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Fósiles del Paleoceno
de Argentina:
Este
Periodo/Epoca comprende entre 65 a 56 millones de años atrás, el cual se
encuentra dividido en cuatro edades (reconocido por los Paleontólogos
como Edad Mamífero).

Vista general del sitio Punta
Peligro en Chubut. rico en material paleontológico del Paleoceno.
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El
Paleoceno de Sudamérica se divide en varias edades mamífero,
definidas a partir de asociaciones fósiles características.
La edad Tiupampense abarca aproximadamente entre 64,5 y 63
millones de años atrás. Le sigue la edad Peligrense, cuya
antigüedad se estima entre 62,5 y 61,1 millones de años, y
cuyos sedimentos afloran principalmente en la región del
Golfo San Jorge, en la provincia de Chubut, Argentina.
Posteriormente se reconoce la edad Itaboraiense,
desarrollada entre 59 y 57,5 millones de años atrás.
Finalmente, la edad Riochiquense comprende un intervalo
entre 57 y 55,5 millones de años. Sus sedimentos se
encuentran expuestos en la zona de Río Chico, también en la
provincia de Chubut, donde se han descubierto numerosos
fósiles de mamíferos, especialmente ungulados sudamericanos
primitivos. Uno de los acontecimientos geológicos más
importantes de este período fue el prolongado aislamiento de
Sudamérica. Durante gran parte del Paleoceno y el Eoceno, el
continente permaneció separado de las demás masas
continentales durante aproximadamente 55 millones de años.
Esta situación favoreció la evolución independiente de
numerosos grupos de vertebrados, originando formas únicas
que no se registran en ninguna otra región del planeta. Como
consecuencia, Sudamérica desarrolló una de las faunas más
particulares de la historia geológica. Las condiciones
ambientales del Paleoceno fueron generalmente favorables
para el desarrollo de la vida. |
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El clima era
cálido y húmedo, con abundantes precipitaciones y una leve
estacionalidad. La vegetación se encontraba ampliamente
desarrollada y estaba compuesta por extensos bosques
subtropicales, áreas de sabanas arboladas y una gran
diversidad de plantas adaptadas a ambientes húmedos. El
relieve presentaba suaves pendientes y amplias llanuras
atravesadas por numerosos cursos y cuerpos de agua poco
profundos, algunos de los cuales podrían haber correspondido
a lagunas, estuarios o ambientes costeros de baja energía.
La cordillera de los Andes apenas comenzaba su proceso de
elevación y todavía no constituía la gran barrera climática
que representa en la actualidad. En la Patagonia
predominaban condiciones cálidas subtropicales. El paisaje
estaba dominado por extensos bosques donde prosperaban
muchos de los grupos vegetales heredados del Cretácico. Al
mismo tiempo, las angiospermas o plantas con flores, que
habían surgido y se diversificado durante el período
anterior, comenzaron a expandirse rápidamente,
transformándose en uno de los componentes más importantes de
los ecosistemas terrestres paleocenos.<<<
Principales sitios
fosilíferos de Argentina. |
Conflicto antarcticus.
Tambussi, C. et al. 2019.
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| Vista del
cráneo y pico articulado de
Conflicto
antarcticus, del Paleoceno temprano. |
Restos
fósiles varios de
Conflicto
antarcticus, hallado en la Antártica Argentina. |
Reconstrucción en vida. Por H. Santiago Druetta. |
Ave. El estudio de un fósil hallado
en la Antártida permitió a los científicos inferir que el
característico pico filtrador de los anseriformes apareció muy
tempranamente en la evolución de este grupo de aves. En 2007,
investigadores del Instituto Antártico Argentino descubrieron en la
isla Marambio, al noreste de la Península Antártica, el esqueleto
casi completo de una nueva especie de ave que vivió hace
aproximadamente 65 millones de años, durante el Paleoceno temprano.
Tras varios años de preparación y análisis, el hallazgo fue dado a
conocer en el Zoological Journal of the Linnean Society. Los
estudios determinaron que el ejemplar corresponde a un nuevo género
y especie basal de Anseriformes, el grupo que actualmente incluye a
patos, gansos y cisnes. Debido a la compleja combinación de
características anatómicas que dificultó establecer con precisión
sus relaciones evolutivas, la nueva especie fue denominada
Conflicto antarcticus. Los anseriformes modernos habitan
principalmente ambientes acuáticos y constituyen uno de los grupos
de aves más exitosos y diversificados del planeta. A diferencia de
muchas otras aves acuáticas, que suelen alimentarse de peces u otros
animales, los anseriformes consumen principalmente plantas acuáticas
y pequeños invertebrados. Para ello poseen laminillas en el pico que
funcionan como un sistema de filtrado, permitiéndoles separar el
alimento del agua y del sedimento. El excepcional estado de
preservación del fósil permitió conocer numerosos aspectos de la
biología de Conflicto antarcticus. La forma y proporciones de los
huesos pectorales y de las alas indican que era un ave capaz de
volar. Aunque no se recuperaron los tarsometatarsos ni las falanges
de las patas, los restos conservados sugieren que poseía miembros
posteriores largos y estilizados. Su aspecto general difería
notablemente del de los patos y gansos actuales. Presentaba un
cuerpo esbelto, con extremidades alargadas que recuerdan a las de
los flamencos, mientras que el cráneo mostraba similitudes con el de
los patos, aunque con un pico más estrecho y delicado. Esta singular
combinación de rasgos convierte a Conflicto antarcticus
en una de las aves más peculiares conocidas del Paleoceno.
Debido a la extraordinaria integridad del esqueleto, Conflicto
antarcticus constituye probablemente el registro más
completo e importante de un ave no marina del Paleoceno hallado en
el hemisferio sur. Además, aporta información fundamental sobre la
temprana diversificación de las aves modernas tras la extinción de
los dinosaurios. Las evidencias sedimentológicas y los fósiles
asociados indican que habitó una Antártida muy diferente de la
actual: un territorio cubierto por bosques templados y húmedos, con
abundante vegetación y una temperatura media anual estimada entre 9
y 15 °C. Este ambiente cálido permitió el desarrollo de una fauna
diversa mucho antes de que el continente quedara cubierto por los
hielos que hoy lo caracterizan.
Monotrematum
sudamericanum. Pascual,
1992.
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Cráneo de
Ornitorrinco del Paleoceno de Australia. |
Molar de Monotrematum, procedente de Patagonia. (*) |
Reconstrucción
de Monotrematum. (*) |
Mamífero
Monotrema.
Es uno de los mamíferos más singulares hallados en
Sudamérica, ya que constituye el primer y, hasta el momento, único
monotrema fósil descubierto fuera de Oceanía. Sus restos fueron
encontrados en 1992 por un equipo de investigadores del Museo de La
Plata encabezado por el paleontólogo Rosendo Pascual, en los
sedimentos paleocenos de Punta Peligro, provincia de Chubut,
Argentina. Su antigüedad se estima en aproximadamente 62 millones de
años. El hallazgo fósil consiste en dos dientes de la mandíbula
inferior y uno de la superior, pertenecientes a un animal
estrechamente relacionado con el actual ornitorrinco. Aunque los
restos recuperados son escasos, las características de sus molares
permitieron identificarlo como un representante de los monotremas,
el grupo de mamíferos que, a diferencia de los marsupiales y
placentarios, se reproducen mediante huevos. Las coronas molares
presentan una notable semejanza con las del género australiano
Obdurodon, especialmente por sus cúspides organizadas en
dos lóbulos con forma de V. Sin embargo, los dientes de
Monotrematum son considerablemente más grandes, casi el
doble del tamaño de los conocidos para Obdurodon,
además de pertenecer a un período mucho más antiguo. Estas
diferencias justificaron su asignación a un género propio. Debido a
la escasez del material fósil, resulta imposible reconstruir con
exactitud su aspecto. No obstante, los científicos suponen que
habría tenido una apariencia semejante a la del actual Ornitorrinco,
con hábitos probablemente asociados a ambientes acuáticos o
semiacuáticos, donde se alimentaría de pequeños invertebrados y
otros organismos acuáticos. La presencia de un monotrema en la
Patagonia constituye una evidencia extraordinaria de las conexiones
biogeográficas que existieron entre Sudamérica, la Antártida y
Australia durante el final del Cretácico y el inicio del Paleógeno.
En aquella época, estos continentes formaban parte del antiguo
supercontinente Gondwana y estaban unidos por masas terrestres que
permitían el intercambio de fauna. El clima era mucho más cálido que
el actual, favoreciendo la dispersión de numerosos grupos animales
entre regiones hoy completamente separadas. El descubrimiento de
Monotrematum sudamericanum demostró que los monotremas
tuvieron una distribución geográfica mucho más amplia de la que se
creía, convirtiéndose en una pieza clave para comprender la
evolución temprana de los mamíferos y la historia biogeográfica de
los continentes australes.
Escribania chubutensis. Bonaparte, Van Valen &
Kramarz, 1993
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Fragmento mandibular de
Escribania chubutensis. (*) |
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Aspecto de
Escribania chubutensis. (*) |
Mamífero Placentario.
Fue un mamífero placentario perteneciente
a la familia Didolodontidae, cuyos principales hallazgos proceden de
distintas localidades de Argentina, especialmente de la Patagonia,
así como de Brasil. Vivió durante el Paleoceno y el Eoceno temprano,
hace aproximadamente entre 60 y 50 millones de años, cuando
Sudamérica era un continente aislado y desarrollaba una fauna de
mamíferos única en el mundo. Escribania chubutensis
fue un pequeño mamífero ungulado sudamericano que alcanzaba
alrededor de 60 centímetros de longitud, aunque la escasez de restos
fósiles dificulta conocer con precisión su tamaño y aspecto. Su
estructura craneana y dentaria presenta ciertas semejanzas con la de
algunos roedores, aunque no estaba emparentado con ellos. Poseía una
dentición de coronas bajas, adaptada al consumo de hojas tiernas,
brotes, frutos y otros vegetales blandos. Probablemente habitaba
ambientes boscosos y húmedos, desplazándose entre la vegetación baja
en busca de alimento. Sus extremidades sugieren que era un animal
ágil y corredor, capaz de escapar rápidamente de los depredadores de
la época. La importancia de Escribania radica en que
forma parte de uno de los grupos más primitivos de mamíferos
ungulados de Sudamérica. Algunos investigadores consideran a los
didolodóntidos como posibles ancestros de los litopternos, mientras
que otros los ubican dentro de los llamados condilartros, un grupo
parafilético de mamíferos arcaicos. En cualquier caso, estos
animales representan una etapa fundamental en la evolución de los
grandes mamíferos herbívoros que dominarían los ecosistemas
sudamericanos durante gran parte de la Era Cenozoica.
