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Megafauna Prehistórica de Miramar

y Partido de General Alvarado.

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Por Mariano Magnussen Saffer. Ilustraciones realizadas por Daniel Boh. 

marianomagnussen@yahoo.com.ar .

 

Miramar y el Partido de General Alvarado poseen sedimentos representativos a distintos Periodos Geológicos.

 

Justamente al norte del mismo se hallan en forma natural extensiones d la formación de Tandilia, donde se pueden hallar con algo de frecuencias algunas “Icnitas” correspondientes a antiguos invertebrados que vivieron hace algo mas de 480 millones de años antes del presente, en lo que fuera un fondo marino. Para esta época aparecían las primeras tierras emergidas y el clima era muy diferente a la actualidad.

 

La falta de acumulación o de preservación de sedimentos correspondientes a la Era Secundaria y gran parte de la Terciaria no permitieron la presensación de organismos viviente durante este importante lapso de la evolución paleobiologica.

 

La historia paleoambiental se reconstruye a partir de los sedimentos Pliocenos (3.5 millones de años), pasando por el Pleistoceno (1.2 millones de años) donde es muy representativa la Megafauna Pampeana y culmina en el Holoceno (10 mil años) con la extinción de distintos vertebrados y la aparición del hombre.

Periodo Plioceno:

El Periodo Plioceno comprende entre los últimos 5 y 2,5 millones de años de la tierra. En la Republica Argentina se encuentra dividido en tres edades principales. La edad "Montehermorense" comprende un lapso intermedio entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano. Tiene una antigüedad entre 6 y 4 millones de años. Los depósitos sedimentarios afloran a unos 15 kilómetros al sur de la localidad de Pehuen-Co, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

La edad "Chapadmalalense" es tal vez la mas importante del Periodo Plioceno por la abundancia de restos fósiles y evidencias ambientales. Tiene entre 4 y 3,2 millones de años y corresponden a sedimentos del litoral marítimo pampeano, ubicados entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar, Provincia de Buenos Aires.

Durante el Final del Plioceno ocurrieron dos fenómenos naturales  los cuales decidieron la suerte del  80 % de  las especies endémicas  y  autóctonas.  Una de ellas fue el " El Gran Intercambio Biótico Americano"(ver)  fue la migración de los mamíferos al restablecerse la unión entre América del Norte y Sur, provocando la llegada de la fauna invasora. Otro de los fenómenos fue el impacto de un "Asteroide"(ver) el cual ocurrió hace 3,3 millones de años. Recientemente se incluyo la edad "Marplatense", la cual se encuentra dividida en tres sub-edades (sanandresense, vorohuense y barrancalobense) que tienen una antigüedad entre 3,2 y 1,9 millones de años, ubicadas principalmente al sur de la ciudad de Mar del Plata.

En el continente se produjo un evidente desplazamiento de distintos grupos de vertebrados hacia condiciones mas favorables existentes al norte de Patagonia. A partir del Plioceno el registro fósil pertenece exclusivamente a algunas localidades del norte y centro del territorio Argentino, a diferencia de las anteriores que se encontraban principalmente en todo el territorio nacional. Existía un gradiente decreciente de humedad en dirección al oeste. En el territorio se desarrollaron las llanuras, con extensas praderas bajo un clima templado - cálido y húmedo. Ingresaron provenientes de Norteamérica numerosas especies de carnívoros placentarios.

Posteriormente al elevarse las Sierras Pampeanas se produce una "sombra de lluvias" al este de las mismas, con lo cual se produjo la desertización de las áreas sub-andinas. Este periodo coincide con un deterioro en el clima, con un enfriamiento a nivel global, fenómenos de glaciaciones, un aumento en el gradiente térmico latitudinal, y un descenso en el nivel del mar, lo que provoco la disminución de especies.

Periodo Pleistoceno:

Se encuentra muy bien representado en los afloramientos geológicos de nuestro litoral marítimo a lo largo de todo el Partido de General Alvarado, que abarca los desde los 2,5 millones de años hasta los 10 mil años antes del presente y se halla formado por cuatro edades. La edad "Marplatense" la cual ya fue descripta anteriormente, debido a que se encuentra en un lapso intermedio con el Plioceno,  desde los 3,3 a 1,9 millones de años, cuyos afloramientos se pueden observar en las barrancas costeras entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar. La edad "Ensenadense" corresponde a sedimentos cuya antigüedad es de 1,8 millones de años a 700 mil años. La edad "Bonaerense" corresponde a un lapso entre 700 mil a 130 mil años atrás, en done por lo general se hallan restos fósiles de grandes mamíferos extintos.

La ultima edad del Pleistoceno es la "Lujanense", con una antigüedad entre 130 mil a 8 mil años, ya ingresando al Periodo Holoceno, época donde se extinguen los grandes mamíferos como el Megaterio o Gliptodontes, y sobreviven las especies que actualmente frecuentamos ver.

Todas las edades ya numeradas están presentes en las formaciones geológicas entre las localidades de Santa Clara del Mar y Monte Hermoso en Provincia de Buenos Aires, cuyo registro fosilífero y estratigráfico son unos de los más importantes del Cenozoico en todo el Mundo. Durante los últimos 2 millones de años se produjo un descenso del nivel del mar hasta alcanzar su actual nivel, después de varios sucesos significativos.

En este periodo vivieron tal vez, las criaturas más grandes y raras de toda la Era Cenozoica. Pero presenta una paradoja, pues se extinguen el 96 % de la Megafauna Sudamericana y aquellas de origen norteamericano.

Ocurrido en un lapso de tiempo entre los 12 y 10 mil años. La causa de este fenómeno de extinción no se conoce a ciencia cierta, pero uno de los sospechosos es la llegada de otra especie invasora y de caminar bípeda, conocida como Homo sapiens, quienes pudieron cazar a estos enormes animales, pero en realidad no hay evidencia de cacerías abruptas y discriminadas para señalar al hombre como la mayor amenaza para estos gigantes.

Algunas teorías ya fueron presentadas en esta serie de artículos en el Semanario El Sol. Los cambios climáticos muy marcados pudieron ayudar, ya que hay notable información de un evento agudo ocurrido entre los 8 y 6 mil años. Otro hecho significativo a principios del Pleistoceno fue el “Gran Intercambio Biótico Americano”, protagonizado por la unión de América del norte y sur, logrando el desplazamiento y emigración de centenares de especies de un continente a otro.

Las Especies Autóctonas.

Psiloterus s.p.

Sudamérica durante el Terciario los grandes depredadores estaban representados por aves de gran tamaño, muy diferentes a las actuales, por ser el resultado de un complejo suceso evolutivo, que protagonizaron los mamíferos en otros continentes. El hallazgo de restos de fósiles pertenecientes a aves de la Era Terciaria o Cuaternario son muy infrecuentes, por lo cual, cualquier pequeño resto es de gran interés para los científicos. Recordemos que Argentavis magnificens, por ejemplo, se trata del ave voladora más grande de todos los tiempos, fue descubierta a partir de pocos restos fósiles en la provincia de La Pampa, y hasta ahora es el único ejemplar que conocemos. Un cráneo hallado en las proximidades de la ciudad de Miramar pertenece a uno de los últimos representantes de la Subfamilia Psilopterinae y procede del Plioceno tardío, es decir, tiene una antigüedad de 3 millones de años. El cráneo, cuya longitud actual es de unos 23 centímetros, fue hallado por el actual Director del Museo Municipal, el Señor Daniel Boh.

