la época que en el momento del ataque pudo ver claramente que era un tiburón, ya que se hallaba a solo un metro de el, calculo luego que pesaría mas de 150 kilos, y agrego, “al otro día lo pudimos ver en la misma zona, fuimos muchos los testigos en ese momento”, Algunos especialistas piensan que el tiburón blanco, llego persiguiendo algún barco pesquero (comportamiento normal del animal) alimentándose de los desechos, se perdió y se desoriento”. Durante os siguientes días nadie ingreso al mar, no siquiera en las ciudades vecinas.

Algún tiempo después, cuando Alfredo Aubone llego al hospital de Stanford, en Los Ángeles, para terminar sus largas curaciones, llevo un diente que había sido retirado de su pierna, fue entregado a Walter Follet, director de la Academia de Ciencias del Estado de California, lo examino y dio su  veredicto.

La noticia del tiburón miramarense apareció rápidamente en todos los medios de comunicación. Como toda gran historia, había algo de exageración, mitos y realidad. Los años se encargaron de modificar las cosas. Muchos tenían dudas de que se tratara de un tiburón, e incluso de un animal, y se tejieron varias hipótesis. Pero cuando se supo la verdad mucho tiempo después, ya no era noticia en los medios.

La conclusión fue que se trataba del comúnmente llamado “Tiburón  Blanco”. Si bien solo hay unos pocos registros de esta especie en las costas de Argentina, se supo que una semana antes del ataque, un barco portaaviones norteamericano arribo al puerto de Mar del Plata y posiblemente el tiburón siguió la estela de agua calida que deja el buque, y además se aseguraba su alimento del desperdicio del barco, aunque esta teoría es bastante descabellada. .

El escualo que atacó a Aubone en Miramar, fue un gran tiburón blanco de unos cinco metros. Se determinó con precisión porque científicos norteamericanos estudiaron un enorme diente que los cirujanos recuperaron de las profundas heridas que suturaron, como así lo demuestran los documentos a los que tuvimos acceso de la Marina Argentina, del Museum of Natural History United States-National Museum Smithosonian Institution Washington.y certificación medica archivada, que indican además que Aubone recibió 250 puntos de sutura.

El joven atacado por el Tiburón Blanco se recuperó, regreso sorpresivamente a Miramar en varias oportunidades, y volvió a nadar, convirtiéndose en una leyenda viviente. Alfredo Aubone, años más tarde, por razones personales dejó la Argentina. Se estableció en Bolivia hasta su muerte, al parecer, a principios de los noventa.

Bibliografía consultada:

Magnussen Saffer, Mariano. (2006). El Tiburón de Miramar. El único ataque registrado en Argentina. Según la prensa de la época.  Boletín de divulgación del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. (Sec. His) Publicación 13.

Magnussen Saffer, Mariano y Boh, Daniel. (2005). Rarezas Marinas en las Costas Miramarenses. Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina. Publicación 18.

Revista Gente “¿Se acuerda del tiburón que apareció en Miramar”. 11 de diciembre de 1975-

Registro de ataque de tiburón blanco en Argentina del Museum of Natural History United States-National Museum Smithosonian Institution Washington.

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