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PaleoGuia del Periodo Cretácico de Argentina: Galería 1 de 3.

El periodo Cretácico comprende un lapso de tiempo entre 135 a 65 millones de años.

Un aspecto muy importante del Cretácico de América del sur es el proceso de gigantismo registrado en los Sauropodos de Patagonia. Algunos poseen un fémur de 2,5 metros de largo, registrados en la formación Rió Limay y la formación Rió Neuquén, con las mejores condiciones ambientales que permitieron el desarrollo de verdaderos gigantes, en una época muy anterior al Cretácico. El aislamiento geográfico de los supercontinentes Gondwanianos (América del sur, África, Australia, India y Antartida), de los Laurasianos (América del norte, Europa y Asia) esta claramente marcado en los Dinosaurios sudamericanos. La historia evolutiva de los Tetrápodos continentales de Laurasia fue muy distinta a los de Gondwana ya que los componentes básicos de las faunas del Cretácico medio y superior en uno y otro supercontinente acusan diferencias composiciones muy marcadas. Los Dinosaurios Terópodos Gondwanica están mejor representados en América del sur (Argentina) se han hallado ejemplares de distintos tamaños y adaptaciones, que demuestran la biodiversidad. Si bien se han hallado restos de vertebrados Cretácicos en distintas partes del país, la Patagonia Argentina no solo a demostrado estos últimos años que es el sitio de preferencia para los científicos Argentinos, sino que también para el mundo. A principios del Cretácico, Sudamérica comenzó a separarse de África y el agua de los océanos circundantes lleno tal espacio originando un estrecho océano Atlántico. <<< Principales sitios fosiliferos de Argentina.

Finalmente en el Cretácico superior se produjo el cierre del mar de Tethys en la región caribeña a causa de la deriva hacia el norte de Sudamérica. Este movimiento genero un arco de islas volcánicas que posteriormente actuarían como vías de dispersión fáusticas entre ambos continentes. Durante este periodo ocurrió un ascenso global en el nivel del mar. La Patagonia austral, en la región occidental quedo cubierta por las aguas, pero las regiones central y oriental permanecieron emergidas. En estas regiones el clima era muy cálido y húmedo. Para esta época el limite entre el clima subtropical y templado se encontraba mucho mas cerca de los polos que en la actualidad, con lo cual en estas regiones las temperaturas eran bastante benignas. Un evento crucial de este periodo y que modifico completamente el paisaje respecto a épocas anteriores fue la aparición de las Angiospermas (plantas con flores). Si bien la separación de Laurasia y Gondwana ocurrió aproximadamente en el Jurasico medio, recién a comienzos del Cretácico se comenzaron los efectos biogeograficos. El largo aislamiento de de Gondwana donde se encontraba la actual Republica Argentina, se desarrollaron comunidades vegetales y animales completamente diferentes a las existentes en otros continentes, los cuales estaban representados por un grupo muy importante de endemismo. En la transición Mesozoico - Cenozoico se produce una marcada caída en la temperatura. América del sur y norte estaban levemente conectadas a través de una cadena de islas ubicadas en la placa del Caribe y que en la actualidad constituyen América central. A través de esta vía pudieron ocurrir intercambios en un sentido entre ambas Américas. 

 

Ver PaleoGuia del Cretácico II

Ver PaleoGuia del Cretácico III


Argyrosaurus superbus. Lydekker, 1893.

Fémur de Argyrosaurus in situ, descubierto durante Expedición Capitán Marshall en 1924. Cerro San Bernardo, Provincia de Chubut, Patagonia Argentina.

Parte de la pata completa de Argyrosaurus, exhibida en el Museo de La Plata.

Aspecto del enorme Argyrosaurus. (*),

Dinosaurio. Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente entre 86 y 77 millones de años, en lo que hoy es Sudamérica. Debido a que sus restos fósiles son fragmentarios, su aspecto y tamaño exactos siguen siendo objeto de estudio. Las estimaciones más aceptadas sugieren una longitud cercana a los 20-25 metros, aunque algunos autores han propuesto dimensiones mayores. Fue descrito en 1893 por el paleontólogo británico Richard Lydekker a partir de una extremidad anterior casi completa descubierta por Carlos Ameghino en las proximidades del río Chico, provincia del Chubut. El nombre Argyrosaurus significa "lagarto de plata", en referencia a la Argentina. Restos atribuidos a este género han sido hallados en diversas unidades geológicas de la Patagonia, incluyendo la Formación Bajo Barreal y otras secuencias del Cretácico Superior. En 1978, nuevas campañas paleontológicas realizadas en las cercanías del río Senguer aportaron materiales adicionales que fueron estudiados posteriormente por Jaime Powell. También se han mencionado restos posiblemente relacionados procedentes de otras regiones de Argentina y Uruguay, aunque algunas de estas asignaciones continúan siendo debatidas. Como otros titanosaurios, Argyrosaurus era un herbívoro de gran tamaño, provisto de un cuello largo que le permitía alcanzar la vegetación a distintas alturas y de una poderosa cola que contribuía al equilibrio de su enorme cuerpo.


Laplatasaurus araukanicus. Huene, 1929.

Tibia de Laplatasaurus tomado de palaeo-electronica.

 Aspecto de Laplatasaurus (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente entre 80 y 70 millones de años, en lo que hoy es Argentina. Sus restos fósiles proceden principalmente de sedimentos del Campaniano y Maastrichtiano de la Patagonia y otras regiones del país. El género fue descrito en 1929 por el paleontólogo alemán Friedrich von Huene a partir de materiales descubiertos en la provincia de Río Negro. Su nombre significa "lagarto de La Plata", en referencia al Museo de La Plata, institución donde se conservaban los fósiles estudiados. Laplatasaurus fue un gran herbívoro cuadrúpedo que probablemente alcanzó entre 15 y 18 metros de longitud y un peso estimado de entre 15 y 25 toneladas. Como otros titanosaurios, poseía una cabeza relativamente pequeña, un largo cuello, una cola robusta y extremidades adaptadas para soportar el enorme peso de su cuerpo. Los restos conocidos incluyen vértebras del tronco y de la cola, elementos de la cintura escapular y numerosos huesos de las extremidades. Sin embargo, no se ha recuperado material craneano confiable, lo que dificulta reconstruir con precisión algunos aspectos de su anatomía. Von Huene destacó ciertas características de los huesos de las patas, especialmente de la tibia y el peroné, que permitían distinguirlo de otros saurópodos conocidos en aquella época. Asimismo, el omóplato presenta rasgos anatómicos particulares que lo diferencian de otros titanosaurios contemporáneos. A lo largo de las décadas, la validez taxonómica de Laplatasaurus ha sido objeto de debate. Algunos investigadores sugirieron que podría tratarse de un sinónimo de otros titanosaurios sudamericanos, mientras que otros defendieron su identidad como un género válido. Jaime Powell, en una revisión publicada en 2003, propuso su inclusión dentro del complejo género Titanosaurus, aunque estudios posteriores han continuado considerando a Laplatasaurus como un taxón diferenciado, si bien su posición exacta dentro de Titanosauria sigue siendo discutida. La fragmentación de los materiales disponibles dificulta determinar si todos los restos asignados históricamente a Laplatasaurus araukanicus pertenecen realmente a la misma especie o si algunos corresponden a otros titanosaurios aún no identificados. Esta situación es frecuente en los grandes saurópodos sudamericanos, cuyos fósiles suelen hallarse aislados y dispersos. A pesar de estas incertidumbres, Laplatasaurus constituye uno de los primeros titanosaurios descriptos científicamente en Argentina y representa una pieza importante para comprender la evolución y diversidad de los gigantescos dinosaurios herbívoros que dominaron los ecosistemas sudamericanos durante los últimos millones de años del período Cretácico.


Loricosaurus noricus.  von Huene, 1929.

 

 

Recreación de una pata de  titanosaurio semejante a Loricosaurus. Ilustrativo. Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano de Mendoza.

Dinosaurio Sauropodo. Es un género de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Maastrichtiano, hace aproximadamente entre 72 y 66 millones de años, en la actual Argentina. Sus restos fueron descubiertos en sedimentos del Grupo Neuquén, probablemente en las formaciones Allen o Río Colorado. Cuando fue descrito originalmente, los osteodermos hallados junto a los restos llevaron a algunos investigadores a pensar que pertenecía a un dinosaurio acorazado similar a los anquilosaurios. Sin embargo, estudios posteriores demostraron que esas placas dérmicas correspondían a un titanosaurio provisto de armadura corporal. Actualmente, muchos especialistas consideran que Loricosaurus podría representar material perteneciente a otros titanosaurios mejor conocidos, especialmente Neuquensaurus o incluso Saltasaurus, por lo que su validez taxonómica continúa siendo discutida. Los osteodermos asociados a este género constituyen una evidencia importante de que algunos titanosaurios desarrollaron sistemas de defensa pasiva mediante placas óseas incrustadas en la piel, una característica poco frecuente entre los saurópodos.


Chubutisaurus insignis. Del Corro & Gutiérrez, 1965.

 

José Bonaparte con fémur derecho y humero izquierdo de Chubutisaurus, tomado de su libro.   Aspecto del sauropodo Chubutisaurus (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es un dinosaurio saurópodo que vivió durante el Cretácico temprano, hace aproximadamente entre 112 y 105 millones de años. Fue descubierto en la Formación Cerro Barcino, en el departamento Paso de Indios, provincia del Chubut. El género fue nombrado en referencia a la provincia donde se encontraron sus restos fósiles. Los materiales fueron estudiados por Guillermo del Corro y Orlando Gutiérrez, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Con una longitud estimada cercana a los 23 metros, Chubutisaurus fue uno de los mayores herbívoros de su tiempo. Inicialmente fue relacionado con los braquiosáuridos debido a ciertas características anatómicas, aunque investigaciones posteriores sugieren que representa una forma basal cercana al origen de los titanosaurios. Su descubrimiento resulta especialmente importante porque documenta una etapa temprana de la evolución de los grandes saurópodos que dominarían los ecosistemas sudamericanos durante el Cretácico tardío. Como otros miembros del grupo, poseía un largo cuello, una pequeña cabeza adaptada al consumo de vegetación y una poderosa cola que ayudaba a equilibrar su enorme masa corporal.


Saltasaurus loricatus. Bonaparte & Powell, 1980.

Esqueleto de Saltasaurus  (*). Cáscara de huevo de Saltasaurus (*). Aspecto de Saltasaurus (*).

 Dinosaurio Sauropodo. E s una especie de dinosaurio saurópodo titanosaurio que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente entre 72 y 66 millones de años, en el Maastrichtiano, en lo que hoy es Sudamérica. Sus restos fueron descubiertos en la provincia de Salta, Argentina, razón por la cual recibió el nombre de Saltasaurus, que significa "lagarto de Salta". Fue uno de los primeros titanosaurios conocidos que evidenció la presencia de una armadura dérmica compuesta por osteodermos, pequeñas placas óseas incrustadas en la piel. Este hallazgo modificó la visión tradicional de los saurópodos, considerados hasta entonces animales desprovistos de cualquier tipo de protección corporal. En comparación con otros saurópodos gigantes, Saltasaurus era relativamente pequeño, alcanzando aproximadamente entre 10 y 12 metros de longitud y un peso estimado de entre 6 y 8 toneladas. Poseía una cabeza pequeña, cuello largo y flexible, cuerpo robusto sostenido por extremidades fuertes y una cola relativamente corta y maciza. Su armadura estaba formada por grandes placas óseas redondeadas acompañadas por numerosos osteodermos más pequeños distribuidos a lo largo del lomo y los flancos. Estas estructuras probablemente actuaban como defensa frente a grandes depredadores, entre ellos los abelisáuridos que habitaban los mismos ecosistemas. Como todos los saurópodos, era un herbívoro que se alimentaba de hojas, brotes y ramas. Sus dientes, simples y de forma cilíndrica o ligeramente espatulada, estaban adaptados para arrancar vegetación, la cual era procesada posteriormente en el sistema digestivo. Uno de los aspectos más importantes del conocimiento sobre Saltasaurus proviene del descubrimiento de extensas áreas de nidificación atribuidas a titanosaurios en la Patagonia argentina. En la localidad de Auca Mahuevo, provincia del Neuquén, se encontraron cientos de nidos y miles de huevos fósiles, muchos de ellos conteniendo embriones excepcionalmente preservados. Estos hallazgos fueron estudiados por equipos dirigidos por Luis Chiappe, Rodolfo Coria y Lowell Dingus durante las décadas de 1990 y 2000. Los huevos poseen un diámetro aproximado de entre 11 y 13 centímetros y algunos conservan impresiones de la piel embrionaria, proporcionando una información extraordinaria sobre el desarrollo de los dinosaurios saurópodos. Aunque no puede asegurarse que todos los huevos pertenezcan específicamente a Saltasaurus, sí corresponden a titanosaurios estrechamente relacionados.


Epachthosaurus sciuttoi. Powell, 1990.

Mariano Magnussen junto al esqueleto de Epachthosaurus sciuttoi, en el Museo de Paleontología de la Universidad Nacional de Córdoba.  Aspecto de Epachthosaurus (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 100 y 90 millones de años, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles proceden de la Formación Bajo Barreal, en la provincia del Chubut. La especie fue descrita por Jaime Powell en 1990 a partir de restos descubiertos por el geólogo Juan Carlos Sciutto, a quien está dedicado el nombre específico sciuttoi. Posteriormente, en 2004, Rodolfo Martínez, Oscar Giménez, Jorge Rodríguez, Marcelo Luna y Matthew Lamanna dieron a conocer un nuevo ejemplar excepcionalmente preservado, uno de los esqueletos de titanosaurios más completos hallados hasta ese momento en Sudamérica. Este ejemplar fue encontrado en posición anatómica parcial, con las extremidades anteriores extendidas y las posteriores flexionadas. Aunque el cráneo, gran parte del cuello, algunas vértebras dorsales y parte de la cola no se conservaron, el resto del esqueleto proporcionó información fundamental para comprender la anatomía de los titanosaurios primitivos. Epachthosaurus alcanzaba aproximadamente entre 18 y 20 metros de longitud y probablemente pesaba entre 15 y 20 toneladas. Como otros saurópodos, poseía un largo cuello, una pequeña cabeza, un cuerpo voluminoso sostenido por robustas extremidades y una poderosa cola utilizada para el equilibrio. A diferencia de algunos titanosaurios más evolucionados, como Saltasaurus y Neuquensaurus, no existen evidencias concluyentes de que Epachthosaurus poseyera osteodermos o armadura dérmica. Esta característica sugiere que representa una etapa más primitiva dentro de la evolución de los titanosaurios. Una de las particularidades anatómicas más destacadas de este dinosaurio es la presencia de articulaciones accesorias entre las vértebras, conocidas como articulaciones hiposfeno-hipantro. Estas estructuras reforzaban la columna vertebral y permitían soportar mejor el enorme peso corporal. Asimismo, presenta vértebras caudales procelas, es decir, con una cara anterior cóncava y una posterior convexa, una característica típica de los titanosaurios más avanzados. Por esta combinación de rasgos primitivos y derivados, Epachthosaurus ocupa una posición clave para comprender la evolución temprana de Titanosauria. Su estudio ha permitido conocer mejor la transición entre los saurópodos gigantes del Cretácico Inferior y los titanosaurios altamente especializados que dominaron los ecosistemas de Sudamérica durante los últimos millones de años de la Era Mesozoica.


