Fósiles del Paleoceno de Argentina: Fosiles de Animales Prehistoricos. PaleoArgentina Web.
 
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Fósiles del Paleoceno de Argentina:

Este Periodo/Epoca comprende entre 65 a 56 millones de años atrás, el cual se encuentra dividido en cuatro edades (reconocido por los Paleontólogos como Edad Mamífero). 

Vista general del sitio Punta Peligro en Chubut. rico en material paleontológico del Paleoceno.

El Paleoceno de Sudamérica se divide en varias edades mamífero, definidas a partir de asociaciones fósiles características. La edad Tiupampense abarca aproximadamente entre 64,5 y 63 millones de años atrás. Le sigue la edad Peligrense, cuya antigüedad se estima entre 62,5 y 61,1 millones de años, y cuyos sedimentos afloran principalmente en la región del Golfo San Jorge, en la provincia de Chubut, Argentina. Posteriormente se reconoce la edad Itaboraiense, desarrollada entre 59 y 57,5 millones de años atrás. Finalmente, la edad Riochiquense comprende un intervalo entre 57 y 55,5 millones de años. Sus sedimentos se encuentran expuestos en la zona de Río Chico, también en la provincia de Chubut, donde se han descubierto numerosos fósiles de mamíferos, especialmente ungulados sudamericanos primitivos. Uno de los acontecimientos geológicos más importantes de este período fue el prolongado aislamiento de Sudamérica. Durante gran parte del Paleoceno y el Eoceno, el continente permaneció separado de las demás masas continentales durante aproximadamente 55 millones de años. Esta situación favoreció la evolución independiente de numerosos grupos de vertebrados, originando formas únicas que no se registran en ninguna otra región del planeta. Como consecuencia, Sudamérica desarrolló una de las faunas más particulares de la historia geológica. Las condiciones ambientales del Paleoceno fueron generalmente favorables para el desarrollo de la vida.

El clima era cálido y húmedo, con abundantes precipitaciones y una leve estacionalidad. La vegetación se encontraba ampliamente desarrollada y estaba compuesta por extensos bosques subtropicales, áreas de sabanas arboladas y una gran diversidad de plantas adaptadas a ambientes húmedos. El relieve presentaba suaves pendientes y amplias llanuras atravesadas por numerosos cursos y cuerpos de agua poco profundos, algunos de los cuales podrían haber correspondido a lagunas, estuarios o ambientes costeros de baja energía. La cordillera de los Andes apenas comenzaba su proceso de elevación y todavía no constituía la gran barrera climática que representa en la actualidad. En la Patagonia predominaban condiciones cálidas subtropicales. El paisaje estaba dominado por extensos bosques donde prosperaban muchos de los grupos vegetales heredados del Cretácico. Al mismo tiempo, las angiospermas o plantas con flores, que habían surgido y se diversificado durante el período anterior, comenzaron a expandirse rápidamente, transformándose en uno de los componentes más importantes de los ecosistemas terrestres paleocenos.<<< Principales sitios fosilíferos de Argentina.


Conflicto antarcticus. Tambussi, C. et al. 2019.

Vista del cráneo y pico articulado de Conflicto antarcticus, del Paleoceno temprano. Restos fósiles varios de Conflicto antarcticus, hallado en la Antártica Argentina. Reconstrucción en vida. Por  H. Santiago Druetta.

Ave. El estudio de un fósil hallado en la Antártida permitió a los científicos inferir que el característico pico filtrador de los anseriformes apareció muy tempranamente en la evolución de este grupo de aves. En 2007, investigadores del Instituto Antártico Argentino descubrieron en la isla Marambio, al noreste de la Península Antártica, el esqueleto casi completo de una nueva especie de ave que vivió hace aproximadamente 65 millones de años, durante el Paleoceno temprano. Tras varios años de preparación y análisis, el hallazgo fue dado a conocer en el Zoological Journal of the Linnean Society. Los estudios determinaron que el ejemplar corresponde a un nuevo género y especie basal de Anseriformes, el grupo que actualmente incluye a patos, gansos y cisnes. Debido a la compleja combinación de características anatómicas que dificultó establecer con precisión sus relaciones evolutivas, la nueva especie fue denominada Conflicto antarcticus. Los anseriformes modernos habitan principalmente ambientes acuáticos y constituyen uno de los grupos de aves más exitosos y diversificados del planeta. A diferencia de muchas otras aves acuáticas, que suelen alimentarse de peces u otros animales, los anseriformes consumen principalmente plantas acuáticas y pequeños invertebrados. Para ello poseen laminillas en el pico que funcionan como un sistema de filtrado, permitiéndoles separar el alimento del agua y del sedimento. El excepcional estado de preservación del fósil permitió conocer numerosos aspectos de la biología de Conflicto antarcticus. La forma y proporciones de los huesos pectorales y de las alas indican que era un ave capaz de volar. Aunque no se recuperaron los tarsometatarsos ni las falanges de las patas, los restos conservados sugieren que poseía miembros posteriores largos y estilizados. Su aspecto general difería notablemente del de los patos y gansos actuales. Presentaba un cuerpo esbelto, con extremidades alargadas que recuerdan a las de los flamencos, mientras que el cráneo mostraba similitudes con el de los patos, aunque con un pico más estrecho y delicado. Esta singular combinación de rasgos convierte a Conflicto antarcticus en una de las aves más peculiares conocidas del Paleoceno. Debido a la extraordinaria integridad del esqueleto, Conflicto antarcticus constituye probablemente el registro más completo e importante de un ave no marina del Paleoceno hallado en el hemisferio sur. Además, aporta información fundamental sobre la temprana diversificación de las aves modernas tras la extinción de los dinosaurios. Las evidencias sedimentológicas y los fósiles asociados indican que habitó una Antártida muy diferente de la actual: un territorio cubierto por bosques templados y húmedos, con abundante vegetación y una temperatura media anual estimada entre 9 y 15 °C. Este ambiente cálido permitió el desarrollo de una fauna diversa mucho antes de que el continente quedara cubierto por los hielos que hoy lo caracterizan.


Monotrematum sudamericanum. Pascual, 1992. 

Cráneo de Ornitorrinco del Paleoceno de Australia.

Molar de Monotrematum, procedente de Patagonia. (*) Reconstrucción de Monotrematum. (*)

Mamífero Monotrema. Es uno de los mamíferos más singulares hallados en Sudamérica, ya que constituye el primer y, hasta el momento, único monotrema fósil descubierto fuera de Oceanía. Sus restos fueron encontrados en 1992 por un equipo de investigadores del Museo de La Plata encabezado por el paleontólogo Rosendo Pascual, en los sedimentos paleocenos de Punta Peligro, provincia de Chubut, Argentina. Su antigüedad se estima en aproximadamente 62 millones de años. El hallazgo fósil consiste en dos dientes de la mandíbula inferior y uno de la superior, pertenecientes a un animal estrechamente relacionado con el actual ornitorrinco. Aunque los restos recuperados son escasos, las características de sus molares permitieron identificarlo como un representante de los monotremas, el grupo de mamíferos que, a diferencia de los marsupiales y placentarios, se reproducen mediante huevos. Las coronas molares presentan una notable semejanza con las del género australiano Obdurodon, especialmente por sus cúspides organizadas en dos lóbulos con forma de V. Sin embargo, los dientes de Monotrematum son considerablemente más grandes, casi el doble del tamaño de los conocidos para Obdurodon, además de pertenecer a un período mucho más antiguo. Estas diferencias justificaron su asignación a un género propio. Debido a la escasez del material fósil, resulta imposible reconstruir con exactitud su aspecto. No obstante, los científicos suponen que habría tenido una apariencia semejante a la del actual Ornitorrinco, con hábitos probablemente asociados a ambientes acuáticos o semiacuáticos, donde se alimentaría de pequeños invertebrados y otros organismos acuáticos. La presencia de un monotrema en la Patagonia constituye una evidencia extraordinaria de las conexiones biogeográficas que existieron entre Sudamérica, la Antártida y Australia durante el final del Cretácico y el inicio del Paleógeno. En aquella época, estos continentes formaban parte del antiguo supercontinente Gondwana y estaban unidos por masas terrestres que permitían el intercambio de fauna. El clima era mucho más cálido que el actual, favoreciendo la dispersión de numerosos grupos animales entre regiones hoy completamente separadas. El descubrimiento de Monotrematum sudamericanum demostró que los monotremas tuvieron una distribución geográfica mucho más amplia de la que se creía, convirtiéndose en una pieza clave para comprender la evolución temprana de los mamíferos y la historia biogeográfica de los continentes australes.


Escribania chubutensis. Bonaparte, Van Valen & Kramarz, 1993

 

Fragmento mandibular de Escribania chubutensis. (*)

  Aspecto de  Escribania chubutensis.  (*)

Mamífero Placentario. Fue un mamífero placentario perteneciente a la familia Didolodontidae, cuyos principales hallazgos proceden de distintas localidades de Argentina, especialmente de la Patagonia, así como de Brasil. Vivió durante el Paleoceno y el Eoceno temprano, hace aproximadamente entre 60 y 50 millones de años, cuando Sudamérica era un continente aislado y desarrollaba una fauna de mamíferos única en el mundo. Escribania chubutensis fue un pequeño mamífero ungulado sudamericano que alcanzaba alrededor de 60 centímetros de longitud, aunque la escasez de restos fósiles dificulta conocer con precisión su tamaño y aspecto. Su estructura craneana y dentaria presenta ciertas semejanzas con la de algunos roedores, aunque no estaba emparentado con ellos. Poseía una dentición de coronas bajas, adaptada al consumo de hojas tiernas, brotes, frutos y otros vegetales blandos. Probablemente habitaba ambientes boscosos y húmedos, desplazándose entre la vegetación baja en busca de alimento. Sus extremidades sugieren que era un animal ágil y corredor, capaz de escapar rápidamente de los depredadores de la época. La importancia de Escribania radica en que forma parte de uno de los grupos más primitivos de mamíferos ungulados de Sudamérica. Algunos investigadores consideran a los didolodóntidos como posibles ancestros de los litopternos, mientras que otros los ubican dentro de los llamados condilartros, un grupo parafilético de mamíferos arcaicos. En cualquier caso, estos animales representan una etapa fundamental en la evolución de los grandes mamíferos herbívoros que dominarían los ecosistemas sudamericanos durante gran parte de la Era Cenozoica.