En su preparación se emplearon técnicas estandarizadas a cargo de su descubridor, consistió en extraer el fósil dentro de un tocón, limpiarlo cuidadosamente con una auja de inseccion y productos químicos. Esta apreciada pieza se exhibe en el Museo Municipal “Punta Hermengo” de la ciudad de Miramar. Si bien, no se trata de un cráneo muy completo, y se incorporo al sedimento en malas condiciones ambientales, posee algo que lo hace único, como la preservación de la esclerotida ocular, esos pequeños y delicados huesesillos ubicados en la orbita ocular, que por lo general no se preservan. El tamaño de esta ave pudo ser de 1,2 a 1,5 metros. Algunos representantes actuales y ciertamente emparentados con esta familia, viven en la Republica Argentina.

Thylacosmilus atrox.

Fue un importante carnívoro marsupial de la Era Terciaria, muy parecido al "Tigre dientes de sable" invasor, pero sin parentesco alguno, ya que este ultimo es un placentario.

Es otro ejemplo de evolución paralela, es decir, dos especies totalmente distintas morfológicamente y que nunca habitaron el mismo continente. Se asemejan ya que ambas cumplían el mismo rol en el ecosistema que habitaban, cuyo fenómeno es conocido como convergencia adaptativa o evolución paralela.

Thylacosmilus tenia unos largos y afilados colmillos de unos 15 centímetros y su tamaño corporal era como el de un puma viviente. Es muy posible que sus victimas fueran los grandes mamíferos Notoungulados como Trigodon (semejante al rinoceronte), los cuales mataban con una simple mordida en el cuello, interrumpiendo el flujo sanguíneo al cerebro.

Se conoce un cráneo muy deformado procedente de la Provincia de Córdoba, mientras tanto,  en 1981 se hallo en Chapadmalal el cráneo mas completo del mundo y unas de las mayores colecciones de esta especie, constituida por restos mandibulares de ejemplares muy juveniles hasta adultos. Su extinción esta asociada a los importantes cambios ambientales que sucedieron al final del Plioceno (3,5 millones de años)  y a la ausencia de las grandes presas que este asechaba.

Los Gliptodontes.
 

 

 

 

Es tal vez la familia extinguida mas popular de todos los mamíferos fósiles de Argentina . La característica principal de este grupo es su coraza, la cual no poseía bandas móviles como el peludo o la mulita, lo que limitaba sus movimientos. Sus patas cortas y robustas. Su origen se remonta al Eoceno, hace 45 millones de años, pero recién al final del Plioceno y durante todo el Pleistoceno tuvieron una gran diversidad.

Al parecer no se alimentaban de hormigas como sus parientes modernos, sino de pastos y otras plantas duras. Se conocen alrededor de 30 especies de "Glyptodontidos", los cuales presentan tres formas fundamentales, las que explicaremos a continuación con ejemplos. Sclerocalytus ornatus, fue la más pequeña de todas las especies. Tenia un caparazón alargado y bajo. Su cabeza estaba protegida por un escudete óseo y su cola recubierta por cuatro anillos óseos y un tuvo largo y cilíndrico. Peso unos 250 kilogramos. Glyptodon clavipes, tenia 3,5 metros de largo y 1,4 de alto.

Su cráneo estaba protegido por una coraza cefálica y su cola estaba formada por una serie de anillos móviles de diámetro decreciente. Su masa estimada es de 1,5 toneladas. Doedicurus patagonicus, fue la especie de mayor tamaño. Tenia 4,3 metros de largo y 2 metros de alto, Su cola estaba formada por cuatro anillos, un tuvo cilíndrico y en su termino una masa ósea con púas corneas, convirtiéndose en una técnica de defensa contra los habituales depredadores. Su masa estimada en vida es de 2 toneladas. Todas las especies se extinguieron sin dejar representantes.

Macrauchenia patachonica.
 

 

Su aspecto en vida es digno de una película de ciencia ficción. Su nombre significa "cuello largo" Es la ultima especie del orden "Litopterna", cuyos orígenes se remontan al Paleoceno, es decir, 55 millones da años hasta finales del Pleistoceno, época en que desaparecen todos sus representantes. Su tamaño era de 2 metros a la cruz y casi 3 metros hasta la cabeza. Sus orificios nasales y una gran fosa elíptica señala la presencia de una trompa, algo mas desarrollada al actual tapir de la selva misionera.

Poseía largas patas y pies ungulados, provistos de tres dígitos. Es probable que no corriera con mucha velocidad, ya que las proporciones de las patas traseras estaban invertidas, como ocurren con los animales no corredores.

Su alimentación estaba basada en vegetales de zonas pantanosas donde pasaba la mayor parte de su tiempo, y del pastoreo de las amplias llanuras. Se extinguió a fines del Pleistoceno y principios del Holoceno. En la actualidad el hallazgo de fósiles de “Macrauchenia patachonica” es algo escaso. Se conocen registros de hallazgos realizados en la zona de la baliza de Punta Hermengo por Lorenzo Parodi en 1916 y 1927, Lucas Kraglievich en 1949 y 1950, Florentino Ameghino en 1908 y Carlos Ameghino en 1916.

Toxodon platensis.

 

El aislamiento geográfico de América del sur, permitió el desarrollo gradual de mamíferos muy extraños, los cuales se diversificaron ocupando  distintos ambientes. El “Toxodon platensis” llego a medir unos 3 metros de largo y una masa estimada de 1 tonelada. El cráneo de este animal tiene un tamaño de 70 centímetros de largo y sus mandíbulas están provista de  incisivos de crecimiento continuo.

Se asemejaban a los actuales hipopótamos y rinocerontes, pero sin parentesco alguno, es otro ejemplo de evolución paralela o convergencia adaptativa, cuando dos especies totalmente aislados comparten nichos ecológicos similares, desarrollando algunos rasgos morfológicos notablemente parecidos. Su hábitat estaba conformado por llanuras abiertas y frondosos pantanos, alimentándose principalmente de vegetales, los cuales, podían ser extraídos con sus mandíbulas en forma de "pala".

A principios del siglo, Lorenzo Parodi que trabajaba para el Museo Nacional de Historia Natural, descubrió en nuestra ciudad un fémur de Toxodon con una punta de proyectil incrustada en el. Este hallazgo ayuda a Florentino Ameghino a publicar su teoría errónea del “Origen del hombre americano”, logrando polémicas hasta nuestros días. Fue uno de los Notoungulados más comunes del Pleistoceno pampeano Argentino. Desapareció hace unos 8 mil años.

Megatherium americanum.

 

 

Los "Pilosa" en la actualidad se encuentran representados por mamíferos pequeños y medianos, como osos hormigueros y perezosos de tres dedos que pasan gran parte de su tiempo colgados de los árboles. Pero en el Pleistoceno habitaron en nuestro territorio formas gigantescas.

El “Megatherium americanum” fue uno de ellos. Su nombre significa "bestia grande" y sin dudas fue el animal terrestre más grande que habito en la región pampeana. Superaba los 4,5 metros de altura cuando se paraba sobre sus patas traseras y con su larga y robusta cola  formando una especie de "trípode" permitiéndole llegar de esta forma a las hojas de los árboles o tener una mejor panorámica para defenderse de los carnívoros de la época. El peso estimado de esta especie es de 5 toneladas, algo así como dos elefantes.

Su cuerpo estaba recubierto por una fuerte pelambre. Sus patas delanteras eran largas y fuertes, acompañadas por cuatro garras (algunas de ellas de 20 cm), lo que le permitía acceder de mejor manera a los vegetales que formaban parte de su dieta. Restos de Megatherium fueron hallados a pocos metros del muelle de pesca en 1916 por Lorenzo Parodi. En la actualidad  se han rescatado algunos restos de importancia, que provienen de la localidad de Mar del Sud y Centinela del Mar, preservados en el Museo Municipal.

Lestodon arnatus.