Aeolosaurus rionegrinus. Powell, 1987.

Tarea de excavación de un gran sauropodo. (*) Aspecto del extraño Aeolosaurus rionegrinus. (*)

Dinosaurio Sauropodo. Es un género de dinosaurios saurópodos titanosaurianos perteneciente a la familia Aeolosauridae, que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente entre 74 y 70 millones de años, en el Campaniano, en lo que actualmente es Sudamérica. El nombre del género deriva de Eolo (Aiolos), el dios griego de los vientos mencionado en la Odisea de Homero. La especie tipo, Aeolosaurus rionegrinus, fue nombrada en referencia a la provincia de Río Negro, Argentina, donde fueron descubiertos sus primeros restos fósiles. El género fue descrito por el paleontólogo argentino Jaime Powell en 1987. Posteriormente, se describieron otras especies atribuidas al género, entre ellas Aeolosaurus colhuehuapensis, procedente de la provincia del Chubut. Este dinosaurio alcanzaba aproximadamente entre 12 y 15 metros de longitud y un peso estimado de entre 10 y 15 toneladas. Como otros titanosaurios, era un herbívoro cuadrúpedo de cuello largo, cabeza pequeña y cola robusta, adaptado a alimentarse de la vegetación que cubría las planicies y bosques del Cretácico tardío. Aeolosaurus se distingue por una serie de características anatómicas particulares, especialmente en las vértebras de la cola. Los centros vertebrales caudales presentan una marcada compresión lateral y una forma alargada. Los arcos neurales se inclinan notablemente hacia adelante, de manera que en algunas vértebras su extremo anterior llega a proyectarse sobre la vértebra precedente. Asimismo, las prezigapófisis son excepcionalmente largas y están orientadas hacia adelante con un ángulo similar al de los arcos neurales. Otra característica distintiva se observa en las hemalapófisis o arcos hemales de la cola, cuyos extremos proximales aparecen divididos y presentan superficies articulares dobles. Estas adaptaciones probablemente contribuían a reforzar la estructura caudal y a mejorar la movilidad de la cola. La escápula posee una lámina ancha que se expande hacia su extremo posterior y presenta una amplia superficie para la inserción muscular. El húmero es robusto y muestra una prominente cresta deltopectoral, donde se insertaban poderosos músculos del miembro anterior, rasgo compartido con otros titanosaurios avanzados como Saltasaurus. Los fósiles de Aeolosaurus han sido hallados en diversas formaciones geológicas de Argentina, especialmente en las provincias de Río Negro, Chubut y Neuquén, convirtiéndolo en uno de los titanosaurios más característicos del Cretácico tardío patagónico. Su estudio ha permitido comprender mejor la evolución de los últimos saurópodos sudamericanos, poco antes de la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años. Actualmente, Aeolosaurus es considerado uno de los representantes más importantes de un grupo de titanosaurios caracterizado por la peculiar anatomía de su cola, cuyos miembros tuvieron una amplia distribución en Sudamérica durante los últimos millones de años de la Era Mesozoica.


Andesaurus delgadoi. Calvo y Bonaparte 1991.

Vértebras de Andesaurus. (*) Aspecto de Andesaurus. (*)

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano basal que vivió durante el Cretácico Superior temprano, hace aproximadamente entre 100 y 95 millones de años, en el Cenomaniano, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Se trata de uno de los titanosaurios más primitivos conocidos y reviste una gran importancia para comprender el origen y la evolución de este exitoso grupo de saurópodos que dominaría los ecosistemas de Gondwana durante el resto del Cretácico. Como la mayoría de los saurópodos, Andesaurus poseía una cabeza relativamente pequeña sostenida por un largo cuello, un cuerpo voluminoso apoyado sobre cuatro robustas extremidades y una extensa cola que contribuía al equilibrio de su enorme masa corporal. Las estimaciones sugieren una longitud aproximada de entre 15 y 18 metros y una altura cercana a los 6 metros. El género fue descrito en 1991 por los paleontólogos argentinos Jorge Calvo y José F. Bonaparte. Su nombre hace referencia a la Cordillera de los Andes, próxima al lugar donde fueron hallados los fósiles. La especie A. delgadoi fue dedicada a Alejandro Delgado, descubridor de los restos. Los materiales conocidos corresponden a un esqueleto parcial compuesto por cuatro vértebras dorsales posteriores, veintisiete vértebras caudales, diversos elementos de la pelvis, costillas fragmentarias y partes incompletas del húmero y del fémur. Aunque el material es relativamente escaso, conserva características anatómicas fundamentales para comprender la transición evolutiva entre los saurópodos más primitivos y los titanosaurios más avanzados. Los fósiles fueron recuperados en la Formación Candeleros, una de las unidades geológicas más antiguas del Grupo Neuquén, en la provincia del Neuquén. Esta formación representa antiguos sistemas fluviales entrelazados que se desarrollaron en ambientes cálidos y relativamente áridos durante el Cenomaniano. La fauna de la Formación Candeleros es una de las más famosas del Cretácico sudamericano. En estos mismos ambientes convivieron grandes depredadores como Giganotosaurus carolinii, uno de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos, junto con pequeños terópodos emplumados como Buitreraptor gonzalezorum, además de otros saurópodos como Limaysaurus tessonei. Desde el punto de vista evolutivo, Andesaurus ocupa una posición clave dentro de Titanosauria. Presenta una combinación de rasgos primitivos y derivados que lo sitúan cerca de la base del grupo, convirtiéndolo en una pieza fundamental para comprender cómo evolucionaron posteriormente los gigantescos titanosaurios que dominaron los ecosistemas de Sudamérica, África y otras regiones de Gondwana durante los últimos millones de años de la Era Mesozoica.


Neuquensaurus australis. Powell, 1992.

Neuquensaurus en el Museo de La Plata.

Aspecto de Neuquensaurus (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente entre 75 y 70 millones de años, durante el Campaniano y el Maastrichtiano, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Se trata de uno de los titanosaurios mejor conocidos de Sudamérica gracias a la abundancia de restos fósiles recuperados en las provincias de Neuquén y Río Negro. Fue descrito originalmente por Florentino Ameghino en 1893 bajo el nombre Titanosaurus australis, aunque posteriormente fue asignado al género Neuquensaurus, cuyo nombre significa "lagarto de Neuquén". A diferencia de los gigantescos titanosaurios que superaban los 20 metros de longitud, Neuquensaurus era relativamente pequeño para un saurópodo, alcanzando aproximadamente entre 10 y 15 metros de largo y un peso estimado de entre 8 y 12 toneladas. Poseía un cuerpo robusto, cuello relativamente corto, extremidades fuertes y una cola poderosa. Una de sus características más notables era la presencia de osteodermos, pequeñas placas óseas incrustadas en la piel que actuaban como una armadura dérmica. Este rasgo lo relaciona estrechamente con otros titanosaurios acorazados como Saltasaurus. De hecho, ambos integran la familia Saltasauridae, uno de los grupos más especializados de saurópodos conocidos. Los huesos de las extremidades muestran adaptaciones vinculadas al soporte de grandes masas corporales. Las vértebras presentan cavidades internas que reducían el peso del esqueleto sin comprometer su resistencia, una característica común entre los saurópodos más evolucionados. Los fósiles de Neuquensaurus proceden principalmente de la Formación Anacleto y otras unidades geológicas del Grupo Neuquén. Los materiales conocidos incluyen vértebras, huesos de las extremidades, elementos de la cintura pélvica y escapular, así como numerosos osteodermos. Actualmente, Neuquensaurus es considerado uno de los titanosaurios más importantes para comprender la evolución de los saurópodos del Cretácico tardío en Sudamérica. Su estudio ha permitido conocer mejor la diversidad, anatomía y estrategias defensivas de los últimos grandes herbívoros que dominaron los ecosistemas terrestres antes de la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años.


Amargasaurus cazaui. Salgado & Bonaparte, 1991.

El técnico Mariano Magnussen Saffer junto a un esqueleto de Amargasaurus.

Amargasaurus en el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Reconstrucción de Amargasaurus. Autor Luís V Rey.

Dinosaurio. Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo perteneciente a la familia Dicraeosauridae, que vivió durante el Cretácico temprano, hace aproximadamente entre 130 y 125 millones de años, en el Barremiano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la Formación La Amarga, provincia del Neuquén, y fueron descritos en 1991 por los paleontólogos José F. Bonaparte y Leonardo Salgado. El nombre del género hace referencia a dicha formación geológica, mientras que la especie honra al geólogo Luis Cazau. Amargasaurus estaba estrechamente emparentado con el dicreosáurido africano Dicraeosaurus, aunque presentaba características anatómicas únicas que lo convierten en uno de los saurópodos más singulares conocidos. Alcanzaba aproximadamente entre 9 y 12 metros de longitud, una altura cercana a los 4 metros y un peso estimado de entre 5 y 10 toneladas, siendo relativamente pequeño en comparación con muchos otros saurópodos. Como todos los miembros del grupo, era un herbívoro cuadrúpedo dotado de una cabeza pequeña, cuello relativamente corto, cuerpo robusto y una larga cola. Sus dientes estaban adaptados para arrancar hojas y brotes de la vegetación que cubría los ambientes fluviales y boscosos de la Patagonia cretácica. La característica más llamativa de Amargasaurus era la presencia de enormes espinas neurales bifurcadas que se proyectaban desde las vértebras cervicales y dorsales anteriores. Estas estructuras formaban dos hileras paralelas que comenzaban detrás del cráneo y se extendían a lo largo del cuello y la parte anterior del dorso. Algunas de estas espinas superaban los 60 centímetros de longitud y eran considerablemente más desarrolladas que las observadas en su pariente africano Dicraeosaurus. Durante décadas se propuso que estas espinas sostenían una doble vela de piel similar a la presente en dinosaurios como Spinosaurus o Ouranosaurus. Sin embargo, estudios más recientes sugieren que las espinas eran demasiado robustas para sostener únicamente una membrana cutánea y que probablemente estaban recubiertas por una gruesa vaina córnea, formando una estructura más rígida semejante a una serie de púas o espinas defensivas. La función exacta de estas estructuras continúa siendo objeto de debate. Entre las hipótesis propuestas se incluyen la defensa frente a depredadores, la exhibición visual para reconocimiento entre individuos o selección sexual, la intimidación de competidores e incluso la regulación térmica. Es posible que cumplieran varias funciones simultáneamente. Los restos de Amargasaurus proceden de una región donde coexistía con otros dinosaurios, cocodrilomorfos, tortugas y peces de agua dulce. Durante el Cretácico temprano, la Patagonia presentaba extensas llanuras atravesadas por ríos y lagunas, con un clima mucho más cálido y húmedo que el actual. Debido a su extraordinaria anatomía, Amargasaurus es considerado uno de los dinosaurios más emblemáticos de Argentina y uno de los saurópodos más fácilmente reconocibles del mundo. Su descubrimiento aportó información fundamental para comprender la diversidad y evolución de los dicreosáuridos en Gondwana.


Argentinosaurus huinculensis. Bonaparte & Coria, 1993.

Vértebra lumbar, exhibida en el Museo de Villa El Chocon, Neuquén. Montaje del esqueleto de Argentinosaurus en el Museo de Paleontología "Carmen Funes" de Plaza Huincul, Neuquén. Reconstrucción del Dinosaurio mas grande del mundo y el animal mas gigantesco de todas las épocas, el Argentinosaurus. (*).

Dinosaurio. Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 98 y 94 millones de años, en el Cenomaniano, en lo que actualmente es la provincia del Neuquén, Argentina. Es considerado uno de los mayores animales terrestres conocidos de todos los tiempos y uno de los dinosaurios más emblemáticos de Sudamérica. Aunque los restos fósiles recuperados son incompletos, las dimensiones de los huesos hallados permiten inferir que se trataba de un saurópodo de proporciones extraordinarias. Los fósiles fueron descubiertos en 1987 por Guillermo Heredia, un puestero de la estancia Las Overas, cerca de Plaza Huincul. Posteriormente fueron excavados por equipos del Museo Carmen Funes, la Universidad Nacional del Comahue y otras instituciones científicas argentinas. La especie fue descrita formalmente en 1993 por José F. Bonaparte y Rodolfo Coria. El nombre Argentinosaurus significa “lagarto de Argentina”, mientras que el epíteto específico huinculensis hace referencia a la región de Plaza Huincul, donde se produjo el hallazgo. Los restos conocidos incluyen varias vértebras dorsales gigantes, fragmentos de costillas, parte del sacro y una tibia de aproximadamente 1,55 metros de longitud. Una de las vértebras dorsales supera los 1,5 metros de altura, convirtiéndose en una de las mayores vértebras conocidas entre todos los vertebrados terrestres. A partir de estos materiales, los paleontólogos estiman que Argentinosaurus alcanzaba entre 30 y 35 metros de longitud, aunque algunas reconstrucciones sugieren dimensiones cercanas a los 40 metros. Las estimaciones de masa oscilan entre 60 y más de 80 toneladas, dependiendo del modelo utilizado. Debido a estas dimensiones, figura entre los mayores dinosaurios conocidos junto a gigantes como Patagotitan, Puertasaurus, Notocolossus y otros titanosaurios sudamericanos. Como todos los saurópodos, poseía una cabeza relativamente pequeña, un cuello extremadamente largo, un cuerpo voluminoso sostenido por cuatro robustas extremidades y una poderosa cola. Era un herbívoro que probablemente consumía grandes cantidades de vegetación para mantener su enorme tamaño corporal. Las vértebras presentaban amplias cavidades internas llenas de aire, una adaptación que permitía reducir considerablemente el peso del esqueleto sin comprometer su resistencia. Además, complejos sistemas de articulación entre las vértebras ayudaban a soportar las enormes cargas generadas por su masa corporal. Los fósiles proceden de la Formación Candeleros, dentro del Grupo Neuquén, una unidad geológica que representa antiguos sistemas fluviales desarrollados bajo un clima cálido y estacional. En estos ambientes convivió con otros dinosaurios notables, incluyendo al gigantesco depredador Giganotosaurus carolinii, uno de los mayores carnívoros terrestres conocidos. Durante muchos años Argentinosaurus fue considerado el dinosaurio más grande conocido. Aunque nuevos descubrimientos han revelado otros titanosaurios de tamaño comparable, continúa siendo uno de los mejores ejemplos del gigantismo alcanzado por los vertebrados terrestres durante la Era Mesozoica. El hallazgo de Argentinosaurus tuvo una enorme repercusión internacional y contribuyó decisivamente a posicionar a la Patagonia argentina como una de las regiones más importantes del mundo para el estudio de los dinosaurios gigantes.


