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Esta información debe ser considerada dentro del marco de la divulgación científica e informativa para público en general, no especializado, aficionado, técnico o profesional. Este contenido debe ser tomado solo como una guía educativa.

PaleoGuia del Periodo Jurasico de la Republica Argentina.

El periodo Jurasico abarca un lapso de 208  a 144 millones de años antes del presenta, cuyos afloramientos geológicos son los mas escasos comparados a los otros periodos de la Era Mesozoica, pero a su vez son los mas significativos. 

Con respecto al registro fosilífero de los grandes saurios del Jurasico, corresponden en su mayoría a los hallazgos realizados en la región Patagónica, por medio de enormes restos óseos correspondientes a Sauropodos. Así mismo se han realizado notables descubrimientos de huellas fósiles en areniscas del Jurasico medio de la Provincia de Santa Cruz, pertenecientes a pequeños Dinosaurios que vivían en zonas semiáridas. La antigüedad real de estos vestigios en nuestro país corresponden principalmente al Jurasico medio, lo que confiere una especial significación para evaluar la etapa evolutiva previa a los bien conocidos Dinosaurios de otros continentes. El sitio mejor conocido por el hallazgo de grandes vertebrados corresponden a los yacimientos fosilíferos del Cerro Cóndor, no muy lejos de Paso de los Indios en la Provincia de Santa Cruz. Los estudios realizados de la paleogeografia sugiere que antes del Jurasico medio se había separado el único supercontinente de Pangea, fragmentándose en dos enormes islas. Al norte se encontraba Laurasia conformada por América del norte, Europa y Asia. Al sur se hallaba Gondwana la que reunía a América del sur, India, África, Australia y Antartida. A su vez, estos dos supercontinentes se hallaban separados por el mar de Tethys.

Otro sitio Jurasico muy importante para Argentina la conforma la formación Los Lagaccitos en la Provincia de San Luis donde se han hallados los primeros restos de reptiles voladores en sedimentos pertenecientes a un antiguo lago. En la porción continental en la que hoy se encuentra Argentina el vulcanismo era muy intenso, lo que posibilitaba conservación de grandes bosques, debido a esto, la Patagonia central y oriental, incluyendo la plataforma continental fueron cubiertas por cenizas volcánicas y lava. El intenso calor que se acumulo por debajo de la corteza terrestre, producto del magmatismo originado por el choque de las placas, ocasiono que la corteza Gondwanica se debilitara y terminara por fracturarse en diversos bloques. En Patagonia, durante el Jurasico el mar avanzo desde el oeste dando lugar a un mar epicontinental de aguas someras y cálidas, donde abundaban los arrecifes.

Cerro Condor, Departamento Paso de Indios, provincia del Chubut, Argentina.


Patagosaurus fariasi.  Bonaparte, 1979.                      

El primer gran esqueleto de Dinosaurio montado en el Museo de Buenos Aires, nótese el tamaño al lado de las personas. (*).

José Bonaparte, con un fémur de un Patagosaurus juvenil.(*).

Reconstrucción del Sauropodo Patagosaurus fariasi, hallado en el Cerro Cóndor, al norte de Pasos de los Indios, Provincia de Chubut, Patagonia Argentina. (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie herbívora de gran talla, alcanzando unos 14 metros de largo y unos 5 metros de alto. Fue un Dinosaurio cuadrúpedo, con extremidades largas y relativamente gráciles, con un fémur mucho mayor que su tibia, lo que indica que se trataba de un animal algo lento y pasivo. Tenia una larga y robusta cola formada por 50 vértebras. Lo interesante del descubrimiento de esta especie, son los significativos restos de varios individuos de distintas etapas de desarrollo. Brinda una importante información anatómica sobre la organización y estructura ósea de estos grandes Sauropodos, revelando un estado evolutivo mas bien especializado, y al mismo tiempo ancestral a Dinosaurios de épocas posteriores. Se alimentaba principalmente de piñas de araucarias y hojas de las copas de los árboles reinantes, a las cuales accedía gracias a su largo cuello y a su vez tenia una mirada privilegiada para controlar todo su entorno por la posible llegada de Dinosaurios depredadores. Su nombre significa "Dinosaurio de la Patagonia" que honra a la familia Faria, en cuyo terreno se hallaron los primeros restos. Jurasico medio de Cerro Cóndor, al norte de Pasos de los Indios, Provincia de Chubut, Argentina. Vivió hace 165 millones de años.


Volkheimeria chubutensis.   Bonaparte, 1979.           

Dinosaurio Sauropodo. Rescatado del Cerro Cóndor de la Provincia de Chubut, de la cual se han rescatado diversas piezas esqueletarías bien preservadas, que corresponden a dos individuos. Se trata de un animal de menor talla que Patagosaurus, de la que se distingue por poseer caracteres en sus vértebras dorsales algo mas primitivas. En tal sentido se observa que las espinas neutrales largas de Patagosaurus presentan cuatro divergentes que no están presentes en Volkheimeria, lo cual indica que la especie aun no había logrado ese tipo de especialización, lo que promovía a que los músculos cubran mayor superficie. Es muy probable que tuviera hábitos alimenticios similares al Sauropodo ya mencionado.


Brachytrachelopan mesai.  Rauhut et al., 2005.

Esqueleto montado de un Brachytrachelopan. (*).

Reconstrucción del enorme Brachytrachelopan. (*).

Dinosaurio Sauropodo. Técnicos del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, de Trelew, confirmaron que los restos de un dinosaurio herbívoro encontrado en la zona central de Chubut a fines de 2000 pertenecen a un ejemplar del Jurásico tardío y tienen 150 millones de años de antigüedad. Es un saurópodo desconocido, distinto de los demás. Con un cuello inusualmente corto. Los saurópodos eran dinosaurios herbívoros que caminaban en cuatro patas y tenían cuello y cola excesivamente largos. Pero éste es distinto, de cuello corto, y se alimentaba de hierbas de no más de 2 metros de altura. Otras de las particularidades del dinosaurio encontrado es que mientras otros saurópodos medían hasta 30 metros de largo, el que encontraron en Chubut sólo tenía 10 metros. El descubrimiento se produjo en un paraje denominado Cerro Chivo, ubicado a 380 kilómetros al oeste de Trelew, en plena meseta central chubutense. El equipo científico fue liderado por el paleontólogo alemán Oliver Rauhut, quien llegó a la provincia para participar de la búsqueda. Colaboraron con él los técnicos del Feruglio Gerardo Cladea y Pablo Puerta. El ejemplar fue bautizado con el nombre científico de Brachytrachelopan mesai que significa "el dios de cuello corto de los pastores de Mesa". Precisamente el nombre rinde homenaje al pastor que encontró las vértebras en el centro de la meseta. Se llama Daniel Mesa y vive en Los Adobes, un paraje cercano a Cerro Chivo. El hombre buscaba sus cabras dispersas cuando encontró el gran espinazo. Entonces plantó allí una estaca para volver a localizarlo. Para llegar al ejemplar, la expedición tuvo que escalar un cerro de 1.200 metros. En esa zona el viento es constante y casi siempre alcanza una intensidad promedio de 80 kilómetros por hora. Pero no sólo los restos del herbívoro desconocido sorprendieron a los científicos: a su alrededor había un verdadero parque jurásico. Dos carnívoros, tortugas, peces, sapos, ranas, un posible cocodrilo y otros microvertebrados. También un pterosaurio (reptil volador), el primero conocido del período Jurásico en todo el hemisferio sur. El Brachytrachelopan mesai contradice la imagen más conocida de los gigantescos saurópodos, con su cuerpo macizo y el cuello y la cola largos. Este hecho demuestra que, a diferencia de lo que se creía hasta ahora, que este grupo de dinosaurios tenía poca capacidad de adaptación, los saurópodos se adecuaban rápidamente y con éxito a un nuevo hábitat.


Leonerasaurus taquetrensis. Pol, Garrido & Cerda, 2011,

Fósiles in situ de  Leonerasaurus taquetrensis. (*).

Esqueleto completo de Leonerasaurus taquetrensis. (*).

Reconstrucción de Leonerasaurus taquetrensis. (*).

Dinosaurio Sauropodo. Científicos del Conicet descubrieron restos pertenecientes a una especie hasta ahora desconocida de dinosaurio, un herbívoro de unos tres metros de largo, mientras exploraban rocas del período jurásico, en la provincia de Neuquén. Los restos habían sido hallados en excavaciones que tuvieron lugar entre 2005 y 2007 y, luego de varios años de investigación, concluyeron que se trata de un nuevo dinosaurio, al que bautizaron Leonerasaurus taquetrensis. Además, en hallazgo completa uno de los huecos más importantes en la historia evolutiva de los dinosaurios. Parte de los restos del "nuevo" especimen fueron descubiertos en la sierra de Traquetrén, en la zona central de esa provincia patagónica, según se informó el organismo.  Los trabajos se realizaron en el marco de un proyecto de investigación en el yacimiento de Las Leoneras. Es considerado como un "eslabón perdido", entre los antiguos prosaurópodos y los gigantescos saurópodos, los gigantes más grandes que se hayan desplazado por la Tierra. Los prosaurópodos vivieron hace más de 180 millones de años, en el jurásico inferior, podían medir entre dos y nueve metros de largo, tenían cuello alargado, eran bípedos, con cráneo bajo y dientes con márgenes aserrados.  Los saurópodos, en tanto, evolucionaron en el jurásico medio, a partir de los 160 millones de años, eran cuadrúpedos, tenían cuello mucho más largo y cráneo corto, con dientes en forma de cuchara, sin márgenes aserrados. Eran gigantes que oscilaban entre los 15 y 35 metros de largo, con nombres célebres como el Argentinosaurus, el Patagosaurus y el Amargasaurus -hallados en territorio argentino- o sus "parientes" norteamericanos: el Brachiosaurus, el Camarasaurus y el Diplodocus.  Aunque muchas de sus características indicarían que el Leonerasaurus es un pequeño dinosaurio sauropodomorfo, algunos detalles de su dentadura y anatomía pélvica sugieren que se encuentra mucho más próximo al origen de los saurópodos que los prosaurópodos conocidos previamente.


