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Una madriguera prehistórica en el Plioceno de Miramar y su contenido fosilifero.

 Por Mariano Magnussen Saffer, Integrante del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. Publicado en Paleo - Revista Argentina de Paleontología.  marianomagnussen@yahoo.com.ar

Se dio a conocer el hallazgo y estudio de una antigua madriguera de 2,5 millones de años antes del presente, donde se recuperaron numerosos restos fósiles de animales, algunos ya extintos. El hallazgo fue realizado tiempo atrás en la ciudad bonaerense de Miramar.

Las investigaciones realizadas por Marcos Cenizo de la Fundación Azara, Universidad Nacional de La Pampa y Universidad Maimónides, junto a Esteban Soibelzon del Museo de La Plata, y Mariano Magnussen Saffer del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, dieron a conocer un conjunto de fósiles inusuales encontrados dentro de una madriguera de finales del Plioceno en la ciudad de Miramar, Provincia de Buenos Aires, y publicada días atrás en la prestigiosa revista científica Historical Biology, An International Journal of Paleobiology

Los investigadores describen en un extenso estudio (en ingles) cuatro tipos de tamaño en general para madrigueras prehistóricas que se encuentran en el Plioceno al Holoceno (últimos 4 millones de años) de Argentina y Brasil, de las cuales la más grande está relacionada a un armadillo gigante extinto, identificado como Ringueletia simpsoni.

<<<Aspecto del marsupial Thylophorops chapadmalensis.

Este hallazgo realizado en la ciudad balnearia, contiene la mayor diversidad de vertebrados recuperados dentro de una madriguera de este tipo, incluyendo restos óseos de armadillos (Ringueletia simpsoni), zarigüeyas extintas (Thylophorops chapadmalensis), prociónidos (Cyonasua lutaria), anuros de hábitos depredadores (Ceratophrys) y roedores (Microcavia y Lagostomopsis), como así también, sorprendió la presencia de coprolitos (materia fecal fósil) y residuos escatológico desagregados.

Los investigadores de las instituciones participantes, sostienen por medio de estas evidencias descubiertas, que hace 2,5 millones de años, había “reocupación” de madrigueras es un comportamiento común en los mamíferos carnívoros pequeños, al menos desde principios del Plioceno.

Además, se sugiere una relación depredador-presa entre los carnívoros estudiados y los más abundantes pequeños mamíferos excavadores de la prehistoria en la región pampeana, época, en que la actual provincia de Buenos Aires y ciudad de Miramar ubicada  a orillas del océano atlántico, se encontraba en el centro continental a cientos de kilómetros de la costa marina de entonces.

<<<Imagen ilustrativa.

Este y otros hallazgos, confirman una vez más, el potencial paleontológico y científico de la región, cuyos estudios comenzaron en el siglo XIX y potenciados mundialmente por Florentino Ameghino.

Fuente fundamental.

Marcos Cenizo, Esteban Soibelzon & Mariano Magnussen Saffer (2015): Mammalian predator–prey relationships and reoccupation of burrows in the Pliocene of the Pampean Region (Argentina): new ichnological and taphonomic evidence, Historical Biology, DOI: 10.1080/08912963.2015.1089868.


Por qué hay ballenas prehistóricas en los arroyos?

Por: Daniel Boh, e-mail: museomiramar@gmail.com. Publicado en la revista "Espigon".

El último temporal que azotó esta región con gran cantidad de lluvia, entre otras cosas hizo que los arroyos crecieran en caudales nunca vistos, por lo que erosionaron sus antiguos sedimentos, arrastrándolos y permitiendo  entre otros objetos el hallazgo de un resto fosilizado de ballena. El mismo fue hallado en inmediaciones del arroyo La Totora, por los vecinos Sebastián y Fernando Nazar y “Cacho” Cuadrado. El hueso, un húmero de gran tamaño y de coloración oscura, pertenecería a un enorme ejemplar de Ballena Franca (Eubalaena australis) cuya antigüedad podría estar en unos 7.000 años.