Antarctosaurus wichmannianus.  von Huene, 1929.

Fémur de Argentinosaurus y Antarctosaurus en el Museo de La Plata. (2007)

El autor del sitio web junto a su hija, con dos enormes fémures de Antarctosaurus en el Museo de La Plata. (2015)

Aspecto del enorme sauropodo Antarctosaurus, uno de los primeros gigantes hallados en territorio argentino. (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente entre 83 y 80 millones de años, en el Campaniano, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Fue uno de los primeros titanosaurios sudamericanos descritos científicamente y constituye un género de gran importancia histórica para el estudio de los saurópodos de Gondwana. Sus restos fueron dados a conocer inicialmente en 1916, aunque la descripción formal del género fue realizada por el paleontólogo alemán Friedrich von Huene en 1929. Contrariamente a lo que suele creerse, el nombre Antarctosaurus no hace referencia al continente antártico. Deriva de las palabras griegas anti ("opuesto") y arktos ("norte"), en alusión a su procedencia del hemisferio sur, junto con sauros, que significa "lagarto". Los fósiles de Antarctosaurus wichmannianus proceden principalmente de la Formación Anacleto, en la provincia de Río Negro, Argentina. El material conocido incluye fragmentos craneanos, partes de la mandíbula inferior, vértebras cervicales y caudales, costillas y diversos huesos de las extremidades. Las estimaciones sugieren que la especie tipo alcanzaba entre 18 y 25 metros de longitud, con una masa que posiblemente superaba las 25 toneladas. Como otros titanosaurios, poseía un largo cuello, una pequeña cabeza, un cuerpo voluminoso y una extensa cola utilizada para mantener el equilibrio. Uno de los aspectos más interesantes de este dinosaurio es la forma inusual de su mandíbula inferior, notablemente ancha y de aspecto cuadrangular. Durante décadas se discutió si esta mandíbula pertenecía realmente a Antarctosaurus o si correspondía a otro dinosaurio asociado accidentalmente a los restos. Sin embargo, el descubrimiento de titanosaurios como Bonitasaura salgadoi, que presentan adaptaciones craneanas similares, ha demostrado que este tipo de mandíbula pudo haber evolucionado independientemente en ciertos grupos de titanosaurios, reforzando la posibilidad de que efectivamente perteneciera a Antarctosaurus. Algunas reconstrucciones sugieren que poseía un hocico relativamente ancho y una cabeza pequeña en relación con el tamaño de su cuerpo. Los dientes conservados son escasos y de forma simple, adecuados para arrancar vegetación. Históricamente se asignaron varias especies al género Antarctosaurus, entre ellas A. giganteus, A. septentrionalis, A. jaxartensis y A. brasiliensis. Sin embargo, revisiones posteriores han demostrado que la mayoría de ellas no pertenecen realmente a este género y representan dinosaurios diferentes o materiales demasiado fragmentarios para una identificación confiable. Particularmente controvertida fue Antarctosaurus giganteus, cuyos restos extremadamente incompletos llevaron a proponer dimensiones colosales, superiores a los 30 metros de longitud. No obstante, la escasez del material fósil impide realizar estimaciones precisas, por lo que actualmente se considera un taxón problemático cuya verdadera identidad continúa siendo incierta. A pesar de las dudas taxonómicas que rodean algunas especies asignadas al género, Antarctosaurus wichmannianus sigue siendo uno de los titanosaurios más importantes del registro fósil sudamericano y una pieza clave para comprender la evolución de los grandes saurópodos que dominaron los ecosistemas de Gondwana durante los últimos millones de años del período Cretácico.


Futalognkosaurus dukei.  Calvo, Porfiri, González-Riga, & Kellner, 2007.

Esqueleto de Futalognkosaurus dukei de la Patagonia Argentina, montado en el Royal Ontario Museum (Replica) Fémur de Futalongkosaurus en el sitio del Lago Los Barreales. Fuente. Aspecto de Futalongkosaurus. (*)

Dinosaurio Saurópodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 87 millones de años, en el Turoniano-Coniaciano, en lo que actualmente es la provincia del Neuquén, Argentina. Sus restos fueron descubiertos en el yacimiento paleontológico de Lago Barreales, dentro del Centro Paleontológico Lago Barreales, cerca de la ciudad de Neuquén. El nombre Futalognkosaurus deriva de vocablos mapuches que pueden traducirse como “jefe lagarto gigante”, mientras que el epíteto específico dukei homenajea a la empresa Duke Energy Argentina, que colaboró con las investigaciones. Se trata de uno de los saurópodos más grandes conocidos. Las estimaciones actuales indican una longitud de entre 30 y 34 metros, aunque algunos estudios sugieren dimensiones ligeramente mayores. Su peso habría oscilado entre 50 y 70 toneladas. Aunque comparable en tamaño a gigantes como Argentinosaurus o Patagotitan, los análisis filogenéticos indican que no estaba estrechamente emparentado con ellos. Los fósiles recuperados incluyen gran parte de la columna vertebral, la pelvis y numerosos elementos del esqueleto, convirtiéndolo en uno de los titanosaurios gigantes mejor conocidos del mundo. En el mismo yacimiento se hallaron restos de otros individuos de menor tamaño, posiblemente juveniles o subadultos. Como todos los saurópodos, Futalognkosaurus era un herbívoro cuadrúpedo de cuello largo, cabeza relativamente pequeña y cola robusta. Su enorme tamaño constituía una de sus principales defensas frente a los depredadores. El ambiente donde vivió era muy diferente al actual paisaje patagónico. Durante el Cretácico Superior, la región estaba atravesada por grandes sistemas fluviales, lagunas y extensas llanuras cubiertas por abundante vegetación. En estos ecosistemas convivía con una rica fauna de peces, tortugas, cocodriliformes, dinosaurios herbívoros y grandes dinosaurios carnívoros. Entre los depredadores de su entorno se encontraba Megaraptor namunhuaiquii, un gran terópodo cazador que compartía estos ambientes. Sin embargo, un adulto de Futalognkosaurus probablemente tenía pocos enemigos naturales debido a sus enormes dimensiones. La presencia de varios individuos en una misma localidad sugiere la posibilidad de comportamientos gregarios, una estrategia que habría incrementado la protección de los ejemplares jóvenes frente a los depredadores. Aunque esta hipótesis no puede demostrarse de manera concluyente, es consistente con lo observado en otros saurópodos. El descubrimiento de Futalognkosaurus permitió reconstruir con gran detalle uno de los ecosistemas más completos del Cretácico de Patagonia, convirtiéndolo en una pieza clave para comprender la evolución de los titanosaurios gigantes de Gondwana.


Ligabuesarus lenzai.  Bonaparte et al. 2006.

Recuperación del fémur de Ligabuesarus lenzai. (Prensa)

Posible aspecto de Ligabuesarus lenzai (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo macronario que vivió durante el Cretácico temprano, hace aproximadamente 110 millones de años, en el Albiano, en lo que actualmente es la provincia del Neuquén, Argentina. El género fue nombrado en honor a Giancarlo Ligabue, empresario y filántropo italiano que apoyó numerosas investigaciones paleontológicas en Sudamérica. El nombre específico, leanzai, homenajea al destacado paleontólogo argentino Héctor Leanza. Sus restos fósiles fueron descubiertos en las cercanías de Picún Leufú, provincia del Neuquén, durante expediciones dirigidas por José F. Bonaparte. Los trabajos de excavación se desarrollaron en varias campañas, con la participación de investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul. Ligabuesaurus era un gran dinosaurio herbívoro que alcanzaba aproximadamente entre 20 y 25 metros de longitud. Aunque no figuraba entre los mayores saurópodos conocidos, poseía dimensiones impresionantes. Uno de los fósiles más destacados es un fémur de alrededor de 1,7 metros de longitud, cuyo enorme tamaño da una idea de la robustez del animal. La característica más distintiva de este dinosaurio era su cuello. Las vértebras cervicales indican que el cuello se elevaba en un ángulo considerablemente más pronunciado que en muchos otros saurópodos. Esta postura le permitía alcanzar vegetación situada a gran altura, aprovechando recursos alimenticios inaccesibles para otros herbívoros de su ecosistema. Sus extremidades anteriores eran relativamente largas, lo que contribuía a darle una silueta elevada en la región anterior del cuerpo, recordando en cierto modo la postura de algunos braquiosáuridos. Gracias a esta conformación anatómica, podía alimentarse de las copas de árboles altos y posiblemente vigilar amplias áreas de su entorno. Como otros saurópodos, poseía huesos neumáticos, atravesados por cavidades internas conectadas al sistema respiratorio. Estas estructuras reducían considerablemente el peso del esqueleto sin disminuir su resistencia, una adaptación fundamental para sostener un cuerpo de semejantes dimensiones. Durante el Cretácico temprano, la Patagonia presentaba un paisaje muy diferente al actual. Amplios sistemas fluviales, bosques y llanuras cubrían la región, proporcionando alimento a numerosos dinosaurios herbívoros. En estos ambientes convivían diversos depredadores, aunque los grandes terópodos mencionados frecuentemente, como Giganotosaurus carolinii y Carnotaurus sastrei, vivieron millones de años después que Ligabuesaurus, por lo que no llegaron a compartir el mismo ecosistema. El descubrimiento de Ligabuesaurus aportó información fundamental sobre la evolución temprana de los saurópodos macronarios de Gondwana y ayuda a comprender cómo surgieron posteriormente algunos de los gigantescos titanosaurios que dominarían Sudamérica durante el Cretácico Superior.


Puertasaurus reuili.   Novas et al., 2005.

El paleontólogo Fernando Novas junto a la vértebra de Puertasaurus reuilli, en el MACN. (Prensa)

Reconstrucción del Puertasaurus.  Fuente 123

Dinosaurio. Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente 70 millones de años, en el Maastrichtiano, en lo que actualmente es la provincia de Santa Cruz, Patagonia argentina. Se trata de uno de los mayores dinosaurios conocidos y uno de los últimos gigantes que habitaron la Tierra antes de la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años, al final del período Cretácico. Sus restos fósiles fueron descubiertos en enero de 2001 en el cerro Los Hornos, cerca del lago Viedma, por una expedición integrada por paleontólogos argentinos. La especie fue descrita científicamente en 2005 y presentada oficialmente poco después. El nombre del género honra a Pablo Puerta, quien participó en el descubrimiento de los fósiles, mientras que el nombre específico reuili reconoce la labor de Santiago Reuil, integrante del equipo que recuperó los restos. Aunque los fósiles recuperados son escasos, incluyen algunas de las vértebras más grandes conocidas para un dinosaurio. La primera vértebra dorsal mide aproximadamente 1,70 metros de ancho, convirtiéndose en una de las más impresionantes halladas hasta la actualidad. El enorme tamaño de estos huesos indica que Puertasaurus fue un saurópodo de dimensiones colosales. Las estimaciones actuales sugieren una longitud de entre 30 y 35 metros y una masa que probablemente oscilaba entre 50 y 80 toneladas. Algunas reconstrucciones más antiguas propusieron dimensiones cercanas a los 40 metros y pesos superiores a las 100 toneladas, aunque estas cifras son consideradas especulativas debido a la escasez de material fósil disponible. Como todos los titanosaurios, era un herbívoro cuadrúpedo de cuello largo, cabeza relativamente pequeña y una poderosa cola. Su enorme volumen corporal constituía una defensa eficaz frente a los grandes depredadores de su tiempo. Una de las características más notables de Puertasaurus era la extraordinaria anchura de su caja torácica y de sus vértebras dorsales. Esta robustez sugiere un cuerpo particularmente ancho y macizo, posiblemente diferente al de otros titanosaurios gigantes conocidos. Los fósiles proceden de la Formación Cerro Fortaleza, una unidad geológica que registra antiguos ambientes fluviales y llanuras inundables de la Patagonia austral. En estos ecosistemas convivieron otros dinosaurios notables, incluyendo grandes terópodos carnívoros y diversos saurópodos herbívoros. El descubrimiento de Puertasaurus tuvo una enorme repercusión internacional, ya que aportó nuevas evidencias sobre el gigantismo extremo alcanzado por los titanosaurios sudamericanos. Junto con géneros como Argentinosaurus, Patagotitan, Notocolossus y Futalognkosaurus, representa uno de los máximos exponentes de la evolución de los mayores animales terrestres que han existido. A pesar de que sólo se conocen unos pocos huesos, Puertasaurus reuili continúa siendo una de las especies más impresionantes descubiertas en Patagonia y un símbolo del extraordinario patrimonio paleontológico argentino.


Rebbachisaurus tessonei. Calvo y Salgado, 1995.

Esqueleto de Rebbachisaurus tessonei (*).

Aspecto de Rebbachisaurus tessonei (*).

Dinosaurio Sauropodo. En 1987, en la zona de El Chocón, provincia del Neuquén, Lito Tessone, empleado de la entonces empresa Hidronor, descubrió los restos fósiles de un dinosaurio que aportó valiosa información sobre la historia geológica y biológica de Gondwana, el antiguo supercontinente que unía a Sudamérica, África, la Antártida, Australia e India. Originalmente, este dinosaurio fue denominado Rebbachisaurus tessonei debido a sus similitudes con Rebbachisaurus garasbae, una especie descubierta en Marruecos y descrita en 1954. Sin embargo, estudios posteriores demostraron que los materiales argentinos representaban un género distinto, por lo que actualmente se lo conoce como Limaysaurus tessonei. Los trabajos realizados por el paleontólogo Jorge Calvo permitieron establecer estrechas relaciones entre los rebaquisáuridos sudamericanos y africanos, reforzando la hipótesis de que estos continentes permanecieron unidos durante buena parte del Cretácico. La presencia de dinosaurios estrechamente emparentados a ambos lados del océano Atlántico constituye una importante evidencia paleontológica de aquella antigua conexión continental. Limaysaurus tessonei vivió hace aproximadamente 100 millones de años, durante el Cenomaniano, en ambientes fluviales y llanuras inundables de la actual Patagonia. Era un saurópodo herbívoro de tamaño mediano, que alcanzaba entre 15 y 17 metros de longitud y un peso estimado de 7 a 12 toneladas. Como todos los saurópodos, caminaba sobre cuatro robustas extremidades y poseía un largo cuello que le permitía acceder a distintos niveles de vegetación. Sus dientes eran estrechos, alargados y ligeramente curvados, adaptados para arrancar hojas y ramas, aunque no para masticarlas. Uno de los aspectos más interesantes de esta especie es que constituye uno de los pocos saurópodos en los que se ha documentado con certeza la presencia de gastrolitos, pequeñas piedras que eran ingeridas voluntariamente y permanecían en el estómago. Estas piedras habrían ayudado a triturar los alimentos vegetales, facilitando la digestión de grandes cantidades de material vegetal. Los restos de Limaysaurus tessonei proceden de la Formación Candeleros, una unidad geológica del Grupo Neuquén que ha proporcionado algunos de los fósiles más importantes de la Patagonia. En estos ambientes convivió con otros dinosaurios notables, entre ellos grandes terópodos depredadores y diversos saurópodos herbívoros. El descubrimiento de Limaysaurus representó un importante aporte para comprender la diversidad de los saurópodos de Gondwana y las relaciones biogeográficas entre Sudamérica y África durante el Cretácico.