Tehuelchesaurus benitezii. Rich et al, 1999.

Tres vértebras dorsales de Tehuelchesaurus benitezii. (*). Tehuelchesaurus atacado por dos dinosaurios carnívoros. (*).

Dinosaurio Sauropodo. Recientemente ha sido descripta esta nueva especie de saurópodo de los mismos niveles estratigráficos del Volkheimeria chubutensis: el Tehuelchesaurus benitezii. Lo destacable de esta especie es la notable similitud que posee con un saurópodo Omeisaurus tianfuensis de China, lo que indicaría una cierta continuidad faunística entre Patagonia y Asia Oriental durante ese tiempo. Los huesos de este primitivo Dinosaurio proceden de la Formación Cañodon Asfalto, aflorante en el Cerro Condor, en el centro de la Provincia de Chubut. Los restos de este primer ejemplar de Tehuelchesaurus, corresponden a un individuo de aproximadamente 12 metros de largo. Rodeando al esqueleto, los paleontologos encontraron numerosos dientes de Terópodos, posiblemente estas piezas dentarias fueron perdidas por dinosaurios carroñeros que depredaron el cadáver. Lo mas transcendental del hallazgo de Tehuelchesaurus benitezii encontrar las impresiones de la piel, representando uno de los pocos dinosaurios en los que esta parte del cuerpo es conocida. Estas impresiones, corresponden a diferentes partes del cuerpo, y revelan que Tehuelchesaurio  estaba cubierto por escamas planas de contorno hexagonal. que no se imbricaban como en los lagartos actuales, sino que se ubicaban adyacentes entre si formando un figura de roseta. El humero de este gigante mide 1,14 metros, y el fémur supera el 1,5 metros. El material se encuentra en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de la ciudad de Trelew.


Amygdalodon patagonicus. Cabrera, 1947.

Vértebras de Amygdalodon en el Museo de La Plata. Recreación de posible aspecto de Amygdalodon.

Dinosaurio Sauropodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio saurópodo cetiosáurido que vivió a mediados del período Jurásico, hace aproximadamente 185 a 170 millones de años, en lo que hoy es Argentina. El amigdalodonte fue un saurópodo basal de gran tamaño, llegó a medir 15 metros de largo y 4 de alto. Tenía un cuerpo robusto que era soportado por cuatro sólidas patas, una larga cola y cuello rematado por una pequeña cabeza. Tenía dientes en forma de almendra, de donde proviene su nombre, están comprimidos lateralmente y ligeramente curvados hacia adentro. Es considerado un Cetiosauridae debido a particularidades en las vértebras que solo poseen depresiones laterales simples. Sus restos fueron encontrados en la Provincia del Chubut, al este de la localidad de Sierra de Pampa de Agnía, en Patagonia Argentina. Pertenece a los sedimentos de la Formación Cerro Carnerero. Se encontraron al menos 2 ejemplares y posiblemente otro más de lo que se recuperaron dientes, vértebras cervicales, dorsales y caudales, costillas, parte distal de la tibia y pubis casi completo.


Piatnizkysaurus floresi.  Bonaparte, 1979.     

Esqueleto en el Mef de Trelew.

El técnico Mariano Magnussen Saffer junto a un cráneo .

Reconstrucción en vivo del Terópodo carnívoro del Jurasico sudamericano. (*).

Dinosaurio Teropodo. Carnívoro, con una marcada disparidad de tamaño entre la extremidad posterior, larga, y el abrazo proporcionalmente corto. Este linaje de Dinosaurios carnívoros, se caracterizo por la disposición bípeda, que es propia de todos los Teropodos, además de sus extremidades delanteras ridículamente cortas. Los restos fósiles determinados para esta especie corresponden a dos ejemplares incompletos obtenidos del Cerro Cóndor, los que indican una talla aproximada a los 5 metros de largo y 2 de alto o algo mas hasta la cabeza, elevada por la posición bípeda. Su cráneo tenia unos 60 centímetros provistos por dientes cónicos y muy filosos, comprimidos lateralmente y lagos recurados. Sus patas tenían tres dedos divergentes, como en algunas aves corredoras actuales. En la misma zona se han hallado restos mal preservados de vértebras y algunos dientes carniceros grandes, indicando la presencia de algunos depredadores de mayor tamaño que los conocidos hasta el momento, cuyos restos aun están en estudio. Estos Dinosaurios carnívoros fueron los depredadores de los Dinosaurios herbívoros hallados en los mismos niveles y que ya hemos mencionado anteriormente. Se piensa que ha medida que crecían, estos carnívoros habrían variado en el tamaño de la presa que atrapaban. Así debió establecerse cierta relación de tamaño entre predador - presa.  Unas de sus adaptaciones consisten e las largas garras de la mano, marcadamente curvas, transversalmente comprimidas y terminadas en una punta lacerante. Vivió hace 165 millones de años. 


Condorráptor currumili.  Rauhut, 2005.

 

Fragmento del maxilar de Condorraptor. (*).

 

Aspecto de Condorraptor. (*).

Dinosaurio Teropodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo tetanuro, que vivió a mediados del período Jurásico, hace aproximadamente 162 millones de años, en el Calloviano, en lo que es hoy Sudamérica. El nombre del género proviene de la localidad donde fue encontrado, Cerro Cóndor, y la especie fue nombrada en honor a Hipólito Currumil, dueño del terreno donde fue hallado. Debido a lo fragmentario del primer descubrimiento, la clasificación de este dinosaurio es incopleta, se sabe que fue un tetanuro basal, probablemente emparentado con Piatnitzkysaurus encontrado en el mismo sitio. El nuevo ejemplar recientemente encontrado seguramente podrá esclarecer la ubicación de este animal dentro de los dinosaurios carnívoros. Medía aproximadamente 7 metros de largo. Se caracterizaba por la presencia de una incisura posterior entre los cóndilos de la fíbula y la parte medial de proximal de la tibia ausente y una profunda fosa en lateral de la cresta cnemial, las vértebras cervicales con pleurocoelo en la porción anterior ubicada en el ángulo posteroventral de la parapofisis, un gran foramen nutricio en el lado lateral del pedúnculo isquiatico en el ilion y el cuarto metatarsiano con un paso en la cara dorsal y distal de la cara articular. En el 2007, también en Cerro Cóndor, se encontró un ejemplar articulado de mayor tamaño y con un 70 % de sus huesos. Este hallazgo, el primero de un terópodo articulado del Jurásico medio fue trasladado al M.E.F para su estudio. El equipo que lo encontro etaba integrado por el mismo Oliver Rauhut, Magali Cárdenas, Leandro Canosa, Mariana Coffa, José Luís Carballido y Pablo Puerta. Los paleontólogos necesitaron usar una motoniveladora, una grúa de 40 toneladas y un camión facilitado por Vialidad Provincial y Gendarmería Nacional utilizado para extraer la roca de cinco toneladas, en cuyo interior se encuentra el Condorráptor currumili recostado sobre su lado derecho, completo de la cadera al cuello y donde se visualiza claramente parte de su cráneo y mandíbula.


Eoabelisaurus mefi. Pol & Rauhut, 2012.

Pieza tipo de Eoabelisaurus mefi en el Mef. Imagen de prensa.

Posible aspecto de Eoabelisaurus mefi (*).

Dinosaurio Teropodo. Es un género de dinosaurio terópodo abelisáurido que vivió en el a mediados del período período Jurásico, hace aproximadamente 170 millones de años durante el Bajociano, en lo que ahora es Sudamérica. Era un carnívoro bípedo que probablemente alcanzaba 6.5 metros de longitud. En 2009 el paleontólogo argentino Diego Pol descubrió el esqueleto de un terópodo cerca del pueblo de Cerro Cóndor en la provincia de Chubut. En 2012, basándose en este, la especie tipo Eoabelisaurus mefi fue nombrada y descrita por Pol y su colega alemán Oliver Walter Mischa Rauhut. El espécimen holotipo, fue descubierto es una capa de la Formación Cañadón Asfalto, un depósito lacustre que data de entre el Aaleniense al Bajociano, hace más o menos 170 millones de años. Este consiste en un esqueleto casi completo con el cráneo, de un individuo adulto o subadulto.


Sarmientichnus scagliai.   Casamiquela, 1964.

Huella de Sarmientichnus scagliai, la única evidencia que existe sobre esta especie de dinosaurio carnívoro.  Museo de La Plata.

Posible aspecto del dinosaurio Teropodo con patas de avestruz, el Sarmientichnus scagliai. (*).

Dinosaurio Teropodo. Este peculiar Dinosaurio es conocido únicamente por huellas que dejo impresas en el lodo, y hasta el momento no se han encontrado restos óseos atribuidas a esta especie. Fueron descubiertas en la Estancia Laguna Manantiales, al NE de Santa Cruz y corresponden al Jurasico superior, es decir, poseen una antigüedad de 157 millones de años. Si bien no se puede realizar una reconstrucción fidedigna, el autor de las huellas debió tener un metro de largo. Una adaptación muy importante de este Dinosaurio bípedo es que solo apoyaba dos dedos del pie, al igual que el avestruz de África. Es muy probable que los hábitos alimenticios de este carnívoro, fuesen algunos Dinosaurios menores y pequeños mamíferos. El significado de sus nombres son honor a Domingo F. Sarmiento y al Técnico Galileo J. Scaglia. Durante el Jurasico superior, algunas regiones de Argentina fueron enormes desiertos. Las areniscas corresponden a depósitos eólicos de un gran paleodesierto que cubría esa región y que probablemente continuaba en el oeste de África ya ambos continentes estaban juntos antes de la apertura del Atlántico sur. En los depósitos sedimentarios de patagonia se han encantado un conjunto de huellas de pequeños Dinosaurios y mamíferos Primitivos, las cuales quedaron impresas en un clima bastante árido, con largas estaciones secas seguidas de avenidas de agua que producían desbordes de los ríos.


