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El Megaterio, la gran bestia desaparecida de las pampas.

Por Mariano Magnussen Saffer, Departamento Científico. Laboratorio Paleontológico. Museo de Ciencias Naturales de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. Fundación Azara. Publicado en Paleo - Revista Argentina de Paleontología. Ilustraciones de Daniel Boh. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Los "Pilosa" en la actualidad se encuentran representados por mamíferos pequeños y medianos, como osos hormigueros y perezosos de tres dedos, que pasan la mayor parte de su tiempo colgados en los árboles, moviéndose en forma muy lenta, debido a su bajo metabolismo, pero en el Pleistoceno habitaron en nuestro territorio formas gigantescas.

Los perezosos terrestres, como los demás Xenartros, evolucionaron en aislamiento durante el Terciario, cuando América del Sur quedo totalmente aislado del resto de los continentes. En el período Plioceno, se formó el istmo de Panamá, un puente terrestre natural que unió ambas américas, lo que causó el Gran Intercambio Biótico Americano y la consiguiente extinción de una importante proporción de la megafauna originaria de Sudamérica.

Sin embargo los perezosos terrestres se adaptaron con éxito a las nuevas condiciones biológicas logrando colonizar además América del Norte, donde florecieron hasta el final del Pleistoceno. ​

El Megaterio (Megatherium) fue uno de los mayores mamíferos terrestres conocidos, pesaba más de 3 toneladas y media más de 7 metros de longitud de la cabeza a la cola. Es el mayor de los perezosos terrestres, con un tamaño equiparable al de los elefantes actuales. Este género es conocido principalmente a partir de su especie más grande, Megatherium americanum, aunque posteriormente se conocieron otras especies de menor tamaño.

El Megaterio tenía un esqueleto robusto con una gran cintura pélvica y una ancha y musculosa cola. Su enorme tamaño le permitía alimentarse a alturas a las que no tenían acceso otros herbívoros contemporáneos. Elevándose sobre sus poderosas patas traseras y usando su cola para formar un trípode. Además podía soportar su enorme peso corporal mientras usaba sus garras curvas de sus largos brazos para acercarse las ramas de los árboles.

Este perezoso, al igual que los actuales osos hormigueros, caminaba sobre los lados de sus pies y manos, debido a que sus garras evitaban que pudiera poner las palmas y plantas de los mismos sobre el suelo. Aunque era principalmente cuadrúpedo, sus huellas fosilizadas muestran que tenía cierta capacidad de realizar una marcha bípeda. Las mismas se encuentran en la localidad de Pehuen Co, al sur de la provincia, en lo que fue el borde de una gran laguna de hace unos 12.000 años. En la misma han quedado conservadas las pisadas de gran cantidad de especies ya extinguidas y algunas que aún sobreviven. En este lugar particular era posible apreciar un rastro de varios metros realizado por un megaterio caminando en dos patas. Las mismas tenían un largo de 1,30 metros. Lo que es quizás el pie más grande de un mamífero extinguido o vivo.

La dieta de estos animales consistiría de hojas de plantas tales como las yuccas, agaves y pastos. En nuestra región también existían bosques de talas, quebrachos y algarrobos, cuyos frutos eran muy importantes para la alimentación de muchos seres gigantescos. Mientras se alimentaba de la vegetación terrestre podría sostenerse en sus patas traseras, así como para alcanzar la vegetación más alta. También podría tratar de desenterrar raíces usando las grandes garras de sus patas. Algunos autores sostienen posibles hábitos carroñeros, pero por ahora, la evidencia es muy pobre. Megatherium usaba sus dientes simples para triturar la vegetación antes de tragarla, un proceso al que ayudarían sus sumamente desarrollados músculos. El estómago del perezoso era capaz de digerir la comida fibrosa y áspera. Es probable que pasar un buen tiempo descansando, para ayudar a su digestión.

Megatherium habitó en ambientes de bosques y praderas de las áreas levemente boscosas de Sudamérica de donde era una especie endémica. Estaba adaptado a hábitats de clima templado, árido o semiárido.

 

<<<Aspecto de Megatherium americanum. Por Daniel Boh.

El primer espécimen fósil de Megatherium fue descubierto en 1785 por Fray Manuel Torres, sobre la ribera del río Luján en la Provincia de Buenos Aires. El fósil fue enviado al año siguiente a Madrid al Real Gabinete de Historia Natural, hoy en día conocido como el Museo Nacional de Ciencias Naturales Madrid.

Fue tal el interés que despertó este enorme esqueleto de cerca de cinco metros de largo, que el rey Carlos III pidió que se “procure por cuantos medios sean posibles averiguar si en el partido de Luján o en otro de los de ese virreinato, se puede conseguir algún animal vivo, aunque sea pequeño… remitiéndolo vivo, si pudiese ser, y en su defecto disecado y relleno de paja…”

Posteriormente fue ensamblado por un empleado del gabinete, Juan Bautista Bru, quien además dibujó el esqueleto y algunos huesos individuales. Estos llegaron al anatomista comparativo Georges Cuvier determinó las relaciones y la posible apariencia de Megatherium. Cuvier publicó su primer artículo sobre el animal en 1796 y republicado nuevamente en 1804. En su artículo de 1796, Cuvier le asignó al fósil el nombre científico de Megatherium americanum. La palabra Megaterio significa: Mega (grande) y Terios (bestia o animal), o sea su nombre científico completo significa “gran animal de América”. 

Cuvier determinó que Megatherium era un perezoso, y en principio creyó que este usaba sus grandes garras para trepar a los árboles, tal y como los perezosos modernos, aunque luego cambió de parecer sobre esta hipótesis y apoyó un estilo de vida subterráneo, usando entonces las garras para cavar túneles. El megaterio fue el primer vertebrado fósil montado para fines de exhibición y el primer mamífero fósil del nuevo mundo estudiado y nominado científicamente.

Este género aparece en el registro paleontológico por primera vez en el Plioceno de Bolivia en la forma de Megatherium altiplanicum, siendo muy similar al perezoso terrestre del Mioceno Promegatherium, cuyo tamaño era similar al de un rinoceronte, y que probablemente es un antecesor directo de este género.

En el sur, estos perezosos terrestres florecieron hasta hace 10 500 años datados por radiocarbono. Varios autores han citado la aparición de la población en expansión de los cazadores humanos como una de las causas de su extinción. Hay algunas dataciones más tardías de cerca de 8000 y una de 7000 años antes del presente para restos de Megatherium, pero la fecha más reciente considerada como creíble es de cerca de 10 000 años antes del presente.