Limaysaurus tessonei. Calvo & Salgado, 1995.

Limaysaurus montado en una exhibición especial en Italia.

Posible aspecto del Sauropodo.

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo rebaquisáurido que vivió durante el Cretácico Inferior tardío y el Cretácico Superior temprano, hace aproximadamente entre 104 y 99 millones de años, en el Albiano tardío y Cenomaniano temprano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Este dinosaurio herbívoro alcanzaba alrededor de 15 a 18 metros de longitud, unos 6 metros de altura y un peso estimado de entre 7 y 12 toneladas. Aunque era considerablemente más pequeño que los gigantescos titanosaurios de la época, constituía uno de los mayores representantes de la familia Rebbachisauridae en Sudamérica. Su anatomía presenta características distintivas dentro de los saurópodos. Las espinas neurales de las vértebras cervicales y dorsales eran simples y rectas, en lugar de bifurcadas, lo que le confería una apariencia diferente a la de otros saurópodos. Asimismo, poseía dientes delgados, ligeramente curvados y adaptados para arrancar hojas y ramas de la vegetación. Uno de los aspectos más importantes de Limaysaurus es su estrecho parentesco con rebaquisáuridos africanos, especialmente con Rebbachisaurus garasbae, hallado en Marruecos. Esta relación constituye una importante evidencia de los vínculos biogeográficos existentes entre Sudamérica y África antes de la completa apertura del océano Atlántico Sur, cuando ambos continentes formaban parte del supercontinente Gondwana. Los restos fósiles de Limaysaurus tessonei fueron descubiertos en la Formación Candeleros, provincia del Neuquén. En estos ambientes fluviales y llanuras inundables convivió con otros dinosaurios característicos de la época, entre ellos el titanosauriforme Andesaurus delgadoi y el gran terópodo Giganotosaurus carolinii. El clima era cálido, con extensos sistemas de ríos, lagunas y abundante vegetación. Un rasgo particularmente interesante de esta especie es la presencia de gastrolitos asociados a sus restos fósiles. Estas piedras, ingeridas voluntariamente, habrían permanecido en el aparato digestivo ayudando a triturar el alimento vegetal, compensando así la limitada capacidad masticatoria de sus dientes. El descubrimiento de Limaysaurus ha sido fundamental para comprender la evolución de los rebaquisáuridos y las conexiones faunísticas entre los continentes australes durante el Cretácico, convirtiéndolo en uno de los saurópodos mejor conocidos de la Patagonia argentina.


Pellegrinisaurus powelli. Salgado, 1996.

Vértebra de un gran sauropodo del cretácico (*).

Pellegrinisaurus, posible aspecto en vida (*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo titanosauriano que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 80 y 75 millones de años, en el Campaniano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron hallados en la provincia de Río Negro y fueron descritos por el paleontólogo argentino Jaime Powell en 1996. El nombre del género honra al ingeniero Pellegrini, mientras que el epíteto específico powelli fue dedicado al propio Jaime Powell, en reconocimiento a sus importantes contribuciones al estudio de los titanosaurios sudamericanos. Aunque los restos recuperados son incompletos, incluyen varias vértebras caudales y otros elementos del esqueleto que permitieron reconocerlo como un miembro de Titanosauria. Se estima que alcanzaba entre 20 y 25 metros de longitud, con un peso que probablemente superaba las 20 toneladas. Como otros titanosaurios, Pellegrinisaurus era un herbívoro cuadrúpedo de cuello largo y cabeza pequeña, adaptado al consumo de grandes cantidades de vegetación. Su largo cuello le permitía alimentarse de distintos niveles de la cubierta vegetal sin necesidad de desplazarse constantemente. Una de sus características más distintivas es la morfología de las vértebras de la cola, que presentan rasgos particulares utilizados por los paleontólogos para diferenciarlo de otros titanosaurios contemporáneos. Estas características sugieren que pertenecía a un grupo relativamente derivado dentro de los titanosaurios sudamericanos. Durante el Campaniano, la Patagonia estaba dominada por extensas planicies fluviales, lagunas y bosques abiertos que albergaban una gran diversidad de dinosaurios. En estos ambientes convivieron numerosos saurópodos, terópodos depredadores, cocodriliformes, tortugas y otros vertebrados que formaban parte de complejos ecosistemas continentales. Aunque es menos conocido que gigantes como Argentinosaurus, Futalognkosaurus o Puertasaurus, Pellegrinisaurus powelli constituye una pieza importante para comprender la evolución y diversidad de los titanosaurios que dominaron Sudamérica durante los últimos millones de años de la Era Mesozoica.


Agustinia ligabuei. Bonaparte, 1999.

Esqueleto ilustrativo (*).

Espina vertebral de Agustinia ligabuei. (*).

Agustinia ligabuei en vivo.(*).

Dinosaurio Sauropodo. Es una especie de dinosaurio saurópodo que vivió durante el Cretácico Inferior, hace aproximadamente entre 116 y 112 millones de años, en el Aptiano, en lo que actualmente es la provincia del Neuquén, Argentina. Fue descrito por José F. Bonaparte en 1999 y constituye uno de los saurópodos más peculiares conocidos debido a la presencia de una llamativa armadura dérmica formada por placas y espinas óseas. El nombre del género honra a Agustín Martínelli, mientras que el nombre específico reconoce al investigador y mecenas italiano Giancarlo Ligabue. Agustinia era un dinosaurio herbívoro cuadrúpedo que alcanzaba aproximadamente entre 15 y 18 metros de longitud. Aunque no figuraba entre los saurópodos gigantes de Patagonia, poseía una anatomía única que lo distingue claramente de otros miembros de este grupo. Su característica más notable era la presencia de una serie de osteodermos —placas y espinas óseas incrustadas en la piel— distribuidos a lo largo del lomo y la región sacra. Estas estructuras se articulaban con las espinas neurales de las vértebras y formaban una especie de armadura dorsal que recuerda superficialmente a la de algunos dinosaurios acorazados, como los estegosaurios y anquilosaurios, aunque no existía un parentesco cercano entre ellos. Las espinas neurales de las últimas vértebras dorsales, las vértebras sacras y las primeras caudales estaban notablemente expandidas transversalmente. Asociados a ellas se encontraban varios tipos de osteodermos de formas diferentes, algunos laminares, otros cilíndricos y otros con proyecciones laterales, conformando un complejo sistema de protección cuya función exacta aún es motivo de estudio. Los restos fósiles conocidos son relativamente fragmentarios e incluyen vértebras, fragmentos de costillas, elementos de la pelvis y huesos de las extremidades. Un peroné de casi un metro de longitud ha permitido estimar el tamaño general del animal mediante comparaciones con otros saurópodos. Debido a la combinación de características primitivas y derivadas presentes en su esqueleto, Bonaparte propuso inicialmente una familia propia, Agustiniidae. Sin embargo, estudios posteriores han sugerido que podría estar relacionado con los titanosauriformes basales o con otros grupos de saurópodos avanzados. Su posición filogenética continúa siendo objeto de debate entre los especialistas. Agustinia habitó ambientes cálidos y húmedos dominados por sistemas fluviales, bosques y llanuras vegetadas. Compartió su ecosistema con otros grandes herbívoros, entre ellos Ligabuesaurus leanzai y diversos saurópodos de la Patagonia cretácica. A pesar de que se conoce por restos incompletos, Agustinia ligabuei sigue siendo uno de los dinosaurios más singulares descubiertos en Argentina debido a su extraordinaria armadura dérmica, una característica excepcional entre los grandes saurópodos.


Abelisaurus comahuensis. Bonaparte & Novas, 1985.

 

Cráneo de Abelisaurus en el Museo Paleontológico de la Universidad del Comahue, Neuquén. (2001).

  Aspecto de Abelisaurus comahuensis, un gigantesco depredador de Patagonia. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es una especie de dinosaurio terópodo abelisáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 83 y 80 millones de años, en el Campaniano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Fue descrito en 1985 por los paleontólogos argentinos José F. Bonaparte y Fernando Novas, convirtiéndose en el primer representante conocido de la familia Abelisauridae, un grupo de dinosaurios carnívoros que posteriormente sería reconocido como uno de los principales depredadores de los continentes australes durante el Cretácico tardío. Los restos fósiles fueron hallados en la provincia de Río Negro y consisten principalmente en un cráneo incompleto de aproximadamente 85 centímetros de longitud. A pesar de la escasez del material, el descubrimiento resultó de enorme importancia, ya que permitió identificar un nuevo linaje de grandes terópodos característico de Gondwana. El cráneo presenta amplias aberturas que reducían su peso sin comprometer su resistencia estructural. La superficie de los huesos nasales muestra marcadas rugosidades que probablemente sostenían estructuras córneas o cubiertas de queratina en vida. Sus mandíbulas estaban armadas con dientes largos, comprimidos lateralmente y provistos de bordes aserrados, adaptados para desgarrar carne. Aunque no se han encontrado restos del esqueleto postcraneal, las comparaciones con otros abelisáuridos permiten estimar que Abelisaurus habría alcanzado entre 7 y 9 metros de longitud y un peso cercano a las dos toneladas. Entre las características más distintivas del cráneo se destaca una región interorbital elevada y robusta, así como un gran orificio anterorbital, proporcionalmente más desarrollado que en muchos otros terópodos. La zona situada entre los huesos lacrimal y postorbital forma una prominencia ósea que habría otorgado al animal una apariencia particularmente robusta alrededor de los ojos. A diferencia de otros abelisáuridos más especializados, como Carnotaurus sastrei, Majungasaurus crenatissimus o Skorpiovenator bustingorryi, Abelisaurus no presenta cuernos o crestas claramente desarrollados en los restos conservados. Sin embargo, las rugosidades observadas en el cráneo sugieren que pudo haber poseído estructuras córneas recubiertas de queratina, las cuales no suelen preservarse en el registro fósil. Como otros miembros de su familia, era un depredador bípedo de constitución robusta, con una cabeza grande y poderosas mandíbulas. Los abelisáuridos se caracterizaban además por poseer extremidades anteriores extremadamente reducidas, aunque esta característica no puede confirmarse directamente en Abelisaurus debido a la ausencia de restos postcraneales. El descubrimiento de Abelisaurus comahuensis marcó un hito en la paleontología sudamericana, ya que permitió reconocer un grupo de dinosaurios carnívoros que dominaría los ecosistemas de Gondwana durante los últimos millones de años de la Era Mesozoica. Actualmente, continúa siendo una especie clave para comprender el origen y la evolución de los abelisáuridos.


Aucasaurus garridoi.  Coria, Chiappe, Dingus, 2002.

Excavación de Aucasaurus  en en la zona de Auca Mauhida.(*).

Esqueleto de Aucasaurus garridoi en el Museo de Plaza Huincul. (*).

Aspecto en vida de Aucasaurus garridoi. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es una especie de dinosaurio terópodo abelisáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 75 millones de años, en el Campaniano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Fue descrito en 2002 por Rodolfo Coria, Luis Chiappe y colaboradores a partir de uno de los esqueletos de abelisáuridos más completos hallados hasta el momento. El espécimen tipo consiste en un esqueleto parcialmente articulado que conserva gran parte del cráneo, la columna vertebral y numerosos elementos de las extremidades, permitiendo conocer con gran detalle la anatomía de este depredador. Aucasaurus era un dinosaurio bípedo y carnívoro que alcanzaba aproximadamente entre 6 y 7 metros de longitud, una altura cercana a los 2 metros a la cadera y un peso estimado de entre 700 y 1.000 kilogramos. Aunque era considerablemente más pequeño que su célebre pariente Carnotaurus sastrei, compartía con él muchas características anatómicas propias de los abelisáuridos. Sus restos fósiles fueron descubiertos en marzo de 1999 en el yacimiento de Auca Mahuevo, provincia del Neuquén, una de las localidades paleontológicas más importantes del mundo por la abundancia de nidos, huevos y embriones de titanosaurios. Debido a esta asociación, algunos investigadores han sugerido que Aucasaurus pudo haberse alimentado ocasionalmente de crías o juveniles de saurópodos, aunque no existen pruebas directas de este comportamiento. El esqueleto conservado llega aproximadamente hasta la decimotercera vértebra caudal, además de varias vértebras de la cola halladas de forma aislada. Su excelente estado de preservación ha permitido reconstruir con precisión la morfología general de los abelisáuridos patagónicos. El cráneo presenta dos pequeñas protuberancias sobre los huesos frontales, ubicadas por encima de las órbitas. Estas estructuras recuerdan a los cuernos de Carnotaurus, aunque son mucho más reducidas y nunca alcanzan el desarrollo observado en este último. Su cabeza era alargada y robusta, equipada con dientes comprimidos lateralmente y provistos de bordes aserrados, ideales para desgarrar carne. Como otros abelisáuridos, poseía extremidades anteriores extremadamente reducidas. Sin embargo, sus brazos eran proporcionalmente más largos que los de Carnotaurus, aunque igualmente pequeños y de funcionalidad limitada. Por el contrario, las patas posteriores eran largas y musculosas, indicando que se trataba de un corredor relativamente veloz y un depredador activo. Uno de los aspectos más interesantes del hallazgo es la preservación de impresiones de tejidos blandos en la región pélvica, un tipo de evidencia excepcional en el registro fósil. Además, la fusión de diversos elementos esqueléticos, como la escápula y el coracoides, así como la tibia y algunos huesos del pie, indica que el individuo hallado era un ejemplar adulto. La estrecha relación evolutiva entre Aucasaurus y Carnotaurus ha permitido comprender mejor la diversificación de los abelisáuridos en Sudamérica durante los últimos millones de años del Cretácico. Estos depredadores dominaron los ecosistemas de Gondwana poco antes de la extinción masiva que puso fin a la Era de los Dinosaurios hace 66 millones de años.


Giganotosaurus carolinii. Coria & Salgado, 1995.

Esqueleto de Giganotosaurus en el Museo de Villa El Chocon. (*).

Museo Paleontológico de Villa El Chocon. (*).

Reconstrucción de Giganotosaurus. Tomado de Wikipedia.

 El técnico en paleontología, Mariano Magnussen Saffer, junto al esqueleto de un Giganotosaurus carolini. 2011.