Sudamerica ameghinoi.
Scillato-Yané, G.J. & Pascual.
1884.
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Fragmento
mandibular de Sudamerica ameghinoi. (*) |
Sudamerica ameghinoi.
La falta de fósiles mas completos generan dudas sobre su
fisonomía.(*) |
Mamífero
monotrema. Los mamíferos marsupiales y los
denominados “ungulados” nativos del Terciario sudamericano
constituyen algunos de los mejores ejemplos de evolución en
aislamiento geográfico. Durante millones de años, la separación de
Sudamérica del resto de los continentes favoreció la aparición de
formas únicas y la evolución convergente de numerosos caracteres
adaptativos. El descubrimiento de fósiles más completos de
Sudamerica ameghinoi permitió ampliar significativamente el
conocimiento sobre este enigmático mamífero y aportó información
valiosa para comprender las relaciones evolutivas de diversos grupos
de mamíferos australes. Al igual que otros mamíferos fósiles
sudamericanos, este taxón ha contribuido a esclarecer aspectos
fundamentales de la historia evolutiva de Gondwana. El paleontólogo
Rosendo Pascual dedicó gran parte de su carrera al estudio de los
mamíferos del Mesozoico y del Terciario de Sudamérica. Junto con
investigadores del Museo de La Plata describió los restos de
Sudamerica ameghinoi, un mamífero primitivo perteneciente al
grupo de los gondwanaterios, un linaje exclusivo de los continentes
australes que tuvo una larga historia evolutiva en Gondwana. Los
primeros restos de esta especie fueron descubiertos en Punta
Peligro, provincia de Chubut, Argentina, en sedimentos del Paleoceno
temprano, poco después de la extinción de los dinosaurios. La
especie fue nombrada en 1984 por Scillato-Yané y Rosendo Pascual en
homenaje a Florentino Ameghino. Posteriormente, en 1999, se halló
una mandíbula inferior casi completa que aportó nuevos datos sobre
su anatomía y permitió una mejor interpretación de sus afinidades
evolutivas. En los mismos niveles fosilíferos donde se encontró
Sudamerica ameghinoi apareció también un hallazgo
excepcional: dientes pertenecientes a Monotrematum
sudamericanum, el primer monotrema conocido fuera de
Oceanía. Este descubrimiento constituyó una evidencia fundamental de
las antiguas conexiones biogeográficas entre Sudamérica, la
Antártida y Australia. A pesar de los importantes avances realizados
durante las últimas décadas, la posición filogenética de los
gondwanaterios dentro de la clase Mammalia continúa siendo motivo de
debate. Sus peculiares características anatómicas los convierten en
uno de los grupos más enigmáticos de mamíferos fósiles conocidos, y
su estudio sigue aportando información clave para comprender la
evolución temprana de los mamíferos en los continentes del
hemisferio sur.
Epidolops ameghinoi.
Paula Couto 1952.
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Cráneo de Epidolops ameghinoi,
recuperado recientemente en Brasil.
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Rama mandibular de Epidolops ameghinoi
(*) |
Posible aspecto de Epidolops. (*) |
Mamífero
Marsupial.
Es un género extinto de marsupiales
perteneciente a la familia Polydolopidae, un grupo característico de
los ecosistemas sudamericanos del Paleógeno. Los polidolópidos
habitaron gran parte del extremo austral de Gondwana y sus restos
fósiles han sido hallados en la provincia de Chubut (Argentina),
Chile central y la Península Antártica, evidenciando las antiguas
conexiones biogeográficas entre estas regiones.El registro fósil de
estos animales está representado principalmente por dientes,
mandíbulas y cráneos, elementos que han permitido reconstruir
aspectos importantes de su anatomía y modo de vida. Los
polidolópidos constituyeron un grupo diverso de pequeños y medianos
marsupiales, cuya masa corporal habría oscilado entre
aproximadamente 60 gramos y 3,5 kilogramos. La compleja estructura
de sus dientes indica que poseían una alimentación variada. Se
considera que muchas especies fueron principalmente frugívoras,
consumiendo frutos y semillas, aunque algunas también pudieron
alimentarse de frutos de cáscara dura, brotes tiernos e incluso
pequeños invertebrados. Esta versatilidad alimentaria probablemente
les permitió ocupar distintos nichos ecológicos dentro de los
bosques subtropicales y templados que cubrían gran parte de
Patagonia y la Antártida durante el Paleógeno. Los polidolópidos
alcanzaron una notable diversificación durante el Paleoceno y el
Eoceno, convirtiéndose en uno de los grupos más característicos de
marsupiales sudamericanos de aquella época. Sin embargo, su historia
evolutiva llegó a su fin hacia finales del Eoceno y comienzos del
Oligoceno. Su extinción habría estado relacionada con importantes
cambios climáticos globales, que provocaron un marcado descenso de
las temperaturas y una progresiva aridización de los ambientes del
sur de Sudamérica. Al mismo tiempo, la separación definitiva entre
Sudamérica y la Antártida favoreció el establecimiento de corrientes
oceánicas frías que transformaron profundamente los ecosistemas
australes, reduciendo los hábitats boscosos de los que dependían
estos mamíferos. Gracias a su amplia distribución geográfica y a sus
particulares adaptaciones dentarias, los polidolópidos constituyen
uno de los grupos más interesantes para comprender la evolución de
los marsupiales sudamericanos y los cambios ambientales ocurridos
durante el Paleógeno. Polydolops fue uno de los
representantes más abundantes y mejor conocidos de la familia
Polydolopidae
Peligrotherium
tropicalis.
Bonaparte, Van Valen & Kramartz, 1993.
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Molares de Peligrotherium
(*). |
Posible aspecto de Peligrotherium
(*). |
Mamífero
Driolestoideo.
Es la única especie
conocida del género y que sus dientes muestran una notable
convergencia evolutiva con algunos roedores y ungulados herbívoros,
pese a no estar estrechamente emparentado con ellos. Esto ayuda a
explicar su peculiar adaptación a una dieta vegetal. Es un género
extinto de mamífero driolestoideo que habitó la Patagonia argentina
durante el Paleoceno temprano, hace aproximadamente 60 millones de
años. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la Formación
Salamanca, en la localidad de Punta Peligro, provincia de Chubut,
constituyendo uno de los hallazgos más importantes para comprender
la evolución de los mamíferos sudamericanos tras la extinción de los
dinosaurios. Este animal pertenecía a un antiguo linaje de mamíferos
originado en Gondwana durante el Mesozoico. Sus antepasados
convivieron con los dinosaurios durante el Cretácico y, de manera
excepcional, algunos representantes del grupo lograron sobrevivir a
la gran extinción ocurrida hace 66 millones de años.
Peligrotherium es una de las pruebas más notables de esa
supervivencia. Cuando fue descrito inicialmente por los
paleontólogos José Bonaparte, Leigh Van Valen y Jorge Kramarz en
1993, se lo interpretó como un posible mamífero placentario debido a
ciertas características de sus dientes y mandíbula. Sin embargo,
estudios posteriores demostraron que pertenecía al grupo de los
driolestoideos, un linaje de mamíferos muy antiguo cuya historia se
remonta al Jurásico. Los driolestoideos constituyen un grupo extinto
conocido principalmente por restos dentarios y mandibulares, por lo
que gran parte de su biología sigue siendo poco conocida. No
obstante, se sabe que poseían una mandíbula plenamente mamaliana y
un oído medio compuesto por tres huesecillos, características
típicas de los mamíferos modernos. Algunos investigadores consideran
que este grupo representa una rama evolutiva cercana a los ancestros
de los mamíferos terios, mientras que otros los interpretan como un
linaje independiente. Peligrotherium habría alcanzado
un tamaño comparable al de un zorro pequeño. Sus robustos dientes
estaban especialmente adaptados para triturar material vegetal duro,
como frutos, semillas y otras partes de las plantas, lo que indica
una dieta predominantemente herbívora o al menos omnívora con una
fuerte componente vegetal. El descubrimiento de Peligrotherium
tuvo una enorme importancia científica porque demostró que algunos
grupos de mamíferos mesozoicos, entre ellos ciertos driolestoideos,
gondwanaterios y monotremas, lograron sobrevivir a la extinción
masiva que marcó el final del Cretácico. Este hallazgo transformó la
visión que se tenía sobre la evolución de los mamíferos en el
hemisferio sur y convirtió a la Patagonia en una región clave para
estudiar la persistencia de antiguos linajes que desaparecieron en
otras partes del mundo. Hasta donde se conoce actualmente,
Sudamérica constituye uno de los pocos lugares del planeta donde
varios grupos de mamíferos con raíces mesozoicas lograron atravesar
la crisis biológica del límite Cretácico-Paleógeno, manteniendo
vivas durante millones de años líneas evolutivas que se creían
extinguidas junto con los dinosaurios.
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Cráneo de
Eoastrapostylops riolorense,
del Paleoceno de Tucumán. |
Vista del
cráneo y mandíbula de
Eoastrapostylops riolorense.
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Posible
aspecto del primitivo
meridiungulado
Eoastrapostylops riolorense. (*). |
Mamífero
meridiungulado.
Fue un pequeño mamífero herbívoro extinto
perteneciente al grupo de los meridiungulados, un conjunto de
ungulados nativos de Sudamérica que evolucionó de manera aislada
durante gran parte del Cenozoico. Vivió durante el Paleoceno tardío,
hace aproximadamente entre 59 y 56 millones de años, y sus restos
fósiles fueron hallados en el noroeste de Argentina. Se trataba de
un animal de dimensiones reducidas. Su cráneo apenas alcanzaba los 9
centímetros de longitud y probablemente no superaba el medio metro
de largo total. Presentaba un hocico corto y relativamente robusto.
