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Algunos registros paleontológicos de actividad de insectos.

Por Daniel Boh. museomiramar@gmail.com. Originalmente publicado en la Revista Espigon.

No solamente se encuentran restos óseos de antiguos animales, los cuales indican la existencia de esas especies en determinado tiempo. También es posible hallar pruebas de la actividad de otro tipo de formas de vida cuya estructura corporal no ha tenido grandes cambios en al menos los últimos 50 millones de años.

Se trata de los insectos, los cuales al no tener partes suficientemente duras como para conservarse en los terrenos de la región pampeana, son muy difíciles de identificar. No obstante a veces se tiene suerte y aparece algún ejemplar que sin ese factor sería imposible de observar. Durante una excavación en inmediaciones del muelle de pescadores,  estábamos extrayendo un cráneo de un perezoso gigante en sedimentos que corresponderían a unos 10.000 años de antigüedad, allí, mientras se iba retirando el terreno sobrante para despejar el lugar, nos llamó la atención una marca en un trozo del antiguo barro, el que inmediatamente fue preservado.

Luego en el laboratorio se pudo comprobar que se trataba de un ejemplar de un escarabajo del género Scotobius , los cuales existen actualmente y se los llama comúnmente “viejitas”, siendo posible hallarlos en primavera. Afortunadamente se ha logrado preservar el molde del mismo en muy buenas condiciones lo que permitió su identificación, ya que en dos trozos de terreno se ven claramente el lomo, vientre e indicios de las patas.

Posiblemente se encontraba alimentándose de los restos del fósil hallado previamente, cuando fue tapado por una oleada de barro. Este se endureció con el paso de los siglos y nos permite reconocer el tipo de insecto atrapado ya que es un sedimento muy fino que ayuda a observar los detalles más pequeños.

No siempre es posible que se conserven los moldes de los insectos, ya que en sí es un hecho bastante raro. Es más común observar la actividad de ellos como en el caso de las hormigas, las cuales provocan grandes cambios en el terreno en donde nidifican y en varios sitios de nuestro distrito se los puede ver si se tiene la paciencia necesaria y se sabe reconocer el aspecto de las galerías. Se han hecho estudios sobre los mismos llegando a determinar la especie a la que perteneció, siendo por ejemplo un importante dato a tener en cuenta para descubrir de manera aproximada el tipo de clima de ese momento.

Los mismos fueron realizados por el técnico José Laza del Museo Argentino de Ciencias Naturales, quien desarrolló los métodos para identificar los antiguos nidos.  De esta manera se ha podido comprobar, al combinarlos con otros indicadores ya estudiados, la variación climática durante millones de año. Gracias a este trabajo es posible reconocer, que hormigas de las zonas más cálidas se habrían desarrollado en nuestra región, además de la presencia de termitas y sus nidos. En cambio durante los períodos más fríos, tanto la fauna de mamíferos e insectos eran de origen patagónico, lo que nos indica una gran variación en las condiciones climáticas.

Por otra parte, a principios del siglo XX, los hermanos Carlos y Florentino Ameghino, habían hallado restos de animales fósiles, los cuales mostraban indicios de haber sido tapados muy rápidamente. Esto se comprobó debido a que pudieron reconocer los moldes dejados por las larvas de las moscas que aprovecharon el cadáver en descomposición. Este notable hallazgo pudo probar que en ciertos momentos el clima era muy seco y ventoso, el cual tapaba en poco tiempo los restos de flora y fauna. Por otra parte también se han encontrado marcas sobre los huesos que indican la actividad de varias especies de insectos que actuaban sobre los mismos.

Recientemente se ha hallado evidencia de actividad de antiguos escarabajos peloteros que actualmente viven en el norte de nuestro país. Los mismos forman pequeñas esferas usando el estiércol de los mamíferos, las cuales, en condiciones favorables dejan sus moldes y nos permite reconocer la presencia de esos animalitos y el clima imperante.

