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La Gran Migración Americana.

Por Daniel Boh. Revista Espigon. Numero 54. 2011.


La historia natural de nuestro continente ha tenido una gran variedad de sucesos que le dieron el aspecto que conocemos hoy. Especialmente en lo que tiene que ver con su fauna, que ha sido influenciada por la geología y el clima.

Tal como se ha podido comprobar, los continentes se mueven de forma lenta pero continua, lo que provoca terremotos y otras alteraciones. La forma de la mesa terrestre ha ido cambiando y esto es algo que queda muy claro en el testimonio de los restos fósiles que se encuentran en todo el mundo.

Hace 65 millones de años, los dinosaurios desaparecieron, dejando el campo libre para unas pequeñas criaturas que vivían a su sombra. De esta forma los mamíferos fueron utilizando los ecosistemas y adaptándose de las más diversas maneras. Al mismo tiempo que esto ocurría, el continente sudamericano se termina de separar de Australia y Antártida, y se convierte en una isla.

Durante millones de años los animales autóctonos se diversificaron independientemente de la evolución del resto del mundo. Al igual que lo que hoy es Australia, los Marsupiales alcanzaron un gran desarrollo, pareciéndose a veces (por vivir en nichos ecológicos parecidos) a otros animales, tales como los lobos, leones. osos, etc. aunque todos tenían la característica bolsita marsupial como el canguro australiano y nuestra modesta comadreja.

Aparecieron también unas gigantescas aves predadoras, que no podían volar debido a su gran peso y tamaño (mas de 2 metros de alto y 500 kilos) las que completaban el rol de los carnívoros locales. Los herbívoros sudamericanos tuvieron por su parte un extraordinario desarrollo, llegando en algunos casos a dimensiones colosales.

Los principales exponentes eran los Edentados, un grupo grande de animales que abarca desde los gigantes acorazados como los Gliptodontes y los actuales peludos, hasta los Perezosos, entre cuyos representantes están los pequeños perezosos arborícolas de nuestros días y los extraordinarios Megaterios de 5 metros de largo y mas de 4 toneladas de peso.

Asimismo existían grupos de Ungulados (animales con pezuñas) de formas muy variadas, similares a caballos, hipopótamos o grandes camellos. Si esto ya de por si indica una gran variedad de fauna, los sucesos posteriores ampliaron la oferta.

LA GRAN INVASIÓN

Hace aproximadamente 2 millones y medio de años, comienzan a unirse las dos Américas, lo que provoca a su vez, grandes cambios climáticos y faunísticos. La Era del hielo comenzó dando fin a un gran periodo templado de millones de años. El frió fue el factor común de este tiempo, con grandes variaciones que siguen en la actualidad.
De esta manera, en forma paulatina, comienzan a llegar a nuestro territorio, animales del hemisferio norte que encontraron un buen lugar para desarrollarse. Así aparecen los Mastodontes, Tigres diente de sable, Caballos, Guanacos, Ciervos, Pumas, Zorros, etc.
Aparentemente no hubo predominio sobre los autóctonos y los inmigrantes fueron evolucionando en especies nuevas.

El clima fue un factor determinante en el cambios de los hábitats, por lo tanto los antiguos animales se iban adaptando pero hace unos 10.000 años y por razones no muy comprendidas, los gigantes comenzaron a desaparecer.

Hay muchas teorías al respecto. Posiblemente el clima se hizo muy riguroso y demasiado variable para poder adaptarse o si no, el sospechoso de siempre: el ser humano.

Los primeros humanos llegaron hace unos 30.000 años desde Asia por la parte norte del continente y al invadir todo el territorio fueron persiguiendo a las grandes presas. Esta teoría no puede ser bien confirmada debido a que no hay suficiente evidencia de estos hechos. Apenas hay hallazgos de animales gigantes cazados y consumidos por los primeros habitantes. Por lo que la duda sigue existiendo, a pesar que esos hechos habrían tenido coincidencias en otros lugares del mundo.