Aunque sus caninos estaban bien desarrollados, todavía no se habían
transformado en los grandes colmillos característicos de los
astrapoterios más evolucionados. Asimismo, los huesos nasales
conservaban una posición normal, lo que indica que carecía de la
probóscide o trompa corta que aparecería en algunos de sus
descendientes. La dentición de Eoastrapostylops
muestra varias características que anticipan las observadas en
astrapoterios posteriores, como Trigonostylops,
sugiriendo que se encontraba en una etapa temprana de la evolución
de este linaje. Sus dientes estaban adaptados al consumo de
vegetación blanda, hojas y brotes, propios de los ambientes cálidos
y húmedos que predominaban en Sudamérica durante el Paleoceno. La
especie Eoastrapostylops riolorense fue descrita en
1981 a partir de fósiles descubiertos en la Formación Río Loro,
dentro de la actual Reserva Natural Aguas Chiquitas, en la provincia
de Tucumán. Los investigadores reconocieron desde un principio que
estos restos representaban una de las formas más primitivas
conocidas relacionadas con los astrapoterios, motivo por el cual
crearon la familia Eoastrapostylopidae. Sin embargo, estudios
posteriores revelaron que la anatomía de la región auditiva de
Eoastrapostylops presenta importantes diferencias
respecto de los astrapoterios más avanzados, como
Trigonostylops y Astraponotus. Por el
contrario, comparte varios rasgos con otros meridiungulados
primitivos y con ciertos mamíferos ungulados arcaicos. Estas
evidencias sugieren que Eoastrapostylops ocupó una
posición muy basal dentro de los meridiungulados, cercana al punto
de divergencia de los principales linajes que posteriormente darían
origen a los astrapoterios, litopternos, piroterios y notoungulados.
Debido a su antigüedad y a la combinación de características
primitivas y derivadas que presenta, Eoastrapostylops
constituye una pieza clave para comprender los primeros pasos de la
evolución de los mamíferos ungulados sudamericanos tras la extinción
de los dinosaurios.
Victorlemoinea
labyrinthica.
Ameghino, 1901.
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Fragmento
mandibular. (*) |
Posible
aspecto de Victorlemoinea. Por MarMag.2025. |
Lipoterma.
Es un género primitivo de la familia Macraucheniidae,
estrechamente emparentado con la célebre Macrauchenia, uno de los
mamíferos más característicos del Pleistoceno sudamericano. Ambos
pertenecen al orden Litopterna, un grupo de ungulados nativos de
Sudamérica completamente extinguido y sin representantes actuales.
Los litopternos constituyen uno de los ejemplos más notables de
evolución aislada en el continente sudamericano durante el Cenozoico
Este animal poseía un cuerpo esbelto y proporciones similares a las
de un guanaco moderno, aunque su aspecto general debió ser bastante
diferente. Una de sus características más llamativas era la posición
retraída de las aberturas nasales en el cráneo, lo que sugiere la
presencia de una pequeña trompa o probóscide muscular. Aunque
probablemente no alcanzaba el desarrollo observado en los elefantes
actuales, esta estructura habría sido útil para seleccionar
vegetación, arrancar hojas y brotes tiernos, e incluso para detectar
olores. Algunos paleontólogos han sugerido que la trompa también
pudo haber desempeñado una función secundaria relacionada con la
vida en ambientes húmedos, permitiéndole respirar mientras
permanecía parcialmente sumergido en lagunas, esteros o zonas
pantanosas. Sin embargo, esta hipótesis aún carece de evidencias
concluyentes. Los restos fósiles conocidos son relativamente escasos
y se encuentran en distintos grados de preservación. Aun así, los
huesos largos recuperados aportan información importante sobre su
locomoción. Las proporciones entre el fémur y la tibia indican que
se trataba de un animal ágil y adaptado a la carrera, una
característica que sería común en los litopternos posteriores. Su
alimentación era exclusivamente herbívora. Probablemente consumía
hojas, brotes y otras partes tiernas de las plantas que crecían en
las cercanías de lagunas, esteros y áreas boscosas. Durante el
Paleoceno, los ambientes de la Patagonia estaban dominados por
climas cálidos y húmedos, con extensos bosques subtropicales y
abundantes cuerpos de agua, que proporcionaban recursos vegetales
durante gran parte del año. Los fósiles de este género proceden
principalmente de sedimentos del Paleoceno superior de la provincia
de Chubut, Argentina. No obstante, algunos aspectos relacionados con
la antigüedad exacta y la interpretación de los materiales tipo
continúan siendo motivo de debate entre los especialistas. A pesar
de ello, este mamífero representa una de las evidencias más
tempranas de la diversificación de los litopternos, un grupo que
alcanzaría un notable éxito evolutivo en Sudamérica durante millones
de años.
Dolichostylodon saltensis.
García López y Powell, 2008.
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Fragmento de cráneo de
Dolichostylodon. (*) |
Posible aspecto de
Dolichostylodon. (*) |
Mamífero
Notoungulado. Los Oldfieldthomasiidae
constituyen una familia extinta de mamíferos notoungulados
pertenecientes al suborden Typotheria, un grupo de ungulados nativos
que evolucionó exclusivamente en Sudamérica. Fueron animales de
pequeño a mediano tamaño que habitaron el continente durante gran
parte del Paleógeno. Sus registros más antiguos podrían remontarse
al Paleoceno, aunque esta antigüedad aún es motivo de debate, ya que
algunos hallazgos atribuidos a la familia, procedentes de la
localidad boliviana de Tiupampa, están basados en restos muy
fragmentarios y de identificación incierta. Entre los representantes
de este grupo se encuentra Longicolumna saltaensis,
una especie conocida a partir de restos craneales, mandibulares y
dentarios hallados en la provincia de Salta. El nombre del género
proviene del latín longus (largo) y columna
(columna vertebral), en referencia a ciertas características
anatómicas de su esqueleto, mientras que el nombre específico honra
a la provincia donde fue descubierto. Este mamífero vivió durante el
Eoceno temprano, hace aproximadamente 50 millones de años, y formaba
parte de los ecosistemas que prosperaron en el noroeste argentino
durante los primeros capítulos de la Era Cenozoica. Presentaba un
cráneo relativamente corto y amplias órbitas oculares, rasgo que ha
llevado a algunos investigadores a sugerir que podría haber tenido
una visión bien desarrollada y posiblemente hábitos crepusculares o
nocturnos. Su dentición braquiodonta, es decir, de coronas bajas,
indica una alimentación basada principalmente en hojas, brotes
tiernos y otro tipo de vegetación blanda. Los restos fósiles fueron
recuperados en sedimentos de la Formación Lumbrera, una de las
unidades geológicas más importantes del Grupo Salta para el estudio
de la evolución temprana de los mamíferos sudamericanos. La especie
fue descrita por los paleontólogos Daniel García y Jaime Powell, y
constituye una valiosa evidencia de la diversidad y temprana
radiación evolutiva de los notoungulados en Sudamérica, uno de los
grupos de mamíferos más característicos y exitosos de la fauna
cenozoica del continente.
Henricosbornia.
Ameghino, 1901.
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Fragmento de maxilar con
molares de
Henricosbornia.
(*) |
Posible aspecto de
Henricosbornia.
(*) |
Mamífero
Notoungulado.
Fue uno de los mamíferos placentarios
más antiguos pertenecientes al orden de los Notoungulata, un grupo
de ungulados nativos de Sudamérica que alcanzó una notable
diversificación durante el Cenozoico. Vivió entre finales del
Paleoceno y comienzos del Eoceno, hace aproximadamente entre 58 y 55
millones de años, en los ambientes boscosos y húmedos que
caracterizaban a la Patagonia de aquella época. El género está
representado por una única especie,
Henricosbornia waitehor,
descrita por George Gaylord Simpson en 1935 a partir de restos
fósiles hallados en la localidad de Cañadón Hondo, en la provincia
del Chubut, Argentina. Sus características anatómicas muestran
rasgos muy primitivos dentro de los notoungulados, por lo que es
considerado uno de los integrantes más basales de este importante
linaje de mamíferos sudamericanos. Aunque su aspecto general
recuerda al de un pequeño herbívoro de constitución ligera, su
dentición revela una dieta basada principalmente en hojas, brotes
tiernos y otra vegetación blanda. El estudio de
Henricosbornia
resulta fundamental para comprender los primeros pasos evolutivos de
los notoungulados y la temprana diversificación de los mamíferos
autóctonos de Sudamérica, un continente que durante gran parte del
Cenozoico permaneció aislado y desarrolló una fauna única en el
mundo.
Archaeogaia macachaae.
Zimicz et al,
2020.
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Fragmento mandibular de Archaeogaia macachaae, imagen
de prensa. |
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Posible
aspecto del ungulado primitivo salteño Archaeogaia
macachaae. (*). |
Mamífero
Notoungulado.
Es un pequeño mamífero fósil que vivió
hace aproximadamente 62 millones de años, durante el Paleoceno. Su
descubrimiento se basa en un fragmento de mandíbula que conserva
apenas tres dientes, suficientes para identificarlo como uno de los
representantes más antiguos conocidos de los notoungulados, el grupo
más diverso y exitoso de ungulados nativos de Sudamérica. Se trataba
de un animal de reducidas dimensiones, probablemente un herbívoro
ágil y activo que se alimentaba de hojas, brotes tiernos y otra
vegetación disponible en los ecosistemas de la época. Los
notoungulados formaron parte de una extraordinaria radiación
evolutiva desarrollada en aislamiento geográfico, ya que Sudamérica
permaneció separada de los demás continentes durante gran parte del
Cenozoico. Aunque algunos miembros de este grupo alcanzaron tamaños
considerables, la mayoría fueron animales pequeños o medianos. El
hallazgo de Archaeogaia macachaae reviste una enorme
importancia científica, ya que constituye uno de los registros más
antiguos conocidos de los notoungulados. Su estudio aporta
información fundamental para comprender el origen, la temprana
evolución y la diversificación de los mamíferos autóctonos
sudamericanos. Además, este grupo desempeña un papel clave en el
debate sobre el origen biogeográfico de la fauna mamaliana
sudamericana, particularmente en las hipótesis que proponen una
procedencia norteamericana o africana para sus ancestros. El fósil
fue descubierto en el Parque Nacional Los Cardones, en la provincia
de Salta, y pone de manifiesto el enorme valor del registro
paleontológico salteño para reconstruir las primeras etapas de la
evolución de los mamíferos en América del Sur. Desde el punto de
vista geológico, representa apenas el segundo fósil conocido para
esa unidad estratigráfica y para ese intervalo temporal en la
provincia. Asimismo, posee relevancia continental, ya que los
registros fósiles correspondientes a este período son extremadamente
escasos en Sudamérica, especialmente los pertenecientes a este grupo
de mamíferos. La especie fue denominada Archaeogaia macachaae
en homenaje a Macacha Güemes, destacada figura de
la historia argentina y protagonista fundamental de las luchas por
la independencia, cuya labor política y social resultó decisiva para
la defensa del norte del país y, en particular, de la provincia de
Salta.