Wildeichnus navesi. Casamiquela 1964.

Icnita (huella) atribuida a un dinosaurio carnívoro jurasico, el Wildeichnus navesi.  (*)

Posible aspecto de Wildeichnus navesi. (*)

Dinosaurio Teropodo. Algunos de los dinosaurios del Jurásico tardío están representados por huellas en unas areniscas en la Estancia Laguna Manantiales, en el noreste de Santa Cruz, las que fueron descubiertas y estudiadas por Casamiquela. En 1964, este investigador, que entonces se desempeñaba en el Museo de La Plata, describió huellas fósiles de tres tipos de dinosaurios pequeños y de un mamífero primitivo. El Wildeichnus navesi era un dinosaurio carnívoro que caminaba en posición bípeda.


Casamiquelichnus navesorum.  Coria y Carabajal, 2004.

Roca con icnitas del pequeño teropodo casamiquelichnus del Jurasico de Santa Cruz. Diario La Nación.

Aspecto del Teropodo. (*)

Dinosaurio Teropodo. Ciento cincuenta millones de años atrás, un dinosaurio del tamaño de un pavo se desplazaba por las orillas de un extenso pero poco profundo lago de lo que es hoy el nordeste de la provincia de Santa Cruz con una elegancia inusual entre esos reptiles: arrastraba levemente una de sus patas al tiempo que la otra daba un paso veloz. Los paleontólogos no han podido encontrar ni un solo hueso de esta especie. Pero disponen para su estudio de sus huellas fósiles, que presentan particularidades únicas. Líneas que corren paralelas a las pisadas; pisadas que a veces exhiben tres dedos, y otras dos o uno: las huellas encierran incógnitas que están comenzando a ser develadas. Fue hallada en febrero de 1988, durante una campaña paleontológica realizada cerca del Parque Nacional Bosque Petrificado, en Santa Cruz, cuando una expedición del Museo Argentino de Ciencias Naturales dio con las huellas del Casamiquelichnus. La descripción de las huellas fue publicada por Coria y su colega Ariana Paulina Carabajal en la revista especializada Ameghiniana.


Delatorrichnus goyenechey. Casamiquela 1964.

Icnita (huella) de Delatorrichnus de la Colección del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. Foto de José Bonaparte.

Aspecto en vida de Delatorrichnus del jurasico superior de Santa Cruz.

Dinosaurio Ornitisquio. Este ornitisquio herbívoro bípedo vivió hace 150 millones de años, en el período Jurásico tardío. Medía 80 cm y pesaba 2 kgs . Sus huellas fueron halladas en la Estancia Laguna Manantiales en el Macizo de Deseado, en la provincia de Santa Cruz. Se estima que vivía en zonas marginales de regiones secas donde los ríos se desbordaban en la época de lluvias, lo que contribuyó favorablemente con el proceso de fosilización de sus huellas. Se conoce solo por una rastrillada de 2 pisadas derechas y una izquierda. Se trata de dinosaurios muy pequeños, de miembros posteriores tridáctilo típico. Se corresponde a un terópodo bípedo con el pie muy especializado, los únicos dos dedos presentes son casi paralelos, junto a un talón largado. La pisada tendría en tamaño de 10 12 centímetros y todas las huellas halladas fueron hechas por individuos que cruzaron corriendo. La mano es de forma amigdaloide, de impresión similar a la de un dedo del pie. La conducción cuadrúpeda sería derivada. La distancia entre las huellas nos habla de un tamaño similar al de un pollo. Casamiquela lo asigno a un pequeño y veloz terópodo, pero hoy se lo considera ornitisquio.


Isaberrysaura mollensis. Salgado,  et al, 2017.

Cráneo de  Isaberrysaura Museo Paleontológico de la ciudad de Zapala, Neuquén

Contenidos estomacales fosilizados. Museo Paleontológico de la ciudad de Zapala, Neuquén

Reconstrucción en vivo. Ilustración de Nobu Tamura.

Dinosaurio Ornitisquio. Es un género extinto de dinosaurio ornitisquio. Sus restos fósiles fueron hallados en rocas que datan de la época del Jurásico Medio de la Formación Los Molles, en la Patagonia, Argentina. Su cráneo es convergente con el de los estegosáuridos. El espécimen holotipo de Isaberrysaura fue descubierto en los niveles marinos y de deltas por Isabel Valdivia Berry. El material depositado en el Museo Paleontológico de la ciudad de Zapala, Neuquén consiste de un esqueleto parcial con un cráneo casi completo (el material del postcráneo no ha sido preparado), seis vértebras cervicales, quince dorsales, un sacro con un ilion parcial y un pubis aparentemente completo, nueve vértebras caudales, parte de una escápula, costillas y adicionalmente fragmentos irreconocibles. Los dientes de Isaberrysaura son heterodontes, lo que indica que puede haber tenido una dieta mixta. Se estima que Isaberrysaura mediría alrededor de 5 a 6 metros de longitud, lo que haría de este un dinosaurio de tamaño mediano. Isaberrysaura fue preservado con contenidos estomacales fosilizados. Se descubrió dentro de la caja torácica una masa de semillas fosilizadas; constituyen la primera comida preservada de un ornitisquio basal. Se recuperaron dos tipos de semillas cerca de las costillas posteriores de Isaberrysaura, que se distinguen de acuerdo con su tamaño.


Caypullisaurus bonapartei. Fernández, 1997.

El técnico Mariano Magnussen Saffer junto al cráneo de Caypullisaurus. 1997- Miramar.

Cráneo de Caypullisaurus de Neuquén en el Museo Paleontológico Olsacher de Zapala. Reconstrucción de Mauricio Álvarez

Ejemplar exhibido en el Museo de Plaza Huincul. Calco. (*).

Ejemplar en el Museo Paleontológico de Bariloche. Calco. (*).

Reptil Marino. Los últimos Ictiosaurios fueron muy grandes, algunos como ballenas. Unos de ellos fue hallado en la Provincia de Chubut.  Mide más de 8 metros de largo y se encuentra exhibido en la sala del departamento de Paleontología de vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, aunque también existían formas que no superaban el metro. Esta especie en particular fue un reptil marino y guarda cierta semejanza con los delfines, pues a pesar de los millones de años que separan a estas especies, ambas cubrían el mismo nicho ecológico, y es probable que este magnifico animal se halla alimentado de otros reptiles como los Plesiosaurios, peces y dinosaurios que se aventuraban a las playas de marea baja. Sus aletas traseras eran considerablemente mas pequeñas que las delanteras. Los huesos de la mayor parte de la aleta delantera se derivan de los huesos normales de dedos que se han encontrado en todos los vertebrados terrestres, pero en ellos hay muchos más. Mientras normalmente un vertebrado terrestre tiene de 3 a 4 falanges por dedos, algunos Ictiosaurios tenían de 20 a 25 falanges. Se extinguió al final del Cretácico. Si bien la Patagonia Argentina tiene algo mas de un centenar de sitios donde se han hallado este tipo de reptil marino, recientemente se han descubierto formas nuevas en sedimentos de la Quebrada de Romoredo al sur de la Provincia de Mendoza. Otro ictiosaurio conocido es Mollesaurus periallus, recuperado en la Cuenca Neuquina. Caypullisaurus, este espécimen consta del cráneo y mandíbulas completas, vértebras troncales anteriores y posteriores, y algunas costillas. El cráneo se encontró articulado con la columna vertebral. Como es muy frecuente en los ictiosaurios, las características estructurales del cráneo contribuyen a que no se preserve en tres dimensiones. Este ejemplar se depositó sobre su cara derecha, por lo que su cara izquierda es la que se ha preservado con todos sus elementos en posición natural y con una deformación mínima. Esta condición ha permitido la obtención de los coeficientes craneanos cuyos valores son comparables con los del holotipo de Caypuflisaurus bonapartei. Entre los caracteres más conspicuos de este material se destacan la gracilidad del rostro y la amplia reducción de la dentición. La longitud mandibular es de 1,57 m. Cabe destacar que hasta el presente, este ejemplar es el de mayor tamaño referible a esta especie.


Ophtalmosaurus s.p Seeley, 1874.

Mandíbula y vértebras del jurasico de Malargue. Museo de Cs Nat y Ant. de Mendoza.

Cráneo de Ophtalmosahurus in situ en el sedimento en el Museo de Geología y  Paleontología del Comahue, Neuquén. (*).

Ophtalmosahurus. Reconstrucción en vivo de la BBC. (*).

Reptil Marino. Fueron enormes reptiles del tipo PIesiosaurios, que se alimentaban de peces y anmonites durante el Jurasico inferior y en el Cretácico, periodo donde desaparece sus restos fósiles en los depósitos sedimentarios marinos - continentales. Poseían una cabeza muy pequeña a comparación de su cuerpo, cuyas mandíbulas estaban provistas de afilados dientes y rodeado de fuerte musculatura. Su cuello tenia entre 30 y 35 vértebras, a diferencia de las habituales 7 u 8 que poseen los demás reptiles. Tenia patas largas y anchas en forma de remo que le eran propias para nadar a gran velocidad. Las aletas delanteras se movían de arriba hacia abajo como si estuviera volando, mientras las traseras eran utilizadas para orientar los movimientos. Su aleta caudal heterocerca invertida (una aleta de la cola mas corta que la otra), debido a que la columna vertebral esta dirigida hacia abajo. Algunos restos de estos enormes Plesiosaurios fueron hallados en el Cerro Lorena y en el Lago Pellegrini en el norte de la Patagonia Argentina, y restos mas nuevos pertenecientes al Cretácico fueron recuperados en el Bajo de Santa Rosa, en la región de las salinas ubicado a unos 100 kilómetros al Sudoeste de la localidad de Choele Choel en la Provincia de Rió Negro.


Metriorhynchus potens. Rusconi, 1948.

Cráneo y mandíbula de Metriorhynchus. (*).

Cocodrilo marino Metriorhynchus del suborden Thalattosuchia. Ilustración: Jon Hughes.