La extinción afecto más a la fauna autóctona, posiblemente por su gran tamaño, puesto que los supervivientes son animales de tamaño medio a pequeño y hoy considerados como típicos de la región, a pesar que su origen se encuentra a miles de kilómetros de distancia.
En nuestro distrito se pueden observar evidencias de estos cambios, puesto que en la zona que va desde el campo de golf hacia el norte, los estratos tienen una antigüedad en su base de unos 3,5 millones de años, por lo que se puede hallar, con suerte, restos de fauna puramente autóctona. Si nos desplazamos hacia el sur los estratos se van haciendo más jóvenes. Esto se debe a que en la parte norte, los mismos han sido levantados por un antiguo plegamiento de la base de las sierras de Tandil. De esta manera en Miramar y más en la zona de Mar del Sud los estratos se hunden y sólo se ven los niveles más jóvenes, en los ya se encuentran mezclados los fósiles de la fauna local y la inmigrante.
El estudio de esta fauna, cuyos restos son hallables en nuestra región, es muy importante, ya que permite comprender los cambios y fenómenos que nos afectan actualmente.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.


 

Los Marsupiales Americanos.

Por Daniel Boh. Museo Municipal “Punta Hermengo” de Miramar.

Es común referirse con cierto desprecio a las comadrejas, especialmente si se tiene un gallinero en pleno campo. Lo que pocos saben es que estos animales ya convivían con los dinosaurios y llegaron a nuestros días casi sin cambios.

La comadreja o zarigüeya es un marsupial, o sea parte de una gran familia de mamíferos cuya particularidad más evidente es la de poseer una bolsa (marsupio) en donde su cría termina de desarrollarse; a diferencia de los mamíferos placentarios, cuyos vástagos evolucionan completamente dentro del útero materno y nacen prácticamente listos para la vida. En este último grupo están casi todos los mamíferos conocidos, incluyendo el ser humano.

En Australia, un lugar muy particular, los marsupiales tienen formas muy diversas, desde los canguros, koalas, wombats o los recientemente extinguidos lobos marsupiales. Este desarrollo fue posible debido a que aquel continente permaneció aislado por millones de años, permitiendo la evolución de estos seres.

Sólo la llegada de los primeros hombres a dicha isla hace 50.000 años, provocó quizás, la extinción de algunos de ellos. En el continente Sudamericano los marsupiales tuvieron un desarrollo parecido, debido a que el mismo fue una isla durante 60 millones de años.

Casi al mismo tiempo que desaparecían los dinosaurios, se termina de separar de Australia y Antártida. Esto permitió un desarrollo particular de su fauna, que fue diversificándose y en ciertos casos, especialmente los herbívoros, alcanzaron grandes dimensiones. En ese panorama los carnívoros eran escasos y representados por algunas aves corredoras de casi dos metros de alto y los marsupiales cuyas formas fueron variadas.

PARECIDOS Y DIFERENTES

El aspecto de esos marsupiales es muy diverso, tal como puede verse hoy en Australia. En nuestra región se destacaron algunos en particular. Entre ellos el Thylacosmilus, un extraño animal del tamaño de un perro ovejero alemán, cuya principal característica eran un par de colmillos muy largos, en forma de sable; más largos aún que los del famoso Tigre Dientes de Sable. Estos serían muy delicados y para protegerlos poseían una original prolongación de su mandíbula. El cuerpo posiblemente sería como el de un perro con una cola larga, similar a la de la comadreja. Sus restos son sumamente escasos y el cráneo mejor conservado se encuentra en el Museo “Lorenzo Scaglia” de Mar del Plata.

Otro marsupial del tamaño de un oso mediano era el Borhyaena, cuyo aspecto estaba entre el de un oso de cola larga o un perro. También podría tener similitud con la hiena. Su cabeza era maciza con grandes dientes que lo ubican como buen depredador y carroñero. Los mismos parientes más cercanos de la comadreja tenían un tamaño variable; como el de un ratón y hasta más grandes que las actuales.

Todos ellos compartían la particularidad de poseer la típica bolsa marsupial pero, debido a las adaptaciones al medio ambiente y a la competencia con otros animales venidos del hemisferio norte, empezaron a declinar y desaparecer. 

Tal como hemos escrito en ocasiones anteriores, Sudamérica dejó de ser una isla y se conectó, hace unos 2 millones y medio de años, a América del Norte. Esto posibilitó la llegada de fauna qué compitió con la autóctona. Curiosamente la modesta Comadreja hizo también el viaje inverso, junto con algunos otros, hasta el sur de Estados Unidos, en donde se la conoce como “opossum” , para diferenciarla de la comadreja local, más parecida a un hurón o visón.

Descubrimientos recientes en Australia podrían llegar a indicar que no siempre se ha dado la superioridad de los mamíferos placentarios sobre los marsupiales, puesto que se han encontrado restos de los primeros en sedimentos muy antiguos y de los cuales no hay descendientes. Por eso, cuando veamos una comadreja, recordemos que ha sobrevivido durante millones de años sin grandes cambios y que es parte de la escasa fauna autóctona de nuestra región.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.