Chiroptera ident.
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Molares de los
murciélagos
hallados en Chubut, (*) |
Posible aspecto del cráneo
del Quiróptero del Paleoceno. (*) |
Reconstrucción
del Quiroptero hallado. (*) |
Mamífero Quiróptero. Un equipo de investigadores
argentinos y estadounidenses descubrió, en las cercanías de la
localidad chubutense de Paso del Sapo, una extraordinaria asociación
fósil compuesta por restos de al menos 50 especies de mamíferos que
habitaron la Patagonia hace más de 50 millones de años. Entre los
hallazgos más destacados se encuentran dos molares pertenecientes a
los murciélagos más antiguos conocidos de Sudamérica. La importancia
de este descubrimiento radica en que constituye el registro más
antiguo de murciélagos para el continente sudamericano y uno de los
más antiguos del mundo. Los fósiles, recuperados en la localidad
paleontológica de Laguna Fría, poseen una antigüedad cercana a los
52 millones de años, correspondiente al tránsito entre el Paleoceno
tardío y el Eoceno temprano. Hasta el momento, los registros más
antiguos de murciélagos provenían de América del Norte, Europa y
Australia, con edades estimadas en torno a los 55 millones de años,
por lo que los ejemplares patagónicos se encuentran entre los más
tempranos conocidos a escala global. Los murciélagos son uno de los
grupos de mamíferos más singulares debido a su capacidad de vuelo
activo, una adaptación única entre los mamíferos. Aunque los restos
hallados son escasos y están representados únicamente por dos
molares, sus características anatómicas permitieron determinar que
pertenecían a formas primitivas de hábitos insectívoros, cuya
alimentación se basaba en la captura de insectos voladores. Este
hallazgo aporta información fundamental para comprender los primeros
momentos de la evolución de los murciélagos y demuestra que, poco
tiempo después de su aparición, estos mamíferos ya se habían
dispersado ampliamente por distintos continentes. Asimismo, refuerza
la importancia de los yacimientos paleontológicos de la Patagonia
como una de las principales ventanas al conocimiento de la evolución
temprana de los mamíferos en el hemisferio sur.
Calyptocephalella sp.
Duméril & Bibron, 1841
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| Restos
fósiles de una rana Calyptocephalella en una
egagropila de ave. Imagen Fundación Azara. |
Aspecto
actual de un esqueleto de Calyptocephalella,
semejante al hallado. (*). |
Aspecto de
una rana paleocena del genero Calyptocephalella (*). |
Anfibio, Anuro. Es un género de anfibios
anuros perteneciente a la familia Calyptocephalellidae, endémica de
la región austral de América del Sur. El género incluye varias
especies extintas que habitaron la Patagonia argentina desde el
Cretácico tardío hasta el Mioceno temprano, así como una única
especie viviente, actualmente restringida a ambientes húmedos del
centro-sur de Chile. Su larga historia evolutiva convierte a este
grupo en uno de los linajes de anfibios más antiguos y exitosos del
extremo austral del continente. El ejemplar fósil estudiado
corresponde a una especie previamente desconocida para la ciencia y
aporta nueva información sobre la temprana diversificación del
género. Calyptocephalella logró sobrevivir al evento
de extinción masiva ocurrido al final del Cretácico, conocido como
límite K–Pg (Cretácico-Paleógeno), que provocó la desaparición de
los dinosaurios no avianos y de numerosas formas de vida. Durante
gran parte del Cenozoico, estos anfibios fueron abundantes en la
Patagonia, aunque en la actualidad sus representantes sobreviven
únicamente en territorio chileno. El fósil fue hallado en la
localidad de Punta Peligro, sobre la costa atlántica de la provincia
del Chubut, Argentina, en sedimentos depositados durante los inicios
de la Era Cenozoica, hace aproximadamente 60 millones de años. Estas
rocas han proporcionado una extraordinaria diversidad de vertebrados
fósiles, incluyendo mamíferos primitivos, cocodrilos, tortugas,
lagartos y esfenodontes, lo que evidencia la riqueza biológica de
ecosistemas hoy desaparecidos. Uno de los aspectos más sorprendentes
del hallazgo es que el esqueleto de la rana se encontraba preservado
en el interior de una egagrópila fósil. Las egagrópilas son masas
compactas de restos alimenticios no digeridos —como huesos, pelos,
escamas o fragmentos de insectos— que ciertos animales regurgitan
tras la digestión. En la actualidad, son producidas principalmente
por aves rapaces, especialmente búhos y lechuzas. Aunque hasta el
momento no se han encontrado restos óseos de aves en estos
depósitos, la disposición anatómica, el patrón de acumulación y las
señales de desgaste observadas en los huesos permitieron a los
investigadores interpretar esta estructura como una egagrópila
producida por un ave depredadora. Este descubrimiento reviste una
importancia excepcional, ya que representa la egagrópila fósil más
antigua conocida de Sudamérica y una de las más antiguas registradas
a nivel mundial. Los resultados de esta investigación fueron
publicados por un equipo de paleontólogos integrado por Paula
Muzzopappa y Juan Pablo Garderes (Fundación Azara–Universidad
Maimónides), Agustín Martinelli (Museo Argentino de Ciencias
Naturales “Bernardino Rivadavia”) y Guillermo Rougier (Universidad
de Louisville). El estudio de esta egagrópila tridimensionalmente
preservada no solo permitió identificar una nueva especie de
anfibio, sino también reconstruir aspectos de las interacciones
ecológicas entre depredadores y presas apenas unos millones de años
después de la gran extinción que marcó el fin de la Era Mesozoica.
Apesteguia et al. 2014.
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| Cráneo
ilustrativo de Esfenodonte. |
Aspecto de un
Esfenodonte.
(*). |
Reptil,
Esfenodonte.
Los esfenodontes o rincocéfalos constituyen un antiguo
orden de reptiles diápsidos que alcanzó una amplia distribución y
diversidad durante la Era Mesozoica. En la actualidad, este linaje
está representado únicamente por el género Sphenodon,
conocido comúnmente como tuátara, cuyas especies sobreviven de
manera restringida en algunas islas de Nueva Zelanda. Sin embargo,
el registro fósil demuestra que los esfenodontes fueron mucho más
diversos en el pasado y habitaron extensas regiones de los antiguos
continentes australes. Uno de estos representantes extintos es
Kawasphenodon peligrensis, especie conocida a
partir de un fragmento mandibular hallado en la localidad fosilífera
de Punta Peligro, provincia del Chubut, Argentina. Los restos
proceden de sedimentos de la Formación Salamanca, depositados
durante el Paleoceno temprano, pocos millones de años después de la
extinción masiva que marcó el final de la Era Mesozoica. Al igual
que los tuátaras actuales, Kawasphenodon habría sido
un depredador oportunista de pequeño tamaño. Su alimentación
probablemente incluía insectos, caracoles, arañas, pequeños
vertebrados, huevos y crías de otros animales. Estos reptiles
formaban parte de ecosistemas complejos que coexistieron con los
primeros mamíferos y aves modernas durante los inicios del
Cenozoico. Los esfenodontes poseen una historia evolutiva que se
remonta a más de 200 millones de años, cuando compartían los
ecosistemas terrestres con los dinosaurios. Durante gran parte de su
evolución estuvieron ampliamente distribuidos en Gondwana, el
supercontinente austral que reunía a Sudamérica, África, Antártida,
Australia, India y otros bloques continentales. La fragmentación
progresiva de Gondwana provocó el aislamiento de sus poblaciones,
quedando Nueva Zelanda como el último refugio donde los tuátaras
lograron sobrevivir hasta la actualidad. Debido a la conservación de
numerosos rasgos anatómicos ancestrales, los tuátaras suelen ser
considerados "fósiles vivientes". Entre sus características más
notables se encuentran la presencia de un ojo pineal bien
desarrollado —una estructura fotosensible ubicada en la parte
superior del cráneo—, la conservación de dos fosas temporales
completas y vértebras de tipo anficelo, rasgos poco frecuentes entre
los reptiles modernos. Además, constituyen un caso singular dentro
de los reptiles actuales, ya que los machos carecen de hemipenes,
los órganos copuladores presentes en lagartos y serpientes,
realizando la reproducción mediante el contacto directo de las
cloacas. El hallazgo de Kawasphenodon peligrensis
aporta valiosa información sobre la supervivencia y diversificación
de los esfenodontes en Sudamérica tras la extinción de finales del
Cretácico, y confirma que estos antiguos reptiles continuaron
formando parte de los ecosistemas patagónicos durante los primeros
millones de años de la Era Cenozoica.
Lorosuchus nodosus. Pol y Powell, 2011.
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Cráneo de Lorosuchus nodosus del
Paleoceno de Tucumán. Museo de Ciencias Naturales Miguel
Lillo. (*) |
Aspecto probable de Lorosuchus. (*) |
Reptil,
sebécido. Es una
especie extinta de crocodiliforme perteneciente a los Sebecidae, un
grupo de depredadores terrestres que prosperó en Sudamérica durante
gran parte del Cenozoico. Este género constituye uno de los
representantes más primitivos conocidos de la familia y aporta
información fundamental para comprender el origen y la evolución
temprana de los sebécidos tras la extinción de los dinosaurios. La
especie es conocida a partir del ejemplar holotipo PVL 6219, que
incluye un cráneo casi completo articulado con la mandíbula
inferior, además de restos fragmentarios del esqueleto postcraneal.