Dinosaurio Terópodo. Es una especie de dinosaurio terópodo carcarodontosáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 99 y 95 millones de años, en el Cenomaniano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Fue descrito en 1995 por los paleontólogos Rodolfo Coria y Leonardo Salgado. El nombre de la especie honra a Rubén Darío Carolini, el aficionado y buscador de fósiles que descubrió sus restos en 1993 cerca de Villa El Chocón, provincia del Neuquén. Considerado uno de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos, Giganotosaurus alcanzaba entre 12 y 13 metros de longitud y un peso estimado de entre 7 y 10 toneladas. Durante muchos años fue considerado el mayor depredador terrestre conocido, aunque descubrimientos posteriores de otros grandes terópodos, como Spinosaurus aegyptiacus, demostraron que algunos dinosaurios carnívoros pudieron alcanzar tamaños comparables o incluso superiores. El espécimen holotipo está representado por un esqueleto relativamente completo, que conserva aproximadamente el 70 % del animal. Incluye gran parte del cráneo, la pelvis, numerosos elementos vertebrales y huesos de las extremidades, proporcionando una visión excepcional de su anatomía. Giganotosaurus era un depredador bípedo de constitución robusta. Poseía una enorme cabeza sostenida por un cuello musculoso, brazos relativamente cortos provistos de tres dedos con garras afiladas y poderosas extremidades posteriores adaptadas para desplazarse con eficacia. Su larga cola actuaba como contrapeso, ayudándole a mantener el equilibrio durante la locomoción. El cráneo alcanzaba cerca de 1,8 metros de longitud y estaba equipado con dientes aserrados de hasta 20 centímetros, ideales para cortar grandes porciones de carne. A diferencia de los tiranosáuridos, cuya estrategia consistía en ejercer una poderosa presión de mordida, los carcarodontosáuridos poseían mandíbulas diseñadas para infligir profundas heridas mediante ataques repetidos con sus afilados dientes. Diversos estudios sugieren que su fuerza de mordida era inferior a la de Tyrannosaurus rex, pero esto era compensado por la longitud de sus mandíbulas y la eficacia cortante de su dentición. Probablemente cazaba grandes saurópodos y otros dinosaurios herbívoros que compartían su ecosistema. Desde el punto de vista evolutivo, Giganotosaurus pertenece a la familia Carcharodontosauridae, un grupo de grandes depredadores distribuido por varios continentes de Gondwana. Sus parientes más cercanos incluyen a Mapusaurus roseae, Tyrannotitan chubutensis y al africano Carcharodontosaurus saharicus. Debido a sus similitudes anatómicas, Giganotosaurus y Mapusaurus fueron agrupados dentro de la subfamilia Giganotosaurinae. Los restos fósiles fueron hallados en la Formación Candeleros, perteneciente al Grupo Neuquén. Durante el Cenomaniano, esta región estaba recorrida por extensos sistemas fluviales, lagunas y bosques dominados por coníferas, araucarias y otras plantas características de climas cálidos. En aquella época la Cordillera de los Andes aún no había alcanzado su desarrollo actual, por lo que los paisajes y sistemas de drenaje eran muy diferentes a los de la Patagonia moderna. Giganotosaurus carolinii constituye uno de los descubrimientos paleontológicos más importantes de Argentina y uno de los mayores depredadores terrestres conocidos en la historia de la vida. Su hallazgo permitió comprender mejor la evolución de los grandes carnívoros de Gondwana y consolidó a la Patagonia como una de las regiones más relevantes del mundo para el estudio de los dinosaurios.


Tyrannotitan chubutensis.  Novas, de Valai, Vickers-Rich & Rich, 2005.

Fragmento mandibular de Tyrannotitan chubutensis. (*).

Esqueleto de Tyrannotitan chubutensis .Museo Paleontológico de Trelew. MEF.

Aspecto de Tyrannotitan chubutensis presentado por Fernando Novas. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es una especie de dinosaurio terópodo carcarodontosáurido que vivió durante el Cretácico Inferior, hace aproximadamente entre 118 y 112 millones de años, en el Aptiano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Fue uno de los mayores depredadores de su tiempo y un representante temprano de los gigantescos carcarodontosáuridos que posteriormente darían origen a formas tan impresionantes como Giganotosaurus carolinii y Mapusaurus roseae. Su nombre significa “titán tirano de Chubut”, en referencia tanto a su gran tamaño como a la provincia donde fueron hallados sus restos fósiles. Los fósiles de Tyrannotitan chubutensis fueron descubiertos en la estancia La Juanita, a unos 28 kilómetros al noreste de Paso de Indios, provincia del Chubut. La especie fue descrita en 2005 por Fernando Novas, Silvina de Valais, Pat Vickers-Rich y Thomas Rich. Las estimaciones más aceptadas indican que alcanzaba entre 12 y 13 metros de longitud, una altura cercana a los 5 metros y un peso aproximado de entre 6 y 8 toneladas. Estas dimensiones lo convierten en uno de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos del Cretácico Inferior. Como otros miembros de la familia Carcharodontosauridae, poseía un enorme cráneo armado con dientes aserrados, comprimidos lateralmente y especialmente adaptados para cortar carne. Sin embargo, sus dientes presentan características particulares, con dentículos que muestran una compleja estructura dividida por un surco central, rasgo poco frecuente entre los grandes terópodos. El esqueleto revela un animal robusto y poderoso. Aunque sus extremidades anteriores eran relativamente pequeñas en comparación con el tamaño corporal, estaban mejor desarrolladas que las de los tiranosáuridos y conservaban tres dedos provistos de garras. El escapulocoracoides aparece fusionado y presenta características anatómicas distintivas que permiten diferenciarlo de otros carcarodontosáuridos conocidos. Algunas particularidades del cráneo, especialmente en la región del hueso yugal y la fenestra orbital, muestran afinidades tanto con Giganotosaurus como con el africano Carcharodontosaurus, reforzando la estrecha relación evolutiva entre los grandes depredadores de Gondwana. Tyrannotitan habitó extensas planicies fluviales dominadas por bosques de coníferas, araucarias y helechos arborescentes. Compartió su ambiente con grandes saurópodos, entre ellos formas cercanas a Chubutisaurus y otros gigantes herbívoros que probablemente constituían sus principales presas. El descubrimiento de Tyrannotitan chubutensis aporta información fundamental sobre la evolución temprana de los carcarodontosáuridos en Sudamérica y demuestra que estos gigantescos depredadores ya dominaban los ecosistemas patagónicos varios millones de años antes de la aparición de Giganotosaurus.


Buitreraptor gonzalezorum. Makovicky, Apesteguía & Agnolin, 2005.

Esqueleto del carnívoro de Patagonia, Buitrerraptor, exhibido en el The Field Museum of Chicago Reconstrucción de Buitrerraptor gonzalezorum.  (*).

Dinosaurio Terópodo. Es una especie de dinosaurio terópodo dromeosáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 95 millones de años, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la provincia de Río Negro por un equipo de paleontólogos argentinos y estadounidenses, constituyendo uno de los ejemplares más completos y antiguos conocidos de este grupo en América del Sur. Descrito en 2005, su nombre significa “ladrón buitre” debido a la forma alargada de su cráneo, mientras que el epíteto específico honra a Jorge y Fabián González, quienes participaron en el hallazgo. Buitreraptor pertenecía al grupo de los dromeosáuridos, los célebres dinosaurios corredores emparentados con las aves, entre cuyos representantes más conocidos se encuentra Velociraptor. Su esqueleto presenta características primitivas y avanzadas a la vez, destacándose la presencia de una fúrcula o “hueso de la suerte”, formada por la fusión de las clavículas, una estructura característica de las aves modernas. Medía alrededor de 1,5 metros de longitud, poseía un cuerpo esbelto cubierto de plumas, una larga cola rígida que le ayudaba a mantener el equilibrio y un hocico estrecho provisto de pequeños dientes sin aserraduras, adaptados para capturar pequeñas presas. Probablemente se alimentaba de lagartos, mamíferos primitivos y otros pequeños vertebrados que capturaba con rapidez gracias a su gran agilidad. Aunque poseía extremidades anteriores emplumadas, no era capaz de volar; sin embargo, es posible que utilizara sus plumas para estabilizarse durante carreras, saltos o maniobras de caza. Su hallazgo demostró que los dromeosáuridos no eran exclusivos de los continentes del hemisferio norte, como se creía anteriormente, sino que también formaban parte importante de los ecosistemas de Gondwana. Los fósiles proceden de la localidad de La Buitrera, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la Patagonia, donde se han descubierto numerosas especies de vertebrados del Cretácico excepcionalmente preservadas, proporcionando información fundamental sobre la evolución de los dinosaurios emplumados y el origen de las aves.


Patagonykus puertai. Novas, 1996.

  Esqueleto de Patagonykus puertai. (*).

Representación en vivo de Patagonykus puertai. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo alvarezsáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 92 millones de años, en el Turoniano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron descubiertos en 1997 en afloramientos del Miembro Portezuelo de la Formación Río Neuquén, cerca de Plaza Huincul, provincia del Neuquén. Este singular dinosaurio pertenece a los Alvarezsauridae, un grupo de pequeños terópodos estrechamente relacionados con las aves, cuyos representantes más conocidos incluyen a Alvarezsaurus de Argentina y Mononykus de Mongolia. Las características anatómicas de Patagonykus reflejan una especialización adaptativa muy particular dentro de los dinosaurios terópodos. El holotipo consiste en un esqueleto incompleto pero relativamente bien preservado, que carece de cráneo, aunque conserva numerosas vértebras, los coracoides, parte de los miembros anteriores, la cintura pélvica y gran parte de las extremidades posteriores. A partir de estos restos se estima que alcanzaba aproximadamente 2 metros de longitud y un peso cercano a los 45-50 kilogramos. La característica más notable de Patagonykus era su peculiar anatomía de las extremidades anteriores. Sus brazos eran extremadamente cortos y robustos, con los dedos muy reducidos, excepto el primero, que poseía una poderosa garra de gran tamaño. Esta adaptación recuerda a la observada en otros alvarezsáuridos y sugiere que utilizaba estas extremidades para excavar troncos, nidos de insectos o madrigueras en busca de alimento. Las patas posteriores, en cambio, eran largas, fuertes y adaptadas para una locomoción rápida, lo que indica que se trataba de un corredor ágil y eficiente. Como ocurre con otros miembros de su grupo, es probable que su cuerpo estuviera cubierto por plumas simples o estructuras filamentosas, reforzando la estrecha relación evolutiva entre los alvarezsáuridos y las aves. Su dieta probablemente estuvo compuesta por insectos, pequeños vertebrados y otros recursos alimenticios de fácil captura. Algunos estudios han sugerido que los alvarezsáuridos podrían haber desempeñado un papel ecológico similar al de los actuales osos hormigueros o pangolines, aunque dentro de un contexto evolutivo completamente diferente. El descubrimiento de Patagonykus puertai constituyó una pieza clave para comprender la evolución y diversificación de los alvarezsáuridos en Gondwana, demostrando que este grupo tuvo una amplia distribución geográfica y una historia evolutiva más compleja de lo que se pensaba originalmente.


Noasaurus leali. Bonaparte & Powell, 1980.

Reconstrucción de la mano de Noasaurus lelai, por  Mariano Magnussen Saffer. Cráneo de Noasaurus, recreado por Abel German Montes. Recreado a partir de lo restos de cráneo y mandíbula conocidos. Aspecto en vida del dinosaurio carnivoro teropodo  Noasaurus lelai, hallado en la Provincia de Salta. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo noasáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 75 y 70 millones de años, desde el Campaniano hasta el Maastrichtiano, en lo que actualmente es Sudamérica. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la Formación Lecho, en la localidad de El Brete, provincia de Salta, Argentina, y fueron descritos por primera vez en 1980 por José F. Bonaparte y Jaime E. Powell. Se trataba de un dinosaurio carnívoro de pequeño tamaño, que alcanzaba cerca de 3 metros de longitud y un peso estimado de entre 15 y 30 kilogramos. Poseía un cuerpo esbelto, patas largas adaptadas para la carrera y una constitución ligera, características que le habrían permitido desplazarse con rapidez para capturar pequeñas presas. Cuando fue descubierto, Noasaurus llamó la atención por la presencia de una gran garra curva que inicialmente se interpretó como una garra retráctil ubicada en el pie, similar a la de los dromeosáuridos como Velociraptor, aunque adquirida de manera independiente. Sin embargo, estudios posteriores sugirieron que dicho elemento anatómico probablemente pertenecía a la mano y no al pie. El descubrimiento de Masiakasaurus en Madagascar, un noasáurido estrechamente emparentado con Noasaurus, aportó nueva evidencia que respaldó esta interpretación. Las primeras investigaciones consideraron a Noasaurus como un terópodo cercano a los manirraptores, debido a ciertas similitudes anatómicas. Por esta razón se creó la familia Noasauridae para agruparlo. Sin embargo, estudios más recientes demostraron que los noasáuridos forman parte del supergrupo Abelisauroidea, compartiendo un ancestro común con los abelisáuridos. Entre las evidencias más importantes se encuentran varias características de la mandíbula y del cráneo, que muestran claras afinidades con otros miembros de este linaje de dinosaurios carnívoros gondwánicos. Actualmente, Noasaurus leali es considerado uno de los representantes más característicos de los Noasauridae, un grupo de pequeños terópodos que habitó los continentes australes durante el Cretácico. Su hallazgo ha contribuido significativamente al conocimiento de la diversidad de los depredadores de pequeño tamaño que coexistieron con gigantes como los titanosaurios y los grandes abelisáuridos en los ecosistemas sudamericanos de finales de la Era Mesozoica.


Carnotaurus sastrei. Bonaparte, 1985.

Cráneo y mandíbula del Carnotaurus sastrei de Patagonia, en el MEF.

Esqueleto de Carnotaurus en el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Tomado de Naturaleza y Cultura.