 

 

La zona comprendida entre el muelle de pesca y el Faro Punta Hermengo, es un lugar muy conocido por distintos investigadores del país como del exterior, ya que en esta pequeña extensión, se observan afloramientos geológicos del Pleistoceno superior, es decir, de los últimos 200 mil años, atribuidos a Paleopantanos primitivos.

Durante los últimos años, personal del Museo Municipal, ha extraído de esta zona numerosos restos fósiles de distintas especies ya desaparecidas, pero una en particular aparece con frecuencia. Se trata de un gigantesco perezoso emparentado con formas vivientes de la selva misionera y amazónica, los cuales pasan gran parte de sus vidas colgados de los árboles y se trasladan a una velocidad notablemente lenta por su bajo metabolismo. Este enorme animal es conocido como Lestodon arnatus.

Era un herbívoro, el cual recogía su comida a orillas de los pantanos o causes fluviales. Si bien era grande, su tamaño no superaba al del Megatherium americanum  de unos 4 metros de longitud. Su cráneo tenia una región rostral muy ensanchada. Los huesos de sus miembros eran grandes y gruesos. Su dentición era simple, pero resaltaban hacia afuera de la boca unos caniformes muy grandes, lo que se convertía en una defensa contra los posibles depredadores. Su masa estimada es de 2,5 a 3 toneladas. Después de Scelidotherium leptocephalum, Lestodon es uno de los mamíferos fósiles del Cuaternario más comunes en el Partido de General Alvarado.

Scelidotherium leptocephalum.

 

 

Pertenece al grupo de los Xenarthros (perezosos) mencionados en los capítulos anteriores.  Fueron los mamíferos más comunes del paisaje Pleistocenico, ya que son muy abundantes en los depósitos sedimentarios de este periodo. Tenia 1,7  metros de alto y 3,5 de largo. Su peso estimado es de una tonelada.

El cráneo a diferencia de otros perezosos gigantes es alargado, bajo y estrecho, con un rostro proyectado hacia adelante. Su alimentación consistía de vegetales que hallaba en zonas áridas, aunque recientemente el análisis de excremento fósil señala el consumo de carroña. Recientemente se pudo saber por varios que estos enormes mamíferos cavaban madrigueras, las cuales realizaban para refugiarse, o bien para invernar.

Recientemente, se dio a conocer una enorme paleocueva atribuida a esta especie, encontrada en Miramar. Se trata de una estructura de unos 20 metros de largo por un máximo de 1,9 en su mayor diámetro. Una parte de la misma conservaba la estructura interna, es decir nunca fue cubierta por sedimentos secundarios, recuperando moldes de garras de sus paredes. Se observan como el agua tapo parte de la misma con sedimento y su conexión con la superficie.

Fauna de Origen Aloctono:

El Gran Intercambio Biótico Americano:

El aislamiento geográfico de América del sur después de la extinción de los Dinosaurios duro unos 60 millones de años, provocando el desarrollo gradual de una fauna muy particular y única. El “Gran intercambio biótico americano” fue el suceso que acaeció durante los últimos 3 millones de años, cuando se  restableciera la unión de Sudamérica con el resto   del  continente. Este evento geológico posibilito que la fauna  de América del sur se desplazara hacia el hemisferio norte, y la de este, hacia hemisferio sur. Fue así que  hacia el norte se movilizaron  los grandes Gliptodontes, Megaterios, Toxodontes etc.  en tanto que los emigrantes del norte llegaron a nuestras tierras fueron los Cervidos, Mastodontes, Hippidion y carnívoros como osos y tigres dientes de sable.
El impacto de este fluido intercambio trajo aparejadas consecuencia dramáticas, como la competencia por los nichos ecológicos, la falta de readaptación, enfermedades entre otros, logrando la disminución de especies autóctonas, algunas llevadas  a la extinción. De esta forma los Paleontólogos clasifican de esta manera a los vertebrados fósiles del Cenozoico según su origen: Autóctonos o endémicos: Son aquellas estirpes muy antiguas que empezaron a evolucionar en el Cretácico (Mesozoico) y en el Paleoceno temprano (Cenozoico), y se diversificaron durante el aislamiento geográfico. Aloctonos: Son grupos antiguos de vertebrados que llegaron al continente sudamericano en distintos periodos geológicos, por los cortos momentos de conexión con otras masas continentales, balsas, saltadores de islas e islas flotantes. Invasores: Son aquellos vertebrados que llegaron a América del sur en el "Gran Intercambio Biótico Americano" en el Plioceno tardío y Pleistoceno superior, es decir, hace 3 millones de años, y que se evidencia muy bien en nuestra zona.

Smilodon populator.

El tigre dientes de sable fue uno de los grandes triunfos evolutivos de los mamíferos depredadores. Smilodon significa “dientes de sable”, característica que evidencia su acentuada especialización en la cacería de presas grandes, como el Toxodon, el megaterio y el mastodonte, enormes mamíferos hoy desaparecidos.

El Smilodon populator era mas grande que cualquier felino viviente. Las extremidades posteriores del Smilodon eran  cortas y robustas, su cuello proporcionalmente más largo, y el lomo más corto. La extraordinaria peligrosidad de este félido se debía al gran desarrollo de sus caninos superiores, que llegaban a sobresalir más de quince centímetros.

Todo su cuerpo tenía una estructura poderosa y los músculos de los hombros y del cuello estaban dispuestos de tal manera que su enorme cabeza podía lanzarse hacia abajo con gran fuerza. Las mandíbulas se abrían formando un ángulo de más de 120 grados, permitiendo que el par de los inmensos dientes de sable que tenía en el maxilar superior se pudiera clavar en sus víctimas.

Se trata de otro mamífero invasor que ingreso al continente durante el Plioceno, llegando a nuestra ciudad durante el Pleistoceno, hace un millón de años.

Arctotherium latidens.

 

Este llamativo animal pertenece a la fauna que emigro desde América del norte, llegando hace un millón de años a la parte centro y sur de Sudamérica. Su talla era similar a la de un "oso pardo" contemporáneo.

Su masa corporal es de 250 kilos. Como los "Ursidos" en general, su alimentación era omnívora y comía de todo, desde pequeños mamíferos, peces, insectos, huevos, frutos, carroña y animales moribundos. Su dentadura refleja esta dieta amplia, con incisivos no especializados, caninos cortos y circulares, premolares reducidos, molares anchos y planos con la cúspide redondeada. Sus extremidades son muy raras, conformadas por huesos relativamente largos y angosto.

Recientemente se hallo en Mar del Plata algo inédito. Fue el hallazgo  de una enorme cueva de Scelidotherium, donde se encontrarían invernando una hembra adultas con dos crías de 15 meses de edad, encontrando la muerte los cuatro ejemplares que estaban en su interior. Este hallazgo demuestra que estos enormes mamíferos tendrían metabolismo bajo al igual que los Ursidos actuales del hemisferio norte.

En 1988 se hallo un cráneo semi-completo con su respectiva mandíbula en sedimentos del Pleistoceno de Mar del Sud y exhibido en el Museo Municipal de nuestra ciudad.

Stegomastodon platensis.

 

Era un megamamifero que emigro desde el norte en el proceso geológicamente conocido como  "El gran cambio biótico Americano", encontrando en América del sur un nuevo lugar para expandirse, siendo la actual Provincia de Buenos Aires la zona mas austral del mundo en su expansión geográfica. “Stegomastodon platensis” fue un Proboscideo (que posee trompa) al igual que el extinto Mamut y el actual elefante.

Era herbívoro y llegaron a tener una masa corporal de 4 toneladas. Sus defensas o colmillos eran de crecimiento permanente, llegando a medir hasta 2,6 metros de largo en los adultos. Si bien los paleontólogos no pudieron hallar esqueletos completos, señalan que tenia mas de 3 metros de alto. Habitaron lugares abiertos y pantanosos, donde sus huesos se iban incorporando al sedimento a medida que morían.