Los fósiles fueron descubiertos en el extremo sur del Alto de
Medina, cerca del lago El Cadillal, en la provincia de Tucumán,
Argentina. Proceden de sedimentos de la Formación Río Loro, cuya
antigüedad corresponde al Paleoceno medio-tardío, hace
aproximadamente entre 61 y 56 millones de años. A diferencia de los
cocodrilos actuales, que poseen hábitos principalmente acuáticos o
semiacuáticos, los sebécidos eran depredadores predominantemente
terrestres. Presentaban extremidades relativamente largas y una
cabeza alta y comprimida lateralmente, adaptaciones que les
permitían desplazarse activamente por tierra firme y capturar presas
mediante una poderosa mordida. Sus dientes comprimidos y aserrados
recuerdan a los de algunos dinosaurios carnívoros, lo que refleja su
papel como importantes depredadores dentro de los ecosistemas
sudamericanos de la época. Lorosuchus se
distingue por una combinación única de características anatómicas,
entre ellas un borde narial elevado y la presencia de una cresta
sobre la región anteromedial de los premaxilares. Estas
particularidades permitieron reconocerlo como un género diferente de
otros sebécidos conocidos. Los análisis filogenéticos lo identifican
como uno de los miembros más basales de la familia, ocupando una
posición cercana al origen evolutivo del grupo. El género fue
descrito en 2011 por los paleontólogos Diego Pol y Jaime E. Powell.
Su nombre combina la palabra “Loro”, en referencia a
la Formación Río Loro donde fue hallado, con el sufijo griego
suchus, derivado de souchos, nombre
griego del dios egipcio Sobek, tradicionalmente asociado a los
cocodrilos. El epíteto específico, nodosus, hace
alusión a la peculiar ornamentación de la superficie dorsal del
cráneo, caracterizada por prominencias y relieves que le confieren
un aspecto nodular. El descubrimiento de Lorosuchus nodosus
resulta especialmente relevante porque documenta una etapa muy
temprana en la evolución de los sebécidos, un linaje de depredadores
que llegaría a convertirse en uno de los principales grupos
carnívoros de Sudamérica durante gran parte del Paleógeno. Su
presencia demuestra que, pocos millones de años después de la
extinción masiva del final del Cretácico, los ecosistemas
sudamericanos ya albergaban una notable diversidad de grandes
reptiles depredadores adaptados a la vida terrestre.
Protocaiman
peligrensis. Bona et al.,
2018.
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Fragmento
hallado
Protocaiman peligrensis,
y su ubicación anatómica. Prensa. |
Aspecto de
Protocaiman peligrensis. (*). |
Reptil, aligatórido.
Es una especie extinta de crocodiliano
que habitó la Patagonia durante los albores de la Era Cenozoica,
hace aproximadamente 65 millones de años. Sus restos fósiles fueron
descubiertos en la localidad de Punta Peligro, un accidente
geográfico ubicado sobre la costa del Golfo San Jorge, en la
provincia del Chubut, entre las ciudades de Comodoro Rivadavia y
Bahía Bustamante. El nombre de la especie hace referencia
precisamente a este lugar de hallazgo. Conocido a partir de restos
craneales, Protocaiman representa uno de los
miembros más antiguos registrados del grupo de los caimanes (Caimaninae),
una rama de cocodrilianos que en la actualidad incluye a especies
ampliamente distribuidas en los ambientes de agua dulce de América
del Sur y Central. Su descubrimiento reviste una importancia
excepcional, ya que los fósiles correspondientes a las primeras
etapas evolutivas de los caimanes son extremadamente escasos y, por
lo general, se encuentran muy fragmentados o mal preservados. Las
estimaciones sugieren que este antiguo reptil alcanzaba un tamaño
considerable, posiblemente duplicando las dimensiones de muchos
yacarés actuales. Como otros cocodrilianos, habría sido un
depredador oportunista, alimentándose de peces, anfibios, reptiles y
pequeños vertebrados que habitaban los ambientes fluviales y
costeros de la Patagonia paleocena. El hallazgo de
Protocaiman peligrensis ha permitido replantear aspectos
fundamentales de la historia evolutiva de los caimanes. Los estudios
filogenéticos realizados a partir de este material sugieren que los
ancestros de este grupo podrían haber habitado América del Norte
durante los últimos tiempos de los dinosaurios y que su dispersión
hacia Sudamérica se habría producido antes de la extinción masiva
ocurrida hace 66 millones de años, al final del Cretácico. Una vez
establecidos en el continente sudamericano, los caimanes
experimentaron una importante diversificación evolutiva que dio
origen a numerosas formas extintas y a las especies actuales. Además
de aportar información valiosa sobre el origen de los caimanes,
Protocaiman peligrensis constituye una evidencia clave para
comprender cómo sobrevivieron y se diversificaron los cocodrilianos
tras la gran extinción que acabó con los dinosaurios no avianos. Su
presencia en los depósitos paleocenos de Punta Peligro demuestra que
estos reptiles ya formaban parte de los ecosistemas patagónicos poco
después de uno de los eventos biológicos más trascendentales de la
historia de la vida en la Tierra.
Eocaiman
palaeocenicus.
Bona,
2008.
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Cráneo y mandíbula de Eocaiman. (*) |
Posible aspecto de Eocaiman. (*) |
Reptil, aligatórido.
Representa
uno de los pocos taxones de aligatoroideos caimaninos conocidos para
el Paleógeno de América del Sur. Este género ha sido registrado con
certeza en la Patagonia durante el Eoceno tardío, a través de la
especie Eocaiman cavernensis
Simpson, y en el Mioceno medio del área de La Venta, Colombia,
mediante restos asignados a
Eocaiman
sp. Más recientemente, se dio a conocer una nueva especie,
Eocaiman palaeocenicus,
procedente de los niveles superiores de la Formación Salamanca
(Paleoceno inferior), sobre la base de materiales recuperados en la
zona costera de la provincia del Chubut, Argentina. Los
Alligatoridae se encuentran escasamente representados en el registro
paleontológico del Paleógeno sudamericano y, hasta el momento, no
han sido reconocidos en depósitos del Cretácico tardío de este
continente. Se trata de una familia de reptiles crocodilianos
exclusiva de América. Sus representantes actuales son conocidos
comúnmente como aligátores, caimanes y, en algunas regiones de
Sudamérica, yacarés. El grupo incluye a los géneros vivientes
Alligator,
Caiman,
Melanosuchus y
Paleosuchus, además
de numerosos géneros extintos.Al igual que ocurre con los caimanes
actuales, la dieta de
Eocaiman cavernensis probablemente variaba con la edad. Los
individuos juveniles se habrían alimentado principalmente de
insectos y anfibios, mientras que los adultos incorporarían presas
de mayor tamaño, como peces, aves y pequeños mamíferos. En ambientes
donde escaseaban las grandes presas, también podrían haber consumido
moluscos de gran tamaño.
Bretesuchus
bonapartei.
Gasparini et al., 1993.
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Dientes de . Ilustrativo
(*). |
|
Aspecto de un Sebecidae.(*). |
Reptiles. Es una especie
extinta de crocodilomorfos perteneciente a la familia Sebecidae. Sus
restos fósiles fueron hallados en la Formación Maíz Gordo, en el
noroeste de Argentina, y datan de finales del Paleoceno. La marcada
curvatura del premaxilar indica su pertenencia al suborden
Sebecosuchia, un grupo de crocodilomorfos terrestres y carnívoros,
predominantemente sudamericanos, caracterizados por sus hocicos
altos y comprimidos lateralmente. Con una longitud estimada cercana
a los 4 metros, Bretesuchus habría ocupado
el papel de superdepredador dentro de los ecosistemas de su época.El
género fue descrito en 1993 por Zulma Gasparini, Marta Fernández y
Jaime E. Powell. Su única especie conocida es Bretesuchus
bonapartei. El nombre genérico hace referencia a la
localidad de El Brete, donde fueron descubiertos sus restos fósiles,
combinado con suchus, término derivado del griego
souchos, nombre de una divinidad egipcia representada con
cabeza de cocodrilo. Por su parte, el epíteto específico
bonapartei fue otorgado en homenaje al destacado paleontólogo
argentino José F. Bonaparte.
Peligrochelys walshae.
Sterli
and de la Fuente 2013.
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Cráneo de
meiolaniforme, semejante a Peligrochelys,
en el Museo de La Plata. |
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Reconstrucción del aspecto de
meiolaniforme.
Por MarMag.2025. |
Reptil.
Es una
singular tortuga terrestre perteneciente al grupo de los meiolánidos,
caracterizada por poseer cuernos craneanos, anillos óseos caudales y
una cola protegida por estuches dérmicos. Sus restos fósiles fueron
descubiertos en Punta Peligro, provincia del Chubut, en sedimentos
de la Formación Salamanca de edad paleocena. El material conocido
incluye tanto elementos craneanos como postcraneanos, permitiendo
una reconstrucción relativamente completa de su anatomía. Los
meiolánidos (Meiolaniidae) constituyen una familia extinta de
grandes tortugas terrestres. Durante mucho tiempo se consideró que
este grupo se había originado en Australia; sin embargo, el
descubrimiento de diversos meiolaniformes en América del Sur, como
Crossochelys del Eoceno y Trapalcochelys
del Cretácico Superior de Argentina, sugiere que el linaje tuvo un
origen más antiguo, posiblemente anterior a la fragmentación
definitiva de Gondwana durante el Cretácico medio. Aunque no poseen
descendientes directos, sus parientes actuales más cercanos se
encuentran entre los criptodiros sudamericanos. Resulta
especialmente llamativa la convergencia evolutiva de estas tortugas
con otros vertebrados fuertemente acorazados, como los dinosaurios
anquilosaurios y los mamíferos gliptodontes, que desarrollaron de
manera independiente estructuras defensivas similares.
Hydromedusa cf. casamayorensis.
De La Fuente & Bona, 2002.
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Fósil de Hydromedusa (calco).
|
Reconstrucción de Hydromedusa sp
. (*) |
Reptiles
Chelidae. Estas
tortugas halladas recientemente, provienen de niveles compuestos por
sedimentos epiclasticas depositadas por canales fluviales. Los
restos identificados, los cuales aun se encuentran en estudio,
corresponden a una nueva especie de tortuga prehistórica de
"cuello largo". El hallazgo comprende de cinco individuos
articulados y semi- articulados. Uno de ellos presenta el cráneo
completo y articulado. Las características de este taxón, es la
presencia de la columna cervical formada por ocho cervicales. Las
ramas mandibulares se encuentran separadas por la sínfisis.