Las especies de megaterios se volvieron mayores con el tiempo, siendo Megatherium americanum la de mayor tamaño, alcanzando las dimensiones de un elefante africano. El subgénero y especie Megatherium (Pseudomegatherium) tarijense fue una especie de tamaño medio, la cual fue considerada como sinónimo de M. americanum, aunque ha sido revalidada en otros análisis. Habitó en Bolivia en la cuenca de Tarija y en Perú en la zona de Yantac.

El equipo del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, junto a científicos de la Fundación Azara, Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y Conicet, realizó un nuevo hallazgo de restos fósiles de una especie enana de megaterio en el sur del distrito y confirmó las diferencias de tamaño existentes entre las especies de Megaterios contemporáneas. Se trata de Megatherium filholi, reconocida por el mismo Perito Moreno, quien descubrió los primeros restos de esta especie en 1888, y fue olvidado por décadas. Esta especie fue revalidada a partir de nuevos restos encontrados en la localidad bonaerense de Mar del Sud, muy cerca de Miramar por este equipo de investigadores.

En el Museo de Ciencias Naturales de Miramar hay algunos restos de Megaterio. Los más interesantes corresponden a partes de un cráneo de un ejemplar muy juvenil, hallado en cercanías de la entrada al Bosque del Vivero Municipal Florentino Ameghino y otros restos fragmentarios más al sur del sitio denominado Rocas Negras. También tenemos un gran cráneo con mandíbula, hallados en la misma zona, huesos largos, vértebras entre otros. También como hemos citado, restos de una especie enana o de menor tamaño, y un representante del Plioceno que se encuentra en estudio.  El Megaterio y otros gigantes son sólo parte de la sorprendente fauna que vivió en nuestro territorio hasta hace pocos miles de años. El estudio de sus restos es muy importante ya que pueden darnos claves para saber cuál puede el futuro de grandes especies vivientes.

Bibliografía consultada.

AMEGHINO, F. 1888. Rápidas diagnosis de mamíferos fósiles nuevos de la República Argentina. Buenos Aires, Obras Completas, 5:471-480.

AMEGHINO, F. 1889. Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina. Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, 6:1-1027.

CUVIER,  G., 1796. Notice sur le squelette d'une très-grande espèce de quadrupède inconnue jusqu'à présent, trouvé au Paraguay, et déposé au cabinet d'histoire naturelle de Madrid. - Magasin Encyclopédique, ou Journal des Sciences, des Lettres et des Arts 7: 303-310; Paris.

CRUZ, L. 2007. Xenarthra (Mammalia) del Pleistoceno tardío-Holoceno temprano del Departamento de Río Cuarto, provincia de Córdoba, Argentina. Aspectos bioestratigráficos. Ameghiniana, 44(4):751-757.

ESTEBAN, G.I. 1996. Revisión de los Mylodontinae cuaternarios (Edentata, Tardigrada) de Argentina, Bolivia y Uruguay. Sistemática, Filogenia, Paleobiología, Paleozoogeografía y Paleoecología. Tesis Doctoral inédita, Instituto Miguel Lillo, Facultad de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Tucumán, San Miguel de Tucumán, Argentina.

LAZA, J. H. 1995. Signos de actividad de insectos. In: Alberdi, M.T.; Leone, G. & Tonni, E.P. (eds.) Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años, Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, Monografías, 16:341–361.

LOPEZ PIÑERO, J. M. y Glick, T.F., 1993. El megaterio de Brú y el presidente Jefferson. Una relación insospechada en los albores de la paleontología. Universidad de Valencia, CSIC, 168 pp.

MAGNUSSEN SAFFER, M.  2014.Perezosos gigantes (Xenarthra, Pilosa) del pleistoceno de la región pampeana. Paleo Revista Argentina de Paleontoªlogía. Boletín Paleontológico. Año XII. 108: 08-13.  

NORIEGA, J.I.; CARLINI, A.A. & TONNI, E.P. 2001. Vertebrados del Pleistoceno tardío de la cuenca del arroyo Ensenada (Departamento Diamante, provincia de Entre Ríos, Argentina). Bioestratigrafía y paleobiogeografía. Ameghiniana, 38(4), Resúmenes: 38R.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E.P. & FIDALGO, F. 1978. Consideraciones sobre los cambios climáticos durante el Pleistoceno tardío-Reciente en la provincia de Buenos Aires. Aspectos ecológicos y zoogeográficos relacionados. Ameghiniana, 15(1-2):235-253

TONNI, E. P. Y FIDALGO, F. 1982. Geología y Paleontología de los sedimentos del Pleistoceno en el área de Punta Hermengo (Miramar, prov. Bs. As, Repub. Argentina); Aspectos paleoclimaticos. Ameghiniana 19 (1-2): 79-108.


Impacto de un enorme asteroide entre

 Mar del Plata y Miramar.

Por Mariano Magnussen Saffer, Departamento Científico. Fundación Azara. Laboratorio Paleontológico. Museo de Ciencias Naturales de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. Publicado en Paleo - Revista Argentina de Paleontología. Ilustraciones de Daniel Boh. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Un grupo de investigadores reveló recientemente que un gran Asteroide impacto contra la tierra, hace unos 3,3 millones de años, provocando un desequilibrio ambiental de proporciones catastróficas, logrando la extinción de numerosas plantas y animales que vivieron en el continente Sudamericano durante la Era Cenozoica, como las gigantescas aves corredoras o los marsupiales Dientes de Sable.

La presencia de rastros geológicos abona esta teoría, de rocas modificadas por altas temperatura “escorias” y la presencia de “vidrios” producidos por calentamiento y enfriamiento rápido de silicatos, parecen ser un indicio serio. En el año 1993, Peter Schultz de la Universidad Brown en Providence, fue el primero en atribuir este origen al material hallado en las costas del sur de la Provincia de Buenos Aires, en un radio comprendido de al menos 50 Km., que pocos meses después Theodore Brunch especialista en meteoritos y cráteres de la NASA, sostuvo que la hipótesis planteada de un impacto de un meteorito en Argentina es por lo más correcta, teniendo en cuenta la evidencia obtenida.

Según el estudio publicado en la prestigiosa revista científica Science presentada el día 11 de diciembre de 1998, sostiene las nuevas evidencias geológicas y paleobiologicas, que en un punto no precisado correctamente en la República Argentina, habría chocado un meteorito de tamaño considerable, situando el área de impacto entre las localidades de Mar del Plata y Miramar, ubicadas sobre la costa atlántica al sudeste de la Provincia de Buenos Aires de este país.

Al comentar el posible choque de una roca espacial y sus posibles consecuencias, no podemos dejar de recordar aquel hecho similar ocurrido a fines del periodo Cretácico, que tuvo como epicentro la península de Yucatán, en la costa de México y que provoco la extinción de los grandes Saurios, por entonces las formas de vida más exitosas y fabulosas de la evolución biológica.