De esta manera la Paleontología usa varios métodos para estudiar las antiguas condiciones climáticas que afectaban a nuestra región y hasta podría anticipar los cambios que se pueden suceder en los tiempos que vendrán.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

M. Magnussen Saffer, D. Boh y C. Estarli. (2014). Primer registro de un Tenebrionidae (Arthropoda, Coleoptera) asociado a restos del cráneo de un Mylodontidae (Mammalia, Xenarthra), en el Pleistoceno Superior de Punta Hermengo, Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. III Jornadas Paleontológicas del Centro. Septiembre de 2014. Libro de Resúmenes.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.


Mastodontes: Los Elefantes de América del Sur.

Por Daniel Boh. Museo Municipal de Miramar. Publicado originalmente en la Revista El Espigon. Numero 57. jdanielboh@yahoo.com.ar

Entre los extraordinarios animales que emigraron a nuestro continente provenientes del norte hace unos 2,5 millones de años, el Mastodonte fue seguramente uno de los más impresionantes.

Los primeros hallazgos de estos animales en nuestro país datan del siglo XVIII y se llegó a creer que algunos podrían ser de personas gigantes que desaparecieron antes del “Diluvio Universal”. La particularidad de los huesos de los elefantes es que si se arman de cierta manera, se parecen a los de seres humanos de gran tamaño. Antiguamente en las islas griegas se encontraron restos de mastodontes, los cuales generaron las leyendas de los cíclopes, ya que el hueco dejado por la trompa aparenta ser el lugar del único ojo del gigante.

Los mastodontes estaban emparentados con los elefantes y los mamuts. Se diferenciaban de los primeros, principalmente por los dientes y de los segundos por varias características, entre ellas los colmillos curvados. El nombre Mastodon o Mastodonte significa “dientes con forma de mama” y le fue otorgado por el naturalista Georges Cuvier.

También se los denomina Gonfoterios (Gomphoteridae), una familia muy antigua y extendida en el hemisferio norte, de Proboscidios (elefantes) cuyos cráneos y mandíbulas tenían formas muy extrañas, ya que algunos poseían colmillos en ambos maxilares o sus mandíbulas eran exageradamente largas. También es posible que algunas especies no tuvieran la trompa como los elefantes conocidos.

El Mastodonte pampeano (Stegomastodon platensis) era el más parecido a los elefantes actuales que sus antepasados y el de mayor tamaño. Sus colmillos eran gruesos y casi rectos en algunos casos o con una leve curvatura en el extremo. No se sabe aún si se trataría de subespecies o dimorfismo sexual (diferencias entre sexos) de los diferentes restos hallados. También se discute si existía otra especie, el Stegomastodon waringi, cuya diferencia principal estaría en los molares, ya que en el resto de sus características eran muy parecidos.

Medían más de tres metros de alto con colmillos que a veces podían llegar a 3,5 metros. El peso podría haber alcanzado los 6 mil kilos en los ejemplares más grandes.
Su alimentación aparentemente era variada, puesto que podían comer pastos o ramas tiernas de los árboles. Su distribución parece no ir más abajo del área de Bahía Blanca, lo que indicaría que el frío no era del gusto de estos animales, dato que nos podría indicar que no tendría tanto pelo como el mamut.

También existió otro género de Mastodonte que llegó a Sudamérica, el Cuvieronius (Cuvieronius hyodon). Era de menor tamaño y siguió la ruta de la Cordilllera de los Andes, por lo que solamente sus restos se encuentran en países como Bolivia o Chile. Los colmillos eran particulares ya que estaban ligeramente torcidos en forma helicoidal (como un tornillo).

Sus restos pueden tener una antigüedad que va de 2 millones de años hasta hace unos 10.000 años (en el lenguaje científico a estos períodos se los llama Biocrón).

En nuestra región se han hallado varios restos de Mastodonte, en su mayoría al sur de la localidad de Mar del Sud. En el Museo Municipal Punta Hermengo de nuestra localidad hay restos de colmillos, miembros y partes del cráneo. También un molar fue hallado en la zona ubicada entre el muelle y el vivero. Por otra parte se nos ha referido que, en los años 60 se habían hallado colmillos en el mismo lugar, los cuales lamentablemente se han perdido.
En la localidad de Pehuén Có existe un sitio con huellas de diversos animales extinguidos, entre ellas las de Stegomastodonte.

La región pampeana es una de las más ricas en mamíferos extinguidos y sigue aportando especímenes para que puedan ser estudiados y admirados.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.