¿Cómo es posible que un animal marino sea encontrado en el sedimento de un arroyo? Tal como lo demuestra la paleontología y la geología, el cambio climático no es un fenómeno moderno, si no que se ha producido muchas veces a lo largo de la historia de la tierra, a veces como fenómeno más local y en otras, a nivel global.

En nuestra región los arroyos tienen sedimentos que en algunos casos tienen hasta 30.000 años de antigüedad, lo que permite un estudio detallado sobre el clima de los últimos milenios debido a que en esos terrenos se han depositado en forma continua limos con su contenido de fauna.

Las pruebas recolectadas en numerosos sitios similares indica que ciertos sedimentos tienen una antigüedad de unos 7000 años y que en ese momento el clima era más cálido que en la actualidad por lo que el nivel del mar podría estar a un metro y medio más alto. De este modo el mar ingresó en el cauce de los arroyos y con él también las criaturas marinas que también viven en agua dulce, tales como algunos cangrejos y ciertos moluscos, los cuales han dejado evidencias de su existencia en estos sitios. Posiblemente en los momentos de tormenta podría ser arrastrado hacia el interior del continente algún resto de ballena muerta en las playas cercanas. Hay que tener en cuenta que si aún tenían tejido graso el mismo permitía una mejor flotación de los mismos y un fácil traslado de partes normalmente muy pesadas.  

Estos hallazgos no son raros. El más conocido fue el de una gran ballena en la localidad de Ingeniero Maschwitz en el año 1993. La misma apareció luego que una pala mecánica hiciera un zanjón para aliviar un arroyo local. El ejemplar estaba casi completo, tenía probablemente unos 30 metros de largo y sus partes se exhiben en el museo de esa localidad. También en nuestra zona hay hallazgos de resto de ballenas y otros especímenes marinos, los cuales han sido estudiados y algunos están depositados en el Museo Municipal Punta Hermengo de nuestra ciudad.

En el caso de este último hallazgo se ha podido determinar que perteneció a una Ballena Franca y que su tamaño era realmente gigantesco, más de 20 metros de largo, debido a que se comparó el mismo con los restos del mismo tipo de ballena que se halla en el museo, la que tenía 12 metros de largo, pero que pueden llegar hasta los 18 metros en estado adulto y en los últimos milenios no ha cambiado de forma.

Además es el mismo tipo de ballena que nos visita regularmente y que los últimos años se las ve más seguido debido a algún cambio en su ambiente o a la buena protección que se les ofrece en nuestras aguas. También es interesante recordar que en nuestras costas han aparecido ballenas desde hace años, como por ejemplo en 1897 apareció un ejemplar gigantesco de Ballena Azul (casi 30 metros) el cual fue luego llevado al Museo de La Plata y que aún se exhibe en una de sus salas.

En 1925 encalló otra que hoy se expone en el Museo de Historia Natural Bernardino Rivadavia de Buenos Aires. Además se rescató parte de un cráneo de un ejemplar que se pudo observar en los años 30, el cual se guarda en el museo local. Por último en 1995 se rescató el esqueleto de la ballena Franca que se exhibe en el museo y en 2005 se hizo lo mismo con una ballena Sei aparecida en Mar del Sud, cuyo esqueleto se enterró en inmediaciones de la citada institución. Si bien nuestra zona no es reconocida como sitio ballenero, ha contribuido a las más importantes instituciones científicas de nuestro país.


Los espigones, lugares insospechados para hallar fósiles.

Daniel Boh.  museomiramar@gmail.com. Publicado en la revista "Espigon".

Nuestra región es muy rica en restos fósiles dentro de los estratos y sedimentos que componen el subsuelo, cuya importancia ha sido reconocida en el país y en el extranjero y como se sabe están protegidos por una Ley Nacional. La misma impide su extracción sin asesoramiento y es obligatorio entregarlos  a algún Museo para su conservación y/o exhibición, ya que suelen tener importancia para la ciencia.

Pero además de estos, también es posible hallar restos fósiles en otros sitios particulares, como edificaciones urbanas y obras tales como en las piedras usadas en los espigones que se usan para proteger las playas y acumular arena.