Sudamerica ameghinoi. Scillato-Yané, G.J. & Pascual. 1884.

Fragmento mandibular de Sudamerica ameghinoi. (*)

Sudamerica ameghinoi. La falta de fósiles mas completos generan dudas sobre su fisonomía.(*)

Mamífero monotrema. Los mamíferos marsupiales y los denominados “ungulados” nativos del Terciario sudamericano constituyen algunos de los mejores ejemplos de evolución en aislamiento geográfico. Durante millones de años, la separación de Sudamérica del resto de los continentes favoreció la aparición de formas únicas y la evolución convergente de numerosos caracteres adaptativos. El descubrimiento de fósiles más completos de Sudamerica ameghinoi permitió ampliar significativamente el conocimiento sobre este enigmático mamífero y aportó información valiosa para comprender las relaciones evolutivas de diversos grupos de mamíferos australes. Al igual que otros mamíferos fósiles sudamericanos, este taxón ha contribuido a esclarecer aspectos fundamentales de la historia evolutiva de Gondwana. El paleontólogo Rosendo Pascual dedicó gran parte de su carrera al estudio de los mamíferos del Mesozoico y del Terciario de Sudamérica. Junto con investigadores del Museo de La Plata describió los restos de Sudamerica ameghinoi, un mamífero primitivo perteneciente al grupo de los gondwanaterios, un linaje exclusivo de los continentes australes que tuvo una larga historia evolutiva en Gondwana. Los primeros restos de esta especie fueron descubiertos en Punta Peligro, provincia de Chubut, Argentina, en sedimentos del Paleoceno temprano, poco después de la extinción de los dinosaurios. La especie fue nombrada en 1984 por Scillato-Yané y Rosendo Pascual en homenaje a Florentino Ameghino. Posteriormente, en 1999, se halló una mandíbula inferior casi completa que aportó nuevos datos sobre su anatomía y permitió una mejor interpretación de sus afinidades evolutivas. En los mismos niveles fosilíferos donde se encontró Sudamerica ameghinoi apareció también un hallazgo excepcional: dientes pertenecientes a Monotrematum sudamericanum, el primer monotrema conocido fuera de Oceanía. Este descubrimiento constituyó una evidencia fundamental de las antiguas conexiones biogeográficas entre Sudamérica, la Antártida y Australia. A pesar de los importantes avances realizados durante las últimas décadas, la posición filogenética de los gondwanaterios dentro de la clase Mammalia continúa siendo motivo de debate. Sus peculiares características anatómicas los convierten en uno de los grupos más enigmáticos de mamíferos fósiles conocidos, y su estudio sigue aportando información clave para comprender la evolución temprana de los mamíferos en los continentes del hemisferio sur.


Epidolops ameghinoi. Paula Couto 1952.

Cráneo de Epidolops ameghinoi, recuperado recientemente en Brasil.  (*) Rama mandibular de Epidolops ameghinoi (*) Posible aspecto de Epidolops. (*)

Mamífero Marsupial. Es un género extinto de marsupiales perteneciente a la familia Polydolopidae, un grupo característico de los ecosistemas sudamericanos del Paleógeno. Los polidolópidos habitaron gran parte del extremo austral de Gondwana y sus restos fósiles han sido hallados en la provincia de Chubut (Argentina), Chile central y la Península Antártica, evidenciando las antiguas conexiones biogeográficas entre estas regiones.El registro fósil de estos animales está representado principalmente por dientes, mandíbulas y cráneos, elementos que han permitido reconstruir aspectos importantes de su anatomía y modo de vida. Los polidolópidos constituyeron un grupo diverso de pequeños y medianos marsupiales, cuya masa corporal habría oscilado entre aproximadamente 60 gramos y 3,5 kilogramos. La compleja estructura de sus dientes indica que poseían una alimentación variada. Se considera que muchas especies fueron principalmente frugívoras, consumiendo frutos y semillas, aunque algunas también pudieron alimentarse de frutos de cáscara dura, brotes tiernos e incluso pequeños invertebrados. Esta versatilidad alimentaria probablemente les permitió ocupar distintos nichos ecológicos dentro de los bosques subtropicales y templados que cubrían gran parte de Patagonia y la Antártida durante el Paleógeno. Los polidolópidos alcanzaron una notable diversificación durante el Paleoceno y el Eoceno, convirtiéndose en uno de los grupos más característicos de marsupiales sudamericanos de aquella época. Sin embargo, su historia evolutiva llegó a su fin hacia finales del Eoceno y comienzos del Oligoceno. Su extinción habría estado relacionada con importantes cambios climáticos globales, que provocaron un marcado descenso de las temperaturas y una progresiva aridización de los ambientes del sur de Sudamérica. Al mismo tiempo, la separación definitiva entre Sudamérica y la Antártida favoreció el establecimiento de corrientes oceánicas frías que transformaron profundamente los ecosistemas australes, reduciendo los hábitats boscosos de los que dependían estos mamíferos. Gracias a su amplia distribución geográfica y a sus particulares adaptaciones dentarias, los polidolópidos constituyen uno de los grupos más interesantes para comprender la evolución de los marsupiales sudamericanos y los cambios ambientales ocurridos durante el Paleógeno. Polydolops fue uno de los representantes más abundantes y mejor conocidos de la familia Polydolopidae


Peligrotherium tropicalis.  Bonaparte, Van Valen & Kramartz, 1993.

Molares de Peligrotherium (*).

Posible aspecto de Peligrotherium (*).

Mamífero Driolestoideo. Es la única especie conocida del género y que sus dientes muestran una notable convergencia evolutiva con algunos roedores y ungulados herbívoros, pese a no estar estrechamente emparentado con ellos. Esto ayuda a explicar su peculiar adaptación a una dieta vegetal. Es un género extinto de mamífero driolestoideo que habitó la Patagonia argentina durante el Paleoceno temprano, hace aproximadamente 60 millones de años. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la Formación Salamanca, en la localidad de Punta Peligro, provincia de Chubut, constituyendo uno de los hallazgos más importantes para comprender la evolución de los mamíferos sudamericanos tras la extinción de los dinosaurios. Este animal pertenecía a un antiguo linaje de mamíferos originado en Gondwana durante el Mesozoico. Sus antepasados convivieron con los dinosaurios durante el Cretácico y, de manera excepcional, algunos representantes del grupo lograron sobrevivir a la gran extinción ocurrida hace 66 millones de años. Peligrotherium es una de las pruebas más notables de esa supervivencia. Cuando fue descrito inicialmente por los paleontólogos José Bonaparte, Leigh Van Valen y Jorge Kramarz en 1993, se lo interpretó como un posible mamífero placentario debido a ciertas características de sus dientes y mandíbula. Sin embargo, estudios posteriores demostraron que pertenecía al grupo de los driolestoideos, un linaje de mamíferos muy antiguo cuya historia se remonta al Jurásico. Los driolestoideos constituyen un grupo extinto conocido principalmente por restos dentarios y mandibulares, por lo que gran parte de su biología sigue siendo poco conocida. No obstante, se sabe que poseían una mandíbula plenamente mamaliana y un oído medio compuesto por tres huesecillos, características típicas de los mamíferos modernos. Algunos investigadores consideran que este grupo representa una rama evolutiva cercana a los ancestros de los mamíferos terios, mientras que otros los interpretan como un linaje independiente. Peligrotherium habría alcanzado un tamaño comparable al de un zorro pequeño. Sus robustos dientes estaban especialmente adaptados para triturar material vegetal duro, como frutos, semillas y otras partes de las plantas, lo que indica una dieta predominantemente herbívora o al menos omnívora con una fuerte componente vegetal. El descubrimiento de Peligrotherium tuvo una enorme importancia científica porque demostró que algunos grupos de mamíferos mesozoicos, entre ellos ciertos driolestoideos, gondwanaterios y monotremas, lograron sobrevivir a la extinción masiva que marcó el final del Cretácico. Este hallazgo transformó la visión que se tenía sobre la evolución de los mamíferos en el hemisferio sur y convirtió a la Patagonia en una región clave para estudiar la persistencia de antiguos linajes que desaparecieron en otras partes del mundo. Hasta donde se conoce actualmente, Sudamérica constituye uno de los pocos lugares del planeta donde varios grupos de mamíferos con raíces mesozoicas lograron atravesar la crisis biológica del límite Cretácico-Paleógeno, manteniendo vivas durante millones de años líneas evolutivas que se creían extinguidas junto con los dinosaurios.


Eoastrapostylops riolorense. Soria y Powell 1981.

Cráneo de Eoastrapostylops riolorense, del Paleoceno de Tucumán.

Vista del cráneo y mandíbula de Eoastrapostylops riolorense.

Posible aspecto del primitivo meridiungulado Eoastrapostylops riolorense.  (*).