Ciencia y Fraude: El Hombre de Miramar.

Eduardo Tonni, Ricardo Pasquali y Mariano Bond. Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata - Universidad Tecnológica Nacional. Fragmento del articulo publicado en la Revista Ciencia Hoy, Mayo 2001. Texto resumido y readaptado.

Después de que en 1891 el joven anatomista holandés Eugene Dubois descubriera al Hombre de Java (Pithecanthropus erectus) se intensifico en todo el mundo la búsqueda de fósiles ancestrales del ser humano moderno. 

No mucho tiempo después de este suceso, se comenzaron a encontrar antiguos restos humanos en los alrededores de la ciudad de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina. El autor de esos hallazgos es un inmigrante genovés, radicado en Necochea, llamado Lorenzo Parodi. En 1912 las autoridades de la Universidad de La Plata comenzó la búsqueda de restos antropológicos en las localidades de Miramar, Monte Hermoso y Valcheta.

Los labores de campo tuvieron lugar en Miramar en el verano de 1912 y 1913. Contaron con el apoyo de Ángel Gallardo, director del Museo Nacional de Historia Natural (hoy Museo Argentino de Ciencias Naturales). Gallardo y Carlos Ameghino ( hermano de Florentino) contrataron a Parodi para que realizara los trabajos de exploración por la costa atlántica. En 1914, por invitación de Torres y Ameghino, una comisión científica viajo a Miramar para inspeccionar los sitios donde Parodi había hecho sus descubrimientos, en la cual participaron los principales investigadores de la época. 

La comisión debía ocuparse de dos cuestiones, una determinar si los objetos encontrados lo fueran en posición de yacimiento primario, es decir, si habían sido cubiertos en el tiempo en que se depositaron las respectivas capas. La segunda, establecer la posición estratigráfica de las capas en las que se hallaron los objetos. El primer sitio inspeccionado fue a 5 km al nordeste de Miramar, en la barranca costera, donde se  hallaron varios artefactos líticos, entre ellos una baleadora y un cuchillo de silex, lo que determinaba que el hombre habito esta zona los últimos dos millones de años. Algunos de los investigadores sospechaban que los objetos fueron enterrados en el sitio, posteriormente a la formación de la capa.

Carlos Ameghino publico en la revista Physis en el año 1918, planteo las dudas sobre estos hallazgos. Expreso que Parodi fue el único que descubrió los yacimientos, asimismo, todas las evidencias. Señalo también un nuevo sitio descubierto en 1917 en la localidad fosilífera de Punta Hermengo (actualmente se encuentra a unos 2,5 km del centro de Miramar) con una antigüedad de 500 mil a 1,8 millones de años. Este lugar brindo restos óseos y líticos, cuya tecnología de procesado en la roca, era muy semejante a los restos pampéanos, muy comunes en los yacimientos de superficie con una antigüedad de 1400 años. Poco después se hallo un fémur de Toxodonte con un proyectil incrustado, lo que levanto la polémica de un presunto fraude.

Milciades Vignati publico en la revista del Museo de la Plata en el año 1941 el articulo  "Descripción de los molares humanos de Miramar", en el cual señalaba las diferencias de tamaño de los objetos encontrados en capas muy antiguas y aquellos de yacimientos de superficie, señalando de que eran muy fáciles de incorporar al sedimento con artefactos artificiales.

El geólogo Guido Bonarelli, también visito el área, estableciendo que los objetos hallados por Parodi no están en posición primaria, y sostuvo que era imposible, que si estos restos eran del terciario, tuviese la misma tecnología que la empleada por los aborígenes regionales durante el Holoceno tardío. Además afirmaba que, mientras observaba la extracción de los materiales del sedimento sed daba cuenta que los líticos fueron incrustados en huecos previamente realizados. Habían hallado un silex, cuyo extremo afloraba de la barranca, Bonarelli se puso a excavar con sus propias manos advirtiendo que estaba rota al medio, con una fractura totalmente fresca.