Los hallazgos de restos fósiles de antiguos elefantes son algo escaso, pero en el Partido de General Alvarado se han protagonizado descubrimientos muy notables, como los realizados por Carlos Ameghino en 1913 y luego Kraglievich y colaboradores  en 1928

Hippidion principale.

 

 

Siempre nos han explicado que el caballo fue introducido al continente americano durante la conquista Española, pero en realidad, habitaba en el nuevo continente una especie de equino llamado Hippidion principale y/o Onohippidion munizii. Se trataba de un mamífero aloctono, que llego a Sudamérica a principios del Pleistoceno en el gran intercambio faunistico de fines del Plioceno, hace 2,5 millones de años. Según algunas hipótesis planteadas por los Paleontólogos, este genero seria originario de Sudamérica y estaría emparentado con Pliohippus y Dinohippus del terciario de América del Norte, aunque esta idea aun es muy discutida. 

Era un primitivo caballo, el cual se extinguió poco antes de la llegada de los primeros colonos sin dejar representantes vivientes, siendo reemplazado por el caballo europeo. Su aspecto era similar a la cebra africana, pero algo más bajo y rechoncho, con extremidades cortas. Su cráneo presenta unos huesos nasales algo alargados y pronunciados que las formas vivientes Su peso pudo ser de 400 kilos.

Se han hallado numerosos esqueletos bien preservados en distintas zonas del país. En Miramar se han podido recuperar importantes restos al sur del muelle de pesca. Campañas paleontológicas realizadas por distintos pioneros de la región, pudieron rescatar variado material de esta misma zona, así lo demuestra los registros que hemos obtenido de los archivos del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. Algunos de estos descubrimientos en nuestra ciudad fueron realizados por Carlos Ameghino en 1913, Lorenzo Parodi en 1916 y 1917 y José Maria Dupuy en 1917.

 
Homo sapiens.

La temprana colonización humana de América, se produjo durante el último período glaciar, se calcula que fue entre los 25.000 y 20.000 años atrás del presente.

Estos primeros grupos humanos prehistóricos se fueron expandiendo desde el norte por toda Sudamérica, arribando a la región pampeana, hace aproximadamente  11.000 ó 10.000 años atrás. Las particularidades del paisaje y la riqueza natural de esta región  favorecieron la ocupación humana durante esos milenios. El nuevo escenario que encontraron estaba constituido por abrigos rocosos, agua, materia prima, caza, pesca y recolección.

El modo de vida característico hacia entonces, estuvo basado principalmente en la caza de animales como ciervos, guanacos, armadillos, caballos primitivos, lobos marinos y ñandúes, y en la explotación de otros recursos complementarios de su dieta, como fue la recolección de vegetales y productos marinos, que obtenían durante los desplazamientos estaciónales hacia las zonas adyacentes a las sierras, llanuras abiertas y litoral atlántico.

Numerosos instrumentos de piedra y fragmentos de roca talladas, permiten hoy reconstruir los procesos de producción de herramientas y sus usos.  En tanto los fogones y huesos de animales indican la fecha, el clima y fauna de la época.

Nuestros pampas serranos, tuvieron también apoyo e influencia de algunas costumbres de los indígenas que fueron los Mapuches o Araucanos. La palabra Mapuche significa "Gente de la Tierra" y es el nombre con que se identifica a los pueblos indígenas del centro-sur de Chile y de la cordillera neuquina de Argentina. Los conquistadores y aún la Nación Argentina, los llamó Araucanos. 

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Bibliografía Sugerida:

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La Gran Extinción del Pleistoceno.

Cuando desaparecieron los gigantes.

Publicado originalmente como: Magnussen Saffer, Mariano. 2005. La Gran Extinción del Pleistoceno. Boletín de divulgación Científico Técnico del Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar. (Sec. pal) publicación 3: pp 03 – 10. marianomagnussen@yahoo.com.ar . Ilustraciones del PaleoArtista Daniel Boh.  jdanielboh@yahoo.com.ar

Introducción.

El Periodo Pleistoceno abarca los desde los 2,5 millones de años hasta los 10 mil años antes del presente.

En la Región Pampeana, se halla representado por cuatro edades. La edad "Marplatense" se encuentra en un lapso intermedio con el Plioceno, abarca de los 3,3 a 1,9 millones de años, cuyos afloramientos se pueden observar en las barrancas costeras entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar. La edad "Ensenadense" corresponde a sedimentos cuyas antigüedad es son de 1,8 millones de años a 700 mil años. La edad "Bonaerense" corresponde a un lapso entre 700 mil a 130 mil años atrás.

La última edad del Pleistoceno es la "Lujanense", con una antigüedad entre 130 mil a 8 mil años, ya ingresando al Periodo Holoceno, época donde se extingue los grandes mamíferos y sobreviven los actuales.

Todas las edades ya numeradas están representadas en las formaciones geológicas entre las localidades de Santa Clara del Mar y Monte Hermoso, Provincia de Buenos Aires, Argentina, cuyo registro fosilífero y estratigráfico son unos de los más importantes del Cenozoico de todo el Mundo.

Durante los últimos 2 millones de años se produjo un descenso del nivel del mar hasta alcanzar su actual nivel, después de varios sucesos significativos.

En este periodo vivieron tal vez, las criaturas más grandes y raras de toda la Era Cenozoica. Pero presenta una paradoja, pues se extinguen el 96 % de la Megafauna Sudamericana y aquellas de origen norteamericano, ocurrido en un lapso de tiempo entre los 12 y 10 mil años.

La gran extinción de la megafauna y de especies autóctonas ocurrió durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano, cuyo evento se refleja en un ámbito global.

Por lo general, cuando hablamos de extinciones populares, recordamos las teorías de la desaparición de los dinosaurios, a pesar, que durante el Paleozoico ocurrió el evento más importante de toda la historia geológica y biológica del planeta, afectando prácticamente el 90% de la totalidad de la vida en aquel entonces.

Con respecto al Cenozoica, época que nos compete, podemos señalar un evento ocurrido durante el Plioceno superior, atribuida a cambios climáticos, producto de un impacto de asteroide, que detallaremos mas adelante.

Durante el Cuaternario tardío (Pleistoceno – Holoceno) se produjo una importantísima disminución en especies de origen autóctono y aloctono, incluyendo además, la extinción del 90% de los Megamamiferos, entre los que podemos incluir a los Megaterios (Megatherium americanum), Gliptodontes (Glyptodon s.p), Toxodontes (Toxodon platensis) y otros mas pequeños, como el tigre dientes de sable (Smilodon populator) etc.

Se lo atribuyo a un grado de competencia entre los organismos que se desarrollaron por largo tiempo en Sudamérica, contra aquellos que llegaron durante “El Gran Intercambio Biótico Americano” que ocurrió hace unos 3 millones de años, sugiriendo que estos últimos estaban mejor “adaptados o evolucionados” que los anteriores, compitiendo por los espacios o nichos ambientales, logrando una readaptación con estos últimos.

Breve comentario e hipótesis para  tener en cuenta.

El autor en particular, cuando escribe o discute sobre las extinciones, rara vez los interpreta a un fenómeno en particular, ya que estos suceden por acontecimientos relativamente complejos por lo cual, la extinción de un grupo o estirpe puede estar favorecida por varios acontecimientos que jugaron en contra, y paralelamente,  en otros casos en forma dispar con un mismo resultado. A continuación exponemos las siguientes hipótesis que responderían o ayudarían a entender los probables motivos de la gran extinción de Pleistoceno.