Mamífero meridiungulado. Fue un pequeño mamífero herbívoro extinto perteneciente al grupo de los meridiungulados, un conjunto de ungulados nativos de Sudamérica que evolucionó de manera aislada durante gran parte del Cenozoico. Vivió durante el Paleoceno tardío, hace aproximadamente entre 59 y 56 millones de años, y sus restos fósiles fueron hallados en el noroeste de Argentina. Se trataba de un animal de dimensiones reducidas. Su cráneo apenas alcanzaba los 9 centímetros de longitud y probablemente no superaba el medio metro de largo total. Presentaba un hocico corto y relativamente robusto. Aunque sus caninos estaban bien desarrollados, todavía no se habían transformado en los grandes colmillos característicos de los astrapoterios más evolucionados. Asimismo, los huesos nasales conservaban una posición normal, lo que indica que carecía de la probóscide o trompa corta que aparecería en algunos de sus descendientes. La dentición de Eoastrapostylops muestra varias características que anticipan las observadas en astrapoterios posteriores, como Trigonostylops, sugiriendo que se encontraba en una etapa temprana de la evolución de este linaje. Sus dientes estaban adaptados al consumo de vegetación blanda, hojas y brotes, propios de los ambientes cálidos y húmedos que predominaban en Sudamérica durante el Paleoceno. La especie Eoastrapostylops riolorense fue descrita en 1981 a partir de fósiles descubiertos en la Formación Río Loro, dentro de la actual Reserva Natural Aguas Chiquitas, en la provincia de Tucumán. Los investigadores reconocieron desde un principio que estos restos representaban una de las formas más primitivas conocidas relacionadas con los astrapoterios, motivo por el cual crearon la familia Eoastrapostylopidae. Sin embargo, estudios posteriores revelaron que la anatomía de la región auditiva de Eoastrapostylops presenta importantes diferencias respecto de los astrapoterios más avanzados, como Trigonostylops y Astraponotus. Por el contrario, comparte varios rasgos con otros meridiungulados primitivos y con ciertos mamíferos ungulados arcaicos. Estas evidencias sugieren que Eoastrapostylops ocupó una posición muy basal dentro de los meridiungulados, cercana al punto de divergencia de los principales linajes que posteriormente darían origen a los astrapoterios, litopternos, piroterios y notoungulados. Debido a su antigüedad y a la combinación de características primitivas y derivadas que presenta, Eoastrapostylops constituye una pieza clave para comprender los primeros pasos de la evolución de los mamíferos ungulados sudamericanos tras la extinción de los dinosaurios.


Victorlemoinea labyrinthica. Ameghino, 1901.

Fragmento mandibular. (*)

Posible aspecto de Victorlemoinea. Por MarMag.2025.

Lipoterma. Es un género primitivo de la familia Macraucheniidae, estrechamente emparentado con la célebre Macrauchenia, uno de los mamíferos más característicos del Pleistoceno sudamericano. Ambos pertenecen al orden Litopterna, un grupo de ungulados nativos de Sudamérica completamente extinguido y sin representantes actuales. Los litopternos constituyen uno de los ejemplos más notables de evolución aislada en el continente sudamericano durante el Cenozoico Este animal poseía un cuerpo esbelto y proporciones similares a las de un guanaco moderno, aunque su aspecto general debió ser bastante diferente. Una de sus características más llamativas era la posición retraída de las aberturas nasales en el cráneo, lo que sugiere la presencia de una pequeña trompa o probóscide muscular. Aunque probablemente no alcanzaba el desarrollo observado en los elefantes actuales, esta estructura habría sido útil para seleccionar vegetación, arrancar hojas y brotes tiernos, e incluso para detectar olores. Algunos paleontólogos han sugerido que la trompa también pudo haber desempeñado una función secundaria relacionada con la vida en ambientes húmedos, permitiéndole respirar mientras permanecía parcialmente sumergido en lagunas, esteros o zonas pantanosas. Sin embargo, esta hipótesis aún carece de evidencias concluyentes. Los restos fósiles conocidos son relativamente escasos y se encuentran en distintos grados de preservación. Aun así, los huesos largos recuperados aportan información importante sobre su locomoción. Las proporciones entre el fémur y la tibia indican que se trataba de un animal ágil y adaptado a la carrera, una característica que sería común en los litopternos posteriores. Su alimentación era exclusivamente herbívora. Probablemente consumía hojas, brotes y otras partes tiernas de las plantas que crecían en las cercanías de lagunas, esteros y áreas boscosas. Durante el Paleoceno, los ambientes de la Patagonia estaban dominados por climas cálidos y húmedos, con extensos bosques subtropicales y abundantes cuerpos de agua, que proporcionaban recursos vegetales durante gran parte del año. Los fósiles de este género proceden principalmente de sedimentos del Paleoceno superior de la provincia de Chubut, Argentina. No obstante, algunos aspectos relacionados con la antigüedad exacta y la interpretación de los materiales tipo continúan siendo motivo de debate entre los especialistas. A pesar de ello, este mamífero representa una de las evidencias más tempranas de la diversificación de los litopternos, un grupo que alcanzaría un notable éxito evolutivo en Sudamérica durante millones de años.


Dolichostylodon saltensis. García López y Powell, 2008.

Fragmento de cráneo de Dolichostylodon. (*) Posible aspecto de Dolichostylodon. (*)

Mamífero Notoungulado. Los Oldfieldthomasiidae constituyen una familia extinta de mamíferos notoungulados pertenecientes al suborden Typotheria, un grupo de ungulados nativos que evolucionó exclusivamente en Sudamérica. Fueron animales de pequeño a mediano tamaño que habitaron el continente durante gran parte del Paleógeno. Sus registros más antiguos podrían remontarse al Paleoceno, aunque esta antigüedad aún es motivo de debate, ya que algunos hallazgos atribuidos a la familia, procedentes de la localidad boliviana de Tiupampa, están basados en restos muy fragmentarios y de identificación incierta. Entre los representantes de este grupo se encuentra Longicolumna saltaensis, una especie conocida a partir de restos craneales, mandibulares y dentarios hallados en la provincia de Salta. El nombre del género proviene del latín longus (largo) y columna (columna vertebral), en referencia a ciertas características anatómicas de su esqueleto, mientras que el nombre específico honra a la provincia donde fue descubierto. Este mamífero vivió durante el Eoceno temprano, hace aproximadamente 50 millones de años, y formaba parte de los ecosistemas que prosperaron en el noroeste argentino durante los primeros capítulos de la Era Cenozoica. Presentaba un cráneo relativamente corto y amplias órbitas oculares, rasgo que ha llevado a algunos investigadores a sugerir que podría haber tenido una visión bien desarrollada y posiblemente hábitos crepusculares o nocturnos. Su dentición braquiodonta, es decir, de coronas bajas, indica una alimentación basada principalmente en hojas, brotes tiernos y otro tipo de vegetación blanda. Los restos fósiles fueron recuperados en sedimentos de la Formación Lumbrera, una de las unidades geológicas más importantes del Grupo Salta para el estudio de la evolución temprana de los mamíferos sudamericanos. La especie fue descrita por los paleontólogos Daniel García y Jaime Powell, y constituye una valiosa evidencia de la diversidad y temprana radiación evolutiva de los notoungulados en Sudamérica, uno de los grupos de mamíferos más característicos y exitosos de la fauna cenozoica del continente.


Henricosbornia. Ameghino, 1901.

Fragmento de maxilar con molares de Henricosbornia. (*)

Posible aspecto de Henricosbornia. (*)

Mamífero Notoungulado. Fue uno de los mamíferos placentarios más antiguos pertenecientes al orden de los Notoungulata, un grupo de ungulados nativos de Sudamérica que alcanzó una notable diversificación durante el Cenozoico. Vivió entre finales del Paleoceno y comienzos del Eoceno, hace aproximadamente entre 58 y 55 millones de años, en los ambientes boscosos y húmedos que caracterizaban a la Patagonia de aquella época. El género está representado por una única especie, Henricosbornia waitehor, descrita por George Gaylord Simpson en 1935 a partir de restos fósiles hallados en la localidad de Cañadón Hondo, en la provincia del Chubut, Argentina. Sus características anatómicas muestran rasgos muy primitivos dentro de los notoungulados, por lo que es considerado uno de los integrantes más basales de este importante linaje de mamíferos sudamericanos. Aunque su aspecto general recuerda al de un pequeño herbívoro de constitución ligera, su dentición revela una dieta basada principalmente en hojas, brotes tiernos y otra vegetación blanda. El estudio de Henricosbornia resulta fundamental para comprender los primeros pasos evolutivos de los notoungulados y la temprana diversificación de los mamíferos autóctonos de Sudamérica, un continente que durante gran parte del Cenozoico permaneció aislado y desarrolló una fauna única en el mundo.


Archaeogaia macachaae. Zimicz et al, 2020.

 

Fragmento mandibular de Archaeogaia macachaae, imagen de prensa.   Posible aspecto del ungulado primitivo salteño Archaeogaia macachaae. (*).

Mamífero Notoungulado. Es un pequeño mamífero fósil que vivió hace aproximadamente 62 millones de años, durante el Paleoceno. Su descubrimiento se basa en un fragmento de mandíbula que conserva apenas tres dientes, suficientes para identificarlo como uno de los representantes más antiguos conocidos de los notoungulados, el grupo más diverso y exitoso de ungulados nativos de Sudamérica. Se trataba de un animal de reducidas dimensiones, probablemente un herbívoro ágil y activo que se alimentaba de hojas, brotes tiernos y otra vegetación disponible en los ecosistemas de la época. Los notoungulados formaron parte de una extraordinaria radiación evolutiva desarrollada en aislamiento geográfico, ya que Sudamérica permaneció separada de los demás continentes durante gran parte del Cenozoico. Aunque algunos miembros de este grupo alcanzaron tamaños considerables, la mayoría fueron animales pequeños o medianos. El hallazgo de Archaeogaia macachaae reviste una enorme importancia científica, ya que constituye uno de los registros más antiguos conocidos de los notoungulados. Su estudio aporta información fundamental para comprender el origen, la temprana evolución y la diversificación de los mamíferos autóctonos sudamericanos. Además, este grupo desempeña un papel clave en el debate sobre el origen biogeográfico de la fauna mamaliana sudamericana, particularmente en las hipótesis que proponen una procedencia norteamericana o africana para sus ancestros. El fósil fue descubierto en el Parque Nacional Los Cardones, en la provincia de Salta, y pone de manifiesto el enorme valor del registro paleontológico salteño para reconstruir las primeras etapas de la evolución de los mamíferos en América del Sur. Desde el punto de vista geológico, representa apenas el segundo fósil conocido para esa unidad estratigráfica y para ese intervalo temporal en la provincia. Asimismo, posee relevancia continental, ya que los registros fósiles correspondientes a este período son extremadamente escasos en Sudamérica, especialmente los pertenecientes a este grupo de mamíferos. La especie fue denominada Archaeogaia macachaae en homenaje a Macacha Güemes, destacada figura de la historia argentina y protagonista fundamental de las luchas por la independencia, cuya labor política y social resultó decisiva para la defensa del norte del país y, en particular, de la provincia de Salta.