De aquí salió una tesis similar que contestaría décadas de preguntas incesantes sobre ciertas características estratigráficas en Argentina en particular, y su asociación con la desaparición de algunos grandes vertebrados representativos de la Era Terciaria Sudamericana.

Si bien el meteorito que se estrelló en Argentina fue de proporciones menores al que extinguió a los dinosaurios, fue lo suficientemente fuerte para provocar una cicatriz a la superficie terrestre y a la historia natural del hemisferio sur.

La tesis que sostuvo la presente investigación, partió en la observación de distintos fenómenos geológicos que aparecían en la estratigrafía de los afloramientos sedimentarios pertenecientes al litoral marítimo de estas localidades bonaerenses. Estos materiales colectados en la región, denominados “escorias y tierras cocidas” son frecuentes de observar, llamando la atención de la comunidad científica desde principios del siglo XX. Fue así, que el sabio Florentino Ameghino interpreto estos restos como vestigios de antiguas culturas humanas, proponiendo el “Origen Terciario del Hombre Americano”, hoy en día totalmente descartada. Pero el antecedente más antiguo de estudio corresponde a 1865, la cual sostenía una confusa teoría utilizada hasta hace poco tiempo, que atribuía el aspecto cristalino y contraído de las escorias a un posible origen volcánico, probablemente Patagónico.

Según lo que revelo la investigación realizada por los científicos Schultz, Hames y King de Estados Unidos de América y Zarate y Camilion de la República Argentina la naturaleza de estas rarezas se habría originado a partir de un fenómeno poco frecuente para los habitantes de este planeta, y que suceden cada miles de años.

Fue, posiblemente, la tremenda energía liberada en el impacto de un asteroide o de un cometa la que fundió los materiales del suelo y provocó la aparición de las escorias, unas formaciones vesiculares, que varían de 5 centímetros a 2 metros, compuestas por una amalgama de metales de apariencia cristalizada que solo se forman por choques de gran velocidad, llamados Baddleyitas, con un color variante, desde un grisáceo oscuro a un verde muy vivo, con huecos y burbujas, formadas por altas temperaturas. También se obtuvo pequeñas esferas de vidrios con alto contenido de Níquel y Cromo.

Se calcula que al instante de estrellarse el asteroide contra la superficie terrestre en este punto de Argentina, la temperatura paso de 0° a una variaron instantáneo de 1720° a 1900°, provocando además de extensas nubes de polvo y escombro en la atmósfera circundante, con gravísimos incendios a cientos de kilómetros a la redonda, lo que se evidencia con la presencia de tierra cocida de color ladrillo, lo que demuestra a simple vista el desastre ecológico ocurrido.

Los análisis radiométricos y magnetoestratigráficos realizados en Geochron Laboratories, Cambridge, Massachussets, sugieren que se formaron hace 3,3 millones de años, en el período denominado Plioceno Medio – Superior de la Era Terciaria, el continente Sudamericano estaba ocupado por aves de gran tamaño como el Argentavis magnificens, con una envergadura de 8 metros, o las feroces aves corredoras y carnívoras como Onactornis depressus que superaban los 2 metros de altura y 200 kilogramos de peso. Otros representantes faunisticos eran los mamíferos marsupiales como Thylacosmilus atrox o los notoungulados con aspecto hipopótamos primitivos, llamado Chasicotherium rothii, entre otros.

Por ahora no existe referencia exacta que aclare en dónde puede estar situado el cráter principal del impacto del asteroide, debido a que toda la región Pampeana Argentina es una zona de aluvión, que durante millones de años ha ido depositando los materiales volcánicos de la cordillera de Los Andes. Aparte hay que decir que estas dos localidades balnearias de la costa bonaerense, hasta hace unos 200 mil años atrás se hallaban en el centro del continente, y las orillas marítimas se encontraban donde hoy en día se halla el comienzo de la plataforma submarina, es decir, a unos 200 kilómetros adentro de su ubicación actual, pero por los cálculos obtenidos en el estudio, el posible área de impacto sería en la línea costera, originada a partir de una roca espacial menor a 1 kilómetro de diámetro, produciendo un cráter de unos 20 kilómetros de circunferencia.

El área concreta en donde aparecen las escorias y las tierras cocidas, corresponden a una estratigrafía denominada Formación Chapadmalal (Edad Chapadmalalense), una capa sedimentaria que varía en un espesor de 5 centímetros a 1 metro según la zona, muy rica en material fosilífero, la cual aloja en su interior las evidencias de una gran fuente de calor que, de improviso, hubiera fundido los materiales del suelo a temperaturas increíbles de experimentar, integrado por lo que se denomina "Loess", depósitos piroclásticos.

En el caso de Argentina, aunque el área de impacto y el tamaño del asteroíde fueran más reducidos que la ocurrida en la peninsula de Yucatán y que provocara un desastre universal, la potencia de la explosión debió enviar al aire cientos de miles de toneladas de escombros, polvo y fuego que, según creen los expertos en paleoastronomía, pudo ocultar el cielo durante varios años en una región de cientos de kilómetros a la redonda.

Esto acabó con gran parte de la vida vegetal y, por extensión con la animal, que hasta entonces se los podía considerar como formas biológicas exitosas, ya que evolucionaron aisladas del mundo durante unos 40 millones de años, ya que, para el Paleoceno, América del Sur se convirtió en un continente isla, como es Oceanía en la actualidad, obteniendo de esta forma el desarrollo gradual de formas vivientes únicas y que no se repitieron en otros continentes, como por ejemplo, los fabulosos y populares Gliptodontes, armadillos del tamaño de un automóvil.

Tal vez el impacto situado entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar ocurrido hace más de 3 millones de años, no creo una crisis global como en otros casos previos, pero no hay duda que se hicieron sentir sus efectos en el ámbito regional, exponiéndose rápidamente al resto del continente Sudamericano.

Es importante aclarar, que gran parte de la paleofauna de América del sur correspondiente al Cenozoico superior, es decir, de los últimos 4 millones de años, proceden de los afloramientos geológicos ubicados en el sudeste bonaerense, y que estos son los depósitos fosilíferos más completos y claros en todo el mundo para esta época. Es por ello que justo en esta parte del continente los investigadores pudieron obtener resultados precisos de este apocalíptico hecho natural, que no se apoya solamente de evidencia geología, sino también de elementos paleobiológicos, teniendo en cuenta que se extinguen por lo menos unos 36 géneros de grandes vertebrados, más las especies representativas de cada uno de estos, lo que da una idea general de lo que paso por entonces en la región Pampeana de la República Argentina.