Poco tiempo después Parodi viajo a Buenos Aires, y Boman lo interrogo sobre sus hallazgos delante de Carlos Ameghino, explicando que, en efecto, había encontrado un silex muy saliente, y que por miedo que la marea lo extrajera, lo incrusto mas adentro con un fuerte golpe. Mientras tanto hay un curioso relato que da mas pistas. La piedra redonda semejante a una baleadora, que fuera sacada en presencia de la comisión, no presenta ninguna señal de haber sido trabajada por el hombre, y luego, el cuchillo de silex estaba desprendido de la tierra, pero se sabia del sitio donde estuvo colocado, y mas adelante, cavando para destapar restos fósiles se descubrió en presencia de la comisión, otra piedra redonda asociada a los huesos. Años después Kator que realizo todas estas aclaraciones, pretendió desvincularse de sus afirmaciones.

En 1923, Carlos Ameghino deja el puesto de director del Museo de Buenos Aires, y es reemplazado por Martin Doello Jurado, quien decide trasladar a Lorenzo Parodi a Buenos Aires como empleado de la institución hasta su muerte. lo que mas llamo la atención fue que desde que Parodi se fue de Miramar, no se volvía a realizar un hallazgo en toda la zona, a pesar de las constantes campañas científicas.

La evidencia que se tiene en este momento, resumida en estos párrafos, indica que a pesar de los curiosos Hallazgos de Miramar, en sedimentos de gran antigüedad, contribuyen a otro fraude científico. Lo que no sabemos quien fue el autor del fraude. ¿Fue Parodi el responsable? ¿Fue victima de una broma, como era común, por otra parte en el medio rural en la época?

Quizás nunca lo sabremos.


Los Naturalistas que visitaron

General Alvarado a principios del Siglo XX.

 

Por el Dr. José María Gallardo. El Doctor José María Gallardo fue un destacado zoólogo de nuestro país, especializado en el estudio de los anfibios, Profesor de la Universidad de Buenos Aires y Director del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires hasta su fallecimiento en 1992. Esta publicación es un homenaje a su gran espíritu de  investigador y la humildad que lo caracterizo, a pesar de su fama mundial.

General Alvarado ha sido y sigue siendo meta de los estudios de muchos naturalistas, en especial geólogos y paleontólogos. Los estudios estratigráficos de nuestro país concitaron el interés de unos y otros y así Heusser, Claraz, Doering, Bravard, Burmeister, Roth, Florentino y Carlos Ameghino echaron las bases de estas especialidades en nuestro país, siendo atraídos por el entusiasmo que despertaba la interpretación de sucesivos e importantes hallazgos; más adelante se sumaron las investigaciones de Frenguelli, Rovereto, Windhausen, Feruglio, Groeber, Castellanos, Rusconi y Kraglievich. Todos ellos tuvieron que opinar sobre los terrenos neoterciarios y cuaternarios del litoral marino bonaerense. Su obra en parte fue posible debido a la colaboración de campo que a través de incansables exploradores de nuestro suelo, como Carlos Ameghino y Lorenzo Parodi, permitió obtener materiales de suma importancia para los estudiosos del tema.

Florentino Ameghino en 1908 produce el hallazgo de yacimientos del Plioceno en Miramar, Mar del Plata y Necochea; ese año realizó tres viajes, el último junto a su hermano Carlos. En uno de sus trabajos Ameghino se refiere al cráneo del hombre de Miramar o cráneo del Arroyo La Tigra. Además en ¨Descubrimientos de dos esqueletos humanos fósiles en el Pampeano Inferior del Moro¨ (Obras Completas y Correspondencia Científica) dice que a 60 Kms. al Norte de Necochea entre la boca del Arroyo del Moro y del Arroyo Malacara, cerca de una chata de hierro embicada en la playa, que estaba a cargo del Sr. José Oliva y familia, se produjo el hallazgo del esqueleto asignado luego al Homo sinemento, extraído por Lorenzo Parodi y el Doctor Eduardo M. Cavazzutti

Al poco tiempo que llegaron los restos al Museo Argentino de Ciencias Naturales, Florentino y Carlos Ameghino obtienen un cráneo y un esqueleto, y luego otro (ambos femeninos). En abril llegaron los restos al Museo Argentino de Ciencia Naturales y a fines de mayo Florentino y Carlos Ameghino fueron al lugar del descubrimiento y hallaron instrumentos de piedras hendidas, escorias y tierras cocidas; otros restos humanos y fósiles de Macrauchenia, Scelidotherium, Mylodon, Megatherium, Glyptodon, Panochthus, Eutatus, tratándose en general de animales jóvenes.

