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El origen de los caballos americanos.

Por Daniela Boh. Museólogo y Titular del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. jdanielboh@yahoo.com.ar

Es bien conocida la historia de la llegada de caballos a nuestro continente por medio de los primeros conquistadores. En la región del Río de la Plata fueron introducidos por Pedro de Mendoza en 1535. Los mismos eran según los testigos 42 ó 72, los cuales lograron reproducirse con gran rapidez debido a los escasos predadores de gran tamaño que quedaban.

También en 1541 Alvar Nuñez Cabeza de Vaca llevó caballos a Asunción del Paraguay. Asimismo otros llevaron caballadas hasta Tucumán desde el Perú. Ya en 1580, Juan de Garay da cuenta de la gran cantidad de estos animales en las praderas pampeanas.  En esos tiempos los grandes beneficiados con la introducción de caballos fueron las tribus nómades americanas que recorrían el territorio a pie. El uso de los equinos cambió y mejoró sus vidas de un modo notable.

Lo que pocos saben es que miles de años antes de estos acontecimientos, existieron caballos en el continente americano. Ya hemos contado que hace unos 2 millones y medio de años se formó el itsmo de Panamá, lo que permitió que gran cantidad de animales de diversas especies provenientes del hemisferio norte pudieran llegar a estas tierras. Entre ellos estaban los caballos, aunque eran algo diferentes a los actuales.

El caballo moderno es denominado por los científicos como Equus y en esos tiempos también eran de esa especie, aunque más parecidos a la cebras, y los Hippidion, más bajos, gruesos y cabezones. Este último tenía la particularidad de poseer una protuberancia en su frente reforzada por el hueso nasal y si miramos su cráneo casi asemeja un cuerno tipo Unicornio, aunque este no se vería en el animal vivo. 

Por otra parte tenía otra particularidad, ya que se han encontrado cráneos con sendos huecos delante de los ojos, siendo posible que alojaran glándulas de algún tipo, tales como tienen algunos ciervos para frotarse en los árboles y marcar su territorio. De esta manera se determinó que posiblemente se trataría de los ejemplares machos de la especie.

Por otra parte es la única particularidad que los diferencia de los que no poseen tal fosa. Hasta hace unos años se los clasificaba con otro nombre, Onohippidium, hasta que se llegó a esa conclusión.

Tanto los Equus y los Hippidion, desaparecieron junto con otros grandes animales a finales del Pleistoceno, hace unos 10.000 años.

Es posible que los primeros seres humanos en la región los hayan visto pero seguramente eran cazados como alimento, ya que no hay pruebas de su domesticación.

En el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar se exhibe un cráneo de ésta especie (Hippidion macho), hallado al sur de Mar del Sud. El mismo posee las citadas fosas y es uno de los pocos encontrados hasta ahora. Fue estudiado por la investigadora española María Teresa Alberdi, la más autorizada especialista en caballos prehistóricos y quien es autora también de un importante libro “Caballos fósiles de América del Sur”, junto con el paleontólogo argentino José Luis Prado, de la Universidad Nacional del Centro, en Olavarría

Por otra parte es común encontrar restos en las playas de nuestro distrito, especialmente molares y falanges, lo que indicaría abundancia de ejemplares, aunque no se han hallado tan frecuentemente dentro de los estratos.

.Hace unos cien años se creía que los antiguos caballos se habrían cruzado con los traídos por los españoles, dando origen al caballo criollo, ya que parecía poco creíble que se hubieran reproducido con tanto éxito y que las tribus locales los usaran con habilidad en un par de generaciones. La realidad es otra y demuestra que los cambios y adaptaciones de los seres vivos pueden ser más rápidos, si las condiciones son favorables.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.

Los Roedores fósiles. Los mas numerosos y raros que se han hallado.

Por Daniel Boh. Museólogo y Titular del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. jdanielboh@yahoo.com.ar Publicado en la Revista Espigon.

Estos pequeños, y a veces no tanto, mamíferos habitan en casi todo el mundo pero su origen fue Asia y su llegada al continente sudamericano fue concretada de un modo particular, el cual aún hoy se discute.