Reconstrucción del Carnotaurus sastrei. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo abelisáurido que vivió a finales del período Cretácico, hace aproximadamente entre 72 y 69 millones de años, durante el Maastrichtiano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Constituye uno de los dinosaurios carnívoros más emblemáticos de Sudamérica y uno de los representantes más especializados de la familia Abelisauridae. La característica más distintiva de Carnotaurus es la presencia de dos robustos cuernos óseos situados sobre los ojos, rasgo único entre los grandes dinosaurios depredadores conocidos hasta el momento de su descubrimiento. Junto con Abelisaurus, permitió reconocer una familia completamente nueva de terópodos, los Abelisauridae, lo que modificó profundamente la interpretación de las faunas gondwánicas del Cretácico Superior y condujo a la revisión taxonómica de numerosos dinosaurios sudamericanos previamente mal conocidos. Su nombre deriva del latín caro o carnis ("carne") y taurus ("toro"), en referencia a su condición de depredador y a los llamativos cuernos que adornaban su cráneo. El epíteto específico, sastrei, fue otorgado en honor a Anselmo Sastre, propietario de la estancia donde fue hallado el ejemplar tipo. Carnotaurus alcanzaba aproximadamente entre 7,5 y 9 metros de longitud, cerca de 3 metros de altura a la cadera y un peso estimado de entre 1,5 y 2 toneladas. Poseía una constitución corporal ligera y atlética, con poderosas extremidades posteriores adaptadas para la carrera. Algunos estudios biomecánicos sugieren que pudo haber sido uno de los grandes terópodos más veloces de su época. Su cráneo era relativamente pequeño en proporción al cuerpo, alcanzando unos 60 centímetros de longitud. Estaba provisto de dientes comprimidos lateralmente y adaptados para desgarrar carne. Las órbitas se orientaban parcialmente hacia adelante, proporcionando cierta visión binocular. Los cuernos supraorbitales probablemente desempeñaban funciones relacionadas con la exhibición, el reconocimiento entre individuos o incluso enfrentamientos ritualizados. Otra característica sobresaliente eran sus extremidades anteriores extremadamente reducidas. Los brazos eran incluso más pequeños proporcionalmente que los del Tyrannosaurus rex y terminaban en cuatro dedos muy reducidos, lo que indica que prácticamente habían perdido cualquier función importante durante la evolución del grupo. El hallazgo de Carnotaurus resultó especialmente significativo porque el esqueleto se encontró asociado a excepcionales impresiones de piel. Estas revelaron una cubierta formada por escamas de distintos tamaños, con grandes tubérculos cónicos distribuidos sobre el cuerpo. Gracias a este descubrimiento, Carnotaurus se convirtió en uno de los dinosaurios terópodos mejor conocidos en cuanto a la apariencia externa de su piel. El único ejemplar conocido fue descubierto en 1984 por una expedición encabezada por José F. Bonaparte y descrito científicamente en 1985. Procede de sedimentos de la Formación La Colonia, cerca de Bajada Moreno, departamento Telsen, provincia del Chubut. El esqueleto se encuentra extraordinariamente completo, faltando únicamente el extremo distal de la cola y algunas porciones de las extremidades posteriores. El material holotípico se conserva en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" de Buenos Aires, donde también puede apreciarse una réplica montada de tamaño natural. Debido a la excelente preservación de sus restos y a sus peculiares características anatómicas, Carnotaurus sastrei es considerado uno de los dinosaurios carnívoros mejor conocidos de Gondwana y una pieza fundamental para comprender la evolución de los grandes depredadores del hemisferio sur.


Unenlagia comahuensis. Novas y Puerta, 1997.

Esqueleto de Unenlagia comahuensis, en el Museo Paleontológico Carmen Funes. (*).

Recreación en vivo de Unenlagia comahuensis. (*).

Dinosaurio terópodo. Es un género de dinosaurio terópodo dromeosáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 90 millones de años, en el Turoniano-Coniaciano, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron descubiertos cerca de Plaza Huincul, provincia del Neuquén, y descritos por el paleontólogo Fernando E. Novas en 1997. El nombre Unenlagia proviene del idioma mapuche y significa "mitad ave", una denominación que refleja las numerosas características avianas presentes en su anatomía. Su descubrimiento constituyó una de las evidencias más importantes sobre la estrecha relación evolutiva entre los dinosaurios terópodos y las aves modernas. Los restos fósiles recuperados son relativamente escasos, pero incluyen elementos clave de la cintura escapular, la pelvis y las extremidades, suficientes para reconocer rasgos anatómicos muy avanzados. Algunas estructuras de la pelvis presentan similitudes notables con las observadas en Archaeopteryx, la famosa ave primitiva del Jurásico de Alemania. Asimismo, la escápula, el húmero y la articulación del hombro muestran adaptaciones que permitían plegar los brazos contra el cuerpo de una manera semejante a la observada en las aves actuales. Unenlagia alcanzaba aproximadamente entre 2 y 2,5 metros de longitud total y una altura cercana a 1,2 metros a la cadera. Poseía un cuerpo esbelto, largas patas adaptadas para la carrera y una cola rígida que le ayudaba a mantener el equilibrio durante desplazamientos rápidos. Su aspecto general probablemente recordaba al de un ave corredora de gran tamaño. Los miembros anteriores eran relativamente largos y presentaban una movilidad poco común entre los terópodos. Diversos estudios han sugerido que estos brazos, cubiertos por plumas, podían realizar movimientos similares a los de las alas de las aves primitivas. Aunque Unenlagia no era capaz de volar, algunos investigadores consideran que representa una etapa evolutiva cercana al origen de las capacidades aerodinámicas desarrolladas posteriormente por las aves. Como otros dromeosáuridos, poseía una gran garra curvada en el segundo dedo del pie, utilizada probablemente para sujetar o inmovilizar pequeñas presas. Se alimentaba de pequeños vertebrados, reptiles y mamíferos, actuando como un depredador ágil y veloz dentro de los ecosistemas patagónicos del Cretácico. Actualmente, Unenlagia forma parte de los Unenlagiinae, una subfamilia de dromeosáuridos exclusiva de Gondwana que incluye también a Buitreraptor, Neuquenraptor, Austroraptor y otros géneros sudamericanos. Este grupo es especialmente importante porque presenta numerosas características convergentes con las aves, aportando valiosa información sobre la evolución de las plumas, el vuelo y el origen de las aves modernas. El descubrimiento de Unenlagia fortaleció la hipótesis de que algunos de los parientes más cercanos de las aves no habitaron exclusivamente el hemisferio norte, sino que también evolucionaron y se diversificaron ampliamente en los continentes australes durante el Cretácico.


Megaraptor namunhuaiquii. Novas, 1998.

Esqueleto en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, mano y recreación de Megaraptor namunhuaqui, hallado en la Patagonia Argentina. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo neovenatórido, que vivió entre mediados a finales del período Cretácico, hace aproximadamente 90 a 86 millones de años, en el Turoniano tardío y el Coniaciano temprano, en lo que hoy es Sudamérica. El género es conocido por una única especie: M. namunhuaiquii, del griego y mapudungun "Ladrón gigante con lanza en el pie". Abajo, observamos la imagen de la mano completa, hallada recientemente en Australia, demuestra la distribución geografica de la especie durante el cretácico.  Megaraptor fue un terópodo carnívoro de entre 8 y 9 metros de largo y de constitución robusta. La característica más notable era una garra en el dedo 1 de la mano en forma de hoz de 42 centímetros de largo. Las manos eran inusualmente alargadas, llevando las garras en forma de hoz que se curvaba aún más que las de los espinosáuridos.  La mano sigue siendo absolutamente diferente de otros carnosaurianos, así que el hecho de si Megaraptor es o no un alosáurido, un carcarodontosáurido, un megalosáurido, o algo distinto a todo lo conocido es todavía motivo de hipótesis. Es interesante observar que, antes de ser publicada, la clasificación del espinosáurido Baryonyx, provisto asimismo de garras desproporcionadas (aunque más pequeñas que las de Megaraptor) también incluía a dicho holotipo dentro del grupo de los dromaeosáuridos. Se conocen de Megaraptor una serie de vértebras cervicales medias, con el centro cervical con una cara articular anterior esférica y una posterior en forma de copa para recibir a esta, típico de los tetanuros. Aunque la cabeza articular craneal es menos convexa que en Baryonyx, Sinraptor, Allosaurus y Giganotosaurus. Las vértebras son proporcionalmente más cortas que las de estos terópodos, indicando un cuello más robusto y fuerte. Vistas de caudal las vértebras presentan espacios aéreos. La lámina de la espina neural es corta comparada con la de Allosaurus, siendo más angosta en la base que en el extremo y las caras craneal y caudal presentan fuertes sitios para el ligamento interespinoso. Megaraptor fue descripto en 1998 por Fernando Novas, inicialmente como un carnívoro de gran tamaño, probablemente perteneciente a la familia de los dromeosáuridos. El material inicial y holotipo estaba compuesto por una sola garra fósil, de unos 30 cm de longitud, que se asemejaba notablemente a la hoz metatarsal propia de los dromaeosáuridos, y por algunos otros restos de muy poca significación, lo que dificultaba la identificación certera del individuo. El descubrimiento posterior de un miembro delantero completo, sin embargo, demostró que esta garra gigante tenía un origen metacarpiano, específicamente del primer dedo. Los restos provienen de la Formación Portezuelo, del el Grupo Neuquén, sobre la costa norte del Lago Barreales, en la Provincia del Neuquén, Argentina.


Neuquenraptor argentinus. Novas & Pol, 2005.

Pata, dedo y reconstrucción de Neuquenraptor argentinus. (prensa).

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo dromeosáurido que vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 90 y 88 millones de años, en el Turoniano, en lo que actualmente es la Patagonia argentina. Su nombre significa "ladrón de Neuquén" y hace referencia a la provincia donde fueron hallados sus restos fósiles. Se trataba de un pequeño depredador bípedo, ágil y ligero, que alcanzaba unos 2,5 metros de longitud, alrededor de 80 centímetros de altura a la cadera y un peso estimado de 25 a 30 kilogramos. Como otros dromeosáuridos, poseía un cuerpo esbelto, patas posteriores largas adaptadas para la carrera, brazos relativamente desarrollados y una cola rígida que le ayudaba a mantener el equilibrio durante movimientos rápidos y cambios bruscos de dirección. Los restos fósiles fueron descubiertos en la Formación Portezuelo, perteneciente al Subgrupo Río Neuquén, en la provincia del Neuquén. El material conocido es fragmentario y consiste principalmente en elementos de los miembros posteriores, especialmente un pie parcial, pero presenta características suficientes para identificarlo como un miembro de los Dromaeosauridae. Entre ellas destaca la presencia de la típica garra hiperextensible en el segundo dedo del pie, utilizada probablemente para sujetar o herir a sus presas. La historia taxonómica de este dinosaurio resulta particularmente interesante. En 1997, el paleontólogo Fernando Novas reconoció la importancia del ejemplar y propuso informalmente el nombre Araucanoraptor argentinus, considerándolo un posible troodóntido. Sin embargo, al no haber sido publicado con una descripción formal válida, dicho nombre quedó inválido según las normas de nomenclatura zoológica. Posteriormente, en 2005, Fernando Novas y Diego Pol realizaron un nuevo estudio del material, concluyendo que pertenecía a un dromeosáurido y estableciendo formalmente el nombre Neuquenraptor argentinus. Neuquenraptor está estrechamente relacionado con otros dromeosáuridos gondwánicos como Unenlagia, Buitreraptor y Austroraptor, integrando el grupo de los Unenlagiinae, una rama sudamericana de raptores que presenta numerosas similitudes con las aves primitivas. Algunos investigadores incluso han sugerido que podría representar un ejemplar de Unenlagia, aunque la mayoría de los estudios continúa considerándolo un género válido e independiente. Es muy probable que estuviera cubierto por plumas, al igual que otros unenlagiinos conocidos. Su anatomía sugiere que fue un cazador activo de pequeños vertebrados, como lagartos, mamíferos primitivos y otros reptiles, desempeñando el papel de depredador mediano dentro de los ecosistemas patagónicos del Cretácico. Su descubrimiento contribuyó significativamente al conocimiento de los dromeosáuridos de Gondwana y reforzó la evidencia de que los parientes más cercanos de las aves modernas tuvieron una amplia distribución en el hemisferio sur.


Pamparaptor micros. Porfiri, Calvo & Santos, 2011.

Pata de Pamparaptor micros, hallado en la costa norte del Lago Barreales. Imagen de Prensa. Recreación en vivo de Pamparaptor micros. (*).

Dinosaurio Terópodo. Es un pequeño dinosaurio terópodo perteneciente al grupo de los dromeosáuridos, estrechamente relacionado con los dinosaurios que dieron origen a las aves modernas. Vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente 90 millones de años (Turoniano), en lo que actualmente es la provincia del Neuquén, Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron descubiertos en 2006 por Diego Rosales en la costa norte del lago Los Barreales y posteriormente estudiados por los paleontólogos Juan Porfiri, Jorge Calvo y Doménica Santos. La descripción científica de esta especie fue publicada en las actas del Third Gondwanan Dinosaur Symposium, en la revista Anais da Academia Brasileira de Ciências. Pamparaptor era un animal pequeño y ágil, que alcanzaba entre 50 y 70 centímetros de altura y una longitud cercana a 1,5 metros. Como otros dromeosáuridos, poseía un cuerpo ligero, largas extremidades posteriores y una gran capacidad para la carrera. Su característica más distintiva era la anatomía de su pie, especialmente el desarrollo de un segundo dedo modificado provisto de una gran garra retráctil, rasgo típico de los deinonicosaurios, grupo que incluye a los dromeosáuridos y troodóntidos. La estructura de este pie presenta características únicas entre los dinosaurios sudamericanos conocidos hasta el momento de su descubrimiento, lo que permitió reconocerlo como una nueva especie. Los investigadores señalaron que comparte similitudes con los troodóntidos y con algunos dromeosáuridos primitivos, aportando información valiosa sobre la evolución de estos pequeños depredadores y sus relaciones con las aves. Probablemente estaba cubierto por plumas, como ocurre en numerosos dromeosáuridos emparentados, y habría sido un cazador activo de pequeños vertebrados, insectos y otros animales de reducido tamaño. Su hallazgo constituye una importante evidencia de la diversidad de pequeños dinosaurios emplumados que habitaban los ecosistemas patagónicos durante el Cretácico. El descubrimiento de Pamparaptor micros contribuye al conocimiento de la evolución de los deinonicosaurios en Gondwana y demuestra que los parientes cercanos de las aves presentaban una diversidad mucho mayor en Sudamérica de lo que se suponía anteriormente.


Mapusaurus roseae. Coria y Curie, 2006.

El Paleontólogo Rodolfo Corea, quien presento el hallazgo.

Aspecto del carcharadontosaurio Mapusaurus roseae.

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo carcarodontosáurido que vivió durante el Cretácico Superior temprano, hace aproximadamente entre 97 y 95 millones de años, en el Cenomaniano, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Fue uno de los mayores depredadores terrestres de Gondwana y un pariente cercano de Giganotosaurus carolinii. Los restos fósiles fueron descubiertos entre 1997 y 2001 por el Proyecto Dinosaurio Argentino-Canadiense en el yacimiento de Cañadón del Gato, provincia del Neuquén, dentro de la Formación Huincul. La excavación permitió recuperar cerca de 300 huesos pertenecientes a varios individuos de distintas edades, convirtiendo al sitio en uno de los hallazgos más importantes de grandes dinosaurios carnívoros de Sudamérica. La especie fue descrita formalmente en 2006 por los paleontólogos Rodolfo Coria y Philip J. Currie. El nombre Mapusaurus proviene del mapudungun mapu (“tierra”) y del griego sauros (“lagarto”), mientras que el nombre específico roseae fue otorgado en honor a Rose Letwin, benefactora de las investigaciones paleontológicas realizadas en la Patagonia. Los ejemplares adultos alcanzaban entre 11 y 13 metros de longitud y un peso estimado de entre 5 y 8 toneladas. Su anatomía era similar a la de Giganotosaurus, con un cráneo largo y bajo armado con grandes dientes aserrados, extremidades anteriores relativamente pequeñas y poderosas patas traseras adaptadas para desplazarse con eficacia. El yacimiento donde fue hallado se interpreta como un antiguo ambiente fluvial o lagunar sometido a períodos de sequía estacional. La presencia de numerosos individuos de diferentes edades acumulados en un mismo nivel sedimentario ha llevado a algunos investigadores a proponer que Mapusaurus pudo haber presentado algún grado de comportamiento social o gregario, una característica poco frecuente entre los grandes dinosaurios depredadores. Actualmente, Mapusaurus es considerado uno de los representantes más importantes de la familia Carcharodontosauridae y forma parte de la subfamilia Giganotosaurinae, junto con Giganotosaurus, grupo que dominó los ecosistemas de Sudamérica durante gran parte del Cretácico Superior.