 

En otro viaje de Florentino y Carlos también concurre el antropólogo norteamericano Alex Hrdlika y el geólogo Bailey Willis de la Smithsonian de Washington. Carlos Ameghino, el incansable naturalista viajero de la Patagonia, también tuvo importante accionar en los estudios sobre fósiles del área de Miramar, adonde viajó en 1913, 1916, 1917, 1920 y 1928.

Uno de sus trabajos sobre el tema aparece en Physis 1915, 2 (10): 36 donde hace referencia al notable hallazgo de un fémur derecho que tentativamente adscribe a un Toxodon chapadmalensis que presenta insertada una punta de cuarcita en el trocánter mayor; deduce que corresponde a la punta de lanza de tipo ¨hoja de laurel¨ que un antiguo cazador le incrusta atacándolo desde atrás; el hallazgo fue hecho al sur de Miramar y lo asigna a la Edad Chapadmalense de la Formación Araucana del Terciario (más de dos millones de años). El descubrimiento fue comentado en la revista Nature de Londres (7 de enero de 1915) y el Museo de Buenos Aires (donde se conserva la pieza original) mandó calcos de la misma al Royal Colloge of Surgeons de Londres a solicitud del Prof. Keith. También el hallazgo fue comentado en diarios locales como La Nación de fecha 22 de noviembre de 1914.

De la colaboración entre Carlos Ameghino y Lorenzo Parodi nos habla un trabajo del primero, que trata de diversos restos de mamíferos fósiles de Miramar remitidos al Museo de Buenos Aires por el segundo.

Con respecto al tema de las tierras cocidas, Florentino Ameghino las describe como de color ladrillo o negras y vidrios derivados del sílice de las Gramíneas, además de carbón vegetal correspondientes a ¨fogones¨. En cuanto a la contemporaneidad del hombre con los grandes mamíferos extinguidos, se refiere a huesos quemados, hendidos longitudinalmente o machacados de Scelidotherium (perezoso) juveniles. También se hallaron huesos tallados, punzones, otros rayados, piedras labradas, guijarros partidos, yunques y percutores.

Los hallazgos de Parodi determinaron el trabajo de una comisión de geólogos que examinó los lugares de estos hallazgos (1915); se trataba de determinar si los objetos se encontraban en posición primaria cubiertos en el tiempo del depósito de las respectivas capas o si fueron enterrados, además de establecer la posición estratigráfica de las capas en que se hallaron los objetos; así se investiga el yacimiento situado a 5 Kms. al NE del ¨pueblo de Miramar¨ en la barranca de la costa, donde una boleadora, una piedra redonda y un cuchillo de sílex se encontraban en posición primaria; y otro yacimiento a 1Km. al sur de Miramar en una barranca del Mesopampeano (800 mil años), donde una boleadora con surco medio se hallaba en posición primaria. El acta del 18 de noviembre de 1914 en La Plata la firman: Dr. Santiago Roth, Dr. Walter Schiller, Dr. Lutz Witte, Ing. Moisés Kantor, Dr. Luis María Torres y Carlos Ameghino; y el Dr. Doello Jurado también estaba presente.

Con respecto a la antigüedad de los terrenos según el Dr. Frenguelli los estratos considerados por Ameghino como Terciarios son el realidad Cuaternarios pertenecientes al Pampeano (Pleistoceno); pero recientes estudios basados en el paleomagnetismo llevan nuevamente estos terrenos al Terciario. Según Ibarra Grasso (1981) prácticamente todos los restos humanos son de Homo sapiens. Lorenzo Parodi que estaba radicado en la zona (en esta localidad de Miramar y en otras de la costa marítima de la Provincia de Buenos Aires), durante muchos años la recorrió y en ella coleccionó.

Fue uno de esos naturalistas viajeros sin los cuales no hubieran sido posibles muy importantes hallazgos. Según nos relata él mismo (Anales de la Sociedad Científica Argentina 1952), primero por iniciativa propia y luego por encargo del Museo Argentino de Ciencias Naturales ¨Bernardino Rivadavia¨, fue coleccionando abundante material paleontológico y muestras de rocas. Así recorría las barrancas y la ancha franja de los médanos costeros (desde algunos centenares de metros hasta más de un kilómetro de ancho, con una altura máxima de 20 m.) que en parte cubre casi totalmente la barranca. Los abundantes arroyos que se extienden desde Mar del Plata hasta Quequén como el Chapadmalal, Las Brusquitas, del Durazno, La Ballenera, de La Carolina, La Tigra, Chocorí, El Pescado, Nutria Mansa, Malacara, del Moro; que cortan los médanos y la barranca para desembocar en el mar, fueron teatro de trascendentales descubrimientos arqueológicos y paleontológicos. En algunos de sus trabajos nos relata el hallazgo de un esqueleto íntegro de un perezoso gigante (Scelidotherium) cerca de la baliza del Malacara, que se mantenía en pié en una torrentera en v excavada por la erosión en un antiguo terreno.