Cambios Climáticos.

Antiguas Pruebas y Posibles Causas.

Por Daniel Boh. Museo Municipal de Miramar. Publicado originalmente en la Revista El Espigon. Numero 10. jdanielboh@yahoo.com.ar

Desde hace más de un siglo que se dispone de mediciones que nos indican que se están produciendo cambios en el clima a nivel global. Es frecuente atribuir estos cambios exclusivamente a la acción humana, cuya actividad da lugar a un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero, tales como el Dióxido de Carbono, que producen un calentamiento gradual del planeta. Este planteo olvida considerar los estudios de paleontólogos y geólogos que indican que la variación del clima es un fenómeno que se produce naturalmente desde los tiempos más remotos.

Durante los últimos 800.000 años, época geológica conocida como Cuaternario Tardío, el clima mundial estuvo especialmente determinado por los llamados Ciclos Glaciales. Este se caracteriza por oscilar entre Períodos Glaciales, en los que el clima fue particularmente riguroso debido a las bajas temperaturas, y los Períodos Interglaciales, en los que el clima fue más cálido que el de la época actual. Se supone que la sucesión de estos períodos seguiría desarrollándose en el futuro y que la situación presente corresponde a una época Interglacial que se inició hace más de 10.000 años.

Hace unos 20.000 años, durante la parte final del último ciclo glacial, el hielo cubrió un tercio de la superficie de los continentes y alcanzó un espesor de varios kilómetros en gran parte de América del Norte y de Europa. La masiva transformación de agua líquida en hielo determinó que el nivel del mar descendiera a 100 metros debajo del nivel actual. En América del Sur provocó que especies animales de zonas frías emigraran hacia el norte. Por ejemplo en la provincia de Buenos Aires habitaban mamíferos de la región patagónica.

CICLOS EN EL MOVIMIENTO TERRESTRE

La existencia de períodos glaciales, llamados también Glaciaciones, fue inferida por primera vez en 1837 por el biólogo suizo-norteamericano Louis Agassiz. Este investigador obtuvo datos geológicos que indicaban que las glaciaciones de los Alpes se habían expandido en el pasado a las tierras bajas que los circundaban. Esto lo llevó a sugerir que, en un tiempo geológico no muy lejano, el clima habría sido mucho más frío que en la actualidad. Esta hipótesis se vio reforzada por estudios realizados por el mismo Agassiz en Escocia y Estados Unidos.


En 1842, el matemático francés Joseph Adhémar sugirió que las glaciaciones podrían haberse originado por factores astronómicos que causaron una disminución en la cantidad de radiación solar que la Tierra recibe. Durante la década de 1860, el escocés James Croll, científico autodidacta que se desempeñaba como conserje en el Andersonian College and Museum de Glasgow, presentó una novedosa teoría para explicar las glaciaciones. La idea de Croll se basó en los cálculos que había realizado el astrónomo francés Urbain Leverrier para predecir las variaciones de la excentricidad de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.
Según Croll, las complicadas interacciones gravitatorias en el sistema solar hacen que la forma de la órbita terrestre cambie de modo regular y previsible, pasando de ser casi circular a una forma de elipse algo estirada. De acuerdo a este, cuando la órbita es circular, se dan las condiciones cálidas características de un Período Interglacial, mientras que la órbita alargada corresponde a los Períodos Glaciales. Croll sostenía que si los inviernos eran fríos la nieve podía acumularse con mayor facilidad, reflejando la radiación solar manteniendo la Tierra fría. Si durante los inviernos del Hemisferio Norte la Tierra estaba lejos del Sol debería producirse una glaciación.

Entre las décadas de 1920 y 1930, el astrónomo yugoslavo Milutin Milankovitch, calculó las variaciones en la cantidad de radiación solar que recibe la Tierra debidas a cambios en los movimientos de traslación y de rotación del planeta, y propuso un mecanismo astronómico para explicar los Ciclos Glaciales basado en tres factores. El primer factor es la Inclinación del Eje de Rotación Terrestre. Al aumentar su ángulo, las estaciones resultan más extremas en ambos hemisferios (veranos más cálidos e inviernos más fríos). Actualmente el eje de la Tierra está desviado 23,44 grados con respecto a la vertical, esta variación fluctúa entre 21,5 y 24,5 grados a lo largo de un período de 41.000 años.