Más allá de todo, sabemos que esta investigación recién comienza, y que por lo menos necesitaremos una década para lograr interpretar en forma absoluta sobre el choque del asteroide y sus posibles consecuencias en el ambiente prehistórico de esta parte del planeta, ya que se tendrán que revisar y recolectar nuevas pruebas paleontológicas para corroborar de mejor manera la influencia del impacto con la extinción de numerosos organismos y los cambios de corrientes oceánicas y ambientales.

No obstante, el hecho ocurrido entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar hace 3,3 millones de años, no fue el único, ya que a partir de este estudio sabemos que existieron en Argentina la caída de cuerpos celestes, dando a luz otros tres impactos de meteoritos menos espectaculares, como el que ocurrió en Chasico (Tomquist) durante el Mioceno, hace 10 millones de años, al sur del paraje de Centinela del Mar (Partido de General Alvarado) durante el Pleistoceno, hace 600 mil años y uno más reciente en el Holoceno de Rió Cuarto, Provincia de Córdoba hace apenas 4 mil años, ante la presencia de antiguos grupos humanos que transitaban la región.

La referencia más conocida y estudiada en vivo del impacto de un asteróide sobre la superficie terrestre se produjo a mediados de siglo XX en la antigua Unión Soviética, en el territorio de Siberia. La explosión de un pequeño cuerpo estelar de pocos centímetros de diámetro destruyó cientos de kilómetros cuadrados de bosques nevados, que quedaron convertidos en un seco desierto en donde murieron millones de seres vivos, hecho documentados con imágenes de alta calidad.  

Bibliografía Sugerida:

P. H. Schultz, M. Zarate, W. Hames, C. Camilion y J. King. A 3.3 – Ma Impact in Argentina and Posible Consequences. 11 dicember 1998, Volumen 282. pp. 2061 – 2063.

J.C Heusser and G. Claraz, Neue Denk. (Nov. Mems) der Allgemeine Schweiz. Gessell. XXI 27. Zurich (1865).

M. A. Zarate and J. L. Fasano, Palaeogeogr. Palaeoclimatol. Palaeoecol. 72, 27 (1989).

M, Magnussen Saffer. Un Impacto de Meteorito entre Mar del Plata y Miramar. Boletín de divulgación Científica Técnica. Publicación 2: pp 3 - 8 Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.

M. Magnussen Saffer. 2005. Naturaleza Pampeana, pasado y presente. Libro Digitalizado. Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.


Transgresiones y Regresiones Marinas en la Región Pampeana. Geomorfología Regional.

Fragmento del articulo: Magnussen Saffer, Mariano (2005). Transgresiones y regresiones marinas en la Región Pampeana. Artículo divulgativo publicado en PaleoWeb – Boletín Paleontológico. Año 3, 11: 32-35. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Es muy raro que aparezca un fósil de origen marino en una zona terrestre. La explicación, proviene de los diferentes estados naturales que se han suscitado en el transcurso de los milenios.

Localmente, se denominan transgresiones marinas o ingresiones marinas a los avances de la línea de costa sobre un espacio continental, y regresiones marinas al fenómeno inverso.

La orilla del mar es "fluctuante", es decir, en la época de los glaciares el borde costero de la región pampeana se encontraba a 200 kilómetros mar adentro, sobre el borde de la actual plataforma marítima,  ya que el agua se depositaba en aquellos fenómenos naturales, llamados glaciares, lo cual impedía una entrada de mayor altitud.

De la misma manera, un interglaciar (el momento opuesto) hubo más agua, y hubo momentos en que el mar subió hasta seis metros sobre el nivel actual, de modo que lo que hoy es tierra firme, en otro tiempo se hallaba por debajo del nivel de mar.  Durante el Mioceno una gran parte de la Argentina estuvo cubierta por un mar conocido ampliamente en la literatura geológica como "mar entrerriense o paranense", del que se conocen facies marinas en el este y facies marginales y lacustres en el oeste y nororeste del país. Los espesores más potentes corresponden a los depósitos del subsuelo del ámbito Chaco-paranense.

<<<Algunos de los fósiles marinos coleccionados en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

La característica más notoria de todos estos depósitos lo constituye la abundante y diversa fauna de moluscos restringida a las facies marinas de las formaciones Paraná y Puerto Madryn y a las del subsuelo de la provincia de Buenos Aires.

Las primeras menciones sobre la existencia este mar son de índole paleontológica y datan desde mediados del siglo diecinueve. Fueron efectuadas por d’Orbigny (1842), quien halló moluscos marinos en los alrededores de la ciudad de Paraná y en la desembocadura del río Negro. Unos años más tarde, Darwin (1846) encontró la misma fauna en la península Valdés, quedando así establecida la presencia de estos depósitos en la Patagonia septentrional y en la provincia de Entre Ríos, los que constituyeron, por otra parte, las primeras citas del Terciario marino en la Argentina.

En la región mesopotámica, los depósitos miocenos corresponden a la Formación Paraná Yrigoyen (1969) y se restringen al borde oriental de la misma, aflorando a lo largo del río Paraná entre Diamante y La Paz. A diferencia de la Formación Puerto Madryn, esta unidad aflora en forma discontinua y se caracteriza por una marcada variación facial. De acuerdo con Aceñolaza (1976), la sección aflorante de la Formación Paraná no supera los 30 metros de espesor y está constituida por arcillas, arcillitas limolíticas verdosas, arenas, areniscas limolíticas amarillentas y coquinas con matriz arenosa o calcárea.

Con respecto a los ambientes de depositación de las Formaciones Puerto Madryn y Paraná en sus áreas tipo, los análisis paleontológicos y paleoambientales realizados señalan la presencia de facies marinas someras para los términos de la transgresión, que se extienden desde la Patagonia hasta la provincia de Entre Ríos, a lo largo de una franja de rumbo norte-sur, de aproximadamente 1100 kilómetros de longitud.<<<Ilustrativo. Museo de Miramar.

La Formación Paraná habría sido depositada en un ambiente marino somero con influencias deltaicas (Iriondo, 1973). Por otra parte, Aceñolaza y Aceñolaza (2000) determinaron que esta unidad correspondería a una secuencia transgresiva depositada desde ambientes aéreos o subaéreos a submareales, representados estos últimos por barreras arrecifales.

Con respecto a la Formación Puerto Madryn aflorante en los alrededores de la ciudad de Puerto Madryn y la península Valdés, se determino que se trata en términos generales de una secuencia regresiva con facies depositadas en la plataforma por debajo de la base del tren de olas en ambientes de baja energía, y de facies más someras depositadas en un ambiente con dominio alternativo de mareas y tormentas (facies de lenguas arenosas submareales, de canales de mareas, coquinas tempestíticas y planicies de mareas) y paleosuelos.