Reptil Marino. Metriorhynchus, fue un primitivo cocodrilo marino, cuyo nombre significa largo hocico. El nombre le resultaba muy apropiado. Era un peligroso cazador que medía 3 metros. Comía calamares y pterosaurios, pero también perseguía peces de 6 metros de longitud, el doble de su propio tamaño. Su cola se adelgazaba hacia el extremo, y de ella sobresalía una aleta. Tenía una pequeña prominencia entre los ojos. Cuando aparecieron los cocodrilos, vivían por entonces en el mar. Existía un grupo de temibles cazadores prehistóricos, cuyos parientes de agua dulce todavía viven en la actualidad. Si se te ocurriese nadar en un mar prehistórico, les servirías de almuerzo. Eran los cocodrilos marinos. En los inicios de su evolución, los cocodrilos regresaron al agua, alejándose de los dinosaurios terrestres. La forma de su cuerpo cambió para adaptarse a la vida acuática. La mayoría de los primeros cocodrilos se mantenía al acecho en ríos y pantanos, comiendo peces y capturando animales que acudía allí a beber. Sólo unos pocos fueron más lejos, al mar. Su aspecto era parecido al de los actuales gaviales. Había 4 cocodrilos marinos: el Teleosaurus, el Steneosaurus, el Metriohynchus y el Geosaurus araucanensis, estos últimos dos muy comunes en el Jurasico argentino, procedentes de Cuenca Neuquina. Algunos cocodrilos marinos se adaptaron aún mejor a la vida oceánica. Empezaron a parecerse más a los peces. Perdieron la pesada coraza ósea, y su piel se volvió mucho más lisa y resbaladiza. Las patas eran palmeadas, semejantes a aletas. La cola se hizo más fina y larga, también más parecida a una aleta. Pero siguieron siendo reptiles y tenían pulmones, no branquias. Debían subir a la superficie del agua para respirar aire fresco, como las ballenas actuales. El grupo entero de cocodrilos marinos vivió hasta poco tiempo tras el fin del período Jurásico. Durante el Cretácico, fueron reemplazados por los Pliosaurios y los Mosasaurios. En el norte de Chile encontraron restos de Metriorhynchus casamiquelai.


Geosaurus araucanensis.. Gasparini y Dellapé, 1976

Fragmentos mandibulares. (*).

Aspecto de Geosaurus. (*).

Reptil Marino. Pequeño cocodrilo, muy alterado por la erosión reciente, con la cara izquierda del cráneo apoyada en el sustrato, poscráneo es articulado y marcadamente arquea do hacia arriba y hacia atrás. Geosaurus araucanesis es la especie más frecuente entre los cocodrilo marinos titonianos de la Cuenca Neuquina. Eran tan feroces como sus parientes de agua dulce, y algunos podían comer muchos tipos de animales. Geosaurus era un reptil marino carnívoro que vivía en los mares mesozoicos, en los que debió pasar la mayor parte de su vida, sino toda; sin embargo, se desconoce si Geosaurus o alguno de sus parientes metriorrínquidos nacían o no en el mar, ya que no existe evidencia como huevos o nidos. Los géneros considerados sinónimos menores de Geosaurus incluyen a Brachytaenius y Halilimnosaurus.


Cricosaurus araucanensis. Gasparini & Dellapé, 1976.

Cráneo, mandíbula y vértebras cervicales del cocodrilo marino del Cerro Lotena del Neojurasico. Museo Paleontológico de Bariloche. (Copia).

Dakosaurus, Cricosaurus e ictiosaurios (*).

Reptil Marino. Es un género extinto de crocodiliforme marino perteneciente a la familia Metriorhynchidae. Especímenes fósiles referibles a Cricosaurus son conocidos de depósitos del Jurásico tardío de Inglaterra, Francia, Suiza, Alemania, Argentina, Cuba, y México. Cricosaurus fue nombrado originalmente por Wagner en 1858 como una reclasificación de un especímen que él previamente había descrito en 1852. Varias otras especies han sido nombradas, incluyendo C. suevicus por Fraas en 1901 (originalmente como una especie de Geosaurus. Otra especie denominada C. medius (nombrada por Wagner en 1858) ha sido reclasificada como un sinónimo menor de Rhacheosaurus gracilis.  Todas las especies actualmente conocidas tenían unos tres metros o menos de largo. Comparados con los cocodrilos de la actualidad, Cricosaurus puede ser considerado de tamaño medio, tendiendo a pequeño. Su cuerpo era ahusado para mayor eficiencia hidrodinámica, lo que junto a su cola con aleta lo hacían un nadador más eficiente que los cocodrilos modernos.


Dakosaurus andiniensis. Gasparini et al, 2006.

Cráneo de Dakosaurus andiniensis en el Museo Paleontológico Olsacher de Zapala. Zulma Gasparini junto al cráneo de Dakosaurus. Imagen de Prensa. Reconstrucción del raro cocodrilo jurasico. (*)

Reptil Marino. Todo indica que el Dakosaurus andiniensis es un cocodrilo. Pero se parece muchísimo a un dinosaurio. Por eso lo bautizaron Godzilla. El descubrimiento es tan importante y es tapa del último número de la National Geographic y también sale en la prestigiosa revista Science. Fue descubierto en Pampa Tril, Neuquén, por investigadores argentinos. Lo que se pudo reconstruir a partir del cráneo y las dos mandíbulas encontradas en la Patagonia es que la criatura se remonta a 135 millones de años atrás. La cabeza alta y achatada, como en forma de bala y pocos dientes, es lo que la distingue del resto de los cocodrilos, que tenían hocicos alargados, angostos y mandíbulas dentadas. Fue el resultado del esfuerzo de mucha gente que trabajó más de siete años", dijo Zulma Gasparini, paleontóloga, profesora de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), investigadora del Conicet y líder de "Reptiles marinos Mesozoicos de Argentina", un proyecto que comenzó hace ya casi 30 años. La historia de este "Godzilla" empieza en 1996. Ese año, Sergio y Rafael Cocca, dos técnicos del Museo Olsacher de la Dirección Provincial de Minería de Neuquén, encontraron el cráneo y las mandíbulas en Pampa Tril, una zona montañosa y semiárida pero fértil para los paleontólogos. En la investigación participaron paleontólogos y geólogos, como Diego Pol (actualmente en la Universidad de Ohio), y Luis Spallietti, profesor de la UNLP, investigador del Conicet y encargado de la investigación sedimentológica (estudia las rocas y a las sucesiones de rocas donde están las faunas fósiles). El descubrimiento es importante y tiene impacto a nivel mundial porque hasta ahora no se conocía en ningún lugar del mundo cocodrilos con aspecto de dinosaurio. El cocodrilo no tiene ningún parentesco con los dinosaurios. El hallazgo de esta excepcional asociación de reptiles marinos en el límite Jurásico—Cretácico en la cuenca neuquina permite formular nuevas teorías sobre la continuidad y evolución de estas especies y contradecir hipótesis de extinciones hechas en base a estudios paleontológicos del hemisferio norte. A través del cráneo, de 80 centímetros de largo y 20 de alto, se puede estimar que medía casi cuatro metros de largo. Pero lo más llamativo es su boca, sus dientes, que muestran que era un predador activo que se alimentaba de otros reptiles marinos, pero de los grandes. Y eso es lo que lo hace parecido a los dinosaurios carnívoros. Era un animal marino agresivo, que atacaba rápido a presas grandes, como el tiburón blanco de hoy. El descubrimiento es importante porque demuestra que los cocodrilos en el Mesozoico fueron mucho más diversos de lo que se pensaba. Fue un grupo abundante y exitoso evolutivamente, que ocupó muchos nichos ecológicos que hoy ocupan otras especies, como los mamíferos. La muestra de lo que es un cocodrilo en las especies vivientes es una fracción muy pequeña y empobrecida con respecto a la diversidad de formas que habitaron la tierra, los ríos y el mar durante el Mesozoico. Sobre los cocodrilos marinos del Jurásico, se conocían muchos restos, pero todos de especies con hocico largo y delgado, con numerosos y pequeños dientes. Estas características denotan un rol de pequeño predador, con una dieta de peces pequeños y moluscos, que es la idea que se tenía de los cocodrilos marinos del Jurásico durante los últimos 150 años, desde que se descubrieron y estudiaron en Europa los primeros cocodrilos marinos. El Dakosaurus muestra que también había grandes especies predadoras, dado que éste tenía un hocico corto, alto y robusto, con dientes grandes y aserrados.


Liopleurodon macromerus. Sauvage, 1873

Esqueleto del extraño Liopleurodon del jurasico argentino. (*).  Reconstrucción de Liopleurodon. (*).

Reptil Marino. Liopleurodon significa diente de lado suave y fue el máximo depredador de los mares jurasicos. Este plesiosaurio de mas de 12 metros de longitud, poseía una cabeza de grandes proporciones que contrata con su corto cuello y cuerpo rechoncho. Liopleurodon, estaba totalmente adaptado a la vida acuática, pero es muy probable que visitaran las playas para devorar nidos de otros grandes reptiles y tortugas de menor tamaño. Unas largas series de costillas gastrales, extendida a lo largo del vientre, servia para que Liopleurodon se protegiera cuando se empujaban sobre la playa. Sus fuertes mandíbulas estaban armadas con dientes de respetable tamaño. Fue así que los ictiosaurios ocupaban el rol ecológico de los actuales delfines, y probablemente Liopleurodon, ocupaba el rol ecológico que actualmente ocupan las orcas.  En Argentina, los restos de Liopleurodon, fueron encontrados por la paleontóloga Zulma Gasparini del Museo de La Plata en el Cerro de los Catutos, Provincia de Neuquén, en la Formación Vaca Muerta y Mulichinco del jurasico medio - superior. Liopleurodon ferox. Otros plesiosaurios conocidos son Maresaurus coccai y Criptoclydus, ambos de la Cuenca Neuquina. Del mismo sector de la Cuenca Neuquina, fue recuperado recientemente un cráneo y mandíbulas soldados (2,10 m) de  Liopleurodon ferox, un sector de columna vertebral que incluye a las cervicales y parte de las dorsales (4,60 m), además del miembro anterior derecho. El espécimen está muy bien preservado, y se lo halló apoyado en el sustrato sobre su dorso. La reciente erosión eliminó la sección que contenía desde la región sacra a la caudal. En vida, el animal debió alcanzar entre los 12 y 14 m de largo. El ejemplar aún no ha sido preparado y la espesa capa de sedimento que lo envuelve impide observar caracteres que permitan precisar su determinación taxonómica. Algunos restos dentarios conservan el esmalte, con fuertes estrías como en todos los grandes Pliosauridae y en particular en el gigante Liopleurodon. Sin embargo, la parte anterior del rostro es roma y más ancha que las especies conocidas de Liopleurodon.