Porque como recuerda, los fenómenos de sequías e inundaciones han sido frecuentes desde tiempos lejanos en la llanura pampeana; así nos habla de una gran sequía de 1903 a 1912 seguida de grandes lluvias en 1914 y 1918, lo que adquiere en el presente especial actualidad. Deduce la existencia antigua de una numerosa población humana cuando halla ocho caparazones de Glyptodon clavipes con el dorso en contacto con el suelo, faltando el resto del esqueleto; quizás el hombre fósil que convivió con aquellos gigantescos armadillos le dio algún uso especial a dichos caparazones, que enigmáticamente se encuentran con la parte ventral hacia arriba. Al intentar definir lo que el llama Formación Malacara, describe un Lestodon que halla junto a restos de otros animales.

Esquematiza en el trabajo que aparece en los Anales de la Sociedad Científica Argentina, en colaboración con su hijo Rodolfo Parodi Bustos, diversos cortes donde se reconocen los médanos vivos y los consolidados, los sedimentos pulverientos de la Edad Bonaerense, el Bonaerense, el Belgranense, el Lujanense e intercalaciones lacustres, el terreno negruzco del Aimarense, las arenas de playa y las arenas de arroyos actuales. En otro trabajo Parodi (Physis 1931) trata de los huesos de los miembros de Macrauquénidos.

Su hijo Rodolfo Parodi Bustos, su colaborador de tantos años en sus búsquedas paleontológicas, fue Director del Museo de Ciencias Naturales de San Salvador de Jujuy. En 1988 el Museo Argentino de Ciencias Naturales ¨Bernardino Rivadavia¨ publicó un trabajo suyo sobre mastodontes. Cuando llegamos, Carlos (Ameghino) ya había continuado viaje llevándose los esqueletos y solamente pudimos ver las excavaciones.

Pasamos la noche en la estancia Otamendi, cuya familia estuvo muy amable con nosotros, brindándonos una cordial hospitalidad. La casa está cerca del Arroyo El Pescado, en una región rica en fósiles. En el cerrito próximo (llamado del Indio Rico) se encuentran escudos de cáscaras de Gliptodontes hasta en la superficie del terreno. También visitamos la estancia de otro Otamendi, llamada ¨La Eufemia¨ y vimos las ruinas del hotel de Mar del Sur, invadidas por los médanos. Al regreso nos detuvimos en Miramar, en cuyo hotel comimos para continuar en el tren nocturno a Mar del Plata¨. En los últimos años de su vida, 1933-1934, Angel Gallardo volvió a Miramar y se alojó en el ¨Dormy House¨ que era del FF. CC. Sud. Desde Mar del Plata fuimos en un automóvil alquilado por mi padre el Arq. Angel León Gallardo y mis hermanos mayores.

El camino de tierra se hacía interminable, aunque pintoresco ya que podíamos observar diversos animales silvestres de nuestra fauna; en alguna oportunidad vimos también los grandes carretones tirados por muchos caballos, con su yegua madrina y su campanita de bronce, que se dirigían cargados de trigo hacia el puerto de Mar del Plata; verdaderas casas ambulantes, con sus paisanos y sus enseres, además de una jauría de galgos, se desplazaban en lentas caravanas, que a la ida por la mañana las cruzábamos para verlas a la vuelta ya anochecido acampadas al borde del camino, con sus fuegos encendidos y sus reuniones de fogón faltándoles aún bastantes kilómetros para su meta final.

Finalmente podemos agregar que General Alvarado y en especial su zona costera vieron el accionar de los más destacados científicos y entre ellos debemos recordar a cuatro Directores del Museo Argentino de Ciencias Naturales: Florentino y Carlos Ameghino, Angel Gallardo y Martín Doello Jurado y un Director del Museo de La Plata: Luís María Torres. Esto sucedía en la primera y segunda decena de este siglo, cuando recorrieron sus costas y sus barrancas realizando los estudios de sus respectivas especialidades.

 

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