A conclusiones similares arribaron Zucol y Brea (2000), quienes determinaron condiciones tropicales a subtropicales húmedas para el palmar desarrollado en el ambiente marino costero donde se habrían depositado las sedimentitas de la Formación Paraná. La transgresión marina llamada Mar Paranense habría comenzado hace unos 15 y 14 Millones de años, y habría concluido hace 7 y  6 Millones de años abarcando desde el mioceno medio al tardío (algunos autores sostienen hasta comienzos del plioceno).

La ingresión de este mar se dio por el río de la Plata y la cuenca del río Salado (Provincia de Buenos Aires).

Era un mar somero, de aguas con temperaturas levemente superiores a las actuales y de una gran extensión areal, abarcando la casi totalidad de la llanura chaco - pampeana y extendiéndose hasta el sur de Brasil, Bolivia y Paraguay. El flanco oeste tenía sus costas en las cercanías de las sierras Pampeanas, mientras que la costa oeste llegaba hasta el actual río Uruguay. El flanco norte llegaba hasta la región del Pantanal, en la parte superior del río Paraguay.

La concentración salina habría ido en descenso hacia el interior del continente, sobre todo por los aportes de agua dulce de los numerosos ríos que desembocaban en el citado mar.

Los movimientos de levantamiento andino en el mioceno medio habrían sido causales del hundimiento de la llanura chaco pampeana, permitiendo así la ingresión de aguas del Océano Atlántico al continente, mientras que los movimientos de elevación de las Sierras Pampeanas (que ya existían desde tiempos inmemoriales, pero por acción del levantamiento andino sufrieron nuevos elevamientos y fracturación de sus bloques formantes) a finales del mioceno habrían contribuido a la regresión de este mar.

Durante el Cuaternario también hubo algunas transgresiones marinas (pero no tan importantes como la anterior) asociadas sobre todo a los periodos interglaciares, donde el agua de deshielo de los casquetes polares aumentaba los niveles de los océanos. Una de las más recientes fue la denominada Mar Querandí, que ocurrió hace 7500 a 4000 años atrás, inundando el estuario de la Plata (que fue por donde ingresó) y llegando por el río Paraná hasta la altura de la ciudad de Diamante, Entre Ríos.

Durante el Cuaternario también hubo algunas transgresiones marinas (pero no tan importantes como la anterior) asociadas sobre todo a los periodos interglaciares, donde el agua de deshielo de los casquetes polares aumentaba los niveles de los océanos. Una de las más recientes fue la denominada Mar Querandí, que ocurrió hace 7500 a 4000 años atrás, inundando el estuario de la Plata (que fue por donde ingresó) y llegando por el río Paraná hasta la altura de la ciudad de Diamante, Entre Ríos.

Cabe destacar que en la historia hubo varias ingresiones (o entradas de mar) registradas. Una de ellas data de 120.000 años y la segunda es la que dio origen a la laguna de Mar Chiquita y los sedimentos de Punta Hermengo hace 6.000 años (Formación Querandi).

En la zona costera de Buenos Aires se reconocen varios niveles correspondientes a otras tantas probables oscilaciones del nivel marítimo. A lo largo de la costa atlántica del NE Argentino, el nivel mas antiguo se encuentra en el interior de la Formación Ensenada, al cual Ameghino (1889) llamo Intersenadense. Esta transgresion, que se desarrolla a lo largo de la desembocadura del Rió de La Plata. Otras tres pulsaciones marinas sucesivas han sido descriptas en esta zona costera: Belgranense, Querandinense y Platense marino.

En la zona de Miramar, se conocen depósitos referibles a la ingresion holocenita, en particular, en la serie expuesta en la desembocadura del Arroyo Las Brusquitas, y en facies salobres en Punta Hermengo. Ambos poseen una antigüedad de 6000 años.

<<<Rama mandibular de Arctocephalus sp. (Lobo marino)del Holoceno. Museo de Miramar.

La serie de Las Brusquitas, situada sobre la costa atlántica Argentina, en la desembocadura del arroyo homónimo, pertenece a un ambiente marino – salobre en el cual se suceden indicios de oscilaciones del nivel del mar, bajo forma de depósitos con fósiles de ambientes claramente marino costero, intercalado con depósitos fluviales y salobres.

Se pueden encontrar en estos sedimentos, restos óseos de distintos vertebrados, pero escasos. Se caracteriza por la gran variedad de moluscos, como Biomphalaria, Littoridina parchappei y Littoridina australis entre otras, abundantes en el perfil y representativas de todo los ambientes, dulceacuicola, salobre y mas ampliamente marino.

Hace aproximadamente 8000 años y tras una importante desglaciación, el mar (formación Querandi) llegó hasta lo que ahora es la Ruta Nacional Nº 2 y desde el río Salado hasta San Pedro (Provincia de Buenos Aires). Cuando las aguas se retiraron (hace unos 4000 años), el terreno adquirió una fisonomía heterogénea. Los sedimentos salinos formaron mantos geológicos capaces de alterar el sabor y las características de las aguas en las zonas deprimidas o bañados, esto justifica la aparición reiterada de la palabra "salado" en nombre de ríos, arroyos y lagunas.

Bibliografía Sugerida.

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Aceñolaza, F.G. 2000. La Formación Paraná (Mioceno medio): estratigrafía, distribución regional y unidades equivalentes. En: Aceñolaza F. G. y Herbst, R. (eds.), El Neógeno de Argentina. Correlación Geológica 14: 9-27.

Aguirre, M. L. 1990. Asociaciones de moluscos bentónicos marinos del cuaternario tardío en el noroeste bonaerense. Ameghiniana 27: 161-177.

Alberd M. T. i, Leona G. y Tonni E. P. (editores). Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Madrid, Museo Nacional de Ciencias de Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1995, Monografías 12.

Bravard, A. 1858. Monografía de los terrenos marinos terciarios de las cercanías del Paraná. Imprenta del Registro Oficial. 107 pp. Paraná. (Reimpresión Imprenta del Congreso de la Nación, 1995).

Cozzuol, M.A. 1993. Mamíferos acuáticos del Mioceno medio y tardío de Argentina. Sistemática, evolución y biogeografía. Tesis Doctoral, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, UNLP. 178 pp. Inédita.

Francesco C.G. y Zarate, M.A.1999. Análisis tafonomico de Littoridina Souleyet, 1852 (Gastropoda: Hydrobiidae) en perfiles holocenos del rio Quequen grande (Prov. Buenos Aires): significativo paleobiologico y paleoambental. Ameghiniana 36 (3): 297-310 Bs.As.