Chiroptera ident.

Molares de los murciélagos hallados en Chubut, (*)

Posible aspecto del cráneo del Quiróptero del Paleoceno. (*)

Reconstrucción del Quiroptero hallado. (*)

Mamífero Quiróptero. Un equipo de investigadores argentinos y estadounidenses descubrió, en las cercanías de la localidad chubutense de Paso del Sapo, una extraordinaria asociación fósil compuesta por restos de al menos 50 especies de mamíferos que habitaron la Patagonia hace más de 50 millones de años. Entre los hallazgos más destacados se encuentran dos molares pertenecientes a los murciélagos más antiguos conocidos de Sudamérica. La importancia de este descubrimiento radica en que constituye el registro más antiguo de murciélagos para el continente sudamericano y uno de los más antiguos del mundo. Los fósiles, recuperados en la localidad paleontológica de Laguna Fría, poseen una antigüedad cercana a los 52 millones de años, correspondiente al tránsito entre el Paleoceno tardío y el Eoceno temprano. Hasta el momento, los registros más antiguos de murciélagos provenían de América del Norte, Europa y Australia, con edades estimadas en torno a los 55 millones de años, por lo que los ejemplares patagónicos se encuentran entre los más tempranos conocidos a escala global. Los murciélagos son uno de los grupos de mamíferos más singulares debido a su capacidad de vuelo activo, una adaptación única entre los mamíferos. Aunque los restos hallados son escasos y están representados únicamente por dos molares, sus características anatómicas permitieron determinar que pertenecían a formas primitivas de hábitos insectívoros, cuya alimentación se basaba en la captura de insectos voladores. Este hallazgo aporta información fundamental para comprender los primeros momentos de la evolución de los murciélagos y demuestra que, poco tiempo después de su aparición, estos mamíferos ya se habían dispersado ampliamente por distintos continentes. Asimismo, refuerza la importancia de los yacimientos paleontológicos de la Patagonia como una de las principales ventanas al conocimiento de la evolución temprana de los mamíferos en el hemisferio sur.


Calyptocephalella sp. Duméril & Bibron, 1841

Restos fósiles de una rana Calyptocephalella en una egagropila de ave. Imagen Fundación Azara. Aspecto actual de un esqueleto de Calyptocephalella, semejante al hallado. (*). Aspecto de una rana paleocena del genero Calyptocephalella (*).

Anfibio, Anuro. Es un género de anfibios anuros perteneciente a la familia Calyptocephalellidae, endémica de la región austral de América del Sur. El género incluye varias especies extintas que habitaron la Patagonia argentina desde el Cretácico tardío hasta el Mioceno temprano, así como una única especie viviente, actualmente restringida a ambientes húmedos del centro-sur de Chile. Su larga historia evolutiva convierte a este grupo en uno de los linajes de anfibios más antiguos y exitosos del extremo austral del continente. El ejemplar fósil estudiado corresponde a una especie previamente desconocida para la ciencia y aporta nueva información sobre la temprana diversificación del género. Calyptocephalella logró sobrevivir al evento de extinción masiva ocurrido al final del Cretácico, conocido como límite K–Pg (Cretácico-Paleógeno), que provocó la desaparición de los dinosaurios no avianos y de numerosas formas de vida. Durante gran parte del Cenozoico, estos anfibios fueron abundantes en la Patagonia, aunque en la actualidad sus representantes sobreviven únicamente en territorio chileno. El fósil fue hallado en la localidad de Punta Peligro, sobre la costa atlántica de la provincia del Chubut, Argentina, en sedimentos depositados durante los inicios de la Era Cenozoica, hace aproximadamente 60 millones de años. Estas rocas han proporcionado una extraordinaria diversidad de vertebrados fósiles, incluyendo mamíferos primitivos, cocodrilos, tortugas, lagartos y esfenodontes, lo que evidencia la riqueza biológica de ecosistemas hoy desaparecidos. Uno de los aspectos más sorprendentes del hallazgo es que el esqueleto de la rana se encontraba preservado en el interior de una egagrópila fósil. Las egagrópilas son masas compactas de restos alimenticios no digeridos —como huesos, pelos, escamas o fragmentos de insectos— que ciertos animales regurgitan tras la digestión. En la actualidad, son producidas principalmente por aves rapaces, especialmente búhos y lechuzas. Aunque hasta el momento no se han encontrado restos óseos de aves en estos depósitos, la disposición anatómica, el patrón de acumulación y las señales de desgaste observadas en los huesos permitieron a los investigadores interpretar esta estructura como una egagrópila producida por un ave depredadora. Este descubrimiento reviste una importancia excepcional, ya que representa la egagrópila fósil más antigua conocida de Sudamérica y una de las más antiguas registradas a nivel mundial. Los resultados de esta investigación fueron publicados por un equipo de paleontólogos integrado por Paula Muzzopappa y Juan Pablo Garderes (Fundación Azara–Universidad Maimónides), Agustín Martinelli (Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”) y Guillermo Rougier (Universidad de Louisville). El estudio de esta egagrópila tridimensionalmente preservada no solo permitió identificar una nueva especie de anfibio, sino también reconstruir aspectos de las interacciones ecológicas entre depredadores y presas apenas unos millones de años después de la gran extinción que marcó el fin de la Era Mesozoica.


Kawasphenodon peligrensis. Apesteguia et al. 2014.

Cráneo ilustrativo de Esfenodonte.

Aspecto de un Esfenodonte. (*).

Reptil, Esfenodonte. Los esfenodontes o rincocéfalos constituyen un antiguo orden de reptiles diápsidos que alcanzó una amplia distribución y diversidad durante la Era Mesozoica. En la actualidad, este linaje está representado únicamente por el género Sphenodon, conocido comúnmente como tuátara, cuyas especies sobreviven de manera restringida en algunas islas de Nueva Zelanda. Sin embargo, el registro fósil demuestra que los esfenodontes fueron mucho más diversos en el pasado y habitaron extensas regiones de los antiguos continentes australes. Uno de estos representantes extintos es Kawasphenodon peligrensis, especie conocida a partir de un fragmento mandibular hallado en la localidad fosilífera de Punta Peligro, provincia del Chubut, Argentina. Los restos proceden de sedimentos de la Formación Salamanca, depositados durante el Paleoceno temprano, pocos millones de años después de la extinción masiva que marcó el final de la Era Mesozoica. Al igual que los tuátaras actuales, Kawasphenodon habría sido un depredador oportunista de pequeño tamaño. Su alimentación probablemente incluía insectos, caracoles, arañas, pequeños vertebrados, huevos y crías de otros animales. Estos reptiles formaban parte de ecosistemas complejos que coexistieron con los primeros mamíferos y aves modernas durante los inicios del Cenozoico. Los esfenodontes poseen una historia evolutiva que se remonta a más de 200 millones de años, cuando compartían los ecosistemas terrestres con los dinosaurios. Durante gran parte de su evolución estuvieron ampliamente distribuidos en Gondwana, el supercontinente austral que reunía a Sudamérica, África, Antártida, Australia, India y otros bloques continentales. La fragmentación progresiva de Gondwana provocó el aislamiento de sus poblaciones, quedando Nueva Zelanda como el último refugio donde los tuátaras lograron sobrevivir hasta la actualidad. Debido a la conservación de numerosos rasgos anatómicos ancestrales, los tuátaras suelen ser considerados "fósiles vivientes". Entre sus características más notables se encuentran la presencia de un ojo pineal bien desarrollado —una estructura fotosensible ubicada en la parte superior del cráneo—, la conservación de dos fosas temporales completas y vértebras de tipo anficelo, rasgos poco frecuentes entre los reptiles modernos. Además, constituyen un caso singular dentro de los reptiles actuales, ya que los machos carecen de hemipenes, los órganos copuladores presentes en lagartos y serpientes, realizando la reproducción mediante el contacto directo de las cloacas. El hallazgo de Kawasphenodon peligrensis aporta valiosa información sobre la supervivencia y diversificación de los esfenodontes en Sudamérica tras la extinción de finales del Cretácico, y confirma que estos antiguos reptiles continuaron formando parte de los ecosistemas patagónicos durante los primeros millones de años de la Era Cenozoica.


Lorosuchus nodosus. Pol y Powell, 2011.