Un segundo factor que acentúa las variaciones entre las estaciones es la forma de la órbita terrestre. Con un período de aproximadamente 100.000 años, la órbita se alarga y acorta, lo que provoca que su elipse sea más excéntrica y luego retorne a una forma más circular. La excentricidad de la órbita terrestre varía desde el 5 %, correspondiente a una órbita casi circular; al 6 % en su máximo estiramiento. Cuando se alcanza la excentricidad máxima, se intensifican las estaciones en un hemisferio y se moderan en el otro.

El tercer factor es la “precesión” o bamboleo del eje de rotación de la Tierra, que describe una circunferencia completa aproximadamente cada 23.000 años. La precesión determina si el verano en un hemisferio cae en un punto de la órbita cercano o lejano al Sol. El resultado de esto es el refuerzo de las estaciones, cuando la máxima inclinación del eje terrestre coincide con la máxima distancia al Sol. Cuando esos dos factores tienen el mismo efecto en uno de los hemisferios, se tienen consecuencias contrarias entre sí en el hemisferio opuesto.

Milankovich, además incorporó una idea del climatólogo alemán Wladimir Köppen en su teoría astronómica. Esta fue la sugerencia de que la causa inmediata de una glaciación se debe a la reducción de la irradiación solar en verano, con la consiguiente disminución de la fusión de los hielos formados durante el invierno y no a una sucesión de inviernos rigurosos, como pensaba Croll.

Los ciclos nombrados por la teoría de Milankovitch fueron confirmados experimentalmente por Cesare Emiliani en la década de 1960. Este científico utilizó el oxígeno presente en el carbonato de calcio que compone los caparazones de microfósiles del fondo oceánico para calcular las temperaturas del último millón de años de la vida en la Tierra, midiendo la abundancia de los distintos isótopos del oxígeno.

EL HIELO DE VOSTOK

Hace unos años, un grupo franco-ruso pudo identificar la composición atmosférica durante los períodos de expansión y retroceso de los glaciares realizando determinaciones en el hielo antártico en las cercanías de la Base Vostok. El hielo es perforado perpendicularmente a la superficie y las muestras que se extraen llamadas Testigos conservan en su interior burbujas de aire atrapadas que son estudiadas. Se pudo así, obtener información que se remonta a los últimos 160.000 años. También se realizaron investigaciones similares en Groenlandia.
Los primeros resultados, publicados en 1987, indican fluctuaciones de temperaturas de hasta 10 grados. También muestran la forma en que variaron las concentraciones de algunos gases atmosféricos con la temperatura a lo largo de ese intervalo. Se comprobó que cuando las temperaturas eran elevadas, la concentración de Dióxido de Carbono en la atmósfera era mayor. Estos resultados, sin embargo, no pueden discriminar si la elevación de temperatura es causada por el incremento de la concentración de este gas o si este es provocado por el aumento de la temperatura.

En 1997, el mismo equipo de investigación anunció nuevos resultados, que extendieron la información a más de 400.000 años atrás. Se publicó un gráfico en donde se observan claramente los ciclos de 23.000, 41.000 y 100.000 años citados anteriormente.
En ese estudio, las temperaturas del pasado se estimaron determinando las cantidades de Deuterio (isótopo natural del hidrógeno) en el hielo. Otro indicador de las temperaturas del pasado fue la variación de la conductividad eléctrica del hielo. Ambos parámetros muestran variaciones en función del tiempo, coincidentes con los resultados obtenidos por otros investigadores que midieron la cantidad de cierto tipo de oxígeno en las conchillas fosilizadas de organismos microscópicos marinos denominados Foraminíferos.

EL SOL TAMBIÉN INFLUYE

Las Manchas Solares son zonas oscuras sobre la superficie del Sol, cuyos tamaños pueden superar varias veces al de la Tierra. Existen registros chinos de observación de manchas solares a simple vista, desde hace más de dos mil años.
En 1908 George Ellery Hale, del Observatorio de Monte Wilson (EE.UU.) demostró mediante técnicas espectroscópicas, que todas las manchas solares se hallan asociadas a fuertes campos magnéticos.