Fidalgo, F.; Tonni, E.P. 1983. Geología y Paleontología de los sedimentos encauzados del Pleistoceno tardío y Holoceno en Punta Hermengo y Arroyo Las Brusquitas (Partido de General Alvarado y General Pueyrredón, Provincia de Buenos Aires). Ameghiniana, Vol. 20, Nos. 3-4, p. 281-296.

Firinati, E.A. y Aliotta, S.A. 1995. Análisis tafonomico de conchillas en cordones holocenos, Bahía Blanca, Argentina. 4  Jorn. Geológicas y geofísicas bonaerenses (Junin) Actas 1: 89 – 97.

Herbst, R. y Zabert, L.L. 1987. Microfauna de la Formación Paraná (Mioceno superior) de la cuenca Chaco-Paranense (Argentina). Facena 7: 165-206. Corrientes.

Tonni E.P. y Cione, A.L. Los mamíferos y el clima en el Pleistoceno y Holoceno en la provincia de Buenos Aires.- Jornadas de Arqueología e Interdisciplinas, PREP, CONICET, pp. 127-142; Climas en el Cuaternario de la Región Pampeana y cambio global. II Seminario sobre las Geociencias y el cambio global, Asoc. Geol. Arg., Serie D, Publ. esp. N° 2:33-35; 1995.


Los ungulados sudamericanos extintos.

Por Mariano Magnussen Saffer, Departamento Científico. Laboratorio Paleontológico. Museo de Ciencias Naturales de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. Publicado en Paleo - Revista Argentina de Paleontología.Ilustraciones de Daniel Boh. marianomagnussen@yahoo.com.ar

En la zona de Miramar y Partido de General Alvarado, tenemos sedimentos relativamente modernos, es decir, de los últimos 4 millones de años. Justo en el Pleistoceno, que comienza hace 2,59 millones de años y finaliza aproximadamente hace 10.000 años, existieron unos animales muy peculiares, los ungulados sudamericanos.

No sólo de dinosaurios vive la paleontología, los mamíferos compartieron hábitats con esos reptiles y aprovecharon su desaparición para pasar a dominar la Tierra. Después de muchos millones de años

Se llaman ungulados y son mamíferos herbívoros que se caracterizan porque sus patas terminan en pezuñas. Caballos, rinocerontes, vacas y jirafas son apenas algunos de los muchos que hay en la actualidad, aunque en el pasado existió en Sudamérica una enorme diversidad comprendida por lo menos cinco órdenes que se extinguieron por completo

Son animales que vivieron en esta región del planeta durante el Cenozoico, es decir, desde la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años, hasta el presente. Actualmente no tienen representantes vivientes, y por ende sus relaciones filogenéticas, es decir de parentesco, con los mamíferos modernos es muy discutible.

<<<Toxodonte.

Este clado, es llamado en realidad meridiungulados, son mamíferos placentarios originarios de Sudamérica, donde evolucionaron independientemente en dicha isla-continente hasta hace unos 3 millones de años. Se los llama también ungulados sudamericanos. No sería un grupo natural, pero se lo mantiene para diferenciar a los ungulados sudamericanos de otros grupos del resto del mundo.

A comienzos del Terciario, hace entre 50 y 60 millones de años, había un mar abierto, o tal vez nada más que una cadena de islas esporádicas, entre América del Norte y América del Sur. Una situación similar a la actual de Australia con respecto a Eurasia.

Durante alrededor de 50 millones de años, o tal vez más, desde el Paleoceno hasta el Plioceno, cuando se restableció el istmo, y se produjo el Gran Intercambio Americano, el océano aisló a los mamíferos sudamericanos sobre un continente apartado, que durante varios periodos estuvo separado en penínsulas e incluso en cadenas de islas, en el que no había ningún carnívoro placentario. Como consecuencia de esto, las especies originales tuvieron la oportunidad de diversificarse en una variedad de nichos ecológicos, que en otros lugares del planeta, estaban ocupados por otros grupos.

Estos meridiungulados, predominantemente sudamericanos, muchos eran de gran tamaño pero la mayoría de especies eran de tamaño mediano o pequeño y algunas se desarrollaron también en Norteamérica, la Antártida y Asia, donde se supone que se extendieron con éxito durante un tiempo, ya que se han hallado restos en México y Mongolia.

<<<Esqueleto de Toxodon en el Museo de Miramar.

Las primeras formas de la mayoría de los grupos presentan una dentadura completa, sin especializar, característica de los primeros mamíferos y que se diferenció y especializó mucho más tarde que la de los herbívoros de otras ecorregiones contemporáneas, debido a la falta de competencia.

Alrededor de 1900, Florentino Ameghino inició un catálogo que contiene clasificaciones, estudios, comparaciones y descripciones de más de 9.000 animales extinguidos, muchos de ellos descubiertos por él, procedentes de la Argentina continental: Buenos Aires y Patagonia en el cual aparecen innumerable cantidad de fósiles de este clado, representados por los órdenes; Astrapotheria, Litopterna, Notoungulata y Pyrotheria.

En el Pleistoceno  región pampeana, se han encontrado los dos últimos grandes representantes del clado, el notoungulado Toxodonte y Mesotherium,  y el litopterno Macrauchenia, y fueron contemporáneas y cazadas por los grupos humanos, ya que han evidencia de que fueron encontrados sus restos junto a puntas de flecha y en hogueras. Se estima que coexistieron durante 30 000 años con los seres humanos, hasta su extinción hace 8 500 años

El Toxodonte (Toxodon platensis) llego a medir unos 5 metros de largo y una masa estimada de una tonelada. Su nombre significa "diente de arco, del plata". El tema principal es la posición de la cabeza, la cual, al armar el esqueleto, aparece por debajo de la altura del lomo pero, sus ojos, narices y fosas nasales están en una posición bastante alta.  Algunos investigadores proponen, luego de estudios de biomecánica, que la cabeza debería estar más alta, lo que terminaría por afirmar sus hábitos acuáticos.

<<<Aspecto de Macrauchenia.

El cráneo de este animal tiene un tamaño de 70 centímetros y sus mandíbulas provistas de incisivos de crecimiento continuo, cuyos esmaltes se representan en fajas longitudinales. Se asemejaban a los actuales hipopótamos y rinocerontes, pero sin parentesco alguno, es otro ejemplo de evolución paralela o convergencia adaptativa, es decir, cuando dos especies totalmente aisladas comparten nichos ecológicos similares, desarrollando algunos rasgos morfológicos notablemente parecidos.