Tal como hemos contado en otros relatos, el continente Sudamericano estuvo separado del resto de los continentes prácticamente desde la desaparición de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años. En ese momento y debido a la deriva continental se convierte en una gran isla, como lo que hoy es Australia. Por este motivo se generaron una gran cantidad de especies propias de mamíferos con características particulares y únicas. Esta situación se mantuvo hasta hace unos 2,5 millones de años y, debido al movimiento del continente, se unió a América del norte, pasando hacia el sur una gran cantidad de especies del hemisferio norte. Lo particular es que en el caso de los roedores, éstos ya estaban mientras este continente era una isla desde el Eoceno, hace unos 40 millones de años.

En aquellos tiempos el continente africano ya estaba completamente separado de América del Sur y el océano Atlántico era bastante ancho como para cruzarlo a nado. Se cree que estos animalitos vinieron “embarcados” sobre balsas naturales. Estas formaciones se generan en los deltas de los grandes ríos y son acumulaciones de desechos vegetales que se van acrecentando por años hasta formar un piso bastante sólido en el que hasta crecen árboles y viven muchos animales terrestres.

Se han visto en tiempos modernos a estas balsas con árboles de casi 30 metros de alto en el medio del océano. Por esto es muy posible que uno de estos territorios flotantes haya llegado con éxito a nuestras costas con una cantidad suficiente de animales como para reproducirse y expandirse por el nuevo hábitat.

La última oleada de roedores es muy posterior y se debe al arribo de los buques europeos, entre cuyos pasajeros se encontraban las ratas y ratones que también invadieron el continente pero se han mantenido siempre cerca del ambiente creado por los seres humanos.

Los roedores llegados hace millones de años se diseminaron y adaptaron muy rápidamente, desplazando de sus nichos ecológicos a otros animales locales, tales como ciertas especies de pequeños marsupiales. De esta manera también alcanzaron dimensiones impresionantes; entre ellos un gran pariente de los actuales Carpinchos, el Protohydrochoerus del Plioceno (4 millones de años), que tendría unos 2 metros de largo y 300 kilos de peso. Pero los carpinchos primitivos no fueron los roedores más grandes, ya que ese lugar le corresponde a un antiguo pariente de la Pacarana, que en la actualidad vive en el Amazonas y pesa unos 10 kilos. Estos animales son del género Telicomys, con representantes gigantescos, como el Phoberomys pattersoni, cuyo esqueleto casi completo fue hallado en Venezuela en 2000. Su tamaño era de 4 metros con un peso cercano al de un rinoceronte actual y vivió a principios del Plioceno (5 millones de años).

De todos modos este no era el roedor más grande que se conoce, ya que en Uruguay fue hallado en 1987 y descripto recién en 2008, un ejemplar al que se le puso como nombre Josephoartigasia monesi, cuyo cráneo supera el medio metro de largo y el resto ya se imaginarán. Los roedores sudamericanos están distribuidos en todos los ambientes del continente y los más conocidos son:

El Carpincho o Capibara ; Paca; Agutí; Coipo (también conocido como Nutria); Degú; Curuco; Coendú (también denominado Puercoespín sudamericano); Chinchilla; Mara o liebre patagónica; Vizcazcha; Tuco-Tuco; Cobayos y Cuises. Los roedores Cricétidos (parientes del hámster) como las Ratas conejo y los Ratones de campo, tienen su origen en América del norte y llegaron hace unos 5 millones de años, antes del gran intercambio producido hace 2,5 millones, por lo que se discute aún sobre cómo fue su migración.
El estudio de los roedores, tanto actuales como prehistóricos es muy importante ya que su variedad y capacidad de adaptación a los cambios permiten hasta deducir cómo era el clima y el ambiente en tiempos muy remotos. Curiosamente, en muchos casos se estudian los restos de regurgitaciones dejadas por las lechuzas y otras rapaces, lo que posibilita analizar la presencia de ciertos roedores que de otra forma sería difícil de descubrir.

En nuestra zona también fueron hallados restos de grandes roedores, especialmente mandíbulas incompletas de un pariente del Carpincho, no tan gigantesco como los nombrados al principio, pero que muestran la riqueza paleontológica en la región que siempre nos sorprende.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.