Maresaurus coccai. Gasparini, 1997.
   

Cráneo en el Museo Paleontológico Olsacher de Zapala.

Aspecto de  Maresaurus. (*)

Reptil Marino. Es un género extinto de pliosaurio procedente del Jurásico Medio (Bajociano) de lo que ahora es Argentina. La especie tipo, Maresaurus coccai, fue nombrada por Gasparini en 1997. Análisis filogenéticos recientes han encontrado que Maresaurus es un romaleosáurido. Se caracterizaban por tener cuerpos robustos y anchos, cabezas grandes sostenidas por un cuello corto con dientes cónicos enormes que sobresalían en las puntas de sus mandíbulas y cuatro aletas grandes como remos que les daban mucha velocidad en un solo impulso, siendo las aletas posteriores algo mayores que las delanteras, al contrario de los plesiosaurios propiamente dichos. Fueron reemplazados a finales del Cretácico por depredadores más rápidos y mejor adaptados al medio como los mosasaurios. Fue hallado en la Formación Los Molles, en la ciudad de Chacaico - a 70 kms de la ciudad de Zapala.


Pterodaustro guinazui. Bonaparte, 1979,

 

Cráneo y mandíbula del reptil volador del jurasico de San Luís, Pterodaustro guinazui en el amnh. Esqueleto preparado por José L. Gómez en Museo de  Cs Antropológicas y Nat. de La Rioja. Aspecto en vida del reptil volador Pterodaustro guinazui del Jurasico de la Republica Argentina (*).

Reptil Volador. Fue hallado en la formación Lagarcito en la Provincia de San Luis, Argentina, limite Jurasico – Cretácico. La importancia de este reptil volador es que fue el primero para Sudamérica. Otra de las características es que proviene de sedimentos que hace 120 millones de años se depositaron en el fondo de una laguna, la cual se hallaba en el medio del continente, a diferencia de otros Pterosaurios de Europa y Norteamérica que provenían de sedimentos continentales - marinos. El tamaño de esta especie varía mucho. Se han rescatados ejemplares adultos que superaban los 2,5 metros de envergadura y ejemplares notablemente juveniles de 0,25 metros. Así mismo se pudieron colectar algunas improntas de pisadas de este reptil. Lo más notable de este animal era su cráneo. La mandíbula inferior poseía entre 300 y 400 dientes en forma de lámina, los cuales podían filtrar microorganismos acuáticos al igual que las ballenas, y su mandíbula superior carecía de estos. Esto permitió aprovechar las grandes cantidades de crustáceos y otras pequeñas criaturas que viven suspendidas en el agua Una teoría supone que estos reptiles pudieron tener una piel media rosada al igual que los flamencos, ya que ambos comparten la misma dieta y estos últimos adquirieron este tono por los microbios que atrapa en el agua. Fue el primer reptil volador hallado en el hemisferio sur. Pterodaustro tenía una envergadura de 132 cm; su cabeza medía 23 cm de longitud y era muy estrecha con un pico curvado en el extremo. La dieta del animal podría haberle conferido una tonalidad rosada, otro probable rasgo en común con los flamencos de hoy en día; en efecto, Pterodaustro es frecuentemente apodado el "pterosaurio flamenco". Hoy se considera estos restos como del Cretácico medio.


Herbstosaurus pigmaeus. Casamiquela, 1974

Captura de pantalla de fósiles de Herbstosaurus.

Posible aspecto de Herbstosaurus.

Reptil Volador. Su nombre genérico significa "lagarto de Herbts", y fue dado en homenaje al paleobotánico Rafael Herbst, quien halló los restos; el específico, hace referencia al tamaño, ya que se cree que tenía el tamaño de una gallina. Se trata de los restos de un pterosaurio saurópsido pterodactiloide, reptil con alas que podía volar -, que vivió en el Calloviense del Período Jurásico Medio/Superior, hace aproximadamente entre 180 y 170 millones de años. Fue hallado en Picún Leufu, en 1974. En 1969 el paleobotánico argentino Rafael Herbst estando en la provincia de Neuquén en Picun Leufú excavó una pieza de arenisca que contenía un número de huesos desarticulados de un pequeño reptil. Por entonces asumió que la roca databa del Jurásico Medio (Calloviense), hace cerca de 163 millones de años. En 1974/1975 el paleontólogo Rodolfo Magín Casamiquela nombró el hallazgo como un nuevo género. Casamiquela asumió que el nuevo género era un dinosaurio terópodo. Se pensaba que representaba a un celurosaurio similar a Compsognathus perteneciente a la familia Coeluridae y uno de los menores dinosaurios conocidos por aquella época. Se conoce un sacro, elementos pélvicos y ambos fémures. Los huesos dispersos están comprimidos, aplastados por el peso de las capas de roca. Herbstosaurus ha generado un especial interés debido a que probablemente es uno de los pterodactiloides más antiguos conocidos. Sin embargo, más tarde se determinó que había sido hallado en la formación Vaca Muerta del Jurásico Superior.


Puntanipterus globosus. Bonaparte & Sánchez, 1975.

 

Imagen ilustrativa.

 

Posible aspecto de Puntanipterus. (*).

Reptil Volador. Es un género extinto de pterosaurio posiblemente perteneciente a los dsungariptéridos que vivió entre el Jurásico Superior al Cretácico Inferior, siendo hallado en la formación La Cruz de San Luis, Argentina. El nombre del género se refiere a los puntanos, el gentilicio coloquial para los habitantes de la provincia de San Luis, debido al antiguo nombre de su capital, San Luis de la Punta de los Venados, combinándolo con el griego latinizado pteron, "ala". El nombre de la especie significa "esférico" en latín, una referencia a la forma de la parte inferior de la tibia.  Hallado en 1972, un tibiotarso de 105 milímetros de largo y una fíbula. Los restos referidos son una vértebra de la espalda y unas falanges del pie y el ala. Los huesos de la pata fueron descritos como similares a los de Pterodaustro (de rocas algo más recientes), excepto por tener una articulación expandida esférica en el tobillo y unos procesos espinosos en las caras laterales de la tibia en ese extremo. Su determinación como genero valido es aun discutida.


Allkaruen koi. Codorniú et al., 2016.

 

Parte del cráneo del reptil volador Allkaruen koi. Imagen de prensa.

 

Aspecto de Allkaruen koi. Imagen de prensa.

Reptil Volador.  Los fósiles en excelente estado de preservación hallados en Chubut han permitido a los científicos descubrir una nueva especie de pterosaurio del Jurásico Inferior (hace entre 176 y 200 millones de años). Los restos incluyen una caja craneana magníficamente conservada y sin triturar y corresponde a un reptil que volaba como las aves actuales pero hace 170 millones años, y plantean un enigma de la evolución de esa especie. En lengua tehuelche, Allkaruen significa ‘antiguo cerebro’ y koi quiere decir ‘laguna’. El nombre elegido por los investigadores para esta nueva especie de pterosaurio – es decir, un reptil volador – se refiere a dos hechos asociados con su descubrimiento. Primero, que el estado de preservación de sus fósiles permitió estudiar en mayor detalle la anatomía del cerebro de los pterosaurios y su evolución. Y, segundo, que esta especie fue hallada en un ambiente de antiguas lagunas patagónicas. Tenían el cuarto dedo, que vendría a ser el anular, muy alargado porque en él se insertaba la membrana de las alas, similar de alguna forma a la de los murciélagos. Allkaruen koi era relativamente pequeño: la envergadura alar era de aproximadamente un metro y medio, es decir que tenía el tamaño de un ave como una gaviota. Esta especie tenía un hocico muy fino y alargado, con dientes puntiagudos y es muy probable que fuera piscívoro, ya que los ejemplares que se encontraron estaban cerca de depósitos lacustres o zonas costeras. Muchos de los restos de pterosaurios que se conocen están preservados en lajas, es decir en dos dimensiones porque fueron aplastados por los sedimentos que se acumularon sobre ellos. El hallazgo de este reptil volador trajo una sorpresa: el excelente estado de conservación de los fósiles en tres dimensiones, lo que permitió estudiar el cráneo con diferentes tecnologías. Una fue la tomografía computada, con lo cual pudimos reconstruir cómo era la anatomía del cerebro y pudimos comparar cómo eran las diferentes regiones del cerebro y cuán desarrolladas estaban. La anatomía del cerebro de Allkaruen se asemeja a la de las aves vivientes, donde los hemisferios cerebrales están muy expandidos, los bulbos olfatorios son pequeños y los lóbulos ópticos están muy desarrollados, lo cual demuestra que el sentido de la visión era uno de los más importantes para esta especie.


Notobatrachus degiustoi. Reig, 1956.

Laja con restos de Notobatrachus degiustoi en el MEF.

Laja con restos de Notobatrachus degiustoi en el MEF.

Reconstrucción y lajas con fósiles de Notobatrachus. (*).