Su hábitat estaba conformado por llanuras abiertas y frondosos pantanos, alimentándose principalmente de vegetales, los cuales, podían ser extraídos con sus mandíbulas en forma de "pala".

Se dio a conocer en el año 1916, el hallazgo de un fémur de Toxodon chapadmalensis con una punta de proyectil incrustada en él, descubierta en la ciudad de Miramar y generando hasta nuestros días notables polémicas entre la comunidad científica, considerado un fraude de la época.

El Paedoterio (Paedotherium bonaerense)  fue el representante más pequeño de este grupo muy abundante. Sus dimensiones y aspecto en vida recuerdan a la liebre patagonica o mara (Dolichotis australis).

<<< Cráneo y Mandíbula de Macrauchenia. En el Museo de Miramar tenemos numerosos restos de este curioso animal.

Su cráneo era corto y robusto con una cierta semejanza a los de un roedor e incisivos muy prominentes de crecimiento continuo y cincelados pero cortos, ausencia de caninos, premolares y molares alargados. Presenta orbitas grandes señalando posibles hábitos crepusculares o nocturnos, y miembros adaptados para posibles hábitos terrestres y subterráneos.

El otro Notoungulado fue Mesoterio (Mesotheium cristatum), el cual, dimensiones de una oveja pequeña, y pesaba cerca de 55 kilogramos. Tenía unos largos incisivos superiores, los cuales encajaban en sus puntas como los roedores; sin embargo, tenía esmalte tanto en la superficie labial (externa) como en la lingual (interna).

El otro representante fue Macrauchenia patachonica, cuyo nombre significa “cuello grande de la Patagonia”.  El primer resto también fue encontrado por Darwin en Puerto San Julián, Santa Cruz, en 1840. El nombre se debe también al mismo científico, Owen, cuyo repertorio de nombres era notable, ya que fue el que creó el término “dinosaurio”, entre otros.

Su aspecto en vida es digno de una película de ciencia-ficción. Su nombre significa "cuello largo". Sus dimensiones eran semejantes al de los camellos actuales, pero los orificios nasales y una gran fosa elíptica señala la presencia de una trompa, algo más larga que la del tapir actual. Poseía largas patas y pies ungulados, provistos de tres dígitos.

Es probable que no corriera con mucha velocidad, ya que las proporciones de las patas traseras estaban invertidas, como ocurren con los animales no corredores, por ejemplo, la jirafa. Su alimentación estaba basada en vegetales de zonas pantanosas donde pasaba la mayor parte de su tiempo, y del pastoreo. Algunos autores han formulado la hipótesis de que estos mamíferos estaban adaptados a una vida semiacuática. Sin embargo, sus restos han sido hallados no sólo en depósitos asociados a cuerpos de agua sino también en eólicos correspondientes a ambientes áridos y semiáridos.

Análisis de secuencias de colágeno obtenidas del notoungulado Toxodon y del litopterno  Macrauchenia dieron como resultado que los ungulados nativos de Sudamérica conforman el grupo hermano de los perisodáctilos, lo que los convierte en ungulados verdaderos y miembros de los laurasiaterios.

También tenemos representantes del Plioceno, anteriores a estos, el Toxodon chapadmalensis y Promacrauchenia chapadmalense.  En el Museo hay algunos restos interesantes de estos animales. Tal como podrán apreciar, nuestra región posee una gran riqueza natural, la cual puede ser apreciada en parte, en las salas de nuestro museo. Cuya colección es también consultada por científicos de nuestro país y del extranjero.

Bibliografía sugerida.

AMEGHINO, F. 1888. Rápidas diagnosis de mamíferos fósiles nuevos de la República Argentina. Buenos Aires, Obras Completas, 5:471-480.

AMEGHINO, F. 1889. Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina. Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, 6:1-1027.

BERTON, Michael. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

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CIONE, A.L. & TONNI, E.P. 1995a. Bioestratigrafía y cronología del Cenozoico superior de la región pampeana. In: Alberdi, M.T.; Leone, G. & Tonni, E.P. (Eds.), Evolución climática y biológica de la región Pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Monografías, 12:47-74.

IRIONDO, M.H. 1994. Los climas cuaternarios de la región pampeana. Comunicaciones del Museo Provincial de Ciencias Naturales "Florentino Ameghino", N.S., 4(2):1-46.

MAGNUSSEN SAFFER, M. 2016. Los meridiungulados característicos del Pleistoceno de Argentina. Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XIV. 141: 17-21.

TONNI, E.P. & FIDALGO, F. 1978. Consideraciones sobre los cambios climáticos durante el Pleistoceno tardío-Reciente en la provincia de Buenos Aires. Aspectos ecológicos y zoogeográficos relacionados. Ameghiniana, 15(1-2):235-253

TONNI, E. P. Y FIDALGO, F. 1982. Geología y Paleontología de los sedimentos del Pleistoceno en el área de Punta Hermengo (Miramar, prov. Bs. As, Repub. Argentina); Aspectos paleoclimaticos. Ameghiniana 19 (1-2): 79-108.


Depredadores gigantes con plumas y otras aves prehistóricas.

Por Mariano Magnussen Saffer, Departamento Científico. Laboratorio Paleontológico. Museo de Ciencias Naturales de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. Publicado en Paleo - Revista Argentina de Paleontología.. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Las Aves son animales vertebrados terrestres que tienen el cuerpo recubierto de plumas y las extremidades anteriores transformadas en alas.

Todas tienen dos patas, pico y cola. Respiran por pulmones y su circulación es doble y completa. La temperatura de su cuerpo es invariable.  Su alimentación puede ser carnívora, herbívora, insectívora u omnívora. No tienen dientes, pero la trituración de los alimentos se realiza mediante un estómago musculoso denominado molleja. Su reproducción es sexual y su fecundación es interna. Se reproducen por medio de huevos. Además, cuidan a sus descendencias hasta que crecen y pueden abandonar el nido, salvo algunas especies.

Las aves se originaron a partir de dinosaurios carnívoros bípedos, es decir, son los únicos dinosaurios que sobrevivieron a la extinción masiva producida al final del Mesozoico. Su evolución dio lugar, tras una fuerte radiación, a más de 10 mil especies actuales, y muchos otros miles en el registro fosilífero en el mundo.

Las grandes aves voladoras, pero sobre todas aquellas corredoras exclusivamente, ocuparon durante el aislamiento geográfico de Sudamérica, el nicho ecológico dejado vacante por los grandes dinosaurios depredadores. Algunas de estas aves halladas en Argentina tenían una envergadura de 8 metros de una punta del ala hasta el otro extremo, como Argentavis magnificens, hallada en las salinas de Hidalgo, en La Pampa, mientras las corredoras tenían tamaños de hasta 3 metros de altura, como Kelenken guillermoi, del Mioceno de la localidad de Bariloche.