Apertura narium interna en el cráneo, y la cintura pélvica
conectada por sutura con el ultimo par de placas pleurales y la
pigal del caparazón. Morfológicamente se asemejan a los especies
vivientes de la familia Chelidae, las cuales, son comunes en los ríos
de las Provincias Argentinas de Misiones y Entre Ríos. Su
alimentación estaría basada principalmente en pequeños peces,
anfibios moluscos y pequeños mamíferos y aves que se acercaban a
los espejos de agua de la época. El material procede del Paleoceno
inferior del Cerro Hasen, Provincia de Chubut. No seria raro
encontrar representantes emparentados durante la Era Mesozoica.
Podocnemis
argentinensis.
Cattoi y Freiberg,
1958.
|
Reconstrucción de Podocnemis, cráneo completo y dos fragmentos de caparazón.
(*) |
Reptiles
Chelidae.
Las tortugas o quelonios constituyen un antiguo linaje de reptiles
acorazados cuyos orígenes se remontan a los primeros grupos de
reptiles que habitaron la Tierra hace más de 250 millones de años.
Los primeros representantes de Testudinata, el grupo al que
pertenecen las tortugas actuales, aparecieron durante el Triásico
tardío, hace aproximadamente 220 millones de años. Estas formas
primitivas aún conservaban dientes en las mandíbulas, los cuales
fueron reemplazados posteriormente por un pico córneo denominado
ranfoteca. Inicialmente, todas las tortugas eran terrestres o
semiacuáticas. Con el tiempo, evolucionaron dos grandes linajes que
han perdurado hasta nuestros días: los criptodiros, o tortugas de
cuello oculto, que repliegan el cuello en forma de “S” dentro del
caparazón, y los pleurodiros, o tortugas de cuello ladeado, que
esconden la cabeza doblando el cuello lateralmente bajo el borde del
espaldar. Además de esta diferencia, ambos grupos presentan
numerosas particularidades anatómicas y esqueléticas.
Podocnemis pertenece a los pleurodiros y se caracteriza
por poseer un caparazón más ancho en su región anterior que en la
posterior. Presentaba dimorfismo sexual, siendo las hembras de mayor
tamaño que los machos y con una cola más corta y estrecha.
Dependiendo de la especie, podía alcanzar entre 35 y 68 centímetros
de longitud. Estas tortugas habitaban principalmente ríos y
ambientes asociados a sus cuencas fluviales. Su dieta era omnívora y
variaba con la edad: los individuos juveniles consumían una mayor
proporción de alimento de origen animal, mientras que los adultos
incorporaban principalmente vegetales. Durante el Paleoceno de la
Patagonia y del noroeste argentino se han recuperado numerosos
restos fósiles asignados a este género, estrechamente emparentado
con especies que aún viven en Sudamérica. Los fósiles de
Podocnemis proceden de diversas localidades de la
Patagonia, así como de las provincias de Mendoza, La Rioja y Jujuy.
El género posee un extenso registro fósil en América del Sur,
conocido desde el Cretácico tardío hasta el Oligoceno.
Trionyx argentina.
Ameghino, 1899.
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 |
| Vista superior
de un cráneo del genero Trionyx. (*) |
Esqueleto de Trionyx.
(*) |
Aspecto del
genero de Trionyx.
(*) |
Reptiles
Chelidae.
Es una tortuga fósil registrada
en sedimentos del Paleoceno temprano de la Formación Salamanca,
aflorante en Punta Peligro, provincia del Chubut, Argentina. Este
género ha sido considerado tradicionalmente como un representante
primitivo de las tortugas de caparazón blando, aunque sus relaciones
filogenéticas han sido objeto de debate. Algunos de sus rasgos
anatómicos muestran semejanzas con integrantes de la familia
Chelidae, particularmente con el género actual Phrynops.
Las tortugas de caparazón blando se caracterizan por carecer de
placas córneas que recubran el caparazón. En su lugar, presentan una
cubierta dérmica flexible que protege una estructura ósea aplanada.
En estos animales, el caparazón podía alcanzar aproximadamente 45
centímetros de longitud y estaba ornamentado por numerosos
tubérculos superficiales. Uno de los rasgos más distintivos de estas
tortugas era su hocico alargado y flexible, semejante a una pequeña
trompa, adaptación que les permitía respirar mientras permanecían
casi completamente sumergidas. Sus extremidades, cortas y robustas,
estaban adaptadas para la natación, lo que las convertía en eficaces
habitantes de ambientes acuáticos. Durante el Paleoceno, habitaban
ríos, lagunas, pantanos y otros cuerpos de agua de escasa corriente
que formaban parte de los cálidos ecosistemas patagónicos de aquel
tiempo, muy diferentes de los que existen actualmente en la región.
Su alimentación era principalmente carnívora y estaba compuesta por
peces, crustáceos, anfibios y otros pequeños animales acuáticos.
Madtsoia s.p Simpson,1933.
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|
Aspecto de una
vértebra de
Madtsoia sp,
(*) |
Restos fósiles
muy completos de
Madtsoia sp,
en el Museo de Ciencias Naturales Miguel Lillo de Tucumán. |
Aspecto del
genero
Madtsoia sp, cuyos restos se han recuperado en el Paleoceno de la Patagonia.
(*) |
Ofideo.
En 1959 se dio a conocer el hallazgo de una rama mandibular de gran
tamaño procedente de sedimentos del Paleoceno tardío en las
cercanías de Gaiman, al norte del río Chubut. El ejemplar fue
atribuido al género Madtsoia y su antigüedad
se estimó entre 55 y 60 millones de años. La presencia de este
gigantesco ofidio resulta particularmente interesante desde el punto
de vista paleoambiental. En la actualidad, las grandes serpientes
constrictoras, como las pitones y las anacondas, habitan
principalmente regiones tropicales y subtropicales caracterizadas
por temperaturas elevadas, abundante humedad, densa vegetación y la
presencia de numerosos cursos de agua. Uno de los principios
fundamentales de la Paleontología consiste en utilizar la
información aportada por organismos actuales para interpretar la
biología y ecología de formas extintas. Si aceptamos que los grandes
ofidios del Paleógeno patagónico poseían requerimientos ecológicos
semejantes a los de sus equivalentes modernos, es posible inferir
que las condiciones ambientales de la Patagonia hace unos 55
millones de años eran considerablemente más cálidas y húmedas que
las actuales. Esta interpretación se ve respaldada por otras
evidencias paleontológicas. El hallazgo de fósiles de plantas
propias de climas cálidos, junto con restos de reptiles y mamíferos
sensibles a las variaciones climáticas, indica que durante el
Paleógeno temprano la Patagonia estuvo cubierta por ambientes mucho
más benignos, con temperaturas elevadas y una abundante
disponibilidad de agua.
Corydoras revelatus.
Cockerll, 1925.
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Fósil tipo de
Corydoras revelatus en el
British Natural History Museum, London. |
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Aspecto en
vida de
Corydoras revelatus
(*) |
Pez, Siluriformes.
Es una especie extinta de pez
perteneciente al género Corydoras, dentro de la
familia Callichthyidae y el orden Siluriformes. Fue descrita
originalmente en 1925 a partir de un único ejemplar fósil hallado en
sedimentos de la Formación Maíz Gordo, en la provincia de Salta,
noroeste de Argentina. Estos depósitos corresponden al Paleoceno
tardío y poseen una antigüedad estimada de aproximadamente 58
millones de años. Se trata del registro más antiguo conocido para el
género Corydoras y uno de los más antiguos para la
subfamilia Corydoradinae. Aunque la posición exacta de esta especie
dentro del género aún no ha sido determinada con precisión, sus
características anatómicas confirman su pertenencia a dicho grupo y
demuestran que los calíctidos ya se habían diversificado antes del
final del Paleoceno. En comparación con las especies actuales de
Corydoras, C. revelatus poseía una cabeza
relativamente corta y redondeada, con los ojos ubicados en una
posición más baja. Como otros integrantes de la familia
Callichthyidae, probablemente presentaba el cuerpo protegido por
placas óseas y barbillas sensoriales alrededor de la boca,
estructuras características de los peces conocidos popularmente como
bagres o peces gato. Los representantes actuales de este grupo
habitan principalmente ambientes de agua dulce y suelen vivir
asociados al fondo de ríos, arroyos, lagunas y otros cuerpos de
agua. Generalmente presentan hábitos crepusculares o nocturnos y se
alimentan de una amplia variedad de organismos y materia orgánica
disponible en el fondo, incluyendo pequeños invertebrados, algas,
semillas, restos vegetales y otros recursos acuáticos. La presencia
de Corydoras revelatus en los depósitos paleocenos
del noroeste argentino constituye una valiosa evidencia de la
temprana diversificación de los peces de agua dulce sudamericanos y
aporta información sobre los ecosistemas fluviales que existieron en
la región hace cerca de 60 millones de años.
Symphyomyrtus s.p.
Schauer.
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Fósil de
Symphyomyrtus
procedente de la Laguna del Hunco, en la
provincia de Chubut. Imagen de prensa. |
Aspecto de
Symphyomyrtus (*) |
Paleobotanica. El hallazgo de hojas, flores,
frutos y brotes fósiles en la Patagonia argentina permitió
identificar los macrofósiles de eucalipto más antiguos conocidos
hasta la fecha. Estos restos, recuperados en el yacimiento de Laguna
del Hunco, provincia del Chubut, poseen una antigüedad de
aproximadamente 51,9 millones de años (Eoceno temprano). La
importancia de este descubrimiento radica en que constituye la
evidencia fósil más antigua confirmada científicamente para el
género Eucalyptus y la única reconocida de manera
concluyente fuera de Australasia. Los estudios realizados
permitieron asignar estos fósiles al subgénero Symphyomyrtus,
demostrando que este linaje es considerablemente más antiguo de lo
que se suponía. La identificación fue posible gracias a la presencia
de numerosos caracteres diagnósticos conservados en los fósiles,
entre ellos hojas alargadas y estrechas con bordes enteros,
glándulas oleíferas visibles en la lámina foliar y características
particulares de los frutos, como las cicatrices producidas por la
caída de pétalos y sépalos. La historia evolutiva de los eucaliptos
y de otros integrantes de la familia Myrtaceae ha permanecido poco
documentada debido a la escasez de registros fósiles bien
preservados. Por ello, el descubrimiento de Laguna del Hunco aporta
información fundamental para comprender el origen y la
diversificación temprana de este importante grupo de plantas.