Aerosteon riocoloradensis. Sereno et al., 2008.

 

Cráneo del nuevo teropodo Aerosteon riocoloradensis, hallado en la Patagonia Argentina.

 

Aspecto de Aerosteon riocoloradensis.

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo neovenatórido que vivió a finales del período Cretácico, hace aproximadamente 84 millones de años en el Santoniano, en lo que es hoy Sudamérica. Aerosteon era un dinosaurio carnívoro de 9 metros de largo, cuyos fósiles muestran evidencia de haber poseído un sistema respiratorio como el de las aves, que lo habría ayudado a regular la temperatura corporal y a mantenerlo estable mientras perseguía a sus presas. Los restos encontrados incluyen un diente solamente, algunos huesos craneales, varias vértebras, tanto completas como incompletas, del cuello, espalda y sacro, varias costillas cervicales y dorsales, gastralias, fúrcula, escapulocoracoide izquierdo, ilion izquierdo, los pubis derecho e izquierdo. Los huesos indican que no se trataría de un ejemplar completamente desarrollado. Algunos huesos de Aerosteon tenían cavidades con aire, incluyendo el ahuecamiento neumático de la espoleta y del ilion, y neumatisación de varias gastralia, sugiriendo que pudo haber tenido un sistema de sacos aéreos similar al de las aves. Estos sacos de aire habrían actuado como los fuelles, moviendo el aire dentro y fuera del animal a través de los pulmones relativamente inflexibles, a diferencia de los pulmones que se expanden y contraen como ocurre con mamíferos. Paul Sereno teoriza que este sistema respiratorio pudo haberse desarrollado para asistir con la termoregulación del cuerpo y fue modificado más adelante para respirar. Sus restos fueron hallados en 1996 a orillas del Río Colorado, en Cañadón Amarillo, en sedimentos de la Formación Río Colorado, Malargüe, provincia de Mendoza, Argentina, por un equipo de científicos dirigidos por el paleontólogo estadounidense Paul Sereno. Su nombre está formado por las palabras en griego aeros (aire) + osteon (hueso), y hace referencia a que poseía sacos aéreos similares a los de las aves; el nombre de la especie A. riocoloradensis alude al lugar donde fuera encontrado.


Austroraptor cabazai. Novas, Pol, Canale, Porfiri y Calvo 2008.

 

El paleontólogo Fernando Novas del MACN presentando los restos del Austroraptor cabazai.

 

Aspecto del dinosaurio carnívoro de la Patagonia Argentina, Austroraptor cabazai. Por Rodrigo Vega.

Dinosaurio Terópodo. Es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo dromeosáurido que vivió a finales del período Cretácico, hace aproximadamente entre 70 y 66 millones de años, durante el Maastrichtiano, en lo que hoy es la Patagonia argentina. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la Formación Allen, provincia de Río Negro, y descritos científicamente en 2008 por Fernando Novas y sus colaboradores. Se trata del dromeosáurido más grande conocido del hemisferio sur y uno de los miembros más singulares de su grupo. Alcanzaba entre 5 y 6 metros de longitud, superando ampliamente a otros unenlagiinos sudamericanos como Buitreraptor y Neuquenraptor. Su aspecto difería notablemente del clásico "raptor" representado por Velociraptor, ya que poseía un cuerpo más robusto, brazos sorprendentemente cortos y un cráneo largo y bajo. El cráneo de Austroraptor alcanzaba cerca de 80 centímetros de longitud y presentaba un hocico alargado provisto de numerosos dientes pequeños, cónicos y sin bordes aserrados. Esta característica recuerda a la observada en Buitreraptor e incluso, de manera superficial, a algunos espinosáuridos. La forma de sus dientes sugiere que capturaba presas pequeñas o medianas, que podían incluir reptiles, mamíferos, aves primitivas y otros vertebrados. Uno de los rasgos más llamativos de este dinosaurio eran sus extremidades anteriores extremadamente reducidas. El húmero medía menos de la mitad de la longitud del fémur, una proporción inusual entre los dromeosáuridos y más comparable a la observada en grandes depredadores de brazos cortos como Tyrannosaurus. Sin embargo, conservaba las características garras curvas típicas de los miembros de este grupo. Como otros dromeosáuridos, poseía largas y poderosas patas posteriores adaptadas para la carrera. En el segundo dedo del pie exhibía la característica garra hipertrofiada propia de los deinonicosaurios, utilizada probablemente para sujetar o inmovilizar a sus presas. El descubrimiento de Austroraptor demostró que los unenlagiinos alcanzaron una diversidad mucho mayor de la que se suponía anteriormente. Mientras algunos representantes del grupo eran pequeños animales emplumados y de brazos largos, posiblemente capaces de realizar desplazamientos aéreos limitados, otros evolucionaron hacia formas de gran tamaño especializadas en la depredación terrestre. Actualmente, Austroraptor cabazai constituye el registro más moderno conocido de los dromeosáuridos de Gondwana y representa uno de los últimos grandes depredadores de este linaje antes de la extinción masiva ocurrida al final del Cretácico. Su hallazgo revela que, junto a los abelisáuridos dominantes, coexistieron en Patagonia otros grupos de cazadores altamente especializados que ocuparon nichos ecológicos diferentes dentro de los ecosistemas del final de la Era Mesozoica.


Jakapil kaniukura. Riguetti, Apesteguía y Pereda-Suberbiola, 2022.

Esqueleto de Jakapil kaniukura, del Cretácico de la Provincia de Río Negro.

 Cráneo, mandíbula y detalles de los osteodermos cervicales de Jakapil.

Aspecto de Jakapil kaniukura. Por Gabriel Diaz Yanten y Mauricio Alvarez.

Dinosaurio Ornitisquio. Es la única especie conocida del género Jakapil, un singular dinosaurio tireóforo basal que habitó Sudamérica durante el Cretácico Superior temprano, hace aproximadamente entre 97 y 94 millones de años (Cenomaniano), en lo que hoy es la provincia de Río Negro, Argentina. Descrito en 2022, su descubrimiento constituyó uno de los hallazgos paleontológicos más importantes de las últimas décadas, ya que representa el primer tireóforo claramente reconocido en Sudamérica y aporta nueva información sobre la evolución temprana de los dinosaurios acorazados. Se trataba de un animal pequeño, de aproximadamente 1,5 metros de longitud y un peso estimado entre 4,5 y 7 kilogramos, aunque probablemente algunos ejemplares alcanzaran valores algo superiores. Jakapil poseía un cuerpo bajo y robusto, protegido por numerosos osteodermos o placas dérmicas osificadas distribuidas a lo largo del cuello, el dorso y la cola. Hasta el momento se han identificado varios tipos diferentes de osteodermos, lo que indica una armadura compleja destinada probablemente a la defensa frente a los depredadores. A diferencia de los grandes anquilosaurios del hemisferio norte, Jakapil mantenía numerosas características primitivas en su esqueleto. Su pelvis conservaba una configuración basal, con el pubis y el isquion claramente separados, mientras que sus largas tibias y fíbulas sugieren que era un animal relativamente ágil. El cráneo era corto, alto y robusto, con una mandíbula particularmente profunda y poderosa. Carecía de fenestra antorbital, una característica poco habitual entre los dinosaurios, y presentaba solamente once pares de dientes en la mandíbula inferior, un número reducido en comparación con otros tireóforos primitivos. Sus dientes tenían forma de hoja, con bordes adaptados para triturar vegetación resistente. Estas características indican que se alimentaba de plantas bajas, posiblemente helechos, cícadas y otros vegetales duros que crecían en los ambientes semiáridos de la Patagonia cretácica. Los restos fósiles fueron hallados en el área paleontológica de La Buitrera, cerca de la localidad de Cerro Policía, en la provincia de Río Negro. Los sedimentos donde apareció corresponden a la Formación Candeleros, una unidad geológica famosa por haber producido numerosos dinosaurios, cocodriliformes y mamíferos del Cretácico. El descubrimiento demostró que los dinosaurios acorazados tuvieron una distribución mucho más amplia de lo que se pensaba y que en Gondwana evolucionaron linajes propios, diferentes de los anquilosaurios y estegosaurios conocidos en Laurasia. El nombre Jakapil proviene de la lengua puelche o tehuelche septentrional y significa “portador de escudos”, en referencia a su armadura corporal. El nombre específico kaniukura combina las palabras mapuches kaniu (“cresta”) y kura (“piedra”), aludiendo a la prominente cresta ósea presente en la mandíbula inferior. Su hallazgo revela la existencia de una rama hasta entonces desconocida de dinosaurios acorazados en Sudamérica y constituye una pieza clave para comprender la evolución y diversidad de los tireóforos durante el Cretácico.


Thanatosdrakon amaru. Ortiz David et al., 2022.

 

Algunos de los restos fosiles de Thanatosdrakon.

  Aspecto del gigantesco reptil volador Thanatosdrakon.

Reptil volador. Los pterosaurios fueron un extraordinario grupo de reptiles voladores que habitaron la Tierra desde el período Triásico hasta el final del Cretácico. Aunque suelen confundirse con los dinosaurios, no pertenecían a este grupo, sino que constituían un linaje diferente, estrechamente emparentado con ellos. Fueron los primeros vertebrados en desarrollar un vuelo activo, millones de años antes de la aparición de las aves. Thanatosdrakon amaru vivió hace aproximadamente 86 millones de años, durante el Cretácico Superior, en lo que hoy es el sur de la provincia de Mendoza, Argentina. Sus restos fósiles fueron hallados en afloramientos cercanos al río Colorado y corresponden a dos individuos excepcionalmente preservados. Se recuperaron numerosas vértebras y huesos de las extremidades, un hecho poco frecuente debido a la extrema fragilidad del esqueleto de los pterosaurios. El nombre Thanatosdrakon significa "dragón de la muerte", combinando las palabras griegas Thanatos (muerte) y drakon (dragón). El epíteto específico amaru hace referencia al Amaru, una deidad o serpiente alada de la cosmovisión andina, en reconocimiento a las culturas originarias de la región. El estudio de estos fósiles permitió determinar que se trata de una nueva especie perteneciente al grupo de los Azhdarchidae, los pterosaurios de mayor tamaño conocidos. Con una envergadura estimada de alrededor de 9 metros, Thanatosdrakon figura entre los animales voladores más grandes que existieron. Además de su enorme tamaño, esta especie presenta características anatómicas únicas que no habían sido registradas en otros pterosaurios gigantes. Su excelente estado de conservación permitió estudiar elementos del esqueleto nunca antes conocidos para los azdárquidos, aportando información fundamental sobre su anatomía, evolución y modo de vida. El descubrimiento de Thanatosdrakon amaru constituye uno de los hallazgos paleontológicos más importantes de los últimos años en Argentina y demuestra que Patagonia y Cuyo albergaron algunos de los mayores vertebrados voladores de toda la historia del planeta.


Patagorhynchus pascuali. Chimento, Agnolín, Manabe. et al. 2023.

 

Ubicación taxonómica del molar hallado en la recreación del cráneo de Patagorhynchus pascuali.   Aspecto del ornitorrinco cretácico de la Patagonia Argentina, Patagorhynchus pascuali.

Mamífero, Monotrema. Los monotremas constituyen el grupo más primitivo de mamíferos vivientes. A diferencia de la gran mayoría de los mamíferos actuales, son ovíparos: las hembras ponen huevos que incuban antes del nacimiento de las crías. En la actualidad, este singular grupo está representado únicamente por los ornitorrincos y las equidnas de Australia y Nueva Guinea, pero su historia evolutiva se remonta a la Era Mesozoica. Patagorhynchus pascuali vivió hace aproximadamente 70 millones de años, durante el Cretácico Superior, en lo que hoy es la provincia de Chubut, Argentina. Se trata del primer monotrema registrado para el Cretácico Tardío de América del Sur y del pariente más antiguo conocido de los ornitorrincos actuales, constituyendo uno de los descubrimientos más importantes para comprender el origen y la evolución de este extraordinario grupo de mamíferos. El hallazgo fue realizado durante una expedición codirigida por Fernando Novas, del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" (CONICET), y Makoto Manabe, del National Museum of Nature and Science de Tokio. El fósil consiste en un molar excepcionalmente conservado, cuya compleja morfología permitió identificarlo con seguridad como un miembro del linaje de los ornitorrincos. Sus características dentarias, especialmente la presencia de cúspides con disposición en forma de "V", son muy similares a las observadas en los monotremas fósiles de Australia. El descubrimiento de Patagorhynchus aporta una valiosa evidencia sobre la distribución de los monotremas durante el Cretácico y respalda la hipótesis de que, hacia el final de la Era Mesozoica, existía una fauna común entre el sur de Sudamérica, la Antártida y Australia, cuando estos continentes aún permanecían conectados como parte del supercontinente Gondwana. En aquel entonces, el sur de la Patagonia presentaba un clima templado a frío, con extensos bosques húmedos que ofrecían un ambiente propicio para una rica diversidad de dinosaurios y pequeños mamíferos. El hallazgo de Patagorhynchus pascuali demuestra que los antepasados de los ornitorrincos no fueron exclusivos de Australia y confirma el papel fundamental que desempeñó la Patagonia en la evolución temprana de los mamíferos australes.


Patagomaia chainko. Chimento et al., 2024.