Especialmente en los últimos, debido a su abundancia y distribución en nuestra  ciudad, podemos observar con paciencia, que hay gran cantidad de marcas de diverso tipo y tamaño, las cuales corresponden principalmente a marcas o huellas provocadas por animales que vivieron en el fondo arenoso de antiquísimas playas. La mayoría de estas piedras fueron extraídas de las canteras de la ciudad de Batán, Partido de General Pueyrredón, cuyos sedimentos tienen una antigüedad de 480 millones de años (Período Ordovícico de la Era Paleozoica) y están formados principalmente por arena con cuarzo, denominado Ortocuarcita  por los geólogos y “Piedra Mar del Plata” por los picapedreros.

En esos antiguos tiempos aún no existía la vida animal fuera de los mares ya que la temperatura del ambiente terrestre era de unos 40 grados.  Había un solo océano y un solo continente al que se denominó “Pangea”.

Los seres vivos no eran muy parecidos a los de ahora, por lo cual hay que imaginarlos según los moldes que dejaron sus cuerpos, los cuales eran blandos en su mayoría, o las huellas de sus actividades, tales como rastros, excavaciones, etc.  

A este último tipo de fósiles se los denomina “Icnitas” y son las marcas dejadas por los seres vivos que, en muchos casos se les ha dado un nombre propio ya que no siempre es posible determinar qué animal provocó esas huellas en particular.

En el caso de las Icnitas aparecidas en estas piedras también son denominadas “Fósiles problemáticos” ya que si bien se les ha dado un  nombre definido, no se sabe qué las produjo o si son parte de un mismo animal o de varios.

Si se hace un recorrido por estos espigones es posible hallar algunas rocas con marcas de diverso tipo. Las más significativas y comunes son las que se parecen a pequeñas herraduras denominadas Herradurichnus scaglia, y se cree que corresponderían a marcas dejadas por los Trilobites, los artrópodos más comunes de ese período. También se pueden ver galerías rellenas que se denominan Scolicia , los seres que las formaron seguramente vivían o se trasladaban por debajo de la arena. También se pueden apreciar perforaciones provocadas por gusanos que aparentemente formaban una “U” ya que se las encuentra por pares.

Además se ha podido analizar que en muchos casos y debido a la forma en que se fractura la roca es posible observar la forma de estas marcas en forma vertical u horizontal o en diversos estados de erosión antes que fueran tapadas por otra capa de arena y finalmente endurecidas por el tiempo, por lo que el estudio de estas evidencias se complica y engaña al ojo poco experto.

Otra marca interesante es la de las ondas de un fondo marino tranquilo las cuales se parecen a las actuales que podemos observar en cualquier playa.

Además de la piedra Mar del Plata, recientemente se está usando piedra caliza proveniente de otras provincias, para revestimiento en muchos edificios y veredas.  En ellas se pueden observar en forma aislada los fósiles de Ammonites, un molusco con caparazón  en espiral y que se supone que tenía tentáculos similar al moderno Nautilus. Estas piedras se formaron durante el Jurásico, unos 160 millones de años y eran contemporáneas a los dinosaurios.

A los fósiles hallados en estos lugares se los suele denominar “fósiles urbanos” y si bien no son muy importantes a nivel científico ya que no se sabe su origen ni el nivel estratigráfico original, pueden servir para que los docentes y guías puedan mostrar sin grandes riesgos, diversos tipos de fósiles cuyas características son muy extrañas y pueden ser analizados cómodamente con solamente acercarse a una de estas construcciones y pasar una interesante jornada reconociendo marcas e imaginando un mundo tremendamente distante en el tiempo.

Bibliografía Utilizada.

Aceñolaza, F.G., 1978. El Paleozoico Inferior de Argentina según sus trazas fósiles. Ameghiniana 15(1-2), 15- 64. Buenos Aires.

Aceñolaza, F.G. and Ciguel, H., 1987. Análisis comparativo entre las formaciones Balcarce (Argentina) y Furnas (Brasil). 10º Congreso Geológico Argentino, 1: 229-305. Tucumán.

Aceñolaza, F.G. and Baldis, B.A., 1984. The Ordovician System in South America: Correlation Chart and Explanatory Notes. International Union of Geological Sciences, Publication 22, 68 pp. Oslo.


     

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