Competencia ambiental:

Según algunos autores y como hipótesis simplista, atribuyeron la disminución de especies autóctonas o la extinción de gran parte de la megafauna a la competencia por nichos ecológicos o parches ambientales.

Esta teoría sostenía que los inmigrantes de origen norteamericano estaban mejor adaptados a las condiciones desfavorables para los organismos originales, logrando la extinción y posterior reemplazo. Así mismo, de tratarse de eventuales emigrantes posibilito su traslado y sobrevivencia en nuevos sitios, lo que podría demostrar una eventual superioridad de aquellos provenientes del hemisferio norte, ya que no estaban sujetos a un único ambiente.

Esto se observa claramente en el registro paleontológico, ya que ninguno de los invasores aparece antes de los 2,5 millones de años, y sin embargo lograron llegar hasta zonas australes, y en su mayor parte sobrevivir hasta nuestros días de forma exitosa, como es el caso de los canidos, camélidos, cervidos etc.

Clima y Ambiente:

Sabemos por estudios recientes que, en la región pampeana durante los últimos 5 millones a años, hubo importantes cambios climáticos, y como es predecible afecto al ambiente y a las comunidades animales que las secundan.

Es muy probable que la formación del istmo de Panamá durante el Plioceno medio, haya contribuido a una modificación repentina de las corrientes marítimas, que por lógica, controlan la humedad ambiental a nivel global.

Estos cambios en las corrientes oceánicas se pueden observar por el cambio fosilífero en organismos acuáticos durante esta época, e incluso especies exitosas como los cetáceos que desaparecieron de nuestros mares.

Esto contribuye sin ninguna duda al cambio ambiental no solo de la región pampeana Argentina, sino lugares como Australia, África, Europa y Norteamérica. Pero fue mas pronunciada a fines del Pleistoceno durante el retroceso de grandes glaciaciones, y el aumento del nivel del mar, llegando a ingresar a bastas zonas continentales de manera catastrófica, con un retroceso posterior y dramático. Así mismo, es evidente el cambio de temperatura continental, comprobadas por estudios de poblaciones animales comparativas.

Los estudios ambientales son realizados continuamente por investigadores de todo el mundo. Algunos estudios son llevados a cabo en la Republica Argentina por un importante equipo científico de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, quienes por medio de poblaciones de micro vertebrados obtienen una radiografía virtual de sus ya extintas poblaciones y compararlas con las especies vivientes, usando como laboratorio natural del pasado de la región pampeana.

Desarrollo Corporal o Gigantismo:

El tamaño corporal de distintos mamíferos aumenta  la posibilidad de extinción en forma masiva, sobre todo si vemos un posible cambio ambiental, mas el agregado de una nueva competencia.

Si observamos en la actualidad los grandes vertebrados consumen varias toneladas de vegetación en pequeñas regiones limitadas por su territorialidad. Esto podría demostrar que si hubo factores que dramatizaron, el desarrollo de plantas y pajonales típicos de la región, los megamamiferos tuvieron que disminuir naturalmente sus poblaciones, sabiendo además, que de por cada nueva reproducción solo nace una cría, rara vez dos, y peor aun, su periodo de gestación es muy extenso. Un ejemplo podrían ser los elefantes actuales, que la gestación de sus crías lleva aproximadamente dos años.

Las grandes manadas de herbívoros como Mastodontes, Megaterios, Milodontes etc, no solo se vieron afectadas por su mayor consumo de vegetales y la disminución de estos, sino que, la aparición de equinos primitivos o de camélidos, se convirtieron junto a otros herbívoros de porte menor en competidores directos, logrando una exitosa adaptación a condiciones de pastoreo. Es obvio, que las especies menores son las menos perjudicadas al más mínimo cambio ambiental, y hay miles de ejemplos que ilustrarían esta teoría.

Así mismo, la desaparición de grandes herbívoros, logro la extinción paralela de carnívoros fascinantes como el Tigre dientes de sable, cuyos caninos estaban adaptados para la casería de animales de gran porte, a quienes rompían sus cuellos y cortaban la circulación de sangre al cerebro.

Una solución para evitar el gigantismo sucedió en otros continentes, por ejemplo con los Mamuts, más grande que los proboscideos actuales, lograron disminuir su tamaño a menos de la mitad, en islas o terrenos aislados. Se trata de Mamuts pigmeos, que han disminuido su masa corporal y su consumo diario de vegetales por las reducidas condiciones biológicas del ambiente aislado, logrando un equilibrio natural con las nuevas condiciones y así, intentar de prolongar la especie.

Coexistencia con el Paleoaborigen:

Durante el gran intercambio biótico americano, debemos incluir además, un emigrante poco común, el Homo sapiens, que de una o otra manera dio el “golpe da gracia” con respecto a la extinción de algunos vertebrados. Si bien no son muchas las evidencias que sostienen un consumo selectivo por paleoaborigenes, hay algunos sitios arqueológicos donde se han encontrado evidencia.

A esto hay que agregarles además, muchas otras pruebas que por cuestiones lógicas no se han preservado durante estos últimos siglos. Las evidencias colectadas durante muchos años de investigación, sostienen que la coexistencia de paleoaborigenes y de megamamiferos es por lo menos, de unos 4 mil años, los cuales, fueron suficientes para lograr un impacto sobre estos, pero no en forma directa.

En sudamérica en general y en Argentina en particular, se han observado algunos grandes mamíferos en sedimentos de origen arqueológico, como huesos quemados o trabajados. Es probable que la actividad antropica allá facilitado y hasta acelerado un proceso gradual que naciera mucho antes de que el primer ser humano allá caminado por estas tierras.

Intercambio Bacteriológico o Hiperenfermedades:

Otra teoría probable y que afecto indirectamente a la fauna sudamericana, fue el intercambio bacteriológico, ósea, enfermedades transportadas por los nuevos invasores del hemisferio norte, y que los ejemplares autóctonos no habrían desarrollado defensas naturales suficientes para combatir nuevas pestes, haciendo que su defensa inmunológica no resistiera. Esta teoría se esta estudiando en la actualidad por un equipo de investigadores norteamericanos, quienes sostienen que el transportes de bacterias asesinas por parte de animales migratorios, desplazo y prolongo enfermedades por todas partes del mundo.

Estos científicos estuvieron en la Republica Argentina para buscar y estudiar excremento momificado de Milodonte (Mylodon darwinii). Estas raras muestras fecales dieron positivos en bacterias muy extrañas, entre ellas, el Ántrax. Tengamos en cuenta que las mismas tienen una forma de distribución y reproducción por lo más exitosa, y son prácticamente invisibles, y no conocen diferencias morfológicas, es decir, que pueden ser contagiadas por especies totalmente distintas y diezmar poblaciones enteras

Un investigador Australiano fue mucho más allá, y asegura que la especie que transportaba las bacterias mortales fue el Homo sapiens, ya que conquisto y colonizo todos los continentes. Otra de las enfermedades comunes que se han registrado para este Periodo Geológico es la rabia, la cual es muy fácil transmitir con consecuencias gravísimas.

Extinción por Stress:

El fenómeno de Stress sobre una población es una teoría muy importante para considerar. Lastima que los comportamientos y las actitudes no se preserven en el registro fosilífero. Los factores se interrelacionan, pero quizás el mayor inconveniente no sea buscar factores, sino definir la intensidad de los mismos sobre estos. Descartando las hipótesis ya nombradas, tomamos como factor primero al estrés.

Esta enfermedad se pudo haber desarrollado bajo la presión de los nuevos invasores del hemisferio norte (incluye al homo sapiens).

En una población animal, produce dificultades reproductivas y un marcado retroceso en cuanto a numero de individuos pero, de una forma tan gradual que a escala de tiempo geológico o de unas cuantas vidas humanas apenas resulta perceptible.