Cráneo de Lorosuchus nodosus del Paleoceno de Tucumán. Museo de Ciencias Naturales Miguel Lillo. (*) Aspecto probable de Lorosuchus. (*)

Reptil, sebécido. Es una especie extinta de crocodiliforme perteneciente a los Sebecidae, un grupo de depredadores terrestres que prosperó en Sudamérica durante gran parte del Cenozoico. Este género constituye uno de los representantes más primitivos conocidos de la familia y aporta información fundamental para comprender el origen y la evolución temprana de los sebécidos tras la extinción de los dinosaurios. La especie es conocida a partir del ejemplar holotipo PVL 6219, que incluye un cráneo casi completo articulado con la mandíbula inferior, además de restos fragmentarios del esqueleto postcraneal. Los fósiles fueron descubiertos en el extremo sur del Alto de Medina, cerca del lago El Cadillal, en la provincia de Tucumán, Argentina. Proceden de sedimentos de la Formación Río Loro, cuya antigüedad corresponde al Paleoceno medio-tardío, hace aproximadamente entre 61 y 56 millones de años. A diferencia de los cocodrilos actuales, que poseen hábitos principalmente acuáticos o semiacuáticos, los sebécidos eran depredadores predominantemente terrestres. Presentaban extremidades relativamente largas y una cabeza alta y comprimida lateralmente, adaptaciones que les permitían desplazarse activamente por tierra firme y capturar presas mediante una poderosa mordida. Sus dientes comprimidos y aserrados recuerdan a los de algunos dinosaurios carnívoros, lo que refleja su papel como importantes depredadores dentro de los ecosistemas sudamericanos de la época. Lorosuchus se distingue por una combinación única de características anatómicas, entre ellas un borde narial elevado y la presencia de una cresta sobre la región anteromedial de los premaxilares. Estas particularidades permitieron reconocerlo como un género diferente de otros sebécidos conocidos. Los análisis filogenéticos lo identifican como uno de los miembros más basales de la familia, ocupando una posición cercana al origen evolutivo del grupo. El género fue descrito en 2011 por los paleontólogos Diego Pol y Jaime E. Powell. Su nombre combina la palabra “Loro”, en referencia a la Formación Río Loro donde fue hallado, con el sufijo griego suchus, derivado de souchos, nombre griego del dios egipcio Sobek, tradicionalmente asociado a los cocodrilos. El epíteto específico, nodosus, hace alusión a la peculiar ornamentación de la superficie dorsal del cráneo, caracterizada por prominencias y relieves que le confieren un aspecto nodular. El descubrimiento de Lorosuchus nodosus resulta especialmente relevante porque documenta una etapa muy temprana en la evolución de los sebécidos, un linaje de depredadores que llegaría a convertirse en uno de los principales grupos carnívoros de Sudamérica durante gran parte del Paleógeno. Su presencia demuestra que, pocos millones de años después de la extinción masiva del final del Cretácico, los ecosistemas sudamericanos ya albergaban una notable diversidad de grandes reptiles depredadores adaptados a la vida terrestre.


Protocaiman peligrensis. Bona et al., 2018.

Fragmento hallado Protocaiman peligrensis, y su ubicación anatómica. Prensa.

Aspecto de Protocaiman peligrensis. (*).

Reptil, aligatórido. Es una especie extinta de crocodiliano que habitó la Patagonia durante los albores de la Era Cenozoica, hace aproximadamente 65 millones de años. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la localidad de Punta Peligro, un accidente geográfico ubicado sobre la costa del Golfo San Jorge, en la provincia del Chubut, entre las ciudades de Comodoro Rivadavia y Bahía Bustamante. El nombre de la especie hace referencia precisamente a este lugar de hallazgo. Conocido a partir de restos craneales, Protocaiman representa uno de los miembros más antiguos registrados del grupo de los caimanes (Caimaninae), una rama de cocodrilianos que en la actualidad incluye a especies ampliamente distribuidas en los ambientes de agua dulce de América del Sur y Central. Su descubrimiento reviste una importancia excepcional, ya que los fósiles correspondientes a las primeras etapas evolutivas de los caimanes son extremadamente escasos y, por lo general, se encuentran muy fragmentados o mal preservados. Las estimaciones sugieren que este antiguo reptil alcanzaba un tamaño considerable, posiblemente duplicando las dimensiones de muchos yacarés actuales. Como otros cocodrilianos, habría sido un depredador oportunista, alimentándose de peces, anfibios, reptiles y pequeños vertebrados que habitaban los ambientes fluviales y costeros de la Patagonia paleocena. El hallazgo de Protocaiman peligrensis ha permitido replantear aspectos fundamentales de la historia evolutiva de los caimanes. Los estudios filogenéticos realizados a partir de este material sugieren que los ancestros de este grupo podrían haber habitado América del Norte durante los últimos tiempos de los dinosaurios y que su dispersión hacia Sudamérica se habría producido antes de la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años, al final del Cretácico. Una vez establecidos en el continente sudamericano, los caimanes experimentaron una importante diversificación evolutiva que dio origen a numerosas formas extintas y a las especies actuales. Además de aportar información valiosa sobre el origen de los caimanes, Protocaiman peligrensis constituye una evidencia clave para comprender cómo sobrevivieron y se diversificaron los cocodrilianos tras la gran extinción que acabó con los dinosaurios no avianos. Su presencia en los depósitos paleocenos de Punta Peligro demuestra que estos reptiles ya formaban parte de los ecosistemas patagónicos poco después de uno de los eventos biológicos más trascendentales de la historia de la vida en la Tierra.


Eocaiman palaeocenicus. Bona, 2008.

Cráneo y mandíbula de Eocaiman. (*) Posible aspecto de Eocaiman. (*)

Reptil, aligatórido. Representa uno de los pocos taxones de aligatoroideos caimaninos conocidos para el Paleógeno de América del Sur. Este género ha sido registrado con certeza en la Patagonia durante el Eoceno tardío, a través de la especie Eocaiman cavernensis Simpson, y en el Mioceno medio del área de La Venta, Colombia, mediante restos asignados a Eocaiman sp. Más recientemente, se dio a conocer una nueva especie, Eocaiman palaeocenicus, procedente de los niveles superiores de la Formación Salamanca (Paleoceno inferior), sobre la base de materiales recuperados en la zona costera de la provincia del Chubut, Argentina. Los Alligatoridae se encuentran escasamente representados en el registro paleontológico del Paleógeno sudamericano y, hasta el momento, no han sido reconocidos en depósitos del Cretácico tardío de este continente. Se trata de una familia de reptiles crocodilianos exclusiva de América. Sus representantes actuales son conocidos comúnmente como aligátores, caimanes y, en algunas regiones de Sudamérica, yacarés. El grupo incluye a los géneros vivientes Alligator, Caiman, Melanosuchus y Paleosuchus, además de numerosos géneros extintos.Al igual que ocurre con los caimanes actuales, la dieta de Eocaiman cavernensis probablemente variaba con la edad. Los individuos juveniles se habrían alimentado principalmente de insectos y anfibios, mientras que los adultos incorporarían presas de mayor tamaño, como peces, aves y pequeños mamíferos. En ambientes donde escaseaban las grandes presas, también podrían haber consumido moluscos de gran tamaño.


Bretesuchus bonapartei. Gasparini et al., 1993.

 

Dientes de . Ilustrativo (*).

 

Aspecto de un Sebecidae.(*).

Reptiles. Es una especie extinta de crocodilomorfos perteneciente a la familia Sebecidae. Sus restos fósiles fueron hallados en la Formación Maíz Gordo, en el noroeste de Argentina, y datan de finales del Paleoceno. La marcada curvatura del premaxilar indica su pertenencia al suborden Sebecosuchia, un grupo de crocodilomorfos terrestres y carnívoros, predominantemente sudamericanos, caracterizados por sus hocicos altos y comprimidos lateralmente. Con una longitud estimada cercana a los 4 metros, Bretesuchus habría ocupado el papel de superdepredador dentro de los ecosistemas de su época.El género fue descrito en 1993 por Zulma Gasparini, Marta Fernández y Jaime E. Powell. Su única especie conocida es Bretesuchus bonapartei. El nombre genérico hace referencia a la localidad de El Brete, donde fueron descubiertos sus restos fósiles, combinado con suchus, término derivado del griego souchos, nombre de una divinidad egipcia representada con cabeza de cocodrilo. Por su parte, el epíteto específico bonapartei fue otorgado en homenaje al destacado paleontólogo argentino José F. Bonaparte.


Peligrochelys walshae. Sterli and de la Fuente 2013.

 

Cráneo de meiolaniforme, semejante a Peligrochelys, en el Museo de La Plata.

 

Reconstrucción del aspecto de meiolaniforme. Por MarMag.2025.

Reptil. Es una singular tortuga terrestre perteneciente al grupo de los meiolánidos, caracterizada por poseer cuernos craneanos, anillos óseos caudales y una cola protegida por estuches dérmicos. Sus restos fósiles fueron descubiertos en Punta Peligro, provincia del Chubut, en sedimentos de la Formación Salamanca de edad paleocena. El material conocido incluye tanto elementos craneanos como postcraneanos, permitiendo una reconstrucción relativamente completa de su anatomía. Los meiolánidos (Meiolaniidae) constituyen una familia extinta de grandes tortugas terrestres. Durante mucho tiempo se consideró que este grupo se había originado en Australia; sin embargo, el descubrimiento de diversos meiolaniformes en América del Sur, como Crossochelys del Eoceno y Trapalcochelys del Cretácico Superior de Argentina, sugiere que el linaje tuvo un origen más antiguo, posiblemente anterior a la fragmentación definitiva de Gondwana durante el Cretácico medio. Aunque no poseen descendientes directos, sus parientes actuales más cercanos se encuentran entre los criptodiros sudamericanos. Resulta especialmente llamativa la convergencia evolutiva de estas tortugas con otros vertebrados fuertemente acorazados, como los dinosaurios anquilosaurios y los mamíferos gliptodontes, que desarrollaron de manera independiente estructuras defensivas similares.


Hydromedusa cf. casamayorensis. De La Fuente & Bona, 2002.