Anuro. Fueron ranas muy parecidas a los que estamos acostumbrados a observar en nuestros jardines. Fueron descubiertos en la Estancias La Matilde a unos 100 kilómetros al sur de Puerto Deseado en el año 1955 y mas tarde en la Laguna Del Molino (gran bajo de San Julián) de la Provincia de Santa Cruz y su antigüedad es de 120 millones de años. Las especies animales del Jurasico inferior y medio de Patagonia, vivieron en un escenario geográfico con abundante vegetación, con algunos bosques de confieras y en áreas bajas, próximas a grandes ríos o cuerpos de agua de la zona, en un clima con aparente variación estacional. En esa época ocurrieron en Patagonia numerosos episodios volcánicos que han producido la formación de amplios depósitos de rocas eruptivas que se aprecian en toda amplitud en la Provincia de Chubut y Santa Cruz. Por ello es probable que las comunidades animales de esta región hayan sido diezmadas en varias ocasiones y en distintos momentos de su existencia. La características de los sedimentos en general y en la forma en que se encuentran los restos fósiles, hace pensar que ocurrió una mortandad de distintas especies y que fueron transportados y acumulados por una fuerte corriente de agua y lodo fino, eventualmente tras un fenómeno volcánico de magnitud. Hasta ahora se trata de la colección de ranas fósiles mas completas y antiguas del mundo. Otra especie: N. reigi


Condorchelys antiqua. Sterli, 2008.

Caparazón de la tortuga jurasica ilustrativa. (*).

Reconstrucción de Condorchelys antiqua. (*).

Tortuga. La aparición de los grupos modernos de tortugas sería más reciente de lo que se creía.  Desde el año 2001, el doctor Guillermo Rougier, paleontólogo argentino de la Universidad de Louisville, Estados Unidos, ha dirigido en el centro norte de la provincia de Chubut varias campañas de exploración en las cuales se hallaron restos craneanos y postcraneanos (como caparazón y miembros) de un ancestro de las tortugas modernas. Las expediciones recibieron el apoyo del Museo Egidio Feruglio de Trelew (MEF) y el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Los especimenes provienen de rocas depositadas durante 160 y 146 millones de años, es decir, corresponden al Jurásico (200 a 135 millones de años. Los fósiles pertenecen a una nueva especie denominada Condorchelys antiqua. El hecho de que se encuentren restos craneanos y poscraneanos asociados no es común en el registro fósil de las tortugas a nivel mundial, por lo que este hallazgo es de gran importancia, ya que nos aporta muchos datos sobre la anatomía de las tortugas más antiguas. La Condorchelys antiqua posee una anatomía muy particular dado que posee una mezcla de características de tortugas antiguas; pero a su vez, también tiene características de tortugas modernas. El largo aproximado sería de 35 centímetros y fue hallada en rocas que corresponderían a una pequeña laguna. Actualmente, hay dos hipótesis sobre la evolución de las tortugas. Difieren, entre otras cosas, sobre el momento de aparición de los dos grupos de tortugas modernas: las pleurodiras y las criptodiras. Las pleurodiras se caracterizan por retraer el cuello dentro del caparazón en forma lateral, mientras que las criptodiras lo hacen en forma vertical


Neustycemis neuquina. Femandez y de la Fuente, 1993

Neustycemis neuquina de la formación geológica "Vaca Muerta", Museo Paleontológico de Zapala.

Posible aspecto de Neustycemis neuquina.

Tortuga. Se trata de una tortuga marina de talla media que procede de la localidad de Tricanjuera, al norte de la provincia de Neuquén, en la Patagonia Argentina. Sus restos fósiles han sido recuperados de sedimentos marinos, originada durante la ingresion marina del océano pacifico, acaecido durante el denominado ciclo mendociano. Neustycemis neuquina convivió junto a otros reptiles marinos jurasicos como Dakosaurus, Geosaurus y Caypullisaurus. Seguramente se alimentaría de crustáceos, peces, caracoles y medusas. Procede de la formación geológica Vaca Muerte y con una antigüedad de entre 150 a 145 millones de años durante el Jurasico superior.


Notoemys laticentralis.  Cattoi y Freiberg, 1961.

Notoemys laticentralis. Procedencia Cantera Los Ministerios, Formación Vaca Muerta, (Jurasico, Tithoniano) de la Provincia del Neuquén, Argentina. Museo Paleontológico de Zapala. Posible aspecto de Notoemys. (*)

Tortuga.  Las tortugas pleurodiras (tortugas con "cuello de serpiente") se limitan –actualmente-  al hemisferio sur y constituyen en la actualidad tres familias, Chelidae (que incluye las tortugas terrestres de Sur América), Pelomedusidae y Podocnemidae, (tortugas acuáticas que encontramos en ríos y lagos de agua dulce de Suramérica, Australia y este y sur de África) y que constituyen un importante elemento a la hora de entender la historia de la fauna de vertebrados de América del Sur. Las tortugas del suborden Pleurodira se identifican por el método mediante el cual repliegan su cabeza dentro de sus caparazones. En estas tortugas el cuello se dobla en un plano horizontal, introduciendo la cabeza en el espacio existente delante de una de sus dos extremidades anteriores. Una protrusión en la zona frontal del caparazón ayuda a proteger el cuello, que permanece parcialmente expuesto tras la retracción. Este método difiere del empleado por la tortugas del suborden Cryptodira, que esconden su cabeza y cuello entre sus extremidades anteriores, en el interior del propio caparazón. El hallazgo de Notoemys zapatocaensis, sumado a otro hallazgo de tortuga pleurodira jurásica realizado en cuba en el año 2001 y que recibió el nombre de Caribemys oxfordiensis permite plantear una revisión de todo el género Notoemys y sugiere que ambas especies deben entenderse dentro de un género redefinido de Notoemys  y este a su vez debe considerarse como taxón hermano del género Platychelys,  tortuga pleurodira del Jurásico superior de Europa. Queda reconocida pues la importancia de este hallazgo que no solo amplía la distribución geográfica del género Notoemys de Argentina, Cuba y Colombia sino también como ya lo mencionamos antes, en escala de tiempo abarcando desde el Oxfordiense (Jurásico superior – 156 millones de años) al Valanginiense (Cretácico inferior – 135 millones de años). Tiene pies de cinco dedos palmeados que le servían para nadar en los ríos y masas lacustre en las que vivía, pero también le permitían andar por tierra como la mayoría de tortugas de agua dulce. pero tenia el caparazón inusualmente plano y el cuello demasiado largo, lo cual es raro en los pleurodiros. Posiblemente se alimentara de algas y pequeños peces y invertebrados acuáticos.


Sphenocondor gracilis.  Apesteguía et al., 2012

 

Fósil del esfenodonte procesado en el laboratorio. Prensa.   Reptil ilustrado por Jorge A. Gonzalez.

Reptil, Esfenodonte. Un esfenodonte de 150 millones de años de antigüedad fue encontrado en el Cerro Cóndor, sobre el valle del río Chubut. Medía unos 15 centímetros y poseía una mandíbula fina que hace imaginar que se alimentaba de insectos. En el tiempo en el que vivió este reptil, el mundo era muy distinto. Solamente habían dos grandes continentes. Uno de ellos, llamado Gondwana, estaba en el hemisferio sur y estaba compuesto por las tierras que actualmente corresponden a Sudamérica, África, la Antártida, la India, Nueva Zelanda y Australia. El doctor Sebastián Apesteguía, director del Área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara (CEBBAD-CONICET-Universidad Maimónides), comentó que una de las importancias de este hallazgo es que “ayuda a entender los ambientes del mundo Jurásico y refuerza la teoría de que había un gran desierto que se extendía en el centro de Gondwana”. Para comparar las características de esta especie nueva encontrada en Chubut con los otros esfenodontes descritos en todo el mundo, Apesteguía trabajó junto a los investigadores Raúl Gómez del Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA y Guillermo Rougier, quien se desempeña en la Universidad de Louisville, en EE.UU. Así, llegaron a una conclusión reveladora. “Es interesante que el esfenodonte más semejante al encontrado por nosotros es uno de la India, que hace 150 millones de años no estaba muy lejos de la Patagonia”, mencionó Apesteguía. Y agregó: “Ambos sitios estaban al sur del enorme desierto que se extendía en el centro de Gondwana, lo que indica que esa zona árida funcionaba como separador de faunas, por lo que en el norte y sur se desarrollaban formas distintas”. Otra importancia de este descubrimiento es que este pequeño reptil, que pudo haber alcanzado los 15 centímetros, constituye la primera evidencia de un esfelodonte en América del Sur durante el Jurásico, un período que se extendió desde los 195 y los 150 millones de años de antigüedad. En los últimos diez años, en la localidad fosilífera de cerro Cóndor, se encontraron gran cantidad de animales de porte reducido, como ranas, tortugas, dinosaurios pequeños, reptiles voladores, mamíferos y, ahora, este pariente de los lagartos. Otra especie conocida; Priosphenodon avelasi.


Asfaltomylos patagónico.  Rauhut, Martin, Ortiz-Jaureguizar & Puerta, 2002.

Pequeña rama mandibular del primer mamífero jurasico del hemisferio sur. (*). Aspecto en vida del Asfaltomylos patagonico, un primitivo mamífero sudamericano. (*).

Mamífero primitivo. Era un pequeño animal del tamaño de un roedor, hallado por el  Museo Paleontológico Egidio Feruglio, de Trelew, se desenterró a siete kilómetros al oeste del pueblo de Cerro Cóndor, Chubut, los restos de la mandíbula de este diminuto animal que vivió durante el Jurasico, convirtiéndose en el primer mamífero jurasico de Sudamérica. Nuestro entendimiento de la evolución de los mamíferos de la era Mesozoica, se basa casi exclusivamente en fósiles del hemisferio norte; por lo tanto, todo nuevo hallazgo en el hemisferio sur frecuentemente resulta en sorpresa. Esta vez, la sorpresa reside en los tres molares de la mandíbula del Asfaltomylos que presentan una estructura mucho más moderna que la de sus contemporáneos (mamíferos y reptiles) del hemisferio norte. El hallazgo brinda sustento a la teoría que afirma que "los mamíferos del hemisferio sur representan una línea evolutiva independiente de la evolución de los mamíferos modernos en el hemisferio norte", no sería entonces un ancestro de los mamíferos modernos, sino de los monotremas, una primitiva familia de mamíferos, como el equidna, cuya peculiaridad es que sus integrantes ponen huevos. "Esta es una contribución relevante en lo que hace a la información de la distribución mundial de los primitivos mamíferos. Al permitir desmenuzar la comida, podían comer no sólo insectos sino también plantas." Lo curioso es que estas cualidades dentarias sólo fueron alcanzadas por los mamíferos del hemisferio norte cuarenta millones de años después.