Actualmente, los eucaliptos son característicos de Australia y
regiones vecinas, aunque numerosas especies han sido introducidas
por el ser humano en distintos continentes. Sin embargo, estos
fósiles demuestran que durante el Eoceno temprano el grupo ya
formaba parte de los bosques que cubrían la Patagonia, en una época
en la que el clima de la región era mucho más cálido y húmedo que el
actual. En el estudio de estos fósiles participaron investigadores
de diversas instituciones internacionales, entre ellas la
Universidad Estatal de Pensilvania, el Museo de la Naturaleza y la
Ciencia de Denver, la Universidad de Buenos Aires y el Museo
Paleontológico Egidio Feruglio (MEF).
Notiantha grandensis.
Nathan A. Jud,
et al. 2017.
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Fósil de
Rhamnaceae, hallado
en la Formación Salamanca, Chubut. |
Aspecto de un
Rhamnaceae actual (*) |
Paleobotanica. Un equipo de investigadores
de Argentina y Estados Unidos logró identificar una serie de flores
fósiles halladas en la Patagonia argentina como pertenecientes a la
familia Rhamnaceae, un importante grupo de plantas
con flores que actualmente incluye árboles, arbustos y lianas
distribuidos en numerosas regiones del mundo. Este descubrimiento ha
permitido profundizar en el conocimiento de las antiguas conexiones
florísticas entre los continentes del Hemisferio Sur y reconstruir
aspectos de la evolución temprana de la vegetación tras la extinción
de los dinosaurios. Los fósiles fueron estudiados por especialistas
de la Universidad de Cornell y la Universidad Estatal de
Pennsylvania (Estados Unidos), junto con investigadores de la
Universidad Nacional del Comahue y del Instituto de Investigaciones
en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-CONICET), en Argentina.
Los ejemplares proceden de la Formación Salamanca, en la provincia
del Chubut, y tienen una antigüedad aproximada de 64 millones de
años, correspondiente al Paleoceno temprano. Los afloramientos de
esta edad son escasos en todo el Hemisferio Sur, lo que convierte a
estos fósiles en una fuente de información excepcional. El Paleoceno
representa el primer capítulo de la Era Cenozoica y se desarrolló
inmediatamente después de la gran extinción masiva ocurrida al final
del Cretácico, hace unos 66 millones de años, cuando desaparecieron
los dinosaurios no avianos y numerosas especies de plantas y
animales. Debido a la escasez de registros fósiles de este período,
cada nuevo hallazgo resulta fundamental para comprender cómo se
recuperaron los ecosistemas tras aquella crisis biológica global.
Durante diversas campañas de campo realizadas entre 2005 y 2012, los
investigadores recuperaron delicadas flores fósiles preservadas en
finas lajas de roca. Debido a su pequeño tamaño y a la fragilidad
del material, fue necesario realizar una cuidadosa preparación para
exponer las estructuras florales y permitir su estudio detallado.
Las ramnáceas (Rhamnaceae) constituyen una familia de plantas que
incluye árboles, arbustos y especies trepadoras, muchas veces
provistas de espinas. Sus hojas suelen ser simples y alternas,
aunque en algunas especies son opuestas. Las flores, generalmente
pequeñas y poco llamativas, presentan una gran diversidad
morfológica y desempeñan un papel importante en numerosos
ecosistemas. Actualmente, esta familia se encuentra ampliamente
distribuida en regiones templadas y tropicales de todo el mundo. La
presencia de estas plantas en la Patagonia paleocena demuestra que,
pocos millones de años después de la extinción masiva del final del
Cretácico, ya se habían establecido comunidades vegetales complejas
y diversas en el extremo austral de América del Sur. Estos fósiles
aportan información clave para comprender la evolución temprana de
las angiospermas y las relaciones biogeográficas que existieron
entre los continentes australes durante el inicio de la Era
Cenozoica.
Lacinipetalum spectabilum.
Jud,
Gandolfo, Iglesias y Wilf, 2017.
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Flor de
Lacinipetalum spectabilum del
Paleoceno de la Provincia de Chubut. |
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Aspecto
actual de una flor de la familia
Cunoniaceae. (*). |
Paleobotanico. Es una pequeña flor fósil de
aproximadamente 64 millones de años de antigüedad, descubierta en
sedimentos de la Formación Salamanca, en la provincia del Chubut.
Pertenece a la familia Cunoniaceae, un grupo de
plantas con flores que actualmente incluye árboles y arbustos
distribuidos principalmente en regiones templadas y tropicales del
Hemisferio Sur. Los integrantes de esta familia suelen desarrollarse
en ambientes húmedos y boscosos. Presentan hojas opuestas o
dispuestas en espiral, raramente alternas, que pueden ser simples o
compuestas. Una de sus características más distintivas es la
presencia de estípulas bien desarrolladas. Sus flores poseen una
estructura poco común entre las angiospermas, con diez sépalos y
diez pétalos, mientras que los frutos suelen ser cápsulas leñosas
que contienen numerosas semillas pequeñas provistas de tejido
nutritivo rico en aceites. Los fósiles de Lacinipetalum
spectabilum se encuentran resguardados en el Museo
Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), donde fueron estudiados por un
equipo internacional de investigadores. A pesar de su reducido
tamaño, esta flor aporta información de gran relevancia para
comprender la evolución temprana de las Cunoniaceae y la
diversificación de las plantas con flores poco después de la
extinción masiva ocurrida al final del período Cretácico. El
hallazgo demuestra que miembros de esta familia ya formaban parte de
los ecosistemas patagónicos durante el Paleoceno temprano, cuando la
región poseía un clima mucho más cálido y húmedo que el actual.
Asimismo, constituye una valiosa evidencia de las antiguas
conexiones biogeográficas entre Sudamérica, la Antártida y
Australia, continentes que todavía conservaban vínculos florísticos
heredados del antiguo supercontinente Gondwana. Actualmente, las
Cunoniaceae continúan siendo componentes importantes de numerosos
bosques del Hemisferio Sur, especialmente en Sudamérica, Australia,
Nueva Zelanda, Nueva Guinea y diversas islas del Pacífico, lo que
convierte a Lacinipetalum spectabilum en un valioso
testimonio de la antigua historia evolutiva de este grupo vegetal.
Dadoxylon (Araucaria)
pseudoparenchymatosum. Gothan, 1908.
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Troncos de
especies primitivas de la familia de las coníferas en el
Parque Paleontológico de Sarmiento, Chubut. (*) |
Paleobotanica. A unos 38 kilómetros
al sur de la ciudad de Sarmiento, en la provincia del Chubut, se
encuentra uno de los yacimientos paleobotánicos más impresionantes
de la Patagonia: un extenso bosque petrificado cuyos árboles
vivieron hace aproximadamente 65 millones de años, cerca del límite
entre los períodos Cretácico y Paleógeno. Los enormes troncos
fosilizados, algunos de varios metros de longitud, constituyen
verdaderos testigos de un mundo desaparecido. Su presencia conforma
un paisaje de singular belleza, donde los colores de los estratos
geológicos contrastan con la inmensidad de la estepa patagónica
actual. La dureza de la roca ha reemplazado a la antigua madera,
preservando en muchos casos detalles internos de los tejidos
vegetales. La petrificación de estos árboles fue el resultado de un
largo proceso geológico. Tras su caída, los troncos quedaron
rápidamente sepultados por sedimentos volcánicos, principalmente
cenizas y materiales expulsados durante intensos episodios
eruptivos. Con el paso de millones de años, las aguas subterráneas
cargadas de minerales penetraron en la madera, reemplazando
gradualmente sus componentes orgánicos por sílice y otros minerales.
Este proceso, conocido como silicificación, permitió conservar la
estructura original de los troncos con extraordinario detalle. Los
estudios realizados sobre granos de polen fósil y otros restos
vegetales hallados en los sedimentos asociados han permitido
reconstruir el paisaje que existía en la región durante aquella
época. Lejos de la árida estepa actual, el área estaba cubierta por
extensos bosques dominados por coníferas emparentadas con las
araucarias modernas, acompañadas por helechos, palmeras y numerosas
plantas con flores. El clima era templado a cálido, con abundantes
precipitaciones y una importante disponibilidad de agua. Estos
ambientes boscosos formaban parte de un ecosistema mucho más diverso
que el actual. Ríos, lagunas y bosques albergaban una rica fauna de
reptiles, aves y mamíferos primitivos, como lo demuestran los
numerosos hallazgos paleontológicos realizados en la región de
Sarmiento y otras localidades patagónicas. Con el transcurso del
tiempo, los cambios climáticos y geológicos transformaron
radicalmente el paisaje. El progresivo levantamiento de la
Cordillera de los Andes modificó los patrones de circulación
atmosférica, reduciendo el aporte de humedad proveniente del océano
Pacífico y favoreciendo el desarrollo de las condiciones áridas que
caracterizan actualmente a gran parte de la Patagonia.
Menucoa cazaui. Petriella
1969.
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Tronco
fósil de Menucoa cazaui, Terciario de Rio Negro.
Exhibido en el Museo de La Plata.
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Aspecto de un
bosque
de Menucoa cazaui,
(*) |
Paleobotanica. Es una planta fósil conocida a partir de
un tronco petrificado hallado en depósitos del Paleógeno temprano de
la provincia de Río Negro, Argentina. Este ejemplar fue asignado al
orden Cycadales, un antiguo grupo de plantas
gimnospermas cuyo origen se remonta al menos al Pérmico tardío, hace
más de 250 millones de años. Las cicadales forman parte de uno de
los linajes vegetales más antiguos que aún sobreviven en el planeta.
Aunque superficialmente recuerdan a las palmeras por la disposición
de sus hojas y la presencia de un tronco generalmente no ramificado,
ambos grupos no están estrechamente emparentados. Las palmeras son
plantas con flores (angiospermas), mientras que las cicadales
pertenecen a las gimnospermas, un grupo mucho más antiguo que
incluye también a las coníferas y los ginkgos. Durante el Mesozoico,
especialmente entre el Triásico y el Cretácico, las cicadales
alcanzaron una gran diversidad y distribución mundial, formando
parte importante de los ecosistemas que coexistieron con los
dinosaurios. Debido a su abundancia durante aquella era, muchas
veces se las considera componentes característicos de la denominada
“flora mesozoica”. Las cicadáceas (Cycadaceae) constituyen una de
las familias actuales del orden Cycadales. Su representante viviente
más conocido es el género Cycas, cuyos
registros fósiles confirmados se conocen desde el Cenozoico, aunque
formas emparentadas poseen una historia evolutiva mucho más antigua.