Fósil de Hydromedusa (calco). Reconstrucción de Hydromedusa sp . (*)

Reptiles Chelidae. Estas tortugas halladas recientemente, provienen de niveles compuestos por sedimentos epiclasticas depositadas por canales fluviales. Los restos identificados, los cuales aun se encuentran en estudio, corresponden a una nueva especie de tortuga prehistórica de "cuello largo". El hallazgo comprende de cinco individuos articulados y semi- articulados. Uno de ellos presenta el cráneo completo y articulado. Las características de este taxón, es la presencia de la columna cervical formada por ocho cervicales. Las ramas mandibulares se encuentran separadas por la sínfisis. Apertura narium interna en el cráneo, y la cintura pélvica conectada por sutura con el ultimo par de placas pleurales y la pigal del caparazón. Morfológicamente se asemejan a los especies vivientes de la familia Chelidae, las cuales, son comunes en los ríos de las Provincias Argentinas de Misiones y Entre Ríos. Su alimentación estaría basada principalmente en pequeños peces, anfibios moluscos y pequeños mamíferos y aves que se acercaban a los espejos de agua de la época. El material procede del Paleoceno inferior del Cerro Hasen, Provincia de Chubut. No seria raro encontrar representantes emparentados durante la Era Mesozoica.


Podocnemis argentinensis. Cattoi y Freiberg, 1958.

Reconstrucción de Podocnemis, cráneo completo y dos fragmentos de caparazón. (*)

Reptiles Chelidae. Las tortugas o quelonios constituyen un antiguo linaje de reptiles acorazados cuyos orígenes se remontan a los primeros grupos de reptiles que habitaron la Tierra hace más de 250 millones de años. Los primeros representantes de Testudinata, el grupo al que pertenecen las tortugas actuales, aparecieron durante el Triásico tardío, hace aproximadamente 220 millones de años. Estas formas primitivas aún conservaban dientes en las mandíbulas, los cuales fueron reemplazados posteriormente por un pico córneo denominado ranfoteca. Inicialmente, todas las tortugas eran terrestres o semiacuáticas. Con el tiempo, evolucionaron dos grandes linajes que han perdurado hasta nuestros días: los criptodiros, o tortugas de cuello oculto, que repliegan el cuello en forma de “S” dentro del caparazón, y los pleurodiros, o tortugas de cuello ladeado, que esconden la cabeza doblando el cuello lateralmente bajo el borde del espaldar. Además de esta diferencia, ambos grupos presentan numerosas particularidades anatómicas y esqueléticas. Podocnemis pertenece a los pleurodiros y se caracteriza por poseer un caparazón más ancho en su región anterior que en la posterior. Presentaba dimorfismo sexual, siendo las hembras de mayor tamaño que los machos y con una cola más corta y estrecha. Dependiendo de la especie, podía alcanzar entre 35 y 68 centímetros de longitud. Estas tortugas habitaban principalmente ríos y ambientes asociados a sus cuencas fluviales. Su dieta era omnívora y variaba con la edad: los individuos juveniles consumían una mayor proporción de alimento de origen animal, mientras que los adultos incorporaban principalmente vegetales. Durante el Paleoceno de la Patagonia y del noroeste argentino se han recuperado numerosos restos fósiles asignados a este género, estrechamente emparentado con especies que aún viven en Sudamérica. Los fósiles de Podocnemis proceden de diversas localidades de la Patagonia, así como de las provincias de Mendoza, La Rioja y Jujuy. El género posee un extenso registro fósil en América del Sur, conocido desde el Cretácico tardío hasta el Oligoceno.


Trionyx argentina. Ameghino, 1899.

Vista superior de un cráneo del genero Trionyx. (*) Esqueleto de Trionyx. (*) Aspecto del genero de Trionyx. (*)

Reptiles Chelidae. Es una tortuga fósil registrada en sedimentos del Paleoceno temprano de la Formación Salamanca, aflorante en Punta Peligro, provincia del Chubut, Argentina. Este género ha sido considerado tradicionalmente como un representante primitivo de las tortugas de caparazón blando, aunque sus relaciones filogenéticas han sido objeto de debate. Algunos de sus rasgos anatómicos muestran semejanzas con integrantes de la familia Chelidae, particularmente con el género actual Phrynops. Las tortugas de caparazón blando se caracterizan por carecer de placas córneas que recubran el caparazón. En su lugar, presentan una cubierta dérmica flexible que protege una estructura ósea aplanada. En estos animales, el caparazón podía alcanzar aproximadamente 45 centímetros de longitud y estaba ornamentado por numerosos tubérculos superficiales. Uno de los rasgos más distintivos de estas tortugas era su hocico alargado y flexible, semejante a una pequeña trompa, adaptación que les permitía respirar mientras permanecían casi completamente sumergidas. Sus extremidades, cortas y robustas, estaban adaptadas para la natación, lo que las convertía en eficaces habitantes de ambientes acuáticos. Durante el Paleoceno, habitaban ríos, lagunas, pantanos y otros cuerpos de agua de escasa corriente que formaban parte de los cálidos ecosistemas patagónicos de aquel tiempo, muy diferentes de los que existen actualmente en la región. Su alimentación era principalmente carnívora y estaba compuesta por peces, crustáceos, anfibios y otros pequeños animales acuáticos.


Madtsoia s.p Simpson,1933.

Aspecto de una vértebra de Madtsoia sp, (*)

Restos fósiles muy completos de Madtsoia sp, en el Museo de Ciencias Naturales Miguel Lillo de Tucumán.

Aspecto del genero Madtsoia sp, cuyos restos se han recuperado en el Paleoceno de la Patagonia. (*)

Ofideo. En 1959 se dio a conocer el hallazgo de una rama mandibular de gran tamaño procedente de sedimentos del Paleoceno tardío en las cercanías de Gaiman, al norte del río Chubut. El ejemplar fue atribuido al género Madtsoia y su antigüedad se estimó entre 55 y 60 millones de años. La presencia de este gigantesco ofidio resulta particularmente interesante desde el punto de vista paleoambiental. En la actualidad, las grandes serpientes constrictoras, como las pitones y las anacondas, habitan principalmente regiones tropicales y subtropicales caracterizadas por temperaturas elevadas, abundante humedad, densa vegetación y la presencia de numerosos cursos de agua. Uno de los principios fundamentales de la Paleontología consiste en utilizar la información aportada por organismos actuales para interpretar la biología y ecología de formas extintas. Si aceptamos que los grandes ofidios del Paleógeno patagónico poseían requerimientos ecológicos semejantes a los de sus equivalentes modernos, es posible inferir que las condiciones ambientales de la Patagonia hace unos 55 millones de años eran considerablemente más cálidas y húmedas que las actuales. Esta interpretación se ve respaldada por otras evidencias paleontológicas. El hallazgo de fósiles de plantas propias de climas cálidos, junto con restos de reptiles y mamíferos sensibles a las variaciones climáticas, indica que durante el Paleógeno temprano la Patagonia estuvo cubierta por ambientes mucho más benignos, con temperaturas elevadas y una abundante disponibilidad de agua.


Corydoras revelatus. Cockerll, 1925.

 

Fósil tipo de Corydoras revelatus en el British Natural History Museum, London.

 

Aspecto en vida de Corydoras revelatus  (*)

Pez, Siluriformes. Es una especie extinta de pez perteneciente al género Corydoras, dentro de la familia Callichthyidae y el orden Siluriformes. Fue descrita originalmente en 1925 a partir de un único ejemplar fósil hallado en sedimentos de la Formación Maíz Gordo, en la provincia de Salta, noroeste de Argentina. Estos depósitos corresponden al Paleoceno tardío y poseen una antigüedad estimada de aproximadamente 58 millones de años. Se trata del registro más antiguo conocido para el género Corydoras y uno de los más antiguos para la subfamilia Corydoradinae. Aunque la posición exacta de esta especie dentro del género aún no ha sido determinada con precisión, sus características anatómicas confirman su pertenencia a dicho grupo y demuestran que los calíctidos ya se habían diversificado antes del final del Paleoceno. En comparación con las especies actuales de Corydoras, C. revelatus poseía una cabeza relativamente corta y redondeada, con los ojos ubicados en una posición más baja. Como otros integrantes de la familia Callichthyidae, probablemente presentaba el cuerpo protegido por placas óseas y barbillas sensoriales alrededor de la boca, estructuras características de los peces conocidos popularmente como bagres o peces gato. Los representantes actuales de este grupo habitan principalmente ambientes de agua dulce y suelen vivir asociados al fondo de ríos, arroyos, lagunas y otros cuerpos de agua. Generalmente presentan hábitos crepusculares o nocturnos y se alimentan de una amplia variedad de organismos y materia orgánica disponible en el fondo, incluyendo pequeños invertebrados, algas, semillas, restos vegetales y otros recursos acuáticos. La presencia de Corydoras revelatus en los depósitos paleocenos del noroeste argentino constituye una valiosa evidencia de la temprana diversificación de los peces de agua dulce sudamericanos y aporta información sobre los ecosistemas fluviales que existieron en la región hace cerca de 60 millones de años.


Symphyomyrtus s.p. Schauer.

Fósil de Symphyomyrtus procedente de la Laguna del Hunco, en la provincia de Chubut. Imagen de prensa.