La actividad del Sol también se manifiesta por otros fenómenos magnéticos como las fulguraciones y el viento solar, que proyectan partículas subatómicas hacia el espacio interplanetario y es responsable de buena parte de la radiación cósmica que bombardea a nuestro planeta. En 1843, Heinrich Schwabe, un aficionado a la astronomía, publicó un informe sobre sus observaciones de las manchas solares entre 1826 y 1843. En él se advertía que el número de manchas registradas no era, ni

siquiera en promedio, constante a lo largo del tiempo, sino que aumentaba y disminuía de una manera cíclica y alcanzaba un valor máximo, aproximadamente, cada once años.
En dos publicaciones aparecidas en 1887 y 1889 el astrónomo alemán Gustav Spoerer llamó la atención sobre un período de 70 años, que finalizó aproximadamente en 1716, durante el cual se interrumpió el ciclo de las manchas solares. Esta observación fue confirmada en 1894 por Walter Maunder, del División Solar del Observatorio Real de Greenwich, cuya paciente búsqueda de antiguos registros astronómicos le permitió corroborar la conclusión a la que había llegado Spoerer. En reconocimiento al esfuerzo que realizó Maunder durante toda su vida, al período de déficit de manchas solares se designa como el Mínimo de Maunder. Se cree que durante uno de esos períodos se produjo lo que se llama Pequeña Edad de Hielo, que se manifestó más intensamente durante los siglos 16 y 17, cuando las temperaturas fueron 0,5 grados menores que el promedio en los últimos tres siglos. Científicos de Harvard y del Observatorio Monte Wilson indicaron que desde 1750 hasta 1990 se ha intensificado el brillo solar entre 0,1 % y 0,2 % coincidiendo con el aumento de las manchas solares.

NO TODO VIENE DEL ESPACIO

Además de los factores astronómicos considerados hasta ahora, también producen variaciones climáticas las fluctuaciones en la concentración de gases responsables del efecto invernadero, la actividad volcánica, los cambios en las corrientes oceánicas y la configuración de los continentes. Los cambios de los climas que se han citado produjeron modificaciones en la poblaciones de la flora y fauna a través de las extinciones, adaptación y migración de especies.

¿QUÉ PASÓ EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES EN LOS ÚLTIMOS AÑOS?

Los estudios de científicos como Eduardo Tonni de la Universidad de La Plata y de Alberto Cione del CONICET, indican que el clima fue cambiando. Variando de condiciones frías y secas hace unos 20.000 años, tal como la actual Patagonia, hasta húmedo y cálido como el sur del Brasil. Para determinar esto se estudió la distribución geográfica de especies cuyos restos fósiles se hallan en la región. Desde hace 200 siglos y hasta hace 7000 años, nuestro territorio era parecido al norte de la región patagónica, árido y frío, con extensas zonas arenosas transportadas por el viento y vegetación de estepa, influenciados por los glaciares que bajaban de la Cordillera de los Andes.

La temperatura global había descendido a 5 grados menos que los actuales, provocando que gran parte del agua se transformara en hielo. Esto restó agua a los océanos provocando un descenso del nivel del mar de aproximadamente 120 metros, desplazando la costa bonaerense hasta unos 300 kilómetros al Este de su línea actual. Estas condiciones continuaron hasta hace unos 10.000 años con pequeñas variaciones de temperatura, hasta que unos 7000 años atrás las condiciones variaron de tal manera que el nivel del mar subió inundando la actual zona costera y la invasión de cauces fluviales. Este evento calificado como catastrófico provocó el derretimiento de los hielos y la expansión de los océanos. Estas condiciones se mantuvieron hasta hace unos 3000 años, volviendo las condiciones de clima más frío.

En nuestros tiempos, la actividad humana genera nuevos cambios climáticos.
La investigación conjunta de los factores naturales y los derivados de la actividad humana nos conducirá a un diagnóstico más preciso del clima en el futuro y la propuesta para las medidas a tomar para afrontar los peligrosos cambios ambientales que pueden ocurrir.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas


 

Los Misterios de Centinela del Mar.