Junto con la familia Zamiaceae, integran los principales linajes
modernos de cicadales. El hallazgo de Menucoa cazaui
aporta valiosa información sobre la persistencia de estos antiguos
grupos vegetales en América del Sur durante los primeros millones de
años de la Era Cenozoica. Su presencia indica que las condiciones
ambientales de la Patagonia y regiones vecinas eran muy diferentes a
las actuales, con climas más cálidos y húmedos capaces de sostener
una vegetación abundante y diversa. Los estudios anatómicos
realizados sobre la madera petrificada permiten reconstruir aspectos
de la biología de estas plantas y comprender mejor la evolución de
las gimnospermas australes. Asimismo, constituyen una importante
evidencia de la continuidad de linajes vegetales que habían
sobrevivido a la extinción masiva ocurrida al final del Cretácico,
hace aproximadamente 66 millones de años.
Anthozoa - Cnidaria.
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Fragmento de arrecife fósil Paleoceno de La Pampa. (*) |
Aspecto que presentaría en
vida el arrecife. (*) |
Invertebrado. Anthozoa. Hace
entre 60 y 65 millones de años, durante el Paleoceno temprano, una
extensa porción del actual sudoeste de la provincia de La Pampa se
encontraba cubierta por aguas marinas vinculadas al Océano
Atlántico. En aquel ambiente costero se desarrolló un importante
arrecife de coral cuyos restos fósiles constituyen hoy uno de los
hallazgos paleontológicos más extraordinarios de Sudamérica. El
arrecife descubierto posee aproximadamente 10 metros de altura y una
extensión cercana a los 300 por 400 metros. Su principal
característica radica en que los organismos fueron hallados
en posición de vida, es decir, conservados prácticamente en
el mismo lugar donde crecieron hace más de 60 millones de años. Este
tipo de preservación es extremadamente poco frecuente en el registro
fósil, ya que la mayoría de los restos suelen ser transportados,
fragmentados o alterados antes de su enterramiento. Tras la remoción
de la cubierta vegetal que ocultaba los afloramientos, los
investigadores pudieron reconocer una notable diversidad de
organismos marinos. Además de los corales constructores del
arrecife, se identificaron algas coralinas, esponjas, moluscos y
erizos de mar, todos preservados dentro de una compleja estructura
ecológica que permite reconstruir con gran detalle el ecosistema
original. La presencia de estos organismos aporta información
valiosa sobre las condiciones ambientales de la época. Los corales
arrecifales requieren aguas cálidas, claras y bien iluminadas, por
lo que se estima que la temperatura del mar superaba los 20 °C.
Asimismo, las especies halladas indican que el arrecife se
desarrolló en aguas relativamente someras y agitadas, probablemente
a profundidades cercanas a los 10 metros y en proximidad a la línea
de costa. Durante el Paleoceno temprano, pocos millones de años
después de la extinción masiva que marcó el final del Cretácico y
provocó la desaparición de los dinosaurios no avianos y numerosos
grupos marinos, los ecosistemas comenzaron un proceso de
recuperación y diversificación. Por ello, este arrecife constituye
una valiosa ventana al estudio de la vida marina en una etapa clave
de la historia de la Tierra. Los arrecifes coralinos de esta
antigüedad son muy escasos a nivel mundial. Existen registros
paleocenos en regiones como Dinamarca, Groenlandia y la Cuenca de
París, aunque la mayoría corresponde a comunidades de aguas más
frías o de menor complejidad. Por sus dimensiones, estado de
conservación y abundancia de organismos preservados en posición de
vida, el arrecife de La Pampa representa uno de los ejemplos más
excepcionales conocidos para este intervalo de tiempo. Este
descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre la evolución de
los corales y otros invertebrados marinos, sino que también permite
reconstruir con mayor precisión la ubicación de antiguas líneas de
costa, las condiciones climáticas del Paleoceno y la recuperación de
los ecosistemas marinos tras una de las mayores extinciones de la
historia del planeta.
Paleoanculosa ameghiniana.
Doello-Jurado, 1927.
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Fósiles de la
familia Thiariudae, proceden de la provincia de Santa Cruz,
Argentina. Revista Ciencia Hoy. |
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Fósiles de Thiariudae,
del Paleoceno (*). |
Invertebrado Gasteropoda. Es
una especie extinta de gasterópodo de agua dulce descrita
originalmente por Martín Doello-Jurado en 1927 bajo el nombre de
Melania ameghiniana. Estudios posteriores permitieron
reasignarla al género Paleoanculosa,
perteneciente a la familia Pleuroceridae, un grupo de moluscos
dulceacuícolas estrechamente relacionado con formas que actualmente
habitan América del Norte. El material tipo fue descubierto en la
localidad de Lenza Niyeu, provincia de Río Negro, Argentina.
Posteriormente, restos atribuidos a este género fueron reconocidos
en diversos depósitos continentales y ambientes costeros de
transición de la Cuenca Neuquina, incluyendo sedimentos paleocenos
del Miembro La Tosca. La abundancia de estos fósiles en Patagonia
demuestra que el grupo experimentó una rápida expansión durante los
primeros millones de años de la Era Cenozoica. Los ancestros de
estos caracoles habrían llegado a América del Sur desde América del
Norte hacia finales del Cretácico o comienzos del Paleógeno, en un
momento en que comenzaron a establecerse conexiones biogeográficas
entre ambos continentes. Su presencia constituye una evidencia de
los importantes intercambios faunísticos que ocurrieron durante esa
etapa de la historia geológica, mucho antes del Gran Intercambio
Biótico Americano que tuvo lugar millones de años después. Como
todos los integrantes de la clase Gastropoda, Paleoanculosa
ameghiniana pertenecía al grupo de los moluscos conocidos
comúnmente como caracoles y babosas. Los gasterópodos constituyen
una de las clases más diversas del reino animal, con más de 40.000
especies vivientes y miles de especies fósiles descritas. Se
caracterizan por poseer un cuerpo blando provisto de un pie muscular
utilizado para la locomoción y, en la mayoría de las especies, una
única concha enrollada que protege los órganos internos. Uno de los
rasgos más notables de los gasterópodos es la denominada
torsión, un proceso evolutivo ocurrido durante el
desarrollo de sus ancestros, mediante el cual la masa visceral y la
cavidad paleal giraron aproximadamente 180 grados. Como
consecuencia, estructuras que originalmente se encontraban en la
parte posterior del cuerpo, como las branquias y el ano, pasaron a
situarse sobre la región anterior, cerca de la cabeza. Esta
transformación anatómica constituye una de las características
distintivas del grupo. Los fósiles de Paleoanculosa
ameghiniana aportan valiosa información sobre los
ecosistemas acuáticos que existieron en la Patagonia durante el
Paleoceno. Ríos, lagunas y humedales de clima cálido albergaban una
rica fauna de invertebrados, peces, reptiles y mamíferos primitivos,
en un paisaje muy diferente al de la Patagonia actual.
Nucleopygus salgadoi. Parma, 1986.
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Echinoidea indet, de la
Formación Salamanca, Bosque
Petrificado Florentino Ameghino, Chubut. |
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Aspecto en vida de un
integrante de los Echinoidea. (*). |
Invertebrado,
Equinodermo.
Es una especie extinta de
equinoideo, un grupo de equinodermos comúnmente conocidos como
erizos de mar o dólar de mar. Estos organismos marinos poseen una
extensa historia evolutiva que se remonta al período Silúrico, hace
más de 430 millones de años, y continúan habitando los océanos
actuales con una gran diversidad de formas y tamaños. Los
equinoideos se caracterizan por carecer de brazos y presentar un
esqueleto externo rígido, denominado teca o
caparazón, formado por numerosas placas calcáreas estrechamente
unidas entre sí. Sobre estas placas se articulan espinas móviles de
diferentes tamaños, utilizadas para la locomoción, la protección y
la interacción con el entorno. Aunque en muchos fósiles las espinas
aparecen separadas del caparazón, originalmente formaban parte
integral del organismo. Como todos los equinodermos, los erizos de
mar poseen un sistema ambulacral o acuífero, una compleja red de
canales internos llenos de agua. De este sistema surgen los
podios o pies ambulacrales, estructuras flexibles que
pueden extenderse más allá de las espinas y cumplen funciones
relacionadas con el desplazamiento, la alimentación, la respiración
y la percepción del ambiente. El caparazón está organizado según una
simetría pentarradial característica de los equinodermos. Se
encuentra dividido en diez sectores principales: cinco áreas
ambulacrales y cinco áreas interambulacrales. En las regiones
ambulacrales se ubican las perforaciones por donde emergen los
podios, mientras que tanto en las zonas ambulacrales como en las
interambulacrales se insertan las espinas. En la parte superior del
caparazón se localiza el denominado sistema apical,
compuesto por varias placas especializadas. Entre ellas se encuentra
la placa madrepórica, encargada de regular el ingreso de agua al
sistema ambulacral, junto con las placas genitales, relacionadas con
la reproducción. Los fósiles de Nucleopygus salgadoi
aportan valiosa información sobre los ecosistemas marinos del
pasado. La presencia de estos permite reconstruir características
del ambiente donde vivieron, como la profundidad del agua, la
naturaleza del fondo marino y las condiciones ecológicas que
existían en los antiguos mares que cubrieron amplias regiones de la
actual Argentina durante el Cenozoico temprano. Debido a la
excelente preservación de muchos ejemplares fósiles, los equinoideos
constituyen uno de los grupos de invertebrados más importantes para
los estudios de paleontología, estratigrafía y reconstrucción
paleoambiental.
Otros
vertebrados del Paleoceno Argentino:
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Ver mas
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AQUÍ |
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Periodo
Paleoceno Periodo Paleoceno Periodo Paleoceno Periodo
Paleoceno Periodo Paleoceno Periodo Paleoceno Periodo |
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