Pero cual es el estrés evolutivo? Tomamos como causa al destructivo hombre, aquel que deja todos los hábitats cambiados y depredados. La presión que pudo ejercer una comunidad de paleoindios esta absolutamente determinada por los aspectos de su cultura relacionados con el medio ambiente y con su desarrollo.

Algunos datos importantes son: Tecnología de caza: efectividad de sus armas, modos de caza. Costumbres de su comunidad: hábitos alimenticios, cazadores más que recolectores. Dentro de cazadores: piezas de caza preferidas, destino de las piezas de caza, otros artículos útiles extraíbles de las presas. Grado de desarrollo de la comunidad en cuanto a salud de los integrantes, promedio de vida general y densidad poblacional.

Debe haber muchos más. La relación entre los antiguos habitantes con cierta fauna no es más que una especulación, quizás, con alguna evidencia aislada. Definir la intensidad de los factores en ausencia de evidencia, pasa a ser una tarea de especulación (algo de importancia en paleontología y otras ciencias). El peso o importancia del stress (muy discutible como factor primario), podría bien ser atribuido a una o varias especies, podemos pensar en el caso actual de la declinación de los Guepardos africanos (Acinomyx). ¿Pero a familias y órdenes enteros?. ¿En unos pocos miles de años?

La presión ejercida por grupos humanos, no sólo estará determinada por motivos culturales sino por su número. No les parece que la convivencia homínida (sumado a un extensísimo territorio subsahariano, ¿No generó la suficiente diversidad cultural?, y así y todo no diezmó la megafauna?  Siempre se considera la estabilidad climática y la ecológica. Con el problema de la interacción entre megafauna y paleoindios no quedará otra que seguir especulando y buscando mas evidencia. 

En Norteamérica

En los Estados Unidos se han decantado por un modelo conputalizado para simular la evolución de las poblaciones de 41 grandes mamíferos y de los humanos que llegaban entonces al continente.

El resultado, consistente aunque se cambien las variables del modelo, es que la caza por parte de los humanos inevitablemente causa extinciones en masa, especialmente rápidas en los animales de mayor tamaño.

En Norteamérica desaparecieron decenas de especies entre unos 12000 a 13000 años atrás, luego de la llegada del hombre, incluyendo mamuts y mastodontes (ambos parientes del actual elefante), gigantescos perezosos, tapires, un camello de gran tamaño, llamas, un bisonte de cuernos largos, antílopes, una variedad de cabra montañosa, un armadillo gigante y los gliptodontes, grandes mamíferos recubiertos por una sólida armadura. Grandes predadores como el tigre dientes de sable, algunos lobos y osos, también se extinguieron.

El modelo por computadora indica que la extinción ocurrió en unos 1200 años... un abrir y cerrar de ojos. Se propone otra variante, argumentando que es posible que las extinciones ocurrieran a lo largo de un período más prolongado de tiempo y que fueran resultado no sólo de la caza sino también del caos ambiental producto de la intervención humana, tal como la quema de grandes extensiones de terreno para facilitar la caza o los desplazamientos. La llaman "Blitzkrieg" o "Matanza Indiscriminada".

En Nueva Zelanda

Hasta la llegada de los humanos, en Nueva Zelanda existieron aves extraordinarias. Como hemos visto el moa era la más grande de todas, pero ni con sus cuatro metros de altura estuvieron las gigantescas moas a salvo de los ataques de la mayor de las águilas conocidas por el hombre, la única que incluso podía amenazar su propia vida: el águila Haast.

Esta ave depredadora llegaba a pesar quince kilos y su envergadura alar era de tres metros. Sus garras eran equiparables a las de un tigre. Perfectamente habría podido atacar y matar a los humanos. Se sabe que las haast se alimentaban de las moas pues en los restos óseos de estas se han encontrado marcas de sus garras.

Desde 1781 se han recuperado tres esqueletos completos. Se cree ahora que las hembras tenían un tamaño considerablemente mayor que el de los machos. Los huesos más recientes encontrados tienen 500 años de antigüedad, aunque en 1800 todavía se producían avistamientos. Se calcula que su esperanza de vida rondaba los 20 años, y que su hábitat natural eran las zonas boscosas, que al ir desapareciendo junto a sus presas puede considerarse como una de las causas de su triste extinción, que finalmente se produjo tras la llegada de los salvajes aborígenes.

En Argentina

Hace muy pocos años que se viene trabajando seriamente en temas zooarqueologicos, en donde las faunas del pleistoceno inferior y holoceno superior, se encuentran relacionadas con elementos culturales.

Otro problema, lo demuestra la escasez de hallazgos correspondientes al momento inicial de la ocupación.

Teniendo estos dos problemas en mente, hoy se puede afirmar que las más tempranas evidencias del poblamiento en la Argentina proceden de las regiones pampeana y patagónica con una antigüedad de entre 11 y 12 mil años (radiocarbónicos) antes del presente.

En la primera, los testimonios más tempranos de actividad humana proceden de Arroyo Seco, cerca de la ciudad de Tres Arroyos (Buenos Aires). Allí se han hallado restos superpuestos de varios y sucesivos campamentos indígenas, con un rango temporal de varios miles de años.

Los fechados recientes obtenidos a partir de huesos de animales extinguidos –como el megaterio, el toxodon y caballo americano y que muestran huellas de haber sido partidos o cortados por los antiguos pobladores de la región pampeana– sitúan la ocupación inicial de este sitio en torno a los 12.000 años antes del presente.

Muy cerca de allí, en varias cuevas y aleros del sistema serrano de Tandilla y Ventana, donde han descubierto abundantes restos indígenas datados consistentemente entre los 9.000 y 11.000 años antes del presente. En estas cuevas se han hallado fogones, huesos quemados (algunos de un armadillo extinguido y de canidos extinguidos) y abundantes instrumentos de piedra, que evidencian un excelente dominio de la talla de artefactos de piedra.

Un hallazgo realizado en la localidad de Tres Arroyos, Provincia de Buenos Aires, permitieron comprobar que los Milodontes habrían sido cazados y consumidos junto a otros gigantes por grupos humanos prehistóricos.

En la región austral el panorama es similar. Hoy sabemos que hace unos 11 mil años había cazadores-recolectores que ocupaban temporalmente cuevas y aleros de la meseta patagónica, en sitios como Los Toldos, Piedra Museo y Cerro Tres Tetas.

Estos grupos indígenas debían ser bandas integradas por unas pocas familias que basaban su subsistencia en la caza del guanaco y del caballo americano (especie que se extinguió por completo unos 10 mil años atrás, antes de la incorporación del caballo europeo). Al igual que en el caso pampeano, la tecnología de piedra estaba muy desarrollada y, además, ambas regiones compartían técnicas e instrumentos.

En el caso de la cueva de Los Toldos (Santa Cruz), se trata de una fecha aislada que dio una antigüedad de 12.600 antes del presente. En el sitio de Piedra Museo (Santa Cruz), por ejemplo, se obtuvo una fecha de 12.800 años. Otro lugar, es una caverna en el Seno de la Ultima Esperanza, llamada también como "Cueva del Mylodon" donde también fueron encontrados excrementos del animal y huesos de gran tamaño diseminados en sedimentos que incluían restos de carbón. Lo asombroso de este descubrimiento, es que la pieza única permitió conocer la estructura del cuero de estos animales, que en su interior alojaba pequeños huesecillos subesfericos (placas dérmicas) que si bien permitían flexibilidad a la piel, convertían al Milodonte en un verdadero acorazado. Analizando recientemente sus excrementos, se determino la presencia de varias enfermedades bacteriológicas.