Aspecto de Symphyomyrtus (*)

Paleobotanica.  El hallazgo de hojas, flores, frutos y brotes fósiles en la Patagonia argentina permitió identificar los macrofósiles de eucalipto más antiguos conocidos hasta la fecha. Estos restos, recuperados en el yacimiento de Laguna del Hunco, provincia del Chubut, poseen una antigüedad de aproximadamente 51,9 millones de años (Eoceno temprano). La importancia de este descubrimiento radica en que constituye la evidencia fósil más antigua confirmada científicamente para el género Eucalyptus y la única reconocida de manera concluyente fuera de Australasia. Los estudios realizados permitieron asignar estos fósiles al subgénero Symphyomyrtus, demostrando que este linaje es considerablemente más antiguo de lo que se suponía. La identificación fue posible gracias a la presencia de numerosos caracteres diagnósticos conservados en los fósiles, entre ellos hojas alargadas y estrechas con bordes enteros, glándulas oleíferas visibles en la lámina foliar y características particulares de los frutos, como las cicatrices producidas por la caída de pétalos y sépalos. La historia evolutiva de los eucaliptos y de otros integrantes de la familia Myrtaceae ha permanecido poco documentada debido a la escasez de registros fósiles bien preservados. Por ello, el descubrimiento de Laguna del Hunco aporta información fundamental para comprender el origen y la diversificación temprana de este importante grupo de plantas. Actualmente, los eucaliptos son característicos de Australia y regiones vecinas, aunque numerosas especies han sido introducidas por el ser humano en distintos continentes. Sin embargo, estos fósiles demuestran que durante el Eoceno temprano el grupo ya formaba parte de los bosques que cubrían la Patagonia, en una época en la que el clima de la región era mucho más cálido y húmedo que el actual. En el estudio de estos fósiles participaron investigadores de diversas instituciones internacionales, entre ellas la Universidad Estatal de Pensilvania, el Museo de la Naturaleza y la Ciencia de Denver, la Universidad de Buenos Aires y el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF).


Notiantha grandensis. Nathan A. Jud, et al. 2017.

   

Fósil de Rhamnaceae, hallado en la  Formación Salamanca, Chubut.

Aspecto de un Rhamnaceae actual  (*)

Paleobotanica. Un equipo de investigadores de Argentina y Estados Unidos logró identificar una serie de flores fósiles halladas en la Patagonia argentina como pertenecientes a la familia Rhamnaceae, un importante grupo de plantas con flores que actualmente incluye árboles, arbustos y lianas distribuidos en numerosas regiones del mundo. Este descubrimiento ha permitido profundizar en el conocimiento de las antiguas conexiones florísticas entre los continentes del Hemisferio Sur y reconstruir aspectos de la evolución temprana de la vegetación tras la extinción de los dinosaurios. Los fósiles fueron estudiados por especialistas de la Universidad de Cornell y la Universidad Estatal de Pennsylvania (Estados Unidos), junto con investigadores de la Universidad Nacional del Comahue y del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-CONICET), en Argentina. Los ejemplares proceden de la Formación Salamanca, en la provincia del Chubut, y tienen una antigüedad aproximada de 64 millones de años, correspondiente al Paleoceno temprano. Los afloramientos de esta edad son escasos en todo el Hemisferio Sur, lo que convierte a estos fósiles en una fuente de información excepcional. El Paleoceno representa el primer capítulo de la Era Cenozoica y se desarrolló inmediatamente después de la gran extinción masiva ocurrida al final del Cretácico, hace unos 66 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios no avianos y numerosas especies de plantas y animales. Debido a la escasez de registros fósiles de este período, cada nuevo hallazgo resulta fundamental para comprender cómo se recuperaron los ecosistemas tras aquella crisis biológica global. Durante diversas campañas de campo realizadas entre 2005 y 2012, los investigadores recuperaron delicadas flores fósiles preservadas en finas lajas de roca. Debido a su pequeño tamaño y a la fragilidad del material, fue necesario realizar una cuidadosa preparación para exponer las estructuras florales y permitir su estudio detallado. Las ramnáceas (Rhamnaceae) constituyen una familia de plantas que incluye árboles, arbustos y especies trepadoras, muchas veces provistas de espinas. Sus hojas suelen ser simples y alternas, aunque en algunas especies son opuestas. Las flores, generalmente pequeñas y poco llamativas, presentan una gran diversidad morfológica y desempeñan un papel importante en numerosos ecosistemas. Actualmente, esta familia se encuentra ampliamente distribuida en regiones templadas y tropicales de todo el mundo. La presencia de estas plantas en la Patagonia paleocena demuestra que, pocos millones de años después de la extinción masiva del final del Cretácico, ya se habían establecido comunidades vegetales complejas y diversas en el extremo austral de América del Sur. Estos fósiles aportan información clave para comprender la evolución temprana de las angiospermas y las relaciones biogeográficas que existieron entre los continentes australes durante el inicio de la Era Cenozoica.


Lacinipetalum spectabilum. Jud, Gandolfo, Iglesias y Wilf, 2017.

 

Flor de Lacinipetalum spectabilum del Paleoceno de la Provincia de Chubut.

 

Aspecto actual de una flor de la familia Cunoniaceae. (*).

Paleobotanico. Es una pequeña flor fósil de aproximadamente 64 millones de años de antigüedad, descubierta en sedimentos de la Formación Salamanca, en la provincia del Chubut. Pertenece a la familia Cunoniaceae, un grupo de plantas con flores que actualmente incluye árboles y arbustos distribuidos principalmente en regiones templadas y tropicales del Hemisferio Sur. Los integrantes de esta familia suelen desarrollarse en ambientes húmedos y boscosos. Presentan hojas opuestas o dispuestas en espiral, raramente alternas, que pueden ser simples o compuestas. Una de sus características más distintivas es la presencia de estípulas bien desarrolladas. Sus flores poseen una estructura poco común entre las angiospermas, con diez sépalos y diez pétalos, mientras que los frutos suelen ser cápsulas leñosas que contienen numerosas semillas pequeñas provistas de tejido nutritivo rico en aceites. Los fósiles de Lacinipetalum spectabilum se encuentran resguardados en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), donde fueron estudiados por un equipo internacional de investigadores. A pesar de su reducido tamaño, esta flor aporta información de gran relevancia para comprender la evolución temprana de las Cunoniaceae y la diversificación de las plantas con flores poco después de la extinción masiva ocurrida al final del período Cretácico. El hallazgo demuestra que miembros de esta familia ya formaban parte de los ecosistemas patagónicos durante el Paleoceno temprano, cuando la región poseía un clima mucho más cálido y húmedo que el actual. Asimismo, constituye una valiosa evidencia de las antiguas conexiones biogeográficas entre Sudamérica, la Antártida y Australia, continentes que todavía conservaban vínculos florísticos heredados del antiguo supercontinente Gondwana. Actualmente, las Cunoniaceae continúan siendo componentes importantes de numerosos bosques del Hemisferio Sur, especialmente en Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda, Nueva Guinea y diversas islas del Pacífico, lo que convierte a Lacinipetalum spectabilum en un valioso testimonio de la antigua historia evolutiva de este grupo vegetal.


Dadoxylon (Araucaria) pseudoparenchymatosum. Gothan, 1908.

Troncos de especies primitivas de la familia de las coníferas en el Parque Paleontológico de Sarmiento, Chubut. (*)

Paleobotanica. A unos 38 kilómetros al sur de la ciudad de Sarmiento, en la provincia del Chubut, se encuentra uno de los yacimientos paleobotánicos más impresionantes de la Patagonia: un extenso bosque petrificado cuyos árboles vivieron hace aproximadamente 65 millones de años, cerca del límite entre los períodos Cretácico y Paleógeno. Los enormes troncos fosilizados, algunos de varios metros de longitud, constituyen verdaderos testigos de un mundo desaparecido. Su presencia conforma un paisaje de singular belleza, donde los colores de los estratos geológicos contrastan con la inmensidad de la estepa patagónica actual. La dureza de la roca ha reemplazado a la antigua madera, preservando en muchos casos detalles internos de los tejidos vegetales. La petrificación de estos árboles fue el resultado de un largo proceso geológico. Tras su caída, los troncos quedaron rápidamente sepultados por sedimentos volcánicos, principalmente cenizas y materiales expulsados durante intensos episodios eruptivos. Con el paso de millones de años, las aguas subterráneas cargadas de minerales penetraron en la madera, reemplazando gradualmente sus componentes orgánicos por sílice y otros minerales. Este proceso, conocido como silicificación, permitió conservar la estructura original de los troncos con extraordinario detalle. Los estudios realizados sobre granos de polen fósil y otros restos vegetales hallados en los sedimentos asociados han permitido reconstruir el paisaje que existía en la región durante aquella época. Lejos de la árida estepa actual, el área estaba cubierta por extensos bosques dominados por coníferas emparentadas con las araucarias modernas, acompañadas por helechos, palmeras y numerosas plantas con flores. El clima era templado a cálido, con abundantes precipitaciones y una importante disponibilidad de agua. Estos ambientes boscosos formaban parte de un ecosistema mucho más diverso que el actual. Ríos, lagunas y bosques albergaban una rica fauna de reptiles, aves y mamíferos primitivos, como lo demuestran los numerosos hallazgos paleontológicos realizados en la región de Sarmiento y otras localidades patagónicas. Con el transcurso del tiempo, los cambios climáticos y geológicos transformaron radicalmente el paisaje. El progresivo levantamiento de la Cordillera de los Andes modificó los patrones de circulación atmosférica, reduciendo el aporte de humedad proveniente del océano Pacífico y favoreciendo el desarrollo de las condiciones áridas que caracterizan actualmente a gran parte de la Patagonia.


Menucoa cazaui. Petriella 1969.

 

Tronco fósil de Menucoa cazaui, Terciario de Rio Negro. Exhibido en el Museo de La Plata.