Por Daniel Boh. Museo Municipal de Miramar. Publicado originalmente en la Revista El Espigon. Numero 10. jdanielboh@yahoo.com.ar

Si hay un lugar que los habitantes de nuestro Partido consideramos como misterioso es, seguramente, la localidad de Centinela del Mar. Ubicada en el límite con Lobería, lejos de todo y con escasos habitantes es el mejor lugar para pasar una aventura al aire libre.
De los pocos datos que tenemos sobre ella podemos decir que fue fundada en los años 40 aproximadamente, por Augusto Otam
endi sobre un campo de su propiedad. Probablemente su nombre se refiere a una formación rocosa, ya erosionada, que semejaba un rostro mirando al mar.

Originalmente pertenecía a Lobería pero en el año 1959 se anexaron a nuestro Distrito 33.000 hectáreas de dicho partido, gracias a una gestión del entonces Senador Carmelo Camet. La superficie abarca todos los campos entre los arroyos El Chocorí y La Nutria Mansa, hasta las inmediaciones de Mechongué, por lo que Centinela quedó incorporada en el paquete.

En la localidad la energía eléctrica era suministrada por un grupo electrógeno en una usina que dejó de funcionar hace mucho y cuyo local ahora es un pequeño museo. Esto no permitió su desarrollo hasta que en los años noventa se realizó la conexión a la red eléctrica. También es posible observar los cimientos de varias viviendas de un emprendimiento que no prosperó y un hotel que recientemente fue vendido y tapiado. De todos modos esto no impidió que durante años ya funcionaran un colegio, almacén, capilla, etc. por medio del ingenio de sus escasos habitantes, de los que rescato los apellidos Nochetti, Guariglia , Gielger, entre otros.

EL MAGNETISMO DEL LUGAR

No es un título metafórico, puesto que en esa localidad se extraía hasta hace pocos años Magnetita; un mineral de hierro que es posible también hallar en playas más cercanas. El mismo tiene origen en algún yacimiento submarino y se deposita en forma de arena negra desde Mar del Plata hasta Bahía Blanca. Ya a principios del siglo XX se conocía su existencia y se recomendaba su explotación. Personalmente tuve la oportunidad de conversar con el señor Guariglia, quién se dedicaba a la recolección de esta arena por medio de un gran pala que era arrastrada por un viejo camión “Canadiense” de la Segunda Guerra del cual sólo quedaba el chasis y el motor. El mineral era luego enviado a Tres Arroyos para ser usado en fundición. También existe la versión que anteriormente se usaba un gran imán y una grúa.

EL LEGADO PREHISTÓRICO

El nombre de la localidad es muy conocido por paleontólogos, arqueólogos y geólogos de nuestro país y el extranjero, debido a varios motivos. Principalmente se reconoce que allí existe una gran capa de terreno que corresponde al Período Belgranense (hace unos 120.000 años) , tiempo en el cual el mar se hallaba a un nivel superior al actual (posiblemente 4 metros), inundando hasta algunos kilómetros el interior del continente. Las pruebas de este acontecimiento son escasas debido a que el mar actual erosiona los yacimientos. Frente a nuestro Vivero también es posible hallar algunas pruebas de tal evento, especialmente restos de moluscos.

En el caso de Centinela es el único y más grande lugar con ese sedimento en América del Sur, el cual está compuesto por arena de la antigua playa y las dunas que quedaron petrificadas desde entonces. Su estudio posibilitará comprender los cambios climáticos que se han sucedido durante milenios.También es un sitio de importancia por la fauna fósil que es posible hallar. Tanto que se ha propuesto denominarla como “Fauna Centinela” por los investigadores del Museo de La Plata, ya que si bien el tipo de fósiles que se encuentran allí no son nuevos, sí lo es la asociación faunística, o sea que la diversidad de los antiguos animales es típica del lugar.