Hay ya claros indicios de que la mayoría de las regiones del territorio argentino estaban pobladas unos 10.000 años atrás. Los restos de estas ocupaciones se hallan en lugares muy diversos, tales como las quebradas de la Puna, las orillas de río Quequén Grande o las cuevas de la alta cordillera de los Andes. En esta época –hacia el final del Pleistoceno– las sociedades indígenas estaban adaptadas a diferentes ambientes y habían diversificado sus formas de vida.

Conclusión

Si leyó atentamente las teorías propuestas para la interpretación de la gran extinción del pleistoceno, podemos señalar que, de una o de otra manera, y casi sin querer llegar a un resultado optimo, todas y cada una de las hipótesis aquí planteadas, parecen funcionar en forma asociada pero sin paralelismo, ósea, que las extinciones masivas son un conjunto de fenómenos naturales que interactúan entre si, y que no se debe a factores homogéneos, ya que la extinción de los vertebrados mas representativos paso en un lapso de tiempo calculados en unos 5 mil años aproximadamente, o tal vez menos.

Lo que si sabemos es que en nuestra región desapareció casi un 70 % del total de organismos que vivían en el Pleistoceno medio, y que para el holoceno medio solo quedaban aquellos que hoy sabemos observar como parte de nuestro paisaje natural. Los cambios ambientales, el stress por competencia y sobrevivencia, cazadores especializados, la presencia humana y el intercambio bacteriológico, son hechos comprobables, que en conjunto, llevaron a la extinción a especies hasta entones exitosas, que habían evolucionado en América del sur durante los últimos 5 millones de años.

Agradecimientos

Agradezco la continua colaboración del dibujante y museólogo Daniel Boh, quien realizo todas las ilustraciones que acompañan la presente publicación.

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Piedras que Caen del Cielo.

Por Daniel Boh. Museo Municipal de Miramar. Publicado originalmente en la Revista El Espigon. Numero 25. jdanielboh@yahoo.com.ar

En nuestro distrito no sólo es posible encontrar restos de fauna prehistórica sino también las pruebas de cambios climáticos y grandes acontecimientos que afectaron a al continente entero. En 1998 se publicó en la prestigiosa revista científica Nature un trabajo que estudia las pruebas de la caída de un gran meteorito entre Miramar y Chapadmalal hace 3.300.000 años. En el mismo, científicos argentinos y estadounidenses analizaron los sedimentos de esta región y determinaron que ese evento afectó a casi todo el Hemisferio Sur reduciendo la temperatura en unos grados y provocando la extinción de ciertos animales.

UN POCO DE HISTORIA

Hace más de cien años cuando se realizaron hallazgos de restos fósiles junto a algunas primitivas armas realizadas por los antiguos habitantes de nuestra zona, se empezó a conjeturar que el ser humano se desarrolló en nuestro territorio y luego se expandió por el mundo (tema que trataremos en otro artículo). Entre otras supuestas pruebas, se encontró en el sector costero nombrado anteriormente gran cantidad de escorias y tierras cocidas (color ladrillo) cuyo origen fue difícil de determinar, por lo que se creyó que eran evidencia de antiguos fogones o incendios intencionales provocados por estos antiguos aborígenes.

Con el tiempo se descartó esa teoría pero no fue posible establecer el origen de las mismas ya que fueron producidas a altísima temperatura y están compuestas por los mismos sedimentos que los rodean.

LAS PRUEBAS Y LA TEORÍA

Entre los estudios realizados se pudo comprobar que las escorias contienen un mineral llamado Baddeleyita, el cual se forma a más de 1700 grados centígrados, lo que descartaría un incendio de pastizales y que los mismos se formaron en una fecha única, o sea casi tres millones y medio de años. Asimismo estimaron que el mismo cayó en el mar y al eyectar el material incandescente provocado por el impacto éste se enfrió rápidamente tomando un aspecto esponjoso y vítreo de color verde negruzco. En cambio los trozos de color ladrillo se formaron en sedimentos que no volaron. Los mismos aún pueden verse en las paredes de los acantilados desde el Golf hasta cerca de Chapadmalal. También se conjetura que la falta de restos óseos de ciertos animales fósiles fue provocada por esa catástrofe. El meteorito aún no fue encontrado y es posible que haya sido erosionado por el mar, por lo que quizás se sigan realizando investigaciones en el futuro.

ESO NO ES TODO

Para los alvaradenses la localidad de Centinela del Mar encierra muchos misterios y en este tema también tiene algo para aportar. En 2002 se estudió esa zona y se encontraron más escorias producidas por meteoritos, uno de ellos caído hace 400.000 años y el otro 200.000 años. Lo extraño de este asunto es que el más antiguo se encuentra encima del mas moderno, lo que va en contra de la lógica en la geología local. Se cree que el mas antiguo fue traído por el mar al erosionar su emplazamiento original cuando este estaba a una altura superior a la presente y se depositó en lo que fue la orilla de ese entonces, a casi 6 metros sobre el actual nivel.

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Hallazgo de un Excremento fosilizado

en el Pleistoceno de Miramar.

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Por Daniel Boh y Mariano Magnussen Saffer, Museo Municipal "Punta Hermengo" de Miramar. museomiramar@gmail.com

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Investigadores del Museo Municipal de Miramar dieron a conocer en el boletín paleontológico “Paleo” un sorprendente espécimen: un excremento fósil de un carnívoro que vivió hace 1,5 millones de años. Y aunque parezca increíble, el insólito hallazgo tiene un enorme valor científico. Una pieza única que se suma a los mediáticos logros de la institución.

Nota de Prensa:

A veces, la ciencia se maneja con indicios realmente sorprendentes. Cuando se habla de paleontología, inmediatamente se piensa en excavaciones y, especialmente, en montones de huesos de enormes animales ya extintos, evidencias que hablan del pasado de la vida en nuestro planeta.

Pero los paleontólogos también recurren a otro tipo de pistas, igualmente valiosas, pero difíciles de encontrar, y aquí aparece otro tipo de rastros, escasos, y, evidentemente, mucho menos estéticos: los excrementos fosilizados, o “coprolitos”, como prefieren llamarlos los investigadores en un apreciable esfuerzo por mantener intacta la tradicional elegancia de esta apasionante ciencia.

El “coprolito”, cuyo termino deriva de las palabras griegas kopros (estiércol) y lithos (piedra), se allá exhibido en la sala de paleontología del Museo Municipal “Punta Hermengo” desde hace unos días. Fue recuperado tiempo atrás por Daniel Boh, titular institucional y Mariano Magnussen Saffer, integrante del equipo del museo, que observaron el coprolito mientras extraían un gigantesco caparazón de un “Gliptodonte” en la parte sur de la ciudad.

“La importancia de los coprolitos consiste en que ayuda a los paleontólogos a determinar la dieta de diversos animales extintos, especialmente carnívoros ya que resulta más fácil encontrar restos óseos no digeridos, estableciendo en muchos casos relaciones directas entre depredador-presa, que de otra forma sólo son teóricas”, argumento el museólogo Daniel Boh.

Los primeros estudios realizados localmente, indicarían que la estructura del “Coprolito” se encuentra constituida principalmente por numerosos fragmentos óseos mordidos (no se preservaron partes blandas), conservando su forma original. Los fragmentos de hueso muestran marcas de mordidas, y se destaca, la única pieza identificable, una vértebra morfológicamente similar a un roedor fósil contemporáneo, el Lagostomus s.p, un antepasado de las vizcachas actuales.