El aislamiento geográfico de Sudamérica durante gran parte de la Era Terciaria, reducida a un gran isla, permitio el desarrollo aislado de distintos vertebrados, como las aves, a pesar del limitado registo paleontológico de las mismas.

En nuestra zona, fueron hallados los restos las conocidas “aves del terror”, como Mesembriornis milneedwardsi, un ave que medía 1,80 metros de altura y tenía un cráneo de 45 centímetros. Esta tenia las características principales de todos los forusrácidos, con alas ridículamente reducidas, atrofiadas para el vuelo, y corredora, con patas largas y musculosas.

La punta del pico dirigida hacia abajo, como las aves rapaces delatan hábitos carniceros, cuyas principales víctimas serian animales de talla media y pequeña, entre ellos, notoungulados, dasipodidos, perezosos, roedores, etc, a los cuales corría hasta poder golpearlos con su filoso pico, y una vez detenido, apoyaba sus grandes patas sobre la espalda de su presa, clavándole las garras, decidiendo una vez que el animal estaba sometido como lo destrozaría. 

 Si encontraba algún animal muerto no lo desperdiciaría, sobre todo en épocas de escasez de presas. Sus alas eran muy reducidas, y sus músculos estaban atrofiados, lo que imposibilitaba al ave poder volar, pero si, era una gran corredora.

Para el Plioceno, también hemos encontrado en sedimentos locales, aves similares, como Psiloterus s.p., que, comparado con otros forusrácidos, los miembros de este género eran relativamente gráciles y pequeños, pero no menos importantes. El cráneo tiene longitud de unos 23 centímetros (sin el pico).  Si bien, no se trata de un cráneo muy completo, y fue sepultado en malas condiciones ambientales, poseía algo que lo hacía único al momento de presentarlo, como la preservación de la esclerotida ocular, esos pequeños y delicados huesesillos ubicados en la órbita ocular. Asimismo, se pueden observar las marcas de un par de caninos en su parte superior, lo que sugiere que algún mamífero carnívoro cazo a esta ave, o al menos la traslado.  El tamaño de esta ave pudo ser de 1,6 metros de altura. Los dos y únicos representantes de la Familia Cariamidae, que estarían emparentados con este último y que viven en el territorio de Argentina, se los conoce como la Chuña de Patas Rojas (Cariama cristata) de unos 95 centímetros de altura y la Chuña de Patas Negras (Chunga burmeisteri) de unos 78 centímetros de altura, las cuales, nos dan una idea del aspecto de sus parientes prehistóricos. La alimentación de esta ave consistía principalmente de pequeños mamíferos.

No todas las aves eran gigantes. Si bien, el registro paleornitologico es muy pobre aun, hemos encontrados en varias ocasiones, restos fósiles de Nothura párvula, conocidas vulgarmente como perdices o Inambúes, pequeñas aves de vuelo muy corto. El género Nothura presenta actualmente cinco especies que habitan ambientes abiertos con parches de vegetación arbórea de América del Sur.

Ya para el Pleistoceno local, los últimos 2,5 millones de años a 11 mil años antes del presente, en General Alvarado, se han hallado distintas especies de aves, algunas de gran tamaño, otras relacionadas directamente con poblaciones vivientes, que se encuentran en las colecciones científicas del Museo de La Plata y Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. Entre ellas, Belonopterus chilensis, un tero, al igual que Cyanoliseus patagonopsis, un loro extinto de tamaño grande, que actualmente tiene parientes en las selvas tropicales, o Pseudoseisuropsis nehuen, un furnárido, es decir un pariente los horneros y leñeros vivientes, todas ellas halladas en el Pleistoceno de Miramar.

En la localidad vecina de Centinela del Mar, también se encontraron restos fósiles de varias aves, entre ellas un Halcón Plomizo (Falco femoralis) del Pleistoceno, al igual que de un Pato Zambullidor o Pato Rana (Oxyura s.p,) o una nueva especie de Pato (Pleistoanser bravardi).

Otra ave encontrada recientemente en nuestra zona, al sur de la localidad de Mar del Sud, es un Teratornithidae, aves de gran tamaño, voladoras y rapaces, que han sido descritos como grandes carroñeros, muy parecido a grandes cóndores, debido a la considerable similitud con ellos. Sin embargo, la forma de sus picos tiene más similitud con los picos de águilas, y otras aves predadoras activas.

El género Rhea, es otras de las aves mejor registradas en toda la zona, no solo por sus huesos, sino por sus cáscaras de huevo. Eran aves de gran talla, exclusivamente terrestre y corredoras, con nula capacidad de vuelo.  En cuanto al esqueleto cabe mencionar la falta de quilla a nivel del esternón, característica común en las aves corredoras. Actualmente están representados por los ñandúes, pero hubo en la prehistoria, varias especies, incluso de mayor tamaño a las vivientes. También, se han recuperado huellas fósiles del Pleistoceno y Holoceno, atribuidos a Aramayoichnus isp.

Otros de los materiales curiosos lo conforman las egagrópilas, resultado de las regurgitaciones de aves, cuyo interior se descubren los restos óseos de distintas presas, como mamíferos, reptiles, anfibios e incluso pequeñas aves, y sirven para comprender el ambiente de aquellos tiempos.

Bibliografía consultada:

Agnolin, Federico. 2009. Sistemática y Filogenia de las Aves fororracoideas (gruiformes, Cariamae). Fundación de historia natural Félix Azara. ISBN 978-987-25346-1-5.

Agnolin, Federico. La posición sistemática de Hermosiornis (Aves, Phororhacoidea) y sus implicancias filogenéticas. Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales; Año: 2013

Alberdi, G. Leone y E.P. Tonni (eds)- Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el mediterráneo occidental. Monografía del Museo Nac. Cs. Nat. Consejo superior de investigaciones científicas.

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Cenizo MM y De los Reyes LM 2008. Primeros registros de Tyto alba (Scopoli, 1769) (Strigiformes, Aves) en el Pleistoceno Medio-Tardío de la provincia de Buenos Aires (Argentina) y sus implicancias tafonómicas. Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales, 10: 199–209.

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Fidalgo, F. y Tonni, E.P. 1983. Geología y paleontología de los sedimentos encausados del pleistoceno tardío y holoceno de Punta Hermengo y arroyo Las Brusquitas (Partido de General Alvarado y General Pueyrredon, Provincia de Buenos Aires). Ameghiniana 20 (3-4): 281-296.

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