Los Camélidos y el origen de una típica imagen andina.

 Por Daniel Boh. Museólogo y Titular del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. jdanielboh@yahoo.com.ar Publicado en la Revista Espigon.

En la actualidad el Guanaco y la Vicuña son los representantes silvestres de estos animales emparentados con los camellos africanos y asiáticos, los cuales pertenecen a la familia de los Camélidos. Se cree que su origen se remonta al Eoceno Tardío de Norteamérica, hace unos 40 millones de años, en los que vivían unos pequeños animales a los que se denominó Protylopus petersoni, de unos 40 cm de alto.

Luego hace unos 10 millones de años ya se había separado en varios grupos debido a la evolución. Entre estos se contaban los antecesores de los camellos y de los guanacos. Al comienzo del Pleistoceno empieza descender la temperatura y comienzan los períodos glaciares.

Uno de estos grupos (los Paracamelus) migró hacia el continente asiático a través del Estrecho de Bering en el norte del continente.

De allí se distribuyeron por China y norte de Europa generando los camellos de doble joroba. Otro grupo llegó al norte de África, apareciendo los dromedarios o camellos de una joroba. Entre estos últimos existieron también especies gigantescas de más de cuatro metros de alto.

Por otra parte, otro grupo, los Hemiauchenidos, realizó la migración hacia el sur, atravesando Centroamérica y distribuyéndose con rapidez en los paisajes sudamericanos.  Es notable que si bien este grupo se generó en América del Norte, se terminó extinguiendo ahí en la última gran glaciación, hace unos 12.000 años. En nuestro continente y el mismo período se extinguieron los grandes Paleolamas y los Hemiauchenias quedando sólo las dos especies ya mencionadas.

La distribución de estos animales fue tan grande que por ejemplo las pampas argentinas estaban transitadas por ellos y fueron uno de los principales alimentos de las antiguas tribus de esta zona y la patagónica.  Por ejemplo en el año 2003 fue hallado en la zona de Centinela del Mar, un antiguo campamento que fue utilizado por varios grupos que dio por resultado una gran acumulación de huesos largos exclusivamente de Guanacos, lo que indicaría una preferencia en la caza de estos.

SILVESTRES Y DOMÉSTICOS.

Tal como dijimos al principio, los representantes silvestres son el Guanaco (Lama guanicoe) y la Vicuña (Vicugna vicugna).  En el caso del primero es muy abundante en nuestro país, casi las tres cuartas partes de la población de toda Sudamérica. En la actualidad viven preferentemente en la zona patagónica y se los encuentra desde el nivel del mar hasta alturas de 4.500 metros. La Vicuña es más pequeña y su distribución abarca las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y San Juan, en las alturas entre 3.200 y 4.600 metros sobre el nivel del mar. No es tan abundante como el Guanaco y es una especie protegida.

Ambos son animales ungulados (con pezuñas) y son rumiantes con un estómago más sencillo que los bovinos. No tienen cuernos y debido a las articulaciones de las patas traseras pueden acostarse sobre el vientre.

En caso de verse molestados pueden escupir parte del contenido de sus estómagos. Además se diferencian del resto de los mamíferos en que sus glóbulos rojos son elípticos con una gran capacidad para retener oxígeno.

Los antiguos habitantes de la región andina vieron las ventajas en la cría de estos animales y se dedicaron a mejorar sus cualidades. De estas hibridaciones se generaron otras variedades como la Llama y la Alpaca. Se cree que la domesticación empezó hace unos 6000 a 7000 años y del Guanaco se habría generado la Llama y de la Vicuña, la Alpaca, según los estudios genéticos recientes.

En el Museo Municipal Punta Hermengo de nuestra localidad hay depositados algunos restos de estas especies que fueron hallados en estratos de al menos 700.000 años y también en sedimentos muy recientes de unos miles de años.

De este modo hemos visto que estos animales tan vinculados a la naturaleza y a la cultura de la zona andina y pampeana de nuestro país han tenido un insospechado y lejano origen.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.

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