 

Aspecto de un bosque de Menucoa cazaui,  (*)

Paleobotanica. Es una planta fósil conocida a partir de un tronco petrificado hallado en depósitos del Paleógeno temprano de la provincia de Río Negro, Argentina. Este ejemplar fue asignado al orden Cycadales, un antiguo grupo de plantas gimnospermas cuyo origen se remonta al menos al Pérmico tardío, hace más de 250 millones de años. Las cicadales forman parte de uno de los linajes vegetales más antiguos que aún sobreviven en el planeta. Aunque superficialmente recuerdan a las palmeras por la disposición de sus hojas y la presencia de un tronco generalmente no ramificado, ambos grupos no están estrechamente emparentados. Las palmeras son plantas con flores (angiospermas), mientras que las cicadales pertenecen a las gimnospermas, un grupo mucho más antiguo que incluye también a las coníferas y los ginkgos. Durante el Mesozoico, especialmente entre el Triásico y el Cretácico, las cicadales alcanzaron una gran diversidad y distribución mundial, formando parte importante de los ecosistemas que coexistieron con los dinosaurios. Debido a su abundancia durante aquella era, muchas veces se las considera componentes característicos de la denominada “flora mesozoica”. Las cicadáceas (Cycadaceae) constituyen una de las familias actuales del orden Cycadales. Su representante viviente más conocido es el género Cycas, cuyos registros fósiles confirmados se conocen desde el Cenozoico, aunque formas emparentadas poseen una historia evolutiva mucho más antigua. Junto con la familia Zamiaceae, integran los principales linajes modernos de cicadales. El hallazgo de Menucoa cazaui aporta valiosa información sobre la persistencia de estos antiguos grupos vegetales en América del Sur durante los primeros millones de años de la Era Cenozoica. Su presencia indica que las condiciones ambientales de la Patagonia y regiones vecinas eran muy diferentes a las actuales, con climas más cálidos y húmedos capaces de sostener una vegetación abundante y diversa. Los estudios anatómicos realizados sobre la madera petrificada permiten reconstruir aspectos de la biología de estas plantas y comprender mejor la evolución de las gimnospermas australes. Asimismo, constituyen una importante evidencia de la continuidad de linajes vegetales que habían sobrevivido a la extinción masiva ocurrida al final del Cretácico, hace aproximadamente 66 millones de años.


Anthozoa - Cnidaria.

Fragmento de arrecife fósil Paleoceno de La Pampa. (*) Aspecto que presentaría en vida el arrecife. (*)

Invertebrado. Anthozoa.  Hace entre 60 y 65 millones de años, durante el Paleoceno temprano, una extensa porción del actual sudoeste de la provincia de La Pampa se encontraba cubierta por aguas marinas vinculadas al Océano Atlántico. En aquel ambiente costero se desarrolló un importante arrecife de coral cuyos restos fósiles constituyen hoy uno de los hallazgos paleontológicos más extraordinarios de Sudamérica. El arrecife descubierto posee aproximadamente 10 metros de altura y una extensión cercana a los 300 por 400 metros. Su principal característica radica en que los organismos fueron hallados en posición de vida, es decir, conservados prácticamente en el mismo lugar donde crecieron hace más de 60 millones de años. Este tipo de preservación es extremadamente poco frecuente en el registro fósil, ya que la mayoría de los restos suelen ser transportados, fragmentados o alterados antes de su enterramiento. Tras la remoción de la cubierta vegetal que ocultaba los afloramientos, los investigadores pudieron reconocer una notable diversidad de organismos marinos. Además de los corales constructores del arrecife, se identificaron algas coralinas, esponjas, moluscos y erizos de mar, todos preservados dentro de una compleja estructura ecológica que permite reconstruir con gran detalle el ecosistema original. La presencia de estos organismos aporta información valiosa sobre las condiciones ambientales de la época. Los corales arrecifales requieren aguas cálidas, claras y bien iluminadas, por lo que se estima que la temperatura del mar superaba los 20 °C. Asimismo, las especies halladas indican que el arrecife se desarrolló en aguas relativamente someras y agitadas, probablemente a profundidades cercanas a los 10 metros y en proximidad a la línea de costa. Durante el Paleoceno temprano, pocos millones de años después de la extinción masiva que marcó el final del Cretácico y provocó la desaparición de los dinosaurios no avianos y numerosos grupos marinos, los ecosistemas comenzaron un proceso de recuperación y diversificación. Por ello, este arrecife constituye una valiosa ventana al estudio de la vida marina en una etapa clave de la historia de la Tierra. Los arrecifes coralinos de esta antigüedad son muy escasos a nivel mundial. Existen registros paleocenos en regiones como Dinamarca, Groenlandia y la Cuenca de París, aunque la mayoría corresponde a comunidades de aguas más frías o de menor complejidad. Por sus dimensiones, estado de conservación y abundancia de organismos preservados en posición de vida, el arrecife de La Pampa representa uno de los ejemplos más excepcionales conocidos para este intervalo de tiempo. Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre la evolución de los corales y otros invertebrados marinos, sino que también permite reconstruir con mayor precisión la ubicación de antiguas líneas de costa, las condiciones climáticas del Paleoceno y la recuperación de los ecosistemas marinos tras una de las mayores extinciones de la historia del planeta.


Paleoanculosa ameghiniana. Doello-Jurado, 1927.

 

Fósiles de la familia Thiariudae, proceden de la provincia de Santa Cruz, Argentina. Revista Ciencia Hoy.

 

Fósiles de Thiariudae, del Paleoceno (*).

Invertebrado Gasteropoda. Es una especie extinta de gasterópodo de agua dulce descrita originalmente por Martín Doello-Jurado en 1927 bajo el nombre de Melania ameghiniana. Estudios posteriores permitieron reasignarla al género Paleoanculosa, perteneciente a la familia Pleuroceridae, un grupo de moluscos dulceacuícolas estrechamente relacionado con formas que actualmente habitan América del Norte. El material tipo fue descubierto en la localidad de Lenza Niyeu, provincia de Río Negro, Argentina. Posteriormente, restos atribuidos a este género fueron reconocidos en diversos depósitos continentales y ambientes costeros de transición de la Cuenca Neuquina, incluyendo sedimentos paleocenos del Miembro La Tosca. La abundancia de estos fósiles en Patagonia demuestra que el grupo experimentó una rápida expansión durante los primeros millones de años de la Era Cenozoica. Los ancestros de estos caracoles habrían llegado a América del Sur desde América del Norte hacia finales del Cretácico o comienzos del Paleógeno, en un momento en que comenzaron a establecerse conexiones biogeográficas entre ambos continentes. Su presencia constituye una evidencia de los importantes intercambios faunísticos que ocurrieron durante esa etapa de la historia geológica, mucho antes del Gran Intercambio Biótico Americano que tuvo lugar millones de años después. Como todos los integrantes de la clase Gastropoda, Paleoanculosa ameghiniana pertenecía al grupo de los moluscos conocidos comúnmente como caracoles y babosas. Los gasterópodos constituyen una de las clases más diversas del reino animal, con más de 40.000 especies vivientes y miles de especies fósiles descritas. Se caracterizan por poseer un cuerpo blando provisto de un pie muscular utilizado para la locomoción y, en la mayoría de las especies, una única concha enrollada que protege los órganos internos. Uno de los rasgos más notables de los gasterópodos es la denominada torsión, un proceso evolutivo ocurrido durante el desarrollo de sus ancestros, mediante el cual la masa visceral y la cavidad paleal giraron aproximadamente 180 grados. Como consecuencia, estructuras que originalmente se encontraban en la parte posterior del cuerpo, como las branquias y el ano, pasaron a situarse sobre la región anterior, cerca de la cabeza. Esta transformación anatómica constituye una de las características distintivas del grupo. Los fósiles de Paleoanculosa ameghiniana aportan valiosa información sobre los ecosistemas acuáticos que existieron en la Patagonia durante el Paleoceno. Ríos, lagunas y humedales de clima cálido albergaban una rica fauna de invertebrados, peces, reptiles y mamíferos primitivos, en un paisaje muy diferente al de la Patagonia actual.


Nucleopygus salgadoi. Parma, 1986.

 

Echinoidea indet, de la Formación Salamanca, Bosque Petrificado Florentino Ameghino, Chubut.

 

Aspecto en vida de un integrante de los Echinoidea. (*).

Invertebrado, Equinodermo. Es una especie extinta de equinoideo, un grupo de equinodermos comúnmente conocidos como erizos de mar o dólar de mar. Estos organismos marinos poseen una extensa historia evolutiva que se remonta al período Silúrico, hace más de 430 millones de años, y continúan habitando los océanos actuales con una gran diversidad de formas y tamaños. Los equinoideos se caracterizan por carecer de brazos y presentar un esqueleto externo rígido, denominado teca o caparazón, formado por numerosas placas calcáreas estrechamente unidas entre sí. Sobre estas placas se articulan espinas móviles de diferentes tamaños, utilizadas para la locomoción, la protección y la interacción con el entorno. Aunque en muchos fósiles las espinas aparecen separadas del caparazón, originalmente formaban parte integral del organismo. Como todos los equinodermos, los erizos de mar poseen un sistema ambulacral o acuífero, una compleja red de canales internos llenos de agua. De este sistema surgen los podios o pies ambulacrales, estructuras flexibles que pueden extenderse más allá de las espinas y cumplen funciones relacionadas con el desplazamiento, la alimentación, la respiración y la percepción del ambiente. El caparazón está organizado según una simetría pentarradial característica de los equinodermos. Se encuentra dividido en diez sectores principales: cinco áreas ambulacrales y cinco áreas interambulacrales. En las regiones ambulacrales se ubican las perforaciones por donde emergen los podios, mientras que tanto en las zonas ambulacrales como en las interambulacrales se insertan las espinas. En la parte superior del caparazón se localiza el denominado sistema apical, compuesto por varias placas especializadas. Entre ellas se encuentra la placa madrepórica, encargada de regular el ingreso de agua al sistema ambulacral, junto con las placas genitales, relacionadas con la reproducción. Los fósiles de Nucleopygus salgadoi aportan valiosa información sobre los ecosistemas marinos del pasado. La presencia de estos permite reconstruir características del ambiente donde vivieron, como la profundidad del agua, la naturaleza del fondo marino y las condiciones ecológicas que existían en los antiguos mares que cubrieron amplias regiones de la actual Argentina durante el Cenozoico temprano. Debido a la excelente preservación de muchos ejemplares fósiles, los equinoideos constituyen uno de los grupos de invertebrados más importantes para los estudios de paleontología, estratigrafía y reconstrucción paleoambiental.


Otros vertebrados del Paleoceno Argentino:

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Bibliografía Utilizada.

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