“La presencia del Coprolito asociado a la coraza del Gliptodonte, hace suponer, que el depredador, posiblemente allá carroñado el cadáver del enorme armadillo, o simplemente fue atraído por su olor, y la depositacion del coprolito tuvo la finalidad de marcar el territorio, como lo hacen en la actualidad los mamíferos. Los carnívoros que vivieron durante el Pleistoceno medio, fueron el Smilodon (tigre dientes de sable) o Theriodictis (lobo prehistórico) y otros de menor tamaño, a quienes consideramos autores del mismo” sostuvo Mariano Magnussen.

Hallazgo de un Coprolito atribuido a un carnívoro en el Pleistoceno de Miramar.

El termino “Coprolito”, paleontologicamente se refiere a fósiles de excrementos de cualquier especie animal que han sufrido un proceso de mineralización y/o conservación. Fueron descritos por primera vez en 1829 por William Buckland, y su principal importancia radica en que constituyen pruebas directas de hábitos alimenticios y depredación de especies extintas.

La importancia de los coprolitos consiste en que ayuda a los paleontólogos a determinar la dieta de diversos animales extintos, especialmente carnívoros ya que resulta más fácil encontrar restos óseos no digeridos que vegetales, (si bien esto no es imposible), estableciendo en muchos casos relaciones directas depredador-presa, que de otra forma sólo son teóricas.

A su manera, los coprolitos son objetos muy interesantes. Teniendo en cuenta el lugar donde fueron hallados y sus características, es posible determinar con cierta precisión a qué animales correspondieron. Pero también, y siempre y cuando estén en buenas condiciones, estos restos revelan las tendencias culinarias de esos animales: qué comían y cómo comían.

Hasta ahora, la inmensa mayoría de los coprolitos encontrados en distintas partes del mundo fueron asignados a antiquísimos dinosaurios, reptiles y aves carnívoras. Por eso, hacía falta un buen ejemplo nuevo de un mamífero del cenozoico tardío, preferentemente carnívoro. De esa manera, sería posible tener una imagen mucho más clara acerca de los hábitos alimenticios de aquellas fantásticas bestias. Y bueno, parece que por fin apareció: un equipo de investigadores del Museo Municipal “Punta Hermengo” anunció el hallazgo de un excremento de mamífero carnívoro, al sur de Miramar, al sudoeste de la Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina.

Aspecto de los sedimentos fosilíferos donde se hallo el "Coprolito".

Para acusar al carnívoro de semejante desprolijidad hacen falta pruebas. Por empezar, hay que tener en cuenta su antigüedad: el excremento corresponde al Periodo Pleistoceno medio, entre 1,5 millones de años hasta 700 mil años antes del presente, una época en que la región pampeana estaba habitada por enormes criaturas ya desaparecidas. Y precisamente en esa zona del mundo, en Miramar y la región, se han encontrado huesos de grandes criaturas, como perezosos, armadillos, elefantes sudamericanos y otros, conocidos con el termino de megafauna, ya que superaban los mil kilos de peso.

Pero faltan otros indicadores más visibles: tamaño y contenido. De entrada, el coprolito impresionó a los integrantes del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar por su excelente estado de conservación, más aún teniendo en cuenta que en sus orígenes debió ser mucho mayor.

Por eso mismo, es muy razonable pensar que provino de algún animal relativamente grande y voraz. Pero lo más interesante de todo es que la mitad del excremento correspondería a restos óseos, que fue lo que se preservo.

El hallazgo fue realizado durante el año 1993, aunque recientemente se dio a conocer públicamente. El mismo fue recuperado por el museólogo Daniel Boh, y por Mariano Magnussen Saffer, colaborador institucional, que durante varias jornadas realizaban excavaciones en los barrancos del Pleistoceno del litoral marítimo ubicado sobre las inmediaciones del Bosque del Vivero Dunicola “Flortentino Ameghino” en la ciudad de Miramar, con la finalidad de recuperar una gran coraza de Glyptodon clavipes, que hoy forma parte de la colección.

En aquellos días, ambos investigadores, divisaron a pocos centímetros de la coraza del gigantesco armadillo extinto, una acumulación de huesos astillados imposibles de identificar in-situ. Fue retirado dentro de un tocón (estructura de sedimento) con el fósil en su interior.

Pocas meses después se comenzó a limpiar el tocón y su contenido. Fue aquí, que comenzaron las preguntas que llevaron a varias horas de discusiones y estudios. En un principio se las atribuyo a restos de egagropilas, es decir, bolos alimenticios obtenidos a través de regurgitaciones de aves rapaces.

Los autores del hallazgo rescatando la coraza del Glyptodon clavipes (gliptodonte). Sobre el lado derecho, se recupero el "Coprolito".

Esta teoría fue rechazada. Las egagropilas o bolos alimenticios están formado por un porcetanje relativamente elevado de huesos enteros, rara vez fracturados, con acepción del cráneo, que re rompe durante la casería. Las aves rapaces que se alimentan de pequeños mamíferos, reptiles, anfibios e incluso aves, al no poder masticar a sus presas, las tragan enteras. Pocas horas después, se produce un proceso estrictamente natural, que es la regurgitación de partes no digeribles, como los huesos, pelos y plumas. En estado fósil, en las regurgitaciones solo encontramos restos óseos, pues, las otras partes no se preservan. En este caso, observamos a simple vista numerosas características que no coincidían para clasificarla como una egagropila.

Entre ellas podemos mencionar la longitud, la ausencia de piezas enteras e identificables (con acepción de una vértebra), huesos astillados en forma longitudinal y marcando una sola dirección entre otras, al igual que numerosos mamíferos carnívoros actuales comparados.

Del conjunto de huesos astillados, solo pudimos identificar uno correctamente. La vértebra de un roedor, morfológicamente similar a el genero Lagostomus, muy común durante este periodo geológico en el cual se encontró el excremente. Lagostomus, es el representante fósil de las actuales vizcachas, del mismo género.

Si bien es muy difícil saber quien fue el autor del “coprolito” los investigadores miramarenses cuentan con hallazgos realizados por ellos mismos y por otras instituciones en el mismo nivel estratigráfico, en el cual se han recuperado distintos mamíferos como Cerdocyon Chrysocyon, Brachynasua, Felis y Smilodon.

La presencia del coprolito asociado a la coraza del Gliptodonte, hace suponer, que el depredador, posiblemente allá carroñado el cadáver del enorme armadillo, o simplemente fue atraído por su olor, y la depositacion del coprolito tuvo la finalidad de marcar el territorio, como lo hacen en la actualidad los mamíferos..

A la edad "Ensenadense" se le atribuyen los afloramientos geológicos donde fue encontrado el fósil, en sedimentos cuya antigüedad es de 1,8 millones de años a 700 mil años.

Después de la primera sorpresa del hallazgo, vino la segunda. Hasta hace poco, y teniendo en cuenta los rústicos modales de los actuales depredadores (como por ejemplo, los leones, pumas, lobos etc), los investigadores pensaban que los mamíferos carnívoros devoraban a sus presas en grandes bocados. Así, los huesos de las víctimas llegarían casi intactos al estómago de los victimarios, y luego, no sufrirían mayores modificaciones antes de ser expulsados como excrementos.

Entonces, sería esperable que los coprolitos de los mamíferos carnívoros incluyeran trozos de huesos bastante respetables. Pero nada que ver: los técnicos del museo miramarense se encontraron con un conjunto de huesos triturados (los minifragmentos más grandes apenas medían un centímetro, y los más chicos, directamente eran invisibles a simple vista). Eso, sin duda, delata un meticuloso trabajo de masticado. Y al mismo tiempo, cambia radicalmente la imagen que hasta ahora tenían los investigadores sobre el modo en que se alimentaban estos depredadores prehistóricos: estas máquinas asesinas capturaban a sus presas con la boca, y destrozaban completamente su carne y sus huesos con sus formidables mandíbulas. Y entonces sí, las tragaban.

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