 

     

Mamífero, Therio. Es un mamífero extinto que vivió en la Patagonia hace aproximadamente 70 millones de años, durante el Cretácico Tardío. Su descubrimiento representa uno de los hallazgos más importantes sobre la evolución de los mamíferos mesozoicos, ya que corresponde a uno de los mayores conocidos de esa era. Los restos fósiles, compuestos por un fémur, una tibia y parte de la pelvis, permitieron identificarlo como un integrante de Theria, el grupo que reúne a los mamíferos que no ponen huevos e incluye a marsupiales y placentarios. Aunque el material recuperado es fragmentario, proporciona suficiente información para estimar que se trataba de un animal de gran tamaño para su época. Se calcula que Patagomaia medía cerca de un metro de longitud y pesaba entre 2 y 25 kilogramos, con un tamaño comparable al de un zorro andino. Estas dimensiones lo convierten en uno de los mamíferos más grandes conocidos del Mesozoico, superando incluso al célebre Repenomamus giganticus de China. Este dato resulta especialmente significativo, ya que la mayoría de los mamíferos que convivieron con los dinosaurios pesaban menos de 100 gramos y solo unos pocos alcanzaban un kilogramo. Aunque su aspecto exacto sigue siendo desconocido, los investigadores sugieren que pudo haber tenido una constitución robusta, semejante a la de un tejón, un puercoespín o incluso un ornitorrinco. Su posición evolutiva aún no está completamente resuelta, ya que presenta características propias de los mamíferos terios, pero no puede ser asignado con certeza a ninguno de los principales grupos de mamíferos sudamericanos que aparecerían millones de años después.El hallazgo de Patagomaia chainko demuestra que algunos mamíferos del Cretácico alcanzaron tamaños mucho mayores de lo que se creía y aporta nueva información sobre la diversidad y evolución de los mamíferos que compartieron el mundo con los últimos dinosaurios.


Yatenavis ieujensis. Alvarez Herrera, et al, 2023.

 

Fósiles del ave cretácica Yatenavis. Prensa.

  Posible aspecto de Yatenavis (*).

Ave, Enantiornite. Fue una pequeña ave del tamaño aproximado de un gorrión perteneciente al grupo extinto de los enantiornites, las aves más diversas y abundantes del Cretácico. Vivió hace aproximadamente 70 millones de años, durante el Cretácico tardío, y convivió con los últimos dinosaurios poco antes de la gran extinción ocurrida hace 66 millones de años. Sus restos fósiles fueron descubiertos en la provincia de Santa Cruz, Argentina, y descritos por un equipo de investigadores del CONICET. A diferencia de las aves modernas, los enantiornites desaparecieron por completo tras el impacto del asteroide que provocó la extinción masiva del límite Cretácico-Paleógeno. El estudio del húmero de Yatenavis reveló marcadas inserciones musculares que indican una gran capacidad de vuelo y una notable maniobrabilidad, comparable a la de muchas aves actuales que habitan bosques densos y vuelan con gran agilidad entre árboles y arbustos. Durante la época en que vivió esta especie, la Patagonia presentaba un paisaje muy diferente al actual: la cordillera de los Andes aún no se había elevado y la región estaba cubierta por extensos bosques, ríos y lagunas que albergaban una rica fauna integrada por peces, anfibios, tortugas, serpientes, grandes cocodrilos y numerosos dinosaurios. El descubrimiento de Yatenavis aporta información clave sobre la evolución de las aves primitivas en Gondwana y demuestra que, poco antes de la extinción de los dinosaurios, Sudamérica albergaba una diversidad de aves mucho mayor de la que se conocía hasta ahora.


Pachydiscus bruneti. Maury, 1930.

Ejemplar de Pachydiscus, hallado en la Antartida Argentina. El técnico Mariano Magnussen Saffer en el Museo de La Plata, junto a Parapuzosia semperadensis, anmonite mas grande del mundo, hallado en Alemania. Aspecto en vida de un Anmonite

Cefalópodo. Los amonites fueron uno de los grupos de fósiles más abundantes y populares de la Era Mesozoica. Se trataba de moluscos marinos pertenecientes al grupo de los cefalópodos, parientes lejanos de los actuales pulpos, calamares y nautilos. Poseían una concha externa enrollada en espiral y dividida internamente en numerosas cámaras, que les permitían regular su flotabilidad y desplazarse por el océano mediante propulsión a chorro. De su concha sobresalían la cabeza, los ojos y numerosos tentáculos con los que capturaban pequeños peces, crustáceos y otros organismos marinos. Existieron amonites de una enorme variedad de formas y tamaños, desde especies de apenas unos pocos centímetros hasta gigantes que superaban 1,7 metros de diámetro. Fueron extremadamente abundantes en los mares del Mesozoico y constituyeron una importante fuente de alimento para grandes reptiles marinos, como ictiosaurios, plesiosaurios y mosasaurios, además de numerosos peces depredadores. Hace aproximadamente 75 millones de años, durante el Campaniano del Cretácico Superior, los mares que cubrían parte de la Antártida albergaban una extraordinaria diversidad de amonites. En un importante descubrimiento realizado por científicos argentinos, se encontró un yacimiento con más de quince ejemplares gigantes preservados en un acantilado de unos 40 metros de altura. Los fósiles aparecen distribuidos en distintas capas sedimentarias, interpretadas como depósitos originados por grandes tormentas que arrastraron los caparazones desde mar abierto hasta la costa, donde quedaron rápidamente enterrados. Durante aquella época, la Antártida presentaba un clima templado y estaba cubierta por extensos bosques, formando parte del antiguo supercontinente Gondwana. En ese ambiente convivían dinosaurios, reptiles marinos, aves primitivas y una rica fauna de invertebrados marinos. Cada uno de estos enormes fósiles pesa más de 100 kilogramos, por lo que su recuperación requirió una compleja logística. Tras ser extraídos cuidadosamente, fueron transportados en helicóptero hasta la Base Antártica Argentina Marambio y posteriormente trasladados en un avión Hércules hacia el continente para su preparación y estudio. Argentina posee uno de los registros de amonites más importantes del mundo, especialmente en sedimentos jurásicos y cretácicos de la Patagonia y la Cordillera de los Andes. Entre los géneros más representativos se encuentran Berriasella, Aulacosphinctoides, Torquatisphinctes, Streblites, Idoceras, Euaspidoceras, Nebrodites, Olcostephanus, Gaudryceras, Aioloceras y Sanmartinoceras, que constituyen fósiles guía fundamentales para determinar la edad de las rocas y reconstruir la historia geológica de los antiguos océanos


Diplomoceras notabile. Whiteaves 1903.

 Fragmento de conchilla de importante tamaño de Diplomoceras notabile, recuperado en el Cretácico del Sector Antártico Argentino. Museo Paleontológico de la Universidad Nacional de Córdoba.

Aspecto en vida de Diplomoceras notabile (*).

Cefalópodo. Fue una especie de amonite perteneciente a la familia Diplomoceratidae, un grupo de cefalópodos marinos extinguidos que habitó los océanos durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 70 y 66 millones de años, poco antes de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios no avianos. Como todos los amonites, estaba emparentado con los actuales pulpos, calamares y nautilos, aunque poseía una concha externa mineralizada. A diferencia de los amonites de concha enrollada en espiral, Diplomoceras pertenecía a los llamados amonites heteromorfos, caracterizados por presentar conchas de formas muy particulares. En esta especie, la concha era larga y casi recta, con una marcada curvatura en forma de horquilla o "clip", alcanzando en algunos ejemplares más de 1,5 metros de longitud, lo que la convierte en una de las conchas de amonite más largas conocidas. Durante mucho tiempo se creyó que su extraña morfología limitaba su capacidad de desplazamiento. Sin embargo, investigaciones recientes indican que estos animales probablemente podían nadar lentamente mediante propulsión a chorro, regulando además su flotabilidad gracias a las cámaras internas de la concha, llenas de gas y líquido. Se alimentaban de pequeños invertebrados, crustáceos, larvas y otros organismos marinos que capturaban con sus tentáculos. Los fósiles de Diplomoceras notabile se han descubierto en diversas regiones del mundo, incluyendo la Antártida, Nueva Zelanda, Japón, Chile y la Patagonia argentina, especialmente en sedimentos marinos del Cretácico Superior. Su presencia constituye un importante indicador bioestratigráfico para establecer la edad de las rocas y reconstruir los antiguos ambientes oceánicos. Uno de los descubrimientos más destacados proviene del Sector Antártico Argentino, donde se recuperaron ejemplares excepcionalmente preservados que aportaron valiosa información sobre la evolución y distribución de estos cefalópodos en los mares australes de Gondwana. En aquella época, la Antártida poseía un clima mucho más templado que el actual y estaba cubierta por bosques, formando parte de un ecosistema donde convivían dinosaurios, reptiles marinos, aves primitivas y una abundante fauna marina. Los amonites, incluido Diplomoceras, desaparecieron hace aproximadamente 66 millones de años, durante la extinción masiva del límite Cretácico-Paleógeno, ocasionada por el impacto de un gran asteroide y otros cambios ambientales globales. Su rápida evolución y amplia distribución geográfica los convierten hoy en uno de los fósiles guía más importantes para los paleontólogos, permitiendo datar con gran precisión los sedimentos marinos del Mesozoico y reconstruir la historia de los antiguos océanos.


Xiphactinus sp. Leidy, 1870.

 

Imagen ilustrativa de Xiphactinus sp. (*)   Aspecto del gigantesco pez Xiphactinus sp. (*)

Pez. La Patagonia es mundialmente conocida por sus gigantescos dinosaurios, pero pocos imaginan que en los mares que cubrían parte del continente durante el Cretácico también habitaban enormes depredadores. Entre ellos se encontraba Xiphactinus, uno de los peces óseos carnívoros más grandes de todos los tiempos. Este impresionante teleósteo vivió durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 100 y 66 millones de años, y podía alcanzar entre 4,5 y más de 6 metros de longitud, convirtiéndose en el principal depredador de los mares de su época. En Argentina, el primer registro fósil de este gigante fue estudiado por investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" y de la Fundación Azara - Universidad Maimónides. El material, descubierto en 1946 en las cercanías del Lago Colhué Huapi, provincia del Chubut, está representado por una gran vértebra abdominal y un importante fragmento de maxilar. Este hallazgo constituyó el primer registro confirmado del género para el país y demostró que Xiphactinus alcanzó las altas paleolatitudes de la Patagonia durante el Cretácico. Hasta ese momento, la mayoría de los fósiles de este pez provenían de Norteamérica, especialmente de los famosos depósitos marinos de Kansas, Estados Unidos, donde se han recuperado esqueletos completos y ejemplares excepcionalmente conservados. En el hemisferio sur solo existían registros muy escasos, como uno procedente de Venezuela, por lo que el descubrimiento patagónico amplió considerablemente la distribución geográfica conocida del género. El nombre Xiphactinus significa "aleta de espada", en referencia a la forma de sus poderosas aletas. Poseía un cuerpo alargado y muy hidrodinámico, una cabeza robusta y ligeramente aplanada, enormes mandíbulas armadas con largos dientes cónicos y una cola profundamente ahorquillada que le proporcionaba una gran velocidad y maniobrabilidad. Sus aletas, reforzadas por radios óseos, le permitían realizar rápidos cambios de dirección durante la persecución de sus presas. Fue un depredador altamente especializado que cazaba grandes peces, cefalópodos e incluso reptiles marinos juveniles. Diversos fósiles hallados en Norteamérica conservan en el interior de su cavidad abdominal peces completos prácticamente sin digerir, algunos de ellos de casi la mitad de su longitud corporal. Estos descubrimientos demuestran que tragaba presas enteras y confirman que fue uno de los superdepredadores marinos más importantes del Cretácico. Incluso existen evidencias de comportamientos oportunistas e, incluso, de canibalismo. Durante el Cretácico Superior, gran parte de la Patagonia estaba recorrida por extensos sistemas fluviales, deltas y mares poco profundos comunicados con el océano. En estos ambientes, Xiphactinus compartía su ecosistema con tiburones, tortugas marinas, plesiosaurios, mosasaurios, peces de diversos tamaños y abundantes amonites, formando parte de una compleja cadena alimentaria en la que ocupaba el nivel de máximo depredador. El hallazgo de Xiphactinus en Argentina demuestra que los mares patagónicos albergaban una fauna marina mucho más diversa de lo que se pensaba y confirma que estos gigantescos peces poseían una distribución prácticamente mundial durante el Cretácico, convirtiéndose en uno de los grandes cazadores de los océanos que coexistieron con los últimos dinosaurios.


Cellicalichnus krausei. Genise, J. F.,  et al, 2020.

 

Nido fósil hallado en Chubut. Prensa.   Posible aspecto de la avispa. (*)

Insecto, Hymenoptera. Las abejas son uno de los grupos de insectos más importantes para los ecosistemas actuales debido a su papel fundamental como polinizadoras de las plantas con flores. Sin embargo, conocer el origen de esta estrecha relación entre abejas y angiospermas ha sido un desafío para la paleontología. Un importante descubrimiento realizado por investigadores del CONICET permitió arrojar nueva luz sobre esta historia evolutiva mediante el hallazgo de varios nidos fósiles de abejas de aproximadamente 100 millones de años de antigüedad, preservados en un antiguo paleosuelo del Cretácico Inferior, en el yacimiento de Cañadón Tronador, provincia del Chubut. Este hallazgo constituye uno de los registros fósiles de abejas más antiguos conocidos en el mundo y, a diferencia de descubrimientos anteriores, corresponde a un linaje emparentado con una tribu que aún posee representantes vivientes. Hasta ese momento, los fósiles más antiguos atribuidos a abejas eran escasos y su identificación resultaba controvertida, ya que pertenecían a grupos extinguidos cuya relación con las abejas modernas era incierta. La nueva icnoespecie fue denominada Cellicalichnus krausei. No representa al insecto en sí, sino a sus estructuras de nidificación, es decir, un icnofósil o fósil de actividad biológica. Los nidos consisten en pequeñas celdillas excavadas en el suelo donde las abejas depositaban el alimento y sus huevos para el desarrollo de las larvas. Estas cámaras lograron conservarse durante millones de años gracias a un revestimiento impermeable que las abejas aplicaban sobre sus paredes, evitando que el alimento absorbiera humedad del sedimento. Precisamente ese recubrimiento fue el responsable de la excepcional preservación de las estructuras. En contraste, los nidos de avispas rara vez se fosilizan, ya que estos insectos no impermeabilizan sus celdillas debido a que almacenan presas sólidas, lo que hace mucho menos probable su conservación en el registro geológico. Desde hace años, los estudios de filogenética molecular sugerían que las abejas habrían surgido hace aproximadamente 123 millones de años, durante el Cretácico Inferior, en paralelo con la rápida diversificación de las primeras plantas con flores (angiospermas). El descubrimiento de Cellicalichnus krausei aporta una de las primeras evidencias fósiles sólidas que respaldan esta hipótesis y demuestra que, hace unos 100 millones de años, las abejas ya presentaban un comportamiento de nidificación muy similar al de muchas especies actuales.

Este extraordinario hallazgo no solo confirma la temprana diversificación de las abejas, sino que también constituye una prueba directa de que la estrecha relación evolutiva entre estos insectos y las plantas con flores ya estaba establecida durante el Cretácico. Gracias a ello, se comprende mejor cómo comenzó una de las asociaciones biológicas más importantes de la historia de la vida terrestre, responsable de la enorme diversidad vegetal que caracteriza a los ecosistemas modernos.


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