También en arqueología se han hallado elementos de gran importancia, ya que cerca de allí fue excavado en el año 1913 un túmulo con varios restos óseos, siendo algunos de ellos de individuos que murieron en otras tierras y fueron llevados al lugar como última morada. El hallazgo tuvo gran trascendencia puesto que es muy raro encontrar monumentos funerarios en la zona pampeana y es una referencia constante en muchos trabajos de investigación.
Por último hasta los eventos espaciales también tienen su lugar, ya que recientemente se han hallado pruebas de la caída de dos meteoritos hace unos 200.000 y 400.000 años respectivamente. Lo extraño del caso es que el más antiguo se encuentra en la parte superior, lo que es imposible teniendo en cuenta la forma en como se han depositado los terrenos de nuestra región. La explicación es que los restos, que están compuestos de terreno calcinado por el impacto, son más livianos que el agua y fueron transportados desde otro sitio, una vez que el antiguo mar del Belgranense erosionó el lugar original y los depositó en nuestras costas hace unos 100.000 años.

PARA DEFENDER EL LUGAR

Recientemente se ha promulgado una ordenanza con su correspondiente decreto que declara a Centinela del Mar como Sitio de Interés Geológico. La idea es preservarlo para que pueda ser estudiado en el futuro, por lo que se está trabajando para que sea declarado como Reserva Natural Provincial ya que sus características son perfectamente compatibles con los requisitos de la Ley provincial que reglamenta la creación de tales lugares. Será la primera y quizás única Reserva de ese tipo para nuestro Partido y la oportunidad de aprovechar y conservar el rico patrimonio natural que poseemos.

Centinela de Mar como sitio de interés Geológico y Paleontológico.

Recientemente fue promulgada la Ordenanza Nº 203/08 en la que se declara a la zona costera de la localidad de Centinela del Mar (65 km al sur de la ciudad de Miramar, Prov. de Buenos Aires) como Sitio de Interés Geológico y Paleontológico puesto que se encuentra dentro de la tipología expuesta en la Ordenanza Nº 248/88. Este es un primer paso para un proyecto más ambicioso que es declarar al lugar como Reserva Natural Provincial,

según la Ley Nº 10907 que regula la creación de dichos ambientes. En este caso sus características e importancia reúnen las condiciones exigidas en dicha Ley, particularmente  dentro del ítem f) del Artículo 4 y del ítem c.3.) del Artículo 10. La iniciativa fue impulsada por el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar y la Dirección de Cultura, por sugerencia de los investigadores del Instituto de Geología de Costas de la Universidad de Mar del Plata.
   

La principal característica del balneario es que en su costa existe un acantilado muy alto, el cual desde mitad hacia arriba está compuesto de arena consolidada, es decir antiguas dunas que estaban en una costa más alta que en la actualidad, debido a mayores temperaturas mundiales. Esto ocurrió en el Período Belgranense, hace unos 100.000 años, en el que los océanos invadieron los continentes, para luego retirarse al volver un nuevo Período Glaciar, dejando la arena de esas antiquísimas playas.

Durante los últimos 2 millones de años las temperaturas fueron variando por factores naturales y diversos, en los que se alternaron Períodos Glaciares con otros más cálidos. Las pruebas de estos sucesos son siempre muy raras de encontrar para ser estudiadas y en el caso de aquella localidad es posible que sus características sean únicas en América del Sur. Por otra parte según los Paleontólogos es posible hallar un tipo de asociación de fauna típica del lugar, o sea los animales fósiles hallables juntos en un lugar determinado y no en otro. Por si esto fuera poco también se ha encontrado evidencias de la caída de dos meteoritos hace unos 200.000 y 400.000 años, las cuales fueron investigadas por científicos de Estados Unidos, Francia, Austria y Argentina.

Una protección especial del lugar permitirá que pueda seguir siendo sitio de importancia  para investigadores de todo el mundo y por otra parte generará un interés turístico especial, ya que se está imponiendo el turismo científico que se implementa actualmente en varias regiones de la Patagonia, con las repercusiones que el mismo genera en diversos medios.

Bibliografía:

BERTON, M. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

NOVAS, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

TONNI, E. 1994. La historia de un arroyo. Un encuentro con los fósiles. Editorial Lumen. 24 Páginas. Idioma Español.

TONNI E. Y PASQUALI R. 1998. Mamíferos Fósiles - Una historia de 65 millones de años. Edición de los autores. Buenos Aires, Argentina. 79 paginas.

 

 

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