Ameghinichnus patagonicus. Casamiquela 1961.

El técnico Pablo Puerta trabajando en el yacimiento. Detalles de las huellas exhibidas en el MACN de Buenos Aires y reconstrucción de Ameghinichnus por el paleoartista Jorge González.

Mamífero primitivo. Fue un pequeño y veloz mamífero jurasico con manos y pies de solo un centímetro de diámetro, ambas provistas de cinco dedos. Ameghinichnus cuando corría, anteponía las patas a las manos al igual que las liebres actuales. Lo único que se conoce por ahora a esta singular especie, es una amplia colección de huellas, también llamadas icnitas,  que proceden del noroeste de la Provincia de Chubut, en las inmediaciones del famoso bosque petrificado de Jaramillo. Aquí existe un extraordinario yacimiento de huellas fósiles de pequeños dinosaurios, mamíferos y escarabajos. Las improntas se encuentran perfectamente conservadas en areniscas de la Formación geológica La Matilde, correspondientes al Jurasico superior.


Tharrias feruglioi. Bordas 1943.

Fósil de Tharrias sp. (*).

Pez  semionotido de Sierras Las Quijadas, provincia de San Luís. (*).

Pez Teleosteo (*).

Peces. Durante el Jurásico ocurrieron dos de las radiaciones más importantes de vertebrados pisciformes: la de los Neoselachii y la de los Teleostei. De hecho, se constituyó en un momento de diversificación y origen de muchos de los grandes grupos actuales Descubiertos en las proximidades de Cerro Cóndor en el Rió Chubut, Argentina. Hubo una gran actividad volcánica durante el Jurasico, donde se pueden hallar miles de fósiles de peces Teleósteos fosilizados que vivieron en un antiguo lago, los cuales repentinamente quedaron sepultados por varias toneladas de cenizas volcánicas que cayeron al agua. Las improntas perfectamente conservadas de estos animales permiten comprobar las similitudes que poseen con las formas actuales, a pesar de un intervalo de 150 millones de años que han transcurrido desde que murieron en estas regiones de Patagonia y Cuyo. Aparentemente estas formas de peces fueron tan exitosas en su poder adaptativo en el medio ambiente que no tuvieron que codificar su biología a lo largo de varios millones de años hasta la actualidad, manteniendo la estabilidad de sus genes, preservando  formas y tamaños a pesar de las miles de generaciones que pasaron por este tiempo. La especie destacada entre otras es Tharrias feruglioi, incluido entre los peces teleósteos (Teleostei) son una de las tres infraclases de la clase Actinopterygii de peces óseos. Agrupa a peces de esqueleto óseo con vértebras completas y bicóncavas, cola homocerca, escamas cicloideas o ctenoideas, y vejiga natatoria habitualmente presente. Carecen de espiráculos, sus corazones están provistos de un bulbo aórtico que depende de la misma aorta y sus intestinos no tienen válvula espiral. En este grupo se integran la mayoría de peces comunes. Por otro lado, en Argentina, los peces marinos jurásicos se encuentran representados en localidades de las provincias de Mendoza y Neuquén emplazadas dentro de la Cuenca Neuquina en dos formaciones (Picún Leufú y Vaca Muerta). Los peces hallados fueron estudiados preliminarmente por Dolgopol de Saez, quien distinguió nuevas especies fundadas en material pobremente preservado. Estas designaciones fueron cuestionadas posteriormente. Actualmente, nuevos materiales han sido colectados. Entre los que se pueden mencionar osteictios (teleósteos, catúridos, paquicórmidos, semionótidos, aspidorrínquidos y posibles celacántidos) y condrictios (batomorfos e hidodóntidos).


Leptolepis argentinus. Dolgopol, 1939.

Leptolepis sp exhibido en el Museo de La Plata.

Fósiles posiblemente de Leptolepis en el Museo Municipal de Miramar.

Leptolepis sp exhibido en el Museo de La Plata.

Peces.  Es un género extinto de peces teleósteos que vivieron desde el Jurásico Medio hasta el Cretácico Temprano. El género es uno de los primeros géneros teleósteo reconocido. Leptolepis era de unos 30 centímetros de largo, y se parecía a un arenque moderno, aunque no era un pariente cercano de esos peces. Fue el primer pez con un verdadero esqueleto. Algunos géneros anterior tales como Pholidophorus tenía esqueletos compuestas de hueso y cartílago. Otro desarrollo moderno en Leptolepis eran sus escamas, que carecían de la cobertura y que estaba presente en géneros anterior. Estos dos desarrollos permitían una natación más fácil, como la columna vertebral ósea era más resistente a la presión causada por los movimientos. Leptolepis vivió en las escuelas que proporcionarían una cierta protección contra los depredadores, mientras que las criaturas alimentan de plancton de la superficie. Otro pez, Pelagosaurus era un depredador conocido del genero Leptolepis, ya que se encontró restos del mismo en su estómago. Se cree que se alimenta de peces contemporáneos y pequeños invertebrados. Otras especies conocidas; Leptolepis australis, Leptolepis patagonicus, Placopleurus primus, Leptolepis dubius y Leptolepis opercularis.


Andiceras planulatus. Vennari,

El técnico Mariano Magnussen Saffer  en el Museo de La Plata, junto a Parapuzosia semperadensis, anmonite mas grande del mundo, hallado en Alemania. Al lado, Anmonite común de 8 cm de diámetro y aspecto en vida de un Anmonite del Jurasico (*).

Emileia multiforme, Jurasico del Cerro Lotena, sur de Neuquén. Museo Paleontológico de Zapala.

Moldes de Anmonites del Jurasico de Vaca Muerta, Prov. de Neuquén. Museo Paleontológico de Bariloche.

Neuqueniceras Sp. procedente de la formación Las Lajas en Chacay Melehue. Museo de Zapala.

Cefalópodo. Son unos de los fósiles mas populares de Patagonia. Se tratan de moluscos marinos evolucionados de conchilla univalva constituida por cámaras. En vida se los podían ver sobresaliendo de sus corazas y se parecían a los pulpos, con largos tentáculos que posibilitaban sus movimientos y obtener su comida. Los había de todos los tamaños y formas, desde muy pequeños hasta de 1.70 metros de diámetros. Eran muy abundantes al igual que los peces y seguro que fueron el alimento principal de los grandes reptiles marinos como los Plesiosaurios o los Ictiosaurios. Ejemplares asignados a esta especie han sido recuperados de la porción más alta de la Formación Vaca Muerta y de los primeros niveles de la Formación Chachao (Grupo Mendoza) en la localidad Real de las Coloradas, al norte de la Laguna del Diamante, provincia de Mendoza. A pesar de su abundancia se extinguieron durante el final del Cretácico, hace 65 millones de años. Algunos de sorprendente tamaño fueron rescatados recientemente en el Cretácico (Ver Guía Periodo Cretacico) en el sector antartico Argentino. El género Andiceras Krantz incluye cinco especies: Andiceras trigonostomum Krantz, Andiceras acuticostum Krantz, Andiceras theodorii (Steuer, non Oppel), Andiceras fallax (Steuer) y el recientemente descripto, Andiceras planulatus Vennari. Hasta el momento sólo se conocen registros de estas especies en Argentina, por lo que se le atribuye al género una distribución endémica para la región andina.


Equisetum thermale. Channing, Zamuner, Edwards, & Guido, 2011.

 

Anatomía y morfología de los tallos de Equisetum thermale. 10, 14, 15 secciones longitudinales. (*).

 

Reconstrucción del aspecto en vida de Equisetum thermale. (*).

Paleobotanica. En la zona central del Macizo del Deseado, Provincia de Santa Cruz, en Argentina, un equipo internacional de investigadores encontró un fósil que pertenece a una especie vegetal que no se conocía y que vivió en condiciones extremas hace 150 millones de años en regiones geotermales. Los resultados del trabajo fueron publicados en la edición de abril de la revista científica American Journal of Botany. “El nombre de la nueva especie fósil, Equisetum thermale,  refleja el lugar donde ha vivido esta planta tan particular. En el Jurásico, en lo que hoy conocemos como la provincia de Santa Cruz, existía un ambiente volcánico muy activo, con geysers como los que vemos hoy en los documentales de Yellowstone, en los Estados Unidos. En ese mismo ambiente,  denominado  geotermal, es donde vivía esta especie de Equisetum”, explicó a la Agencia CyTA uno de los autores del trabajo, el doctor Diego Guido, investigador del CONICET y profesor de Geología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Equisetum thermale pertenece a un grupo de plantas denominado equisetopsida. En la actualidad está representado por un único genero Equisetum que incluye a 15 especies que  habitan en distintos puntos del planeta, explica otra de las autoras del estudio, la doctora  Alba Zamuner, investigadora del CONICET y profesora de Paleobotánica de la UNLP. “Estas plantas, también llamadas articuladas, presentan su tallo diferenciado en nudos –con verticilos de ramas y hojas reducidas- y entrenudos con costillas marcadas. Se usan frecuentemente en la medicina herborística por lo que son populares –con el nombre de cola de caballo- para preparar tizanas (infusión de la medicina alternativa). Estas plantas acumulan mucho sílice en forma natural, y otra de sus aplicaciones es para pulir plata -por lo que es llamada yerba de platero-”, indica la investigadora del CONICET. Y agrega: “Este grupo es sumamente antiguo, sus inicios se remontan a los 380 millones de años en la era Paleozoica.”


Austrohamia minuta. Escapa et al.2008.

Paleobotanica. Vivieron hace unos 170 millones de años. Fueron descubiertos una década atrás, descriptos en 2008, y todavía hoy son noticia. Se trata de los fósiles del familiar más antiguo de los cipreses, encontrados en un yacimiento en Cerro Bayo, cerca de la localidad chubutense de Gastre. Su hallazgo sorprendió a la comunidad científica paleobotánica -estudiosos de los vegetales del pasado- por su magnífico estado de conservación. Cuando se topó con este descubrimiento, el equipo de científicos del Museo Paleontológico “Egidio Feruglio” (MEF) en Trelew, Chubut, estaba en realidad buscando restos de dinosaurios. Por eso, los fósiles quedaron guardados en la institución hasta que el investigador del CONICET Ignacio Escapa los tomó como objeto de estudio. “Las plantas fósiles estuvieron archivadas desde su hallazgo, alrededor del año 2000, hasta que comencé el análisis para mi doctorado. Y ahí se descubrió que era un nuevo género de la familia Cupresaceae”, explica Escapa en referencia a las hojas y conos (piñas) fosilizados a los que bautizaron Austrohamia. “Muchas características nos aseguraban que se trataba de una conífera, como son las araucarias o pinos, y particularmente una cupresácea, como los cipreses, pero otras tantas nos mostraban que el hallazgo no coincidía con ningún género conocido, por eso definimos uno nuevo”, relata Escapa. El nombre completo de la especie es Austrohamia minuta, debido al minúsculo tamaño de los conos encontrados, que miden apenas 2 milímetros y de los que aparecieron ejemplares masculinos, que contienen polen, y femeninos, con semillas. Desde el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Josefina Bodnar, bióloga y becaria del CONICET, colabora con Escapa en el estudio de otro descubrimiento en el mismo paleobosque: troncos petrificados que probablemente correspondan a Austrohamia minuta. En marzo de este año, los investigadores encontraron troncos de dos tipos: algunos caídos, de hasta un metro de longitud; y otros cuyo hallazgo es más raro, puesto que están parados, aunque sólo conservan la base y raíces, como si estuvieran cortados al ras del suelo. En todos los casos, el diámetro ronda los 40-70 centímetros. “Por sus características sabemos que se trataba de una conífera. Ahora las láminas de corte se están analizando en microscopio óptico y electrónico”, cuenta Bodnar, y explica que, por lo que se infiere, los árboles llegaron a medir unos 20 metros.


Araucaria mirabilis. Windhausen, 1924.

 

 

Bosque petrificado en la Provincia de Santa Cruz, Argentina. (*). Piñas fosilizadas de Araucaria Mirabilis sp. Museo de Mendoza. Aspecto de  un fragmento de piña, donde se observan las semillas. (*).

Paleobotanica. Es una especie extinta de árboles de coníferas de la Patagonia, Argentina. Pertenece a la sección Bunya (la única especie viva de los cuales es Araucaria bidwillii de Australia) del género Araucaria. Se conocen a partir de grandes cantidades de madera y conos silicificada muy bien conservado desde el Cerro Cuadrado Bosque Petrificado, incluidos los troncos de árboles que llegaron a 100 metros de altura en la vida. El sitio fue sepultado por una erupción volcánica durante el Jurásico Medio, hace aproximadamente 160 millones de años. Los fósiles de Araucaria mirabilis se encuentran en gran abundancia en el Bosque Petrificado Cerro Cuadrado de la Patagonia, Argentina. Los bosques petrificados de A. mirabilis fueron descubiertos por primera vez en 1919 por el botánico alemán-argentino Anselmo Windhausen. Durante el jurasico gran parte de Patagonia fue afectada por la actividad volcánica, con resultados dramáticos para los vegetales de la región, sobre todo los árboles. El Bosque Petrificado se encuentra en la localidad fosilífera del Cerro Madre e Hija y Cerro Cuadrado en la Provincia de Santa Cruz, Argentina. Es considerado una maravilla natural y sin dudas es el bosque fosilizado mas grande el mundo, no solo por la superficie que abarca, sino también por los enormes árboles que se encuentran preservados allí. Algunos de los trocos que se pueden observar in-situ tienen un espesor de 2,5 metros en la base y unos 100 metros de largo. Toda esta área, estuvo poblada de enormes confieras. Hace 150 millones de años este sector del continente tuvo como protagonista varios fenómenos volcánicos de gran intensidad, los cuales arrojaron lava y expulsaban miles de toneladas de cenizas ardientes que sepultaron un gran sector de Patagonia austral. Un relevamiento realizado hace unos años por investigadores argentinos sobre los individuos petrificados del bosque Jurasico mostró la orientación preferencial de las muestras de estudio en sentido Este - Oeste. Una de las hipótesis para explicar la caída de los árboles en esta dirección esta dada por grandes eventos volcánicos que originaron vientos huracanados y produjeron la caída de los troncos hacia la misma dirección. Este fenómeno produjo la petrificación de los grandes árboles que volteo. El proceso de petrificación consiste principalmente en la sustitución de materia orgánica basadas en el elemento carbono (prácticamente molécula por molécula), por moléculas de origen inorgánico. En otras palabras se produjo la silidificación. El resultado de la petrificación es perfecta, ya que nos permite observar todos los detalles del árbol e incluso las formas microscópicas que posee, como por ejemplo se pueden ver los anillos de crecimiento, la corteza, cicatrices de las ramas e incluso las piñas que tenían estos árboles, que, al partirlas al medio podemos observar detalles íntimos como los óvulos e embriones. El hecho de que hayan quedado sepultadas rápidamente por las cenizas, optimizo la fosilización, y no como en la mayoría de los casos, que la materia orgánica se descomponía a la intemperie.


Otozamites ameghinoi.  Kurtz, 1902.    

Paleobotanica.  Eran plantas Bennetitales que evolucionaron en el Jurasico de Patagonia y guardaban ciertas semejanzas con las palmeras, pero median de uno a dos metros de alto. Poco tiempo después este grupo de plantas desapareció de la superficie terrestre  sin dejar representantes vivientes. El hallazgo de restos de polen de esta y otras especies fueron realizadas en la Cuenca Neuquina, en el margen del arroyo Lapa, en sedimentos que indicarían que la región estuvo bajo agua, y cuyos restos microscópicos quedaron preservados en las orillas de las playas existentes en aquel periodo, las cuales pertenecían a vegetación costera del territorio. Se hace imposible pensar que algo tan pequeño como el polen sea tan duradero y que pueda resistir a lo largo de millones de años. Un genero conocido es Zamites. En nuestra Patagonia formaron comunidades muy numerosas que convivieron con coníferas y helechos en zonas llanas y abiertas (sabanas). Sus hojas eran grandes, con láminas enteras o divididas en foliolos alargados, dispuestas en el extremo superior del tronco formando una corona. Los órganos reproductores se encontraban dentro de conos semejantes a flores insertas entre las bases foliares. Existieron distintos géneros de Bennetitales que se diferenciaron fundamentalmente por la forma de sus hojas. En Patagonia, los géneros más representativos fueron Zamites, Otozamites, Dictvozamites, Pterophyllum y Ptilophyllum.


Ginkgomyeloxylon tanzanii.   Giraud and. Hankel. 1986

 

Fósiles botánicos de la Formación la Matilde (jurasico) de la provincia de Santa Cruz, Argentina.

Paleobotanica.  Están representados en la actualidad por una sola especie, Ginkgo biloba, ampliamente cultivada en todo el mundo. Son y fueron vegetales arbóreos con hojas características por su forma como abanico y con las venas divididas en horqueta (dicotómicas). Son dioicas, es decir órganos sexuales están en individuos separados, los poliníferos en los masculinos y los ovulíferos en los femeninos. Durante el periodo Jurasico gran parte de la Patagonia Argentina se diversificaron los gimnospermas. Un grupo de ellos y que en la actualidad tienen un represéntate considerado "fósil viviente" posee hojas iguales a sus parientes primitivos. Es asombroso que este tipo de árbol pudo sobrevivir durante 200 millones de años, a pesar de los dramáticos cambios geográficos y ambientales que sufrió Sudamérica. Es interesante destacar que en Patagonia encontramos también formas paleozoicas con fructificaciones que han sido referidas al grupo como posible stock ancestral de los linajes mesozoicos.


Paraucaria patagonica.  Wieland, 2010.

Troncos gigantes de Araucaria mirabilis y Paraucaria patagonica del Jurasico del Bosque de Jaramillo. (*).

Paleobotanica. Los alrededores de Puerto Deseado y, en general, la geografía de la Patagonia no fueron siempre como son ahora. Hubo un tiempo en que el clima en la región era templado. No existía la cordillera de los Andes, por lo que los vientos humedecidos del Océano Pacífico llegaban sin obstáculos a la zona. Bajo estas condiciones, el suelo florecía, poblándose de bosques de coníferas. Pero entonces, hace 150 millones de años ocurrió un cambio: comenzaron a soplar fuertes vientos, y la actividad volcánica se intensificó. Los árboles no resistieron y se cayeron, cubriéndose de la ceniza volcánica que reinaba. La lluvia de silicio penetró y reemplazó el tejido vegetal por minera. Y nada volvió a ser igual. La región se convirtió en lo que es hoy: un lugar árido, ventoso y con poca vegetación, casi desértico. Pero de aquellos tiempos quedaron testimonios. El Bosque Petrificado de Jaramillo, en el norte de Santa Cruz, y a 256 kilómetros de Puerto Deseado, es uno de ellos. El lugar es, literalmente, un bosque. Sus troncos, ya de piedra, están derribados, pero sus raíces están en el mismo lugar en donde transcurrieron sus vidas. El sitio es impactante, y está considerado uno de los yacimientos fósiles más importantes del país. Se encuentran los árboles petrificados más grandes del mundo: algunos ejemplares miden 35 metros de longitud (sin contar partes enterradas, ramas menores y copa) y 3 metros como diámetro mayor. Hasta el momento de petrificarse contaban con 1.000 años de edad.


(*) Imagen de autor u origen desconocido. Ver sobre nuestras Políticas de uso de imágenes.

Bibliografía Sugerida.

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Sterli, J. 2008. A new, nearly complete stem turtle from the Jurassic of South America with implications for turtle evolution. Biology Letters 